Estados Unidos prepara la primera gran base militar nueva en cuatro décadas, con hasta 101.200 hectáreas, sistemas autónomos y suministro eléctrico independiente. La ubicación definitiva se anunciará en junio de 2027.
Estados Unidos quiere levantar una instalación militar diseñada para las amenazas de las próximas décadas. El Departamento de Guerra ha abierto una competición nacional para encontrar el emplazamiento de una megabase capaz de albergar entre 15.000 y 25.000 militares, con infraestructuras concebidas para mantener su actividad incluso ante ataques contra redes eléctricas o interrupciones de servicios esenciales.
El proyecto, denominado Next Great American Base, contempla una superficie de referencia de entre 40.500 y 101.200 hectáreas, según el documento de preguntas y respuestas citado por Infodefensa. La iniciativa está impulsada por el departamento que dirige Pete Hegseth y pretende crear una instalación completamente nueva en el territorio continental estadounidense.
La competición abre una nueva fase en la planificación de la infraestructura militar de Estados Unidos. Sin embargo, todavía no hay una ubicación elegida, un presupuesto definitivo ni una fecha confirmada para el inicio de las obras. Por ahora, el Pentágono está buscando estados que puedan presentar emplazamientos adecuados y justificar su candidatura.
Una base militar diseñada para las amenazas del futuro
La nueva instalación aspira a convertirse en una plataforma de referencia para las operaciones militares estadounidenses. Su diseño contempla la integración de tecnologías avanzadas y una mayor autonomía frente a posibles interrupciones de infraestructuras civiles.
Entre las capacidades previstas figuran:
- Generación eléctrica independiente, para mantener los servicios esenciales si falla la red comercial.
- Sistemas autónomos, destinados a incorporar nuevas tecnologías a las operaciones y al funcionamiento de la instalación.
- Defensa antiaérea avanzada, para reforzar la protección frente a amenazas aéreas.
- Infraestructuras modernas para los militares y sus familias, con el objetivo de atender las necesidades de una población de hasta 25.000 efectivos.
- Mayor resiliencia operativa, para reducir la dependencia de servicios civiles que podrían resultar afectados por ataques o emergencias.
El proyecto responde a un escenario en el que la seguridad militar no depende únicamente de armamento y personal. La protección de las redes eléctricas, las comunicaciones y otros servicios críticos también resulta esencial para sostener las operaciones durante una crisis.
La capacidad de generar energía de forma independiente cobra especial importancia ante la posibilidad de ciberataques, sabotajes o interrupciones del suministro. El documento presentado por el Departamento de Guerra plantea precisamente una instalación capaz de mantener sus funciones esenciales en esas circunstancias.
No obstante, la información publicada no detalla todavía qué tecnologías se instalarán, qué capacidad energética tendrá la base ni cuáles serán sus sistemas concretos de defensa.
El Pentágono busca entre 40.500 y 101.200 hectáreas
La dimensión del proyecto constituye uno de sus elementos más destacados. La referencia inicial se sitúa entre 100.000 y 250.000 acres, equivalentes aproximadamente a entre 40.500 y 101.200 hectáreas.
Ese intervalo no constituye un requisito absolutamente cerrado. Según el documento de preguntas y respuestas, las candidaturas podrán proponer terrenos más pequeños o más grandes si justifican de manera convincente su idoneidad.
La competición se dirige a estados del territorio continental de Estados Unidos. No es imprescindible que los terrenos estén cerca de una masa de agua, y también podrán presentarse emplazamientos que alberguen antiguas instalaciones militares o que estén junto a bases actualmente operativas.
Esta flexibilidad amplía el abanico de posibles ubicaciones. La elección dependerá de los criterios preliminares del Departamento de Guerra y de la capacidad de cada candidatura para demostrar que el terreno puede albergar una instalación de estas dimensiones.
La superficie definitiva, por tanto, todavía no está decidida. Tampoco se ha anunciado qué estados participarán ni qué emplazamientos concretos llegarán a la fase final.
Calendario: la ubicación se decidirá en junio de 2027
El Pentágono ha establecido un calendario para organizar la competición y evaluar las propuestas de los estados interesados.
Las principales fechas previstas son las siguientes:
- 1 de diciembre de 2026: fecha límite para presentar una carta de candidatura de una página.
- Primeros meses de 2027: comunicación de los emplazamientos que superen la evaluación inicial.
- Primavera de 2027: reuniones y visitas a los terrenos preseleccionados.
- Junio de 2027: fecha prevista para anunciar la ubicación definitiva.
El proceso comenzará con una fase preliminar de selección. Los gobernadores y las autoridades militares estatales están invitados a presentar propuestas que identifiquen los terrenos disponibles y expliquen por qué cumplen las condiciones necesarias.
Una vez superado el primer filtro, el Departamento de Guerra facilitará instrucciones adicionales para continuar la evaluación. Las visitas a los emplazamientos permitirán profundizar en las características de los terrenos candidatos.
Sin embargo, superar la primera fase no garantiza que un estado vaya a ser elegido. El propio documento advierte de que participar en la competición no compromete al Gobierno federal a seleccionar un emplazamiento, aceptar aportaciones de terrenos ni iniciar la construcción.
Cualquier decisión posterior estará condicionada por la legislación aplicable, la disponibilidad de fondos presupuestarios y las autorizaciones y evaluaciones necesarias.
Los estados tendrán que acreditar el apoyo local y la disponibilidad de terrenos
El Departamento de Guerra ha invitado a los gobernadores y a las autoridades militares estatales a presentar sus candidaturas. La disponibilidad de suelo y el apoyo de las autoridades locales figuran entre los factores relevantes del procedimiento.
También se busca reducir los obstáculos administrativos que puedan retrasar el desarrollo de la instalación. En un proyecto de estas dimensiones, la capacidad para tramitar permisos y coordinar a las distintas administraciones puede resultar determinante para avanzar en las siguientes fases.
No obstante, el documento no identifica todavía los criterios definitivos de puntuación ni establece qué peso tendrá cada factor en la decisión final.
La competición tampoco permite afirmar que la base vaya a instalarse en un estado concreto. Hasta que se publiquen las candidaturas y los resultados de la evaluación, cualquier posible ubicación debe considerarse una hipótesis.
¿Por qué quiere Estados Unidos construir una nueva megabase?
La iniciativa se presenta como un cambio de enfoque respecto a décadas de inversión en instalaciones militares ya existentes. En lugar de limitarse a modernizar bases actuales, el Departamento de Guerra busca un emplazamiento nuevo que pueda diseñarse desde el principio para responder a las necesidades operativas futuras.
El planteamiento integra tres prioridades: autonomía energética, incorporación de tecnologías avanzadas y protección frente a nuevas amenazas.
Una instalación con suministro eléctrico independiente podría mantener servicios esenciales durante una interrupción prolongada de la red comercial. La incorporación de sistemas autónomos permitiría integrar nuevas capacidades tecnológicas, mientras que la defensa antiaérea reforzaría la protección frente a determinados ataques.
El proyecto también contempla infraestructuras para alojar a miles de militares y atender las necesidades de sus familias. La capacidad prevista, de entre 15.000 y 25.000 efectivos, sitúa la iniciativa entre los grandes proyectos de infraestructura militar anunciados por Washington.
Pese a esas ambiciones, la documentación disponible no ofrece una estimación del coste total ni un desglose de las inversiones previstas. Tampoco permite determinar qué parte del proyecto se financiará inicialmente o cuánto tiempo requerirá la construcción.
El coste y los plazos siguen sin definirse
Aunque el calendario de selección está establecido, el proyecto continúa en una fase preliminar. La fecha de junio de 2027 corresponde al anuncio previsto del emplazamiento, no a la inauguración de la base ni al inicio confirmado de las obras.
El coste dependerá, entre otros factores, de la superficie finalmente seleccionada, las infraestructuras necesarias, los sistemas de defensa y la capacidad energética que se decida instalar. Sin una propuesta técnica y presupuestaria detallada, no es posible establecer una cifra fiable.
También quedan pendientes las autorizaciones administrativas, las decisiones presupuestarias y las evaluaciones específicas del terreno elegido. El propio Departamento de Guerra advierte de que la competición inicial no supone un compromiso definitivo de ejecutar el proyecto.
Por ello, las próximas etapas serán esenciales para conocer la dimensión real de la inversión y comprobar si el calendario previsto puede mantenerse.
Una decisión estratégica todavía abierta
La futura megabase refleja la intención de Estados Unidos de adaptar su infraestructura militar a un escenario en el que los ciberataques, las amenazas aéreas y la vulnerabilidad de los servicios críticos ocupan un lugar creciente en la planificación de defensa.
El proyecto Next Great American Base prevé una instalación de hasta 101.200 hectáreas y con capacidad para 25.000 militares, pero todavía debe superar la selección de terrenos, las evaluaciones técnicas y las decisiones presupuestarias necesarias.
El siguiente hito será el 1 de diciembre de 2026, cuando concluya el plazo para presentar las cartas de candidatura. Después llegará la preselección de emplazamientos y las visitas previstas para la primavera de 2027.
La ubicación definitiva está prevista para junio de ese año. Hasta entonces, el coste, el calendario de construcción y las características técnicas finales seguirán pendientes de concreción.


