Miles de migrantes continúan en la ciudad casi dos meses después de la entrada masiva desde Marruecos, con menores sin resolver, asentamientos y tensión política.
Ceuta sigue intentando absorber las consecuencias de la entrada masiva de migrantes registrada los días 30 y 31 de julio. Casi dos meses después, la ciudad autónoma mantiene una situación excepcional, con miles de personas pendientes de regularizar su situación, menores no acompañados bajo tutela, asentamientos improvisados y una intensa disputa política entre el Gobierno central y el Ejecutivo ceutí.
El Ministerio de Política Territorial cifró el 25 de septiembre en 2 383 los menores no acompañados filiados en Ceuta. La prioridad declarada por el Gobierno es estudiar la reagrupación familiar y los retornos cuando proceda.
Mientras tanto, continúan apareciendo asentamientos improvisados en distintos puntos de la ciudad. Algunos migrantes han llegado incluso a ocupar antiguas galerías subterráneas próximas al Campus Universitario.
La dimensión de la crisis ha convertido a Ceuta en uno de los principales focos del debate migratorio español.
Una crisis que comenzó con la entrada masiva de julio
El origen de la situación actual se encuentra en las entradas irregulares producidas a finales de julio.
Durante los días 30 y 31 de julio, decenas de miles de personas intentaron acceder a Ceuta desde Marruecos. Las cifras difundidas posteriormente por distintas autoridades y medios han variado según el momento y el método de contabilización.
El episodio provocó una respuesta extraordinaria de las fuerzas de seguridad y obligó a habilitar recursos adicionales de acogida.
Desde entonces, el problema ha pasado de ser una emergencia fronteriza puntual a convertirse en una crisis prolongada de alojamiento, identificación, protección de menores y gestión de retornos.
El Gobierno de Ceuta ha reclamado reiteradamente una respuesta del Ejecutivo central y mayor implicación de las instituciones europeas.
Marruecos devuelve la responsabilidad a España
Uno de los principales focos de tensión es la cuestión de los retornos.
El ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, afirmó el 25 de septiembre que, si los migrantes que entraron en Ceuta todavía no habían sido devueltos, había que preguntar a España por las razones.
La posición marroquí contrasta con las declaraciones realizadas por el Gobierno español sobre la cooperación entre ambos países.
El día anterior, Burita había reiterado al ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, la disposición de Marruecos a colaborar para que regresen «lo antes posible» los migrantes que continúan en Ceuta y que no tengan derecho a protección internacional.
El intercambio evidencia una de las dificultades centrales de la crisis: España necesita cooperación marroquí para ejecutar determinados retornos, pero Rabat sostiene que la responsabilidad de materializarlos corresponde a las autoridades españolas.
Más de 2 000 personas regresaron a los asentamientos de las playas
La capacidad de acogida se ha convertido en otro de los problemas más visibles.
A mediados de septiembre, más de 2 000 migrantes regresaron a los asentamientos de las playas del Trampolín y Benítez después de que se completara la capacidad del dispositivo provisional instalado en el puerto.
La situación obligó incluso a paralizar trabajos de limpieza y desinfección previstos en las playas.
El escenario ilustra una de las contradicciones de la crisis: las autoridades intentan retirar los asentamientos improvisados, pero la falta de espacio suficiente en los dispositivos de acogida favorece que parte de las personas vuelva a la calle.
En los días siguientes se reforzaron las actuaciones policiales y se trasladó a parte de los migrantes hacia nuevos recursos.
Los túneles abandonados se convierten en refugios
Uno de los episodios que mejor refleja las condiciones de algunos asentamientos se produjo en antiguas galerías subterráneas.
Los bomberos localizaron un asentamiento clandestino en un antiguo túnel militar abandonado después de acudir a sofocar un incendio. En el interior encontraron colchones, ropa, basura, restos de comida, utensilios de cocina y otros materiales utilizados para permanecer allí.
Según las informaciones difundidas por los servicios de emergencia, hasta medio centenar de personas podrían haber utilizado las galerías.
El hallazgo ha generado preocupación por las condiciones de seguridad de estos espacios.
Los bomberos han advertido además de que podrían existir más túneles utilizados como refugio, una cuestión que añade un nuevo problema a las autoridades encargadas de localizar y trasladar a quienes permanecen fuera de los dispositivos oficiales.
El problema de los menores sigue sin resolverse
La situación de los menores no acompañados constituye uno de los principales desafíos.
El Gobierno contabilizaba el 25 de septiembre 2 383 menores filiados en Ceuta. La prioridad anunciada por el ministro Ángel Víctor Torres es estudiar la reagrupación familiar, tanto en España como en Marruecos, cuando las circunstancias legales y familiares lo permitan.
La gestión de estos menores está condicionada por la legislación española de protección de la infancia y por la necesidad de determinar individualmente sus circunstancias.
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, había situado días antes en alrededor de 2 200 los menores bajo tutela de Ceuta y señaló que otros podrían encontrarse fuera de los recursos oficiales.
El Gobierno central ha defendido el traslado a la Península de parte de estos menores, mientras que el Ejecutivo de Ceuta reclama que se aceleren los procedimientos de retorno cuando jurídicamente sea posible.
Un problema que supera la capacidad de Ceuta
La dimensión de la llegada ha desbordado la capacidad ordinaria de la ciudad autónoma.
El Gobierno central aprobó una partida de 88 millones de euros para ampliar los recursos de acogida en Ceuta. Paralelamente, el Ejecutivo trabaja en el incremento de la capacidad disponible para evitar que los migrantes tengan que permanecer en playas y espacios públicos.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, situó posteriormente entre 3 000 y 3 500 el número de migrantes que permanecían en las calles de Ceuta fuera del sistema de acogida y anunció medidas para elevar la capacidad de los dispositivos desde 6 000 hasta 10 000 plazas.
Estas cifras muestran la magnitud de la presión sobre una ciudad de dimensiones reducidas.
Refuerzo de la frontera ante posibles nuevas entradas
La crisis no se limita a gestionar a quienes ya están en Ceuta.
Durante septiembre, las fuerzas de seguridad reforzaron la frontera ante la posibilidad de nuevos intentos de entrada irregular.
El dispositivo incluyó el despliegue de 75 agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) y refuerzos de la Guardia Civil mediante unidades del Grupo de Reserva y Seguridad.
La decisión se tomó después de que circularan llamamientos en redes sociales para intentar entrar en Ceuta coincidiendo con determinadas fechas.
El Gobierno también ha anunciado actuaciones para reforzar la frontera marítima de El Tarajal.
Interior prepara una barrera marítima de 9 millones
El Ministerio del Interior anunció un proyecto valorado en 9 millones de euros para reforzar la frontera marítima de El Tarajal e impedir las entradas a nado.
El proyecto contempla una inversión aproximada de 7 millones para la infraestructura física y otros 2 millones para un sistema de balizamiento y una red de contención submarina.
La medida evidencia que el Gobierno ha pasado de gestionar exclusivamente la emergencia humanitaria a preparar también refuerzos estructurales del control fronterizo.
El objetivo es reducir la posibilidad de que se repita un episodio de entradas masivas como el registrado en julio.
El PP exige una respuesta al Gobierno
La crisis ha provocado un duro enfrentamiento político.
El Partido Popular ha reclamado al Gobierno que solucione la situación y ha responsabilizado al Ejecutivo de Pedro Sánchez de la gestión de la crisis.
El 25 de septiembre, el PP aseguró que con Alberto Núñez Feijóo en La Moncloa «se acabará esta etapa negra», en una declaración que forma parte de su estrategia política sobre inmigración.
Feijóo ya había criticado días antes el traslado de migrantes desde los asentamientos de las playas hacia el campamento del puerto y había defendido que la prioridad debía ser el retorno de quienes no tuvieran derecho a permanecer en España.
Estas son posiciones políticas del PP y no una evaluación independiente de la actuación del Gobierno.
Vivas reclama mayor implicación de Madrid y Europa
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, también ha elevado sus críticas.
El dirigente autonómico ha reclamado una mayor implicación del Gobierno central y de la Unión Europea ante una situación que considera extraordinaria para la ciudad.
La presión sobre Ceuta afecta directamente a servicios públicos, seguridad, alojamiento y protección de menores.
El debate se ha trasladado además al ámbito europeo, con peticiones para que las instituciones comunitarias conozcan de primera mano la situación de la ciudad autónoma.
El Gobierno defiende la cooperación con Marruecos
Frente a las críticas, el Ejecutivo central insiste en la necesidad de mantener la cooperación con Rabat.
La relación con Marruecos resulta especialmente relevante porque la mayoría de las personas que acceden irregularmente a Ceuta proceden del país vecino y porque los procedimientos de retorno requieren coordinación entre ambas administraciones.
Las conversaciones entre Albares y Burita han incluido precisamente el retorno de quienes no tengan derecho a protección internacional.
Sin embargo, las declaraciones públicas de ambas partes muestran que persisten diferencias sobre quién debe asumir la responsabilidad de determinados retornos.
Una ciudad atrapada entre la frontera y la acogida
La situación de Ceuta resume buena parte de los dilemas de la política migratoria española.
Por un lado, las autoridades deben controlar una frontera exterior de la Unión Europea y evitar nuevas entradas irregulares.
Por otro, quienes ya han entrado deben recibir atención conforme a la legislación española y europea mientras se determina su situación.
En el caso de los menores, las obligaciones de protección son todavía mayores.
El resultado es una presión extraordinaria sobre una ciudad que ya había reclamado durante años una distribución más equilibrada de las responsabilidades migratorias.
La seguridad también preocupa en los asentamientos
La concentración de miles de personas en espacios improvisados ha generado además problemas de seguridad.
El 25 de septiembre, la Policía Nacional detuvo a tres ciudadanos marroquíes residentes en el asentamiento de la playa del Trampolín por su presunta relación con la retención contra su voluntad de dos menores migrantes. La investigación policial deberá determinar las responsabilidades correspondientes.
El episodio demuestra que los asentamientos no constituyen únicamente un problema de alojamiento.
La presencia de miles de personas en espacios sin condiciones adecuadas dificulta también el control policial y la protección de quienes se encuentran en una situación especialmente vulnerable.
El desafío ahora es evitar que la emergencia se cronifique
Casi dos meses después de las entradas masivas, Ceuta continúa sin haber cerrado la crisis.
Los datos muestran varias dimensiones simultáneas:
- 2 383 menores no acompañados filiados a 25 de septiembre.
- Miles de migrantes todavía pendientes de solución definitiva.
- Asentamientos en playas y otros espacios públicos.
- Descubrimiento de refugios en túneles abandonados.
- Refuerzo extraordinario de Policía Nacional y Guardia Civil.
- Un proyecto de 9 millones de euros para reforzar la frontera marítima.
- 88 millones de euros aprobados para ampliar recursos de acogida.
- Negociaciones con Marruecos para acelerar los retornos cuando proceda.
La emergencia inicial ha dado paso a un problema mucho más complejo.
Ya no se trata solamente de impedir nuevas entradas. España debe gestionar simultáneamente frontera, retornos, protección internacional, menores, alojamiento y cooperación con Marruecos.
Ceuta se convierte en el gran frente del debate migratorio
La crisis de Ceuta ha colocado nuevamente la inmigración en el centro de la política española.
El Gobierno defiende la cooperación con Marruecos, el refuerzo de los recursos de acogida y el retorno de quienes no tengan derecho a permanecer en España.
El PP reclama una política de control fronterizo y retornos más contundente.
El Gobierno de Ceuta exige más medios y una mayor implicación del Estado y de la Unión Europea.
Mientras las instituciones discuten, miles de personas continúan esperando una solución definitiva.
La cuestión de fondo ya no es únicamente qué ocurrió en Ceuta durante aquellos dos días de julio, sino cómo evitar que una emergencia fronteriza termine transformándose en una crisis permanente de alojamiento, seguridad y gestión migratoria.
La evolución de los retornos, la situación de los menores y la capacidad real de los dispositivos de acogida serán las claves para determinar si Ceuta consigue cerrar esta crisis o entra en una nueva fase de presión migratoria.


