El Lyceum Club Femenino de Madrid cumple un siglo como símbolo de la modernización cultural y social de las mujeres españolas. Una exposición recupera ahora su historia.
Durante años, muchas de las mujeres que participaron en la vida intelectual española tuvieron que abrirse paso en espacios diseñados y dominados por hombres. En 1926, un grupo de ellas decidió crear en Madrid un lugar propio para debatir, estudiar, publicar, exponer y defender sus derechos.
Nacía así el Lyceum Club Femenino, una institución que llegó a reunir a al menos 721 socias y que se convirtió en uno de los principales espacios de encuentro de las mujeres vinculadas a la cultura, el derecho, la educación y las artes durante la llamada Edad de Plata.
Un siglo después, una exposición en Madrid recupera aquel proyecto y reivindica la importancia de sus protagonistas.
El Lyceum Club Femenino nació en una España muy diferente
Para comprender la trascendencia del Lyceum Club es necesario situarse en la España de 1926, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Las mujeres tenían entonces una presencia mucho más limitada en la vida pública, profesional y política. El acceso a determinadas profesiones y espacios de decisión estaba restringido y las normas sociales seguían asignando a muchas mujeres un papel fundamentalmente doméstico.
En ese contexto apareció el Lyceum como un espacio de reunión exclusivamente femenino.
Su creación no surgió de la nada. Según explica Tània Balló, comisaria de la exposición que conmemora el centenario, el proyecto fue fruto de experiencias asociativas anteriores, especialmente de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, fundada en 1918.
Muchas de las mujeres vinculadas a aquella organización terminarían participando también en la fundación del Lyceum.
Una asociación mucho más plural de lo que suele pensarse
Uno de los aspectos que la exposición pretende recuperar es la diversidad de las integrantes del club.
La imagen del Lyceum como un simple círculo de aristócratas o de intelectuales no refleja, según Balló, toda la realidad de la institución. La asociación se apoyó también en redes profesionales, familiares y personales, lo que permitió ampliar progresivamente su número de integrantes.
El registro de socias llegó a reunir al menos 721 nombres.
Entre ellas había escritoras, abogadas, pedagogas, artistas y profesionales de diferentes ámbitos. Todas compartían la necesidad de disponer de un espacio propio desde el que participar activamente en la vida cultural y social.
La idea fundamental era que las mujeres no fueran únicamente espectadoras de la cultura, sino también creadoras, profesionales e interlocutoras intelectuales.
María de Maeztu, una de las figuras centrales
Entre las principales impulsoras del Lyceum destacó María de Maeztu, pedagoga y una de las figuras fundamentales de la educación femenina en la España del primer tercio del siglo XX.
Su presencia simbolizaba uno de los objetivos esenciales del proyecto: ampliar las oportunidades educativas y culturales de las mujeres y facilitar su incorporación a la vida pública.
Junto a ella participaron algunas de las personalidades femeninas más relevantes de la época.
Entre las socias estuvieron:
- Clara Campoamor, abogada y posteriormente una de las principales defensoras del sufragio femenino.
- Victoria Kent, también abogada y figura destacada de la política española.
- Zenobia Camprubí, escritora y traductora.
- Ernestina de Champourcín, poeta vinculada a la Generación del 27.
- Concha Méndez, escritora y poeta.
- Carmen Conde, escritora y primera mujer que ingresó como académica de número en la Real Academia Española.
- Elena Fortún, autora especialmente conocida por la creación de Celia.
- Ángeles Santos, pintora.
- Victorina Durán, vinculada al diseño escenográfico.
El Lyceum reunió así a mujeres procedentes de disciplinas muy diferentes, pero con un elemento común: la voluntad de ocupar un espacio propio en la cultura y en la sociedad española.
Una biblioteca, exposiciones y debates
El club no se limitó a organizar reuniones sociales.
La institución dispuso de biblioteca, salas de exposición y espacios para conferencias y debates. En sus instalaciones se desarrolló una intensa actividad cultural.
La inauguración estuvo acompañada, entre otras iniciativas, por una exposición de pintura y escultura de Helena y María Sorolla.
También se organizaron conferencias y encuentros protagonizados por mujeres vinculadas a la cultura y al pensamiento, como Angélica Palma y María Luz Morales.
La finalidad era especialmente significativa para la época: presentar a las mujeres como autoras, artistas e intelectuales, y no simplemente como consumidoras de cultura.
Clara Campoamor y Victoria Kent compartieron aquel espacio
El Lyceum también fue un punto de encuentro para algunas de las mujeres que posteriormente desempeñarían un papel decisivo en la política y el derecho españoles.
Entre ellas destacaron Clara Campoamor y Victoria Kent.
Ambas fueron abogadas y compartieron espacios de debate en el Lyceum, aunque posteriormente mantendrían posiciones diferentes sobre cuestiones políticas fundamentales.
Su presencia demuestra que el club no fue únicamente un escenario cultural. También funcionó como un lugar donde mujeres profesionales podían intercambiar argumentos, desarrollar ideas y construir redes intelectuales.
El apoyo de Lorca, Unamuno, Ortega y Gasset y otros intelectuales
El Lyceum fue una asociación exclusivamente femenina, pero eso no significó que permaneciera aislada de los hombres de su tiempo.
Algunos de los intelectuales más destacados de la España de aquellos años acudieron a sus actividades y participaron en sus conferencias.
Entre ellos estuvieron Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset.
La relación, sin embargo, no fue uniforme.
Tània Balló subraya que existieron diferencias entre los intelectuales masculinos y que algunos sectores más conservadores cuestionaron la iniciativa, mientras otros apoyaron la existencia del club.
La creación de una asociación autónoma de mujeres provocó, por tanto, debate y críticas en una sociedad todavía muy marcada por los roles tradicionales.
El Lyceum desafió los límites sociales de su época
La importancia histórica del club no reside únicamente en la nómina de personalidades que pasaron por sus instalaciones.
Su principal novedad fue crear una estructura desde la que las mujeres podían relacionarse entre ellas de forma organizada y participar en debates culturales, profesionales y sociales.
En otras palabras, el Lyceum permitió convertir una serie de inquietudes individuales en una experiencia colectiva.
La biblioteca, las exposiciones, las conferencias y los debates proporcionaron herramientas para que sus integrantes desarrollaran una presencia pública que hasta entonces había sido mucho más difícil.
Por eso, el centenario permite observar el Lyceum no solo como una institución cultural, sino también como una pieza de la transformación social de la España del siglo XX.
La Guerra Civil puso fin a una etapa
La trayectoria del Lyceum quedó profundamente afectada por el estallido de la Guerra Civil en 1936.
El conflicto fracturó la sociedad española y alteró por completo la vida de sus integrantes. Algunas tuvieron que marcharse al exilio, mientras otras permanecieron en España y afrontaron las consecuencias de la nueva situación política.
Con la victoria franquista, el proyecto perdió su espacio y su actividad original terminó desapareciendo.
La sede pasó posteriormente a manos de la Sección Femenina de Falange, que instaló allí en 1941 el Círculo Cultural Medina.
El cambio simbolizó también una transformación radical del papel que el régimen franquista asignaba a las mujeres.
Muchas de sus protagonistas quedaron relegadas al olvido
Una de las consecuencias de la Guerra Civil y del franquismo fue la dispersión de aquella generación de mujeres.
Algunas marcharon al exilio. Otras continuaron trabajando en España, aunque en un contexto político y cultural completamente diferente.
Con el paso del tiempo, parte de sus trayectorias quedaron relegadas a un segundo plano dentro del relato histórico.
La recuperación del Lyceum permite, por tanto, volver sobre nombres que fueron fundamentales para comprender la cultura española de las primeras décadas del siglo XX.
La exposición plantea así una cuestión que va más allá del aniversario: qué mujeres fueron reconocidas por la historia y cuáles quedaron fuera de ella.
Una exposición recupera ahora su legado en Madrid
El centenario del Lyceum Club Femenino se conmemora con una exposición que puede visitarse en la Fundación Ortega-Marañón de Madrid, en el espacio de la antigua Residencia de Señoritas.
La muestra permanecerá abierta hasta el 22 de enero de 2027 y busca reconstruir la historia de la institución y de las mujeres que participaron en ella.
El recorrido permite situar al Lyceum dentro de un proceso más amplio de transformación cultural que afectó a la España de las primeras décadas del siglo XX.
La exposición también ayuda a comprender que aquella experiencia no fue un fenómeno aislado. Formó parte de una red de asociaciones, proyectos educativos y movimientos culturales que estaban ampliando progresivamente la presencia femenina en la esfera pública.
Cien años después, el Lyceum sigue planteando preguntas
La historia del Lyceum Club Femenino no puede reducirse a una sucesión de nombres célebres.
Su verdadero interés histórico está en mostrar cómo cientos de mujeres encontraron una estructura común para relacionarse, debatir y desarrollar actividades culturales en una época en la que su participación pública era mucho más limitada.
El club reunió a abogadas, escritoras, artistas, pedagogas y profesionales. También estableció vínculos con algunos de los principales intelectuales de su tiempo.
Su desaparición después de la Guerra Civil no borró completamente aquella experiencia.
Un siglo después de su fundación, el Lyceum permite reconstruir una parte esencial de la historia cultural de Madrid y de la evolución de la participación de las mujeres en la sociedad española.


