La nueva película de Aaron Sorkin vuelve a señalar los riesgos de Facebook y el poder de las grandes tecnológicas, pero la crítica a Mark Zuckerberg pierde fuerza por un guion que no alcanza la profundidad de La red social.
Aaron Sorkin regresa al universo de Facebook sin el impacto de ‘La red social’
El poder de la red pretende recuperar el debate sobre la responsabilidad de las grandes plataformas digitales, pero su ambición queda por encima de sus resultados cinematográficos. La película vuelve a situar a Mark Zuckerberg y Facebook en el centro de la polémica, esta vez a través de las investigaciones periodísticas sobre los efectos de la red social y de las comparecencias del empresario ante el Congreso estadounidense.
La producción funciona como una continuación temática de La red social, aunque prescinde tanto del director David Fincher como del actor Jesse Eisenberg. Aaron Sorkin, guionista de la película original, asume ahora también la dirección, con Jeremy Strong en el papel de Zuckerberg.
La crítica de The Independent, firmada por Clarisse Loughrey el 28 de octubre de 2026, considera que el resultado es un thriller judicial irregular, con abundante información y escasa profundidad dramática. En su valoración, la interpretación de Strong termina acercando al empresario a una caricatura televisiva, en lugar de construir un retrato complejo de uno de los ejecutivos más influyentes del sector tecnológico.
El problema no reside en la falta de asuntos relevantes. La película aborda cuestiones como la difusión de contenidos extremistas, los incentivos de los algoritmos y el conocimiento interno de los riesgos asociados a Facebook. La dificultad está en convertir esos hechos en una historia cinematográfica que explique las motivaciones de sus protagonistas y las consecuencias de sus decisiones.
Jeremy Strong interpreta a un Zuckerberg frío y distante
La interpretación de Jeremy Strong es uno de los elementos centrales de la película. El actor presenta a Zuckerberg como una figura emocionalmente distante, que responde a las acusaciones con negativas y explicaciones calculadas.
Según Loughrey, Strong logra transmitir esa frialdad, pero el guion limita sus posibilidades. El personaje apenas evoluciona y termina convertido en una figura exagerada, más próxima a la parodia que a un retrato psicológico convincente.
La comparación con La red social resulta inevitable. En la película de Fincher, Zuckerberg aparecía como un personaje ambicioso, socialmente torpe y obsesionado con el reconocimiento. La escena final, en la que comprueba repetidamente si una antigua conocida ha aceptado su solicitud de amistad, condensaba esa contradicción entre el éxito empresarial y la necesidad de aprobación personal.
Aquella escena era una licencia dramática, no una descripción literal de la vida privada del empresario. Sin embargo, ofrecía una interpretación cinematográfica de la relación entre poder, aislamiento y reconocimiento social.
El poder de la red no encuentra un equivalente de esa fuerza narrativa. Para la crítica de The Independent, el Zuckerberg de Strong repite las defensas del empresario sin revelar nuevas dimensiones del personaje.
Facebook y los documentos internos que alimentan la trama
La película se inspira en las investigaciones conocidas como «The Facebook Files», publicadas por The Wall Street Journal a partir de documentos internos de la compañía y de testimonios sobre sus prácticas.
Uno de los asuntos principales es la relación entre el funcionamiento de los algoritmos y la difusión de contenidos polémicos. La película plantea que las decisiones orientadas a aumentar la interacción pueden favorecer publicaciones que generan indignación, polarización o enfrentamientos.
El debate no es únicamente tecnológico. Los sistemas de recomendación influyen en qué contenidos reciben más visibilidad y en cómo los usuarios encuentran información dentro de una plataforma. Cuando las métricas de interacción adquieren un peso central, surge una cuestión de responsabilidad: ¿qué obligaciones tiene una empresa cuando sus decisiones de diseño pueden amplificar contenidos dañinos?
La película presenta este problema mediante una sucesión de investigaciones, documentos y declaraciones. Sin embargo, según la crítica, Sorkin dedica más tiempo a exponer información que a explorar sus consecuencias humanas.
Conviene distinguir entre la representación cinematográfica y los hechos documentados. Que una película dramatice una investigación no convierte cada diálogo o escena en una transcripción literal de acontecimientos reales. Para evaluar las acusaciones concretas contra Facebook, deben consultarse los documentos originales y las investigaciones periodísticas que sirven de base al guion.
Frances Haugen y la investigación de Jeff Horwitz
Dos figuras fundamentales en la trama son el periodista Jeff Horwitz y la exempleada de Facebook Frances Haugen.
Jeremy Allen White interpreta a Horwitz, el periodista de The Wall Street Journal que investigó los documentos internos de la empresa. Mikey Madison encarna a Haugen, la antigua empleada que hizo públicos documentos y denuncias sobre las prácticas de la plataforma.
La película utiliza la investigación periodística como hilo conductor para mostrar cómo información interna puede convertirse en una cuestión de interés público. El acceso a documentos, el contraste de testimonios y la publicación de datos sobre el funcionamiento de una gran empresa tecnológica permiten examinar decisiones que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de los usuarios.
No obstante, Loughrey considera que ambos personajes están construidos de forma demasiado esquemática. La crítica señala que el guion les atribuye rasgos distintivos, pero no desarrolla suficientemente sus motivaciones ni su complejidad personal.
Ese desequilibrio afecta al conjunto. La investigación contiene material potencialmente poderoso, pero los protagonistas no siempre consiguen sostener el interés dramático.
El problema de los algoritmos y la difusión de contenidos extremistas
Uno de los argumentos centrales de El poder de la red es que las decisiones sobre el algoritmo de Facebook pueden tener consecuencias más allá de la propia plataforma.
La película aborda la posibilidad de que los contenidos que provocan reacciones intensas obtengan una mayor difusión y que esa dinámica favorezca mensajes extremos. El asunto conecta con una discusión más amplia sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas en el diseño de sus sistemas de recomendación.
Hay varias cuestiones que ayudan a entender el problema:
- Los incentivos de interacción: las publicaciones que generan comentarios, reacciones o compartidos pueden recibir más visibilidad, dependiendo del diseño del sistema.
- La amplificación de contenidos: una mayor distribución puede exponer a más usuarios a mensajes polémicos o engañosos.
- La responsabilidad empresarial: las decisiones sobre las métricas y los algoritmos pueden tener efectos sociales que superan los objetivos comerciales inmediatos.
- La transparencia: los investigadores externos y los usuarios necesitan información suficiente para evaluar cómo funcionan las plataformas y qué consecuencias producen.
Estos mecanismos no significan que todos los contenidos virales sean extremistas ni que cualquier recomendación algorítmica produzca radicalización. La relación entre las plataformas, el comportamiento de los usuarios y los efectos sociales es compleja y debe evaluarse con pruebas concretas.
La película opta por una exposición contundente de los riesgos. La crítica de The Independent, sin embargo, considera que esa contundencia no se traduce en una narración suficientemente matizada.
Sorkin sustituye la mirada de Fincher por un relato acelerado
La ausencia de David Fincher es una de las diferencias más evidentes entre las dos películas. La red social combinaba diálogos rápidos, una puesta en escena precisa y una dirección que permitía observar a personajes difíciles de interpretar.
En El poder de la red, Sorkin mantiene el ritmo verbal que caracteriza su escritura, pero la crítica considera que la puesta en escena es menos eficaz. La cámara se mueve constantemente y la narración alterna entre la investigación periodística y los preparativos de Zuckerberg para declarar ante el Congreso.
La película cuenta con Jeff Cronenweth como director de fotografía, el mismo profesional que trabajó en La red social. Aun así, compartir responsable de fotografía no basta para reproducir la identidad visual de la cinta original.
La crítica compara el resultado con una presentación de PowerPoint: hay una sucesión de datos, escenas y argumentos, pero falta una construcción dramática que los convierta en una experiencia cinematográfica más profunda.
El guion incorpora además personajes vinculados al entorno de Zuckerberg, entre ellos asesores interpretados por Bill Burr y Wunmi Mosaku. Sin embargo, el relato tiende a mantener el foco en los tres protagonistas principales, sin desarrollar demasiado el contexto exterior en el que se producen los acontecimientos.
El asalto al Capitolio y la falta de contexto
Otro de los pasajes relevantes de la película recrea el asalto al Capitolio de Estados Unidos del 6 de enero de 2021, un episodio que reavivó el debate sobre la desinformación, la polarización política y el papel de las redes sociales.
Según Loughrey, la secuencia utiliza música sombría y un montaje fragmentado de imágenes de banderas y botas, pero no desarrolla suficientemente el contexto del acontecimiento. La crítica plantea que el uso de grabaciones reales podría haber aportado una conexión más directa con la dimensión histórica del episodio.
La cuestión es importante porque la película intenta relacionar las decisiones de una plataforma digital con acontecimientos que tienen consecuencias políticas y sociales. Para que esa conexión resulte convincente, no basta con mostrar imágenes impactantes: es necesario explicar qué está documentado, qué relación se establece entre los hechos y qué aspectos siguen siendo objeto de debate.
La crítica considera que Sorkin mantiene demasiado aislados a sus personajes del mundo exterior. Esa elección reduce la capacidad de la película para mostrar cómo las decisiones empresariales se relacionan con la experiencia de los ciudadanos y con el funcionamiento de las instituciones.
Una secuela que no alcanza la profundidad de la original
La principal diferencia entre La red social y El poder de la red está en la forma de abordar a sus protagonistas.
La primera construía una historia sobre ambición, rivalidad, éxito y aislamiento personal. La segunda se concentra en las consecuencias públicas de las decisiones de Facebook y en la información que sale a la luz sobre la empresa.
Ambos enfoques pueden ser compatibles, pero requieren herramientas narrativas distintas. Un thriller judicial necesita explicar las pruebas y las responsabilidades; un retrato psicológico debe permitir que el espectador comprenda las contradicciones de sus personajes.
Para Loughrey, la nueva película se queda a medio camino. Ofrece información relevante sobre la plataforma, pero no profundiza suficientemente en las motivaciones de Zuckerberg, Horwitz o Haugen.
La crítica sostiene que la ficción podría haber explorado aquello que los documentos no revelan: las dudas, los conflictos internos y las decisiones personales que se producen fuera de las comparecencias públicas. En lugar de hacerlo, la película recurre a una exposición reiterada de los mismos argumentos.
Ficha técnica de ‘El poder de la red’
- Dirección y guion: Aaron Sorkin.
- Reparto principal: Jeremy Strong, Jeremy Allen White, Mikey Madison, Bill Burr, Wunmi Mosaku, Betty Gilpin y Billy Magnussen.
- Duración: 112 minutos.
- Clasificación indicada por la fuente: mayores de 15 años.
- Tema central: las investigaciones sobre Facebook, sus algoritmos y la responsabilidad de la compañía por los efectos de sus decisiones.
Una película sobre un problema real con una narración discutida
El poder de la red vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que sigue siendo relevante: cómo deben responder las grandes plataformas cuando sus decisiones tecnológicas pueden tener consecuencias sociales y políticas.
La película recupera investigaciones periodísticas y testimonios sobre Facebook, pero, según la valoración de The Independent, no consigue transformarlos en un relato con la profundidad de La red social. Jeremy Strong construye una interpretación fría de Zuckerberg, aunque el guion no le ofrece suficiente espacio para desarrollar un personaje más complejo.
La crítica no cuestiona la importancia de los asuntos tratados, sino la forma de presentarlos. La indignación ante las prácticas empresariales no sustituye a la construcción de una buena historia, y la acumulación de datos tampoco garantiza una mirada cinematográfica reveladora.
El resultado, según Loughrey, es una película que tiene mucho que decir sobre las grandes tecnológicas, pero encuentra dificultades para convertir ese material en un thriller judicial convincente.


