La Comisión Europea estudiará la denuncia de Junts contra el decreto migratorio que recibió 1 174 968 solicitudes. El procedimiento podría abrir la puerta a una investigación por posibles vulneraciones del Derecho comunitario, aunque todavía no existe una declaración de ilegalidad.
La regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez afronta un nuevo frente en Bruselas. La Comisión Europea ha comunicado a Junts per Catalunya que examinará su denuncia contra el mecanismo aprobado por decreto, una decisión que reabre el debate sobre el control parlamentario, las obligaciones migratorias de España y las consecuencias de una medida que superó ampliamente las previsiones iniciales del Ejecutivo.
El proceso registró 1 174 968 solicitudes, frente a las aproximadamente 500 000 que esperaba recibir el Gobierno. Ahora, las instituciones comunitarias deberán analizar si el procedimiento respeta las normas europeas aplicables. La apertura de este examen no significa que Bruselas haya declarado ilegal la regularización, pero sí que la denuncia será estudiada.
Qué investiga Bruselas sobre la regularización de inmigrantes
La Comisión Europea respondió el 23 de octubre de 2026 a la reclamación presentada por Junts en julio. En su comunicación, según la información publicada por El Mundo, el organismo anunció que examinará la denuncia «a la luz del Derecho de la Unión Europea aplicable».
La respuesta contempla la posibilidad de que el análisis desemboque en un procedimiento de infracción contra España, cuyo objetivo sería comprobar si las leyes y prácticas nacionales se ajustan al Derecho comunitario.
El asunto está siendo estudiado por la Dirección General de Migración y Asuntos de Interior. La cuestión central consiste en determinar si el Gobierno podía poner en marcha una regularización extraordinaria de estas características mediante un real decreto y si el mecanismo respetó las obligaciones europeas relacionadas con la inmigración irregular, el retorno y la protección internacional.
Conviene distinguir dos cuestiones: Bruselas ha anunciado que examinará la denuncia, pero no ha concluido que España haya vulnerado la legislación europea. El resultado dependerá de la evaluación jurídica y de la documentación que se aporte.
Una regularización que superó el millón de solicitudes
La dimensión del proceso es uno de los elementos que explican la controversia. La regularización extraordinaria terminó el 30 de junio de 2026 y acumuló 1 174 968 solicitudes, más del doble de las aproximadamente 500 000 previstas inicialmente por el Ejecutivo.
La cifra corresponde a solicitudes presentadas, no necesariamente a permisos concedidos ni a personas cuya situación administrativa haya quedado definitivamente resuelta. Según la información publicada por El Mundo, muchas peticiones continuaban pendientes de resolución en el momento de publicarse la noticia.
La diferencia entre las previsiones y el volumen de expedientes plantea preguntas sobre la capacidad administrativa necesaria para tramitar el procedimiento, los plazos de resolución y la planificación de los servicios públicos. Para valorar sus consecuencias reales, será necesario conocer cuántas solicitudes cumplen los requisitos, cuántas se conceden y cuántas se deniegan.
El volumen de expedientes también explica por qué el debate ha trascendido el ámbito nacional. Los socios europeos observan con atención las decisiones migratorias que pueden tener efectos más allá de las fronteras del Estado que las adopta.
Junts cuestiona que el Gobierno utilizara un real decreto
La denuncia de Junts sostiene que el Ejecutivo eligió una vía normativa inadecuada para una medida de esta magnitud. El partido independentista critica que la regularización se aprobara mediante real decreto, sin el debate y la votación parlamentarios que, a su juicio, habría requerido una decisión de estas características.
La reclamación fue diseñada por Gonzalo Boye, abogado de Carles Puigdemont. La formación considera que el procedimiento podría entrar en conflicto con varias normas comunitarias y reclama que se examine su compatibilidad con el marco jurídico europeo.
La discusión tiene una dimensión institucional relevante: qué margen tiene el Gobierno para aprobar medidas extraordinarias mediante normas reglamentarias y qué obligaciones debe cumplir cuando estas afectan a una materia regulada, al menos parcialmente, por el Derecho de la Unión.
Sin embargo, la mera utilización de un real decreto no demuestra por sí misma que exista una infracción europea. Para determinarlo habría que examinar la norma concreta, su fundamento jurídico, las obligaciones comunitarias aplicables y el alcance de las competencias nacionales.
La denuncia también cuestiona las obligaciones de retorno
Uno de los argumentos de Junts se refiere a las órdenes de expulsión. Según la denuncia descrita por El Mundo, el decreto permite archivar o revocar determinadas órdenes de expulsión de los extranjeros que obtengan un permiso de residencia mediante la regularización extraordinaria.
La formación sostiene que este mecanismo podría entrar en conflicto con la Directiva europea de retorno, que regula los procedimientos aplicables a nacionales de terceros países que se encuentran en situación irregular en los Estados miembros.
La cuestión jurídica consiste en determinar cómo se relacionan las decisiones de regularización con las obligaciones de retorno establecidas por la normativa comunitaria. No basta con constatar que una persona se encontraba en situación irregular: también es necesario analizar su situación administrativa, las resoluciones que le afectan y las excepciones o circunstancias previstas por la legislación aplicable.
Por tanto, será Bruselas quien deba evaluar si el mecanismo español resulta compatible con la directiva y con el resto de las normas europeas pertinentes. La denuncia de Junts plantea una posible incompatibilidad, no una infracción ya acreditada.
El tratamiento de los solicitantes de asilo, otro punto de conflicto
La reclamación también cuestiona que personas que hayan solicitado asilo puedan obtener un permiso de residencia a través de la regularización extraordinaria sin que la Administración haya determinado previamente si necesitan protección internacional.
Junts sostiene que esta posibilidad podría desdibujar la diferencia entre dos procedimientos distintos: la tramitación de una solicitud de protección internacional y la concesión de una autorización de residencia por otra vía administrativa.
El marco europeo de asilo establece condiciones para permanecer en el Estado miembro mientras se examina una solicitud, pero esa permanencia durante la tramitación no equivale automáticamente a la concesión de un permiso de residencia por motivos distintos.
Para resolver este punto, la Comisión tendrá que analizar cómo se coordinan ambos procedimientos y qué requisitos exige el decreto español. La información publicada no permite concluir que todos los solicitantes de asilo hayan obtenido, ni que puedan obtener automáticamente, una autorización por el mero hecho de haber pedido protección internacional.
La diferencia es importante: la compatibilidad del mecanismo debe evaluarse conforme a sus disposiciones concretas y a la normativa europea, no mediante una generalización sobre todas las personas que solicitan asilo.
Junts introduce el requisito lingüístico y la situación de Cataluña
La denuncia incorpora también un argumento relacionado con la lengua catalana. Junts critica que la regularización permita acceder a una autorización de residencia sin acreditar un vínculo con el catalán, una cuestión especialmente sensible para la formación independentista.
El partido vincula esta reclamación con el debate sobre la delegación de competencias en materia de inmigración a Cataluña, que había negociado con el PSOE. Según la información publicada por El Mundo, aquel acuerdo no salió adelante en el Congreso debido a la negativa de Podemos a respaldarlo.
Este punto añade una dimensión territorial a la controversia. Junts defiende que la política migratoria debe tener en cuenta las particularidades de Cataluña y sus objetivos lingüísticos, pero también deberá determinarse qué requisitos pueden exigirse legalmente para acceder a una autorización de residencia y qué margen corresponde a las administraciones autonómicas.
La cuestión lingüística no debe confundirse con los posibles incumplimientos del Derecho europeo: son argumentos distintos y requieren análisis jurídicos específicos.
Cataluña concentra 257 602 solicitudes, según Junts
Uno de los datos destacados por la formación independentista es la distribución territorial de los expedientes. Según las cifras citadas por El Mundo, Cataluña registró 257 602 solicitudes, cerca del 22 % del total nacional.
La proporción sitúa a la comunidad autónoma en el centro de la discusión sobre los efectos administrativos de la regularización. Junts sostiene que Cataluña sería uno de los territorios más afectados y acusa al Govern de no haber asumido, a su juicio, una iniciativa equivalente ante las instituciones europeas.
No obstante, el número de solicitudes no equivale al de autorizaciones concedidas ni permite medir por sí solo el impacto sobre los servicios públicos, el empleo o la vivienda. Para establecer esas consecuencias harían falta datos desglosados sobre resoluciones, distribución municipal, situación laboral y necesidades administrativas.
La cifra sí permite dimensionar el volumen de expedientes que debe gestionar la Administración en Cataluña y explica por qué el debate sobre la regularización tiene una repercusión especial en la comunidad.
De las dudas iniciales a un examen formal de la denuncia
La decisión actual supone un cambio respecto a la posición expresada por el comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, en enero. Entonces, según la información publicada por El Mundo, Brunner señaló ante representantes del PP y Vox que las decisiones sobre la regularización de nacionales de terceros países en situación irregular correspondían a los Estados miembros.
En febrero, sin embargo, el comisario precisó que la migración constituye un reto compartido entre la Unión y sus integrantes. También subrayó que los Estados deben garantizar que sus decisiones no produzcan consecuencias negativas en otras partes de la Unión.
Ambas posiciones reflejan una distinción fundamental: los países conservan competencias en materia migratoria, pero su ejercicio está sujeto a las obligaciones derivadas del Derecho europeo. El margen nacional no implica una libertad absoluta para adoptar cualquier medida, del mismo modo que la existencia de reglas comunitarias no elimina todas las competencias estatales.
La respuesta remitida ahora a Junts abre una fase de examen jurídico, pero no determina cuál será su desenlace.
Meloni y Frederiksen presionan para que Bruselas examine la medida
La iniciativa comunitaria llega después de las críticas formuladas por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, contra la regularización española.
Diez días antes de la publicación de la información, ambas dirigentes habían cuestionado públicamente la decisión de Pedro Sánchez. Frederiksen anunció que pediría a la Comisión que investigara la actuación española, al considerar que la medida se apartaba de la orientación migratoria respaldada por otros gobiernos europeos.
La dirigente danesa planteó una pregunta política de fondo: qué ocurre cuando un Estado adopta una política migratoria que difiere sustancialmente de la de sus socios comunitarios.
El desacuerdo refleja las diferencias existentes en la UE sobre cómo gestionar la inmigración irregular, qué medidas de control deben priorizarse y hasta dónde pueden llegar las regularizaciones extraordinarias. También pone de manifiesto la tensión entre la autonomía de los gobiernos nacionales y la necesidad de coordinar políticas que pueden tener repercusiones en otros países.
Las críticas de Meloni y Frederiksen constituyen posiciones políticas, no una prueba de que el decreto español incumpla la legislación comunitaria. Esa conclusión, si llegara a producirse, tendría que sustentarse en el correspondiente análisis jurídico.
¿Qué puede ocurrir ahora con España?
La Comisión deberá estudiar los argumentos de la denuncia y determinar si existen motivos jurídicos para avanzar hacia un procedimiento de infracción. Según la información publicada por El Mundo, Junts dispone de un año para fundamentar documentalmente su reclamación.
El proceso puede desembocar en distintos escenarios:
- Archivo de la denuncia, si la Comisión considera que no hay base suficiente para continuar.
- Solicitud de información o aclaraciones, si necesita conocer mejor el alcance de la norma y su aplicación.
- Apertura de un procedimiento de infracción, si aprecia indicios suficientes de incompatibilidad con el Derecho de la Unión.
Estos escenarios describen posibilidades generales, no decisiones ya adoptadas. La comunicación conocida hasta ahora confirma el examen de la denuncia, pero no acredita que la Comisión haya iniciado formalmente un procedimiento de infracción.
Si el asunto avanzara, el análisis podría obligar a examinar disposiciones concretas del decreto y su aplicación administrativa. Las consecuencias dependerían de las conclusiones de Bruselas y de las actuaciones posteriores de las instituciones implicadas.
Una controversia jurídica con consecuencias políticas
La regularización extraordinaria se ha convertido en un asunto de debate europeo por tres motivos: el volumen de solicitudes, el instrumento normativo utilizado y las posibles repercusiones sobre la coordinación migratoria entre Estados miembros.
Para el Gobierno español, el desafío consiste en defender la legalidad del mecanismo y explicar cómo se aplica dentro del marco comunitario. Para Junts, el examen de Bruselas supone una oportunidad para sostener sus objeciones jurídicas y vincularlas con sus demandas sobre las competencias migratorias y la política lingüística en Cataluña.
El dato determinante no es que exista una denuncia, sino qué concluirá la Comisión Europea después de estudiar la documentación. Hasta entonces, presentar el caso como una ilegalidad demostrada sería adelantarse a una decisión que todavía no se ha producido.
La regularización de más de un millón de solicitudes plantea interrogantes sobre la gestión administrativa, la transparencia normativa y la coordinación europea. El examen comunitario deberá aclarar si las objeciones de Junts tienen fundamento jurídico y qué límites impone el Derecho de la Unión a este tipo de medidas extraordinarias.
La pregunta de fondo sigue abierta: ¿hasta dónde puede llegar un Gobierno nacional al regularizar a personas en situación irregular sin entrar en conflicto con las obligaciones comunes de la Unión Europea? La respuesta dependerá de la ley aplicable y de las conclusiones que adopte Bruselas.


