La NASA detecta menos fitoplancton en aguas del Pacífico mientras El Niño intensifica el calentamiento oceánico y altera las cadenas alimentarias marinas.
El Pacífico cambia de color y la ciencia alerta de sus consecuencias
El océano está mostrando una señal que va mucho más allá de una simple variación de tonalidad. En determinadas zonas del Pacífico ecuatorial, el agua presenta un aspecto más azul y menos verde, un cambio que los satélites de la NASA relacionan con la reducción del fitoplancton durante el episodio de El Niño de 2026.
La transformación coincide con un calentamiento excepcional de las aguas superficiales y con alteraciones en la circulación oceánica y atmosférica. La consecuencia es especialmente relevante para los ecosistemas marinos: cuando disminuye el fitoplancton, también puede reducirse la disponibilidad de alimento para numerosos organismos que dependen de él directa o indirectamente.
Los mapas elaborados a partir de las observaciones del satélite PACE de la NASA muestran concentraciones de clorofila sustancialmente menores en partes del Pacífico central y ecuatorial durante 2026 que en el periodo de referencia de 2025.
La situación ha adquirido mayor importancia porque la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advierte de que el actual episodio de El Niño continúa fortaleciéndose y podría mantenerse con intensidad fuerte o muy fuerte durante los primeros meses de 2027.
El fenómeno no implica que toda la vida marina esté desapareciendo. Sin embargo, sí revela cómo una alteración de las condiciones físicas del océano puede modificar la disponibilidad de nutrientes y desencadenar efectos en la cadena alimentaria.
La señal más importante no es únicamente que el mar cambie de color, sino lo que ese cambio permite conocer sobre el funcionamiento de los ecosistemas submarinos.
Qué ha descubierto la NASA en el océano Pacífico
La NASA ha utilizado datos obtenidos por el instrumento OCI, el sensor de color oceánico instalado en el satélite PACE, para analizar la evolución de las condiciones del Pacífico.
Este instrumento mide la luz que refleja el océano en diferentes longitudes de onda. Gracias a esas observaciones, los investigadores pueden estudiar variaciones en la concentración de clorofila y otros indicadores relacionados con la composición del agua.
La comparación de imágenes y mediciones de 2025 y 2026 permite observar cambios en una extensa franja del Pacífico ecuatorial.
Entre las señales detectadas destacan tres:
- Aumento de la temperatura superficial: las aguas presentan anomalías térmicas positivas en amplias zonas del Pacífico ecuatorial.
- Descenso de la clorofila: las mediciones muestran una menor concentración de este pigmento, relacionado con la abundancia de fitoplancton.
- Alteraciones en la altura del mar: la expansión térmica y los cambios en la circulación oceánica modifican el nivel de la superficie marina en distintas regiones.
Estas variables permiten observar el fenómeno desde perspectivas complementarias. La temperatura informa sobre el calentamiento; la altura del mar ayuda a identificar cambios en la distribución del agua; y la clorofila ofrece pistas sobre la evolución de la vida microscópica que sostiene buena parte de los ecosistemas oceánicos.
Las imágenes satelitales, por tanto, no se limitan a ofrecer una fotografía llamativa. Constituyen una herramienta para estudiar cambios ambientales que pueden resultar difíciles de detectar desde barcos o estaciones de medición aisladas.
La NASA advierte de que la disminución del fitoplancton puede modificar las redes alimentarias marinas y desplazar las zonas donde encuentran alimento diferentes especies.
Fuente científica: NASA Ciencia, «El Niño altera la vida marina en el Pacífico».
Por qué el agua verde se está volviendo más azul
El color del océano depende de varios factores, entre ellos la absorción y dispersión de la luz, la presencia de partículas y la concentración de organismos microscópicos.
En las aguas donde abunda el fitoplancton, la clorofila absorbe parte de la luz y contribuye a que el agua presente tonalidades verdes. Cuando su concentración disminuye, la apariencia del océano puede desplazarse hacia tonos más azules.
Este proceso ayuda a explicar las variaciones detectadas por los satélites en determinadas zonas del Pacífico durante el episodio actual de El Niño.
El fenómeno tiene una dimensión ecológica importante. El fitoplancton está formado por organismos microscópicos que realizan la fotosíntesis y constituyen una fuente fundamental de materia orgánica en los ecosistemas marinos.
Su abundancia depende de factores como la luz, la temperatura, la disponibilidad de nutrientes y la circulación del agua.
Por ello, un océano más azul no significa automáticamente que esté muerto, pero puede indicar que en una región concreta existe menos fitoplancton que en condiciones anteriores.
Para interpretar correctamente los cambios de color, los científicos combinan las observaciones ópticas con mediciones físicas y otros datos oceánicos. La tonalidad por sí sola no permite determinar cuántas especies han desaparecido ni cuantificar todas las pérdidas biológicas.
En este caso, el interés científico reside en la coincidencia entre el cambio de color, el calentamiento del agua y la reducción de la clorofila observada mediante satélite.
El Niño debilita el aporte de nutrientes a la superficie
Para comprender lo que está ocurriendo es necesario explicar cómo funciona El Niño.
El fenómeno forma parte del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una interacción natural entre el océano y la atmósfera tropical del Pacífico.
En condiciones habituales, los vientos alisios empujan las aguas superficiales cálidas hacia el oeste, en dirección a Indonesia y Australia. En el Pacífico oriental, cerca de Sudamérica, ese movimiento favorece el ascenso de aguas más profundas y frías, ricas en nutrientes.
Este proceso se denomina afloramiento oceánico.
El afloramiento resulta esencial para numerosos ecosistemas porque transporta nutrientes que favorecen el crecimiento del fitoplancton. A su vez, estos organismos alimentan a pequeñas especies marinas que sirven de sustento a peces de mayor tamaño y a otros depredadores.
Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y la distribución del agua cálida cambia. La capa superficial caliente puede profundizar la termoclina, que separa las aguas cálidas de la superficie de las aguas más frías del océano profundo.
Como consecuencia, llega menos agua fría y rica en nutrientes a la superficie en determinadas zonas del Pacífico oriental.
La menor disponibilidad de nutrientes limita el crecimiento del fitoplancton y puede reducir las concentraciones de clorofila detectadas por los satélites.
La cadena de efectos es relativamente clara: cambia la circulación oceánica, disminuye el aporte de nutrientes, se modifica la abundancia de organismos microscópicos y pueden alterarse las condiciones de alimentación de otras especies.
No todos los lugares responden de la misma manera, pero el mecanismo ayuda a explicar por qué El Niño puede afectar simultáneamente al color del agua, a la productividad marina y a la pesca.
El Niño de 2026 continúa fortaleciéndose
El episodio actual ha despertado una atención especial por la intensidad de las anomalías térmicas registradas en el Pacífico ecuatorial.
En su informe del 8 de octubre de 2026, el Centro de Predicción Climática de la NOAA señaló que el fenómeno seguía fortaleciéndose y que existía una probabilidad superior al 83 % de que persistiera un episodio fuerte o muy fuerte durante el periodo de enero a marzo de 2027.
El organismo también registró anomalías de temperatura superficial superiores a 4 °C en algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental. Esta cifra corresponde a áreas concretas y no debe interpretarse como un aumento uniforme de cuatro grados en todo el océano.
El índice Niño 3.4, utilizado para vigilar la evolución térmica de una región central del Pacífico ecuatorial, alcanzó una anomalía de +2,1 °C en el informe de octubre.
Estos indicadores permiten evaluar la intensidad del fenómeno, aunque sus consecuencias regionales dependen también de la evolución de los vientos, las corrientes oceánicas y otros patrones atmosféricos.
El calentamiento observado tiene implicaciones que van más allá del ecosistema marino. El Niño modifica la distribución de las precipitaciones, puede favorecer sequías en algunas regiones y aumentar el riesgo de lluvias intensas en otras.
También altera las condiciones que favorecen la formación de ciclones tropicales en distintas cuencas, aunque sus efectos concretos varían según la región y la época del año.
La NOAA subraya que las condiciones actuales requieren seguimiento, especialmente porque el episodio podría continuar durante los próximos meses.
La cadena alimentaria marina, bajo presión
El fitoplancton es uno de los componentes fundamentales de la vida oceánica. Aunque sus organismos son microscópicos, su función resulta decisiva para mantener las redes alimentarias marinas.
Muchos organismos del zooplancton se alimentan de fitoplancton. A su vez, pequeños peces y otras especies consumen zooplancton, mientras que los depredadores de mayor tamaño dependen de esos niveles inferiores para encontrar alimento.
Cuando disminuye la productividad del fitoplancton, la disponibilidad de alimento puede reducirse en determinados ecosistemas. La magnitud del impacto depende de la duración del episodio, de las especies presentes y de la capacidad de los organismos para adaptarse o desplazarse.
Entre las consecuencias posibles se encuentran:
- Cambios en la distribución de peces: algunas especies pueden desplazarse hacia aguas donde las condiciones de temperatura y alimento resulten más favorables.
- Presión sobre las poblaciones de depredadores: si disminuyen las presas disponibles, los animales que dependen de ellas pueden tener más dificultades para alimentarse.
- Alteraciones en la reproducción: la disponibilidad de alimento y las condiciones ambientales pueden influir en el crecimiento y el éxito reproductivo de determinadas especies.
- Cambios en la pesca comercial: las modificaciones en la distribución de los peces pueden afectar a las capturas y obligar a adaptar las operaciones pesqueras.
Estas consecuencias no aparecen de manera idéntica en todas las regiones. Tampoco toda reducción del fitoplancton provoca necesariamente un colapso ecológico. Para determinar el impacto real es necesario estudiar la evolución de las poblaciones y combinar las observaciones satelitales con mediciones directas.
Aun así, la disminución de la productividad marina constituye una señal relevante porque afecta a la base de numerosas cadenas alimentarias.
La pesca de anchoveta en Perú ilustra los riesgos económicos
Uno de los ejemplos más importantes de la relación entre El Niño y la actividad pesquera se encuentra en las costas de Perú.
La corriente de Humboldt transporta aguas frías y ricas en nutrientes que favorecen una elevada productividad biológica. Esta característica sostiene una importante industria pesquera, especialmente vinculada a la anchoveta peruana.
La anchoveta constituye una materia prima esencial para la producción de harina y aceite de pescado, productos utilizados, entre otros destinos, en la alimentación animal y la acuicultura.
Cuando El Niño altera el afloramiento y calienta las aguas, las condiciones ambientales pueden dejar de ser adecuadas para la distribución habitual de esta especie. Los peces pueden desplazarse, cambiar su disponibilidad para las flotas y experimentar alteraciones en su alimentación.
El episodio de 2026 ha vuelto a situar bajo presión a la actividad pesquera peruana. Los problemas de disponibilidad del recurso y las decisiones de gestión pesquera tienen consecuencias económicas para empresas, trabajadores y sectores que dependen de estas capturas.
No obstante, es importante distinguir entre los efectos ambientales y las decisiones administrativas. Las restricciones o cierres de campañas pesqueras pueden responder a evaluaciones científicas sobre el estado del recurso y a la necesidad de evitar una presión excesiva sobre las poblaciones.
La experiencia peruana demuestra que los cambios oceanográficos pueden repercutir en una actividad económica estratégica y en las cadenas de suministro internacionales.
También recuerda que la sostenibilidad de la pesca depende de varios factores, entre ellos las condiciones climáticas, la abundancia del recurso, la presión pesquera y la eficacia de las medidas de gestión.
¿Es responsable el cambio climático de este episodio extremo?
El Niño es un fenómeno natural que se repite de forma irregular, generalmente cada dos a siete años. No constituye por sí mismo una consecuencia exclusiva del calentamiento global provocado por las actividades humanas.
Sin embargo, la evolución del clima global puede modificar el contexto en el que se desarrolla y agravar determinados impactos.
Un océano más cálido puede intensificar las consecuencias de las anomalías térmicas y aumentar el riesgo asociado a las olas de calor marinas. El calentamiento global también eleva el nivel medio del mar, lo que puede agravar las inundaciones costeras cuando coincide con mareas altas y otros episodios meteorológicos.
La atribución científica exige distinguir entre la variabilidad natural del sistema climático y la influencia del calentamiento antropogénico. No es correcto atribuir automáticamente cada anomalía o cada episodio extremo al cambio climático sin un análisis específico.
En el caso de El Niño de 2026, las observaciones de la NASA y las previsiones de la NOAA permiten describir un episodio intenso y sus efectos sobre el océano. Determinar cuánto contribuye el calentamiento global a cada una de sus características requiere estudios adicionales.
Esta distinción resulta esencial para comprender la ciencia del clima y evitar conclusiones que vayan más allá de los datos disponibles.
Qué puede ocurrir en los próximos meses
Las previsiones de la NOAA apuntan a que El Niño podría seguir fortaleciéndose o mantenerse con gran intensidad durante el invierno del hemisferio norte.
Si persisten las condiciones cálidas y se mantiene debilitado el aporte de nutrientes en determinadas regiones, la reducción del fitoplancton podría prolongarse en esas áreas.
La evolución dependerá de cómo cambien la temperatura superficial, los vientos alisios, las corrientes oceánicas y la profundidad de la termoclina.
Los científicos seguirán utilizando satélites como PACE para observar la clorofila y otros indicadores del estado del océano. Estas mediciones permiten identificar tendencias y comparar regiones, aunque necesitan complementarse con estudios biológicos y observaciones directas para determinar las consecuencias sobre las poblaciones marinas.
También será importante seguir la respuesta de las pesquerías y de las comunidades costeras que dependen de ellas.
La principal incógnita no es solo cuánto se calentará el Pacífico, sino cuánto tiempo permanecerán alteradas las condiciones que sostienen su productividad biológica.
Una señal visible de un problema que empieza bajo la superficie
El cambio de color del Pacífico ofrece una ventana excepcional para observar un proceso que normalmente permanece oculto bajo el agua.
La disminución del fitoplancton registrada por la NASA indica que El Niño está modificando la distribución de nutrientes y las condiciones de vida de determinados ecosistemas marinos. La intensidad del episodio y la posibilidad de que se prolongue hasta comienzos de 2027 justifican un seguimiento continuado.
Pero conviene mantener la precisión: el océano no se está volviendo azul en todas partes ni las imágenes satelitales demuestran que haya desaparecido toda la vida submarina. Lo que muestran es una reducción de la clorofila en regiones concretas y un cambio ambiental que puede repercutir en las cadenas alimentarias.
El seguimiento científico permitirá determinar hasta qué punto estas alteraciones se traducen en cambios persistentes para la biodiversidad y la pesca.
El Niño vuelve a demostrar que la temperatura del océano, la disponibilidad de nutrientes y la vida marina están estrechamente conectadas. Lo que hoy aparece como una franja más azul en una imagen satelital puede ser la primera señal visible de cambios ecológicos y económicos mucho más amplios.


