Los motores chinos Avinox impulsan una nueva generación de bicicletas de montaña cada vez más potentes. Fabricantes como Orbea y Trek plantean otra estrategia: ofrecer la asistencia necesaria sin convertir la potencia en el principal argumento de venta.
La industria de las bicicletas eléctricas de montaña afronta una contradicción: dispone de motores más potentes, baterías de mayor capacidad y sistemas electrónicos cada vez más sofisticados, pero algunos fabricantes empiezan a preguntarse si esa carrera tecnológica responde realmente a lo que buscan los ciclistas.
El debate se ha intensificado con la expansión de Avinox, la plataforma de motores desarrollada por la tecnológica china DJI, conocida por sus drones. Su llegada ha aumentado la presión competitiva sobre los fabricantes europeos y ha situado la potencia del motor en el centro de muchas decisiones de compra.
Sin embargo, empresas como Orbea, Mondraker y Trek cuestionan que las prestaciones técnicas deban eclipsar otros aspectos: el peso, el comportamiento de la bicicleta, la facilidad de uso y, sobre todo, la experiencia de pedalear.
China transforma el mercado de las bicicletas eléctricas
La llegada de Avinox ha alterado el equilibrio del sector.
DJI ha trasladado su experiencia en electrónica y motores a las bicicletas eléctricas mediante una plataforma que combina elevada asistencia, peso contenido e integración tecnológica.
Además, la compañía ha impulsado la marca de bicicletas Amflow, lo que le permite participar tanto en el desarrollo de componentes como en la comercialización de bicicletas completas.
La respuesta europea ha sido incorporar los motores Avinox a nuevos modelos para competir en prestaciones.
Esta estrategia presenta una dificultad para los fabricantes: si distintas bicicletas incorporan sistemas de asistencia similares, sus diferencias pueden resultar menos evidentes para el comprador.
En ese escenario, el precio, la potencia y la autonomía adquieren un protagonismo que puede desplazar otros atributos del producto.
La industria se pregunta si ha olvidado vender el placer de pedalear
En mayo de 2026, representantes de importantes empresas del sector se reunieron en Leonberg, Alemania, para debatir el futuro de la bicicleta.
Una de las ideas surgidas del encuentro fue que la industria necesita explicar mejor la experiencia que ofrece, en lugar de centrar su comunicación casi exclusivamente en las innovaciones técnicas.
Las páginas de producto suelen destacar cifras relacionadas con el motor, el par de asistencia, la capacidad de la batería, la geometría o la electrónica.
Toda esa información puede ser útil, pero no siempre responde a la pregunta que se hace un comprador: qué bicicleta se adapta mejor a su forma de montar.
Una persona que quiere recorrer pistas tranquilas tiene necesidades diferentes de las de otra que busca afrontar subidas técnicas o completar rutas de montaña exigentes.
Ninguna de esas preferencias determina por sí sola que el motor más potente sea la elección adecuada.
Orbea ya apostó por reducir la potencia en 2020
La firma española Orbea representa una de las estrategias alternativas.
En 2020 presentó la Rise, una bicicleta eléctrica de montaña diseñada para ofrecer asistencia sin alterar excesivamente las sensaciones de una bicicleta convencional.
Para desarrollar aquel concepto, Orbea trabajó con Shimano en la adaptación de un motor que entregara menos asistencia.
El objetivo no era competir por la cifra más alta, sino conseguir un funcionamiento más próximo al pedaleo natural.
La Rise obtuvo una buena respuesta comercial y demostró que existía demanda para un tipo de bicicleta eléctrica menos centrada en la potencia máxima.
Sin embargo, el mercado siguió ampliando la oferta de modelos con motores y baterías de mayores prestaciones.
Orbea advierte de la estandarización del mercado
Xabier Narbaiza, ingeniero y director de Producto e Innovación de Orbea, considera que uno de los problemas del sector es la dificultad de diferenciar sus productos.
A su juicio, numerosos fabricantes presentan propuestas demasiado similares.
Cuando el consumidor encuentra bicicletas parecidas, puede terminar decidiendo principalmente en función del motor instalado, la potencia declarada o el precio.
Esa situación favorece a los proveedores capaces de ofrecer componentes competitivos a gran escala.
Narbaiza también reconoce que la industria debe mejorar su comunicación. El fabricante necesita explicar con claridad qué aporta cada bicicleta, más allá de una sucesión de especificaciones técnicas.
La Rallon RS propone una asistencia discreta
Orbea ha profundizado en esa estrategia con la Rallon RS, desarrollada en colaboración con Fox y TQ.
El modelo apuesta por un sistema de asistencia compacto cuyo funcionamiento busca integrarse de forma natural con el esfuerzo del ciclista.
La propuesta parte de una idea diferente a la de las bicicletas de asistencia máxima: el motor debe complementar el pedaleo, no convertirse necesariamente en el protagonista de la experiencia.
Eso no significa que una bicicleta de menor potencia sea adecuada para todos los usuarios.
Quienes afrontan grandes desniveles, transportan más peso o necesitan una asistencia elevada pueden encontrar ventajas en motores más potentes.
La apuesta de Orbea consiste en ampliar las alternativas y evitar que una sola concepción de la bicicleta eléctrica domine el catálogo.
Mondraker cuestiona la carrera por ofrecer más prestaciones
La compañía alicantina Mondraker también participa en el debate.
Mariano Gon, responsable de ventas de la firma en Estados Unidos, considera que la innovación debe responder a necesidades concretas del usuario.
Su planteamiento distingue entre ofrecer una mejora real y añadir prestaciones que, en determinadas condiciones, pueden aportar escaso valor.
Para Mondraker, el comportamiento de una bicicleta depende de muchos factores.
El cuadro, las suspensiones, la geometría, los frenos y la integración de los componentes influyen en la experiencia tanto como el motor.
Una bicicleta no se convierte automáticamente en mejor por incorporar el sistema eléctrico más potente del mercado.
La diferencia entre potencia, batería y velocidad
El debate sobre las bicicletas eléctricas incluye tres conceptos que conviene distinguir.
La potencia, expresada en vatios (W), describe la capacidad del motor para desarrollar trabajo. El par motor, medido en newtons metro (Nm), está relacionado con la fuerza de giro que proporciona. La capacidad de la batería, expresada en vatios hora (Wh), indica cuánta energía puede almacenar.
Son magnitudes diferentes.
Una batería de 800 Wh no significa que el motor tenga una potencia de 800 W. Del mismo modo, dos bicicletas con baterías de igual capacidad pueden ofrecer autonomías diferentes por el consumo del motor, el terreno, el peso y el nivel de asistencia utilizado.
También importa la velocidad a la que el sistema deja de proporcionar ayuda.
En la Unión Europea, las bicicletas de pedaleo asistido que cumplen la definición general del Reglamento 168/2013 deben disponer de un motor auxiliar con una potencia nominal continua máxima de 250 W, cuya asistencia se interrumpa antes de alcanzar los 25 km/h o cuando el ciclista deje de pedalear.
Esa potencia nominal continua no debe confundirse con las cifras de potencia máxima puntual que aparecen en algunas fichas comerciales.
Trek limita voluntariamente determinados modelos
El fabricante estadounidense Trek anunció el 28 de julio una decisión orientada a contener la escalada de prestaciones en sus bicicletas eléctricas de montaña.
La compañía vinculó la medida a tres objetivos: proteger el acceso a los senderos, mejorar la seguridad y contener el incremento de potencia y velocidad.
El contexto estadounidense es distinto del europeo.
En Estados Unidos existen categorías de bicicletas eléctricas con diferentes límites de asistencia. La denominada clase 3 puede proporcionar ayuda hasta aproximadamente 45 km/h, mientras que otras categorías tienen límites inferiores.
Trek quiere evitar que el aumento de prestaciones termine generando restricciones más amplias al uso de bicicletas eléctricas en espacios naturales.
No obstante, las normas de acceso a senderos dependen de cada territorio. Una bicicleta que cumple determinados límites técnicos no tiene garantizado el acceso a cualquier camino.
El riesgo de que aumenten las restricciones en la montaña
La expansión de las bicicletas eléctricas introduce nuevas preguntas sobre la convivencia en los espacios naturales.
Los gestores de senderos deben considerar factores como la velocidad de circulación, la seguridad de otros usuarios y las características de cada recorrido.
Los defensores de limitar las prestaciones creen que una escalada de potencia y velocidad puede alimentar restricciones sobre el uso de determinadas rutas.
Otros usuarios recuerdan que una mayor asistencia no implica necesariamente circular de forma irresponsable y que el comportamiento depende también de quien conduce.
La regulación de los senderos debe distinguir entre las características técnicas de las bicicletas, las condiciones del terreno y las conductas concretas.
El debate no consiste simplemente en decidir si las bicicletas eléctricas son apropiadas para la montaña, sino en establecer bajo qué condiciones pueden utilizarse.
Los ciclistas tampoco coinciden sobre el motor ideal
Las preferencias de los usuarios muestran que no existe una única respuesta.
Una encuesta realizada por la publicación especializada Pinbike en enero de 2026 reunió aproximadamente 12 000 respuestas.
De ellas, 3 450 participantes eligieron el motor más potente como opción ideal. Otros 2 797 se inclinaron por un motor pequeño, mientras que 2 500 preferían bicicletas sin asistencia eléctrica. El resto optó por soluciones intermedias.
La encuesta refleja diversidad entre quienes participaron, aunque no debe interpretarse como una medición representativa de todos los ciclistas.
Otro estudio publicado por E-MOUNTAINBIKE en 2025, con unos 17 000 participantes de distintos países, encontró una presencia mayoritaria de bicicletas equipadas con baterías de entre 600 y 800 Wh.
La capacidad de batería no permite conocer por sí sola la potencia del motor, pero sí muestra el interés de numerosos usuarios por disponer de reservas de energía elevadas.
La asistencia eléctrica también elimina barreras para practicar ciclismo
La potencia no es únicamente una cuestión de prestaciones deportivas.
Las bicicletas eléctricas permiten que personas con diferentes niveles de preparación física compartan rutas que, de otro modo, podrían resultarles demasiado exigentes.
Mariano Gon destaca especialmente la dimensión social de este deporte.
Un ciclista puede necesitar más asistencia para mantener el ritmo de sus amigos o para seguir disfrutando de recorridos de montaña cuando cambia su condición física.
En esos casos, un motor más capaz puede resultar útil.
Por tanto, reducir la potencia no es necesariamente la respuesta para todos los usuarios. Lo importante es disponer de alternativas adecuadas para necesidades diferentes.
El reto de los fabricantes europeos
La competencia china plantea a los fabricantes europeos una cuestión industrial y comercial.
Si el principal argumento de venta es incorporar el motor más potente, la capacidad de diferenciación de cada marca puede reducirse.
En cambio, competir mediante el comportamiento del cuadro, la calidad de las suspensiones, la integración del sistema eléctrico y la atención a distintos perfiles de usuario permite desarrollar propuestas propias.
Eso no excluye la utilización de motores chinos ni implica que los componentes europeos sean necesariamente superiores.
El desafío consiste en evitar que una sola especificación técnica determine la percepción de calidad de toda la bicicleta.
La evolución del sector dependerá tanto de la innovación de los proveedores como de la capacidad de los fabricantes para explicar qué aporta cada modelo.
El futuro de las bicicletas eléctricas no depende solo de tener más motor
El crecimiento de Avinox confirma que existe demanda para bicicletas eléctricas con prestaciones elevadas.
Las propuestas de Orbea y Trek, por su parte, muestran que algunos fabricantes consideran necesario ofrecer una alternativa basada en la integración del motor y en una experiencia de pedaleo diferente.
Ambas aproximaciones pueden coexistir.
Un ciclista que necesita gran asistencia para afrontar desniveles exigentes puede valorar un motor potente. Otro que prioriza el peso, la agilidad y las sensaciones de una bicicleta convencional puede preferir una ayuda más discreta.
La decisión de compra debería depender del uso real de la bicicleta, no únicamente de la cifra más alta de potencia o batería que aparece en su publicidad.
La industria afronta ahora el reto de comunicar esas diferencias con mayor claridad. Porque, pese a toda la tecnología incorporada, el objetivo sigue siendo el mismo: que cada persona encuentre una bicicleta con la que disfrute pedaleando.


