La UE investiga cómo transformar las redes de fibra óptica en sensores capaces de detectar movimientos sospechosos bajo el mar. El objetivo es proteger las comunicaciones y las infraestructuras críticas frente a posibles sabotajes.
Europa busca detectar amenazas antes de que dañen sus infraestructuras
La seguridad de Europa también depende de lo que ocurre a cientos de metros bajo el mar. Los cables submarinos que transportan datos entre continentes sostienen buena parte de la economía digital, pero su enorme extensión y las dificultades para vigilarlos los convierten en infraestructuras especialmente sensibles.
Ahora, la Unión Europea estudia una solución que podría cambiar la manera de proteger estas redes: convertir los cables de fibra óptica en sensores capaces de registrar vibraciones y detectar actividades sospechosas en el fondo marino.
La iniciativa, recogida por Libertad Digital el 19 de octubre de 2026 a partir de una información del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, combina investigación científica y aplicaciones potenciales para la defensa. Entre los objetivos figuran detectar drones submarinos, identificar movimientos de buques sospechosos y mejorar la protección de los cables y las tuberías estratégicas.
El interés es evidente. Un sabotaje contra una conexión submarina puede interrumpir comunicaciones, afectar a empresas y generar problemas que trascienden las fronteras del país donde se produce el incidente.
La preocupación es especialmente relevante en el mar Báltico, donde varios países europeos han reforzado la atención sobre la seguridad de sus infraestructuras submarinas ante los riesgos de sabotaje y las tensiones con Rusia.
La clave está en anticiparse al daño, no limitarse a reparar el cable cuando la conexión ya se ha interrumpido.
Cómo funcionan los cables submarinos que detectan vibraciones
La tecnología que centra parte de esta investigación se conoce como detección acústica distribuida (DAS). Su funcionamiento consiste en analizar las variaciones de la luz que recorre una fibra óptica cuando las vibraciones o las deformaciones afectan al cable.
En lugar de limitarse a transmitir información, la infraestructura puede proporcionar datos sobre determinados fenómenos físicos que ocurren a su alrededor.
Esta técnica tiene aplicaciones científicas, entre ellas el estudio de señales sísmicas y otras perturbaciones del terreno o del medio marino. Su posible adaptación a la seguridad submarina abre una nueva vía para vigilar zonas próximas a infraestructuras críticas.
Las aplicaciones potenciales incluyen:
- Detección de vibraciones: registrar perturbaciones que podrían estar relacionadas con movimientos de embarcaciones u otras actividades cercanas.
- Vigilancia de infraestructuras: identificar comportamientos anómalos en las proximidades de cables de telecomunicaciones y tuberías.
- Alerta temprana: aportar información para investigar un posible sabotaje antes de que se produzcan daños mayores.
- Apoyo a la defensa: complementar los datos de otros sensores y los sistemas de vigilancia marítima.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre detectar una vibración e identificar el objeto que la ha producido. Un registro acústico no demuestra por sí solo que haya un submarino en la zona ni permite atribuir una operación a un país determinado.
Para alcanzar ese nivel de identificación, los sistemas necesitan análisis adicionales y, en muchos casos, información procedente de otras fuentes.
El límite técnico de los 60 a 100 kilómetros
Uno de los obstáculos señalados en la información original es el alcance de determinadas configuraciones de detección acústica distribuida.
Según Libertad Digital, la presencia del primer repetidor del cable puede limitar las mediciones a una distancia aproximada de 60 a 100 kilómetros desde el punto de medición.
Este intervalo no constituye un límite universal para todos los cables. El rendimiento depende de la arquitectura de cada instalación, los equipos utilizados y las condiciones en las que se registran las señales.
La dificultad es importante porque los cables submarinos pueden extenderse a lo largo de cientos o miles de kilómetros. Una capacidad de vigilancia limitada a determinados tramos no permite garantizar la protección integral de una red.
Por eso, la investigación busca mejorar el alcance de la tecnología y combinarla con otras herramientas de vigilancia. El objetivo es construir una imagen más completa de lo que sucede bajo el agua y reducir el tiempo necesario para investigar una anomalía.
La protección efectiva exige, además, disponer de mecanismos de respuesta. Detectar una perturbación no sirve de mucho si la información no llega a tiempo a las autoridades responsables.
Sensores SMART: más información sobre el entorno submarino
Otra de las tecnologías contempladas son los sensores conocidos como SMART, que incorporan instrumentos específicos para medir variables físicas, como la presión, la temperatura y el movimiento.
Según la información publicada por Libertad Digital, estos dispositivos pueden instalarse a intervalos de aproximadamente 20 o 30 kilómetros, aunque la separación concreta depende del diseño del sistema.
Su función es complementar la información obtenida mediante la fibra óptica con mediciones más específicas del entorno submarino.
La integración de estos sensores presenta dificultades técnicas. Por ello, la incorporación de nuevas capacidades durante la construcción o renovación de cables podría resultar más sencilla que adaptar determinadas infraestructuras que ya están en servicio.
El objetivo no consiste únicamente en detectar un incidente, sino en obtener suficientes datos para entender qué ha ocurrido, localizar la zona afectada y facilitar una respuesta.
SAFAtor y Submerse: los proyectos que exploran nuevas capacidades
La investigación europea combina iniciativas orientadas a desarrollar sensores y aprovechar las redes existentes.
De acuerdo con la información de Libertad Digital, el proyecto SAFAtor cuenta con una dotación de 30 millones de euros y prueba sensores submarinos en zonas frente a Sicilia, Estambul y la costa de Chile.
La iniciativa pretende explorar las posibilidades de estos dispositivos y su integración en futuras infraestructuras. No debe interpretarse como una demostración de que toda la red europea dispone ya de vigilancia submarina permanente.
En paralelo, Submerse reúne a 24 socios en un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea. Su trabajo se centra en estudiar señales sísmicas y ruido submarino mediante cables de fibra óptica.
Ambas iniciativas ilustran el potencial de las tecnologías de doble uso: sistemas desarrollados para la investigación científica que también pueden aportar información útil para la seguridad y la defensa.
La cuestión pendiente es comprobar hasta qué punto estas herramientas pueden ofrecer resultados fiables en condiciones reales, con suficiente cobertura y sin generar un volumen excesivo de falsas alarmas.
Rusia y el mar Báltico: el contexto estratégico de la investigación
La protección de las infraestructuras submarinas ha ganado relevancia en el contexto de las tensiones entre Rusia y los países europeos.
El mar Báltico concentra conexiones de telecomunicaciones y energía esenciales para varios Estados. La vigilancia de estas instalaciones se ha convertido en una prioridad ante el riesgo de daños accidentales, sabotajes y otras acciones que podrían afectar a servicios críticos.
Los gasoductos Nord Stream, dañados por explosiones en septiembre de 2022, constituyen uno de los episodios que marcaron el debate sobre la vulnerabilidad de las infraestructuras submarinas. Aquel incidente mostró la dificultad de proteger instalaciones situadas bajo el mar y la complejidad de investigar operaciones de esta naturaleza.
La tecnología que ahora se estudia podría ayudar a reconstruir movimientos y registrar anomalías, pero no elimina por sí misma los problemas de atribución.
La detección de una actividad sospechosa no demuestra automáticamente que Rusia esté detrás de ella. La responsabilidad debe establecerse mediante investigaciones y pruebas concretas.
La utilidad estratégica de los sensores reside precisamente en mejorar la información disponible para las autoridades y facilitar la investigación de incidentes.
Dinamarca, Noruega y Suecia, en primera línea de la investigación
La información publicada por Libertad Digital, a partir del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, identifica a Dinamarca, Noruega y Suecia entre los países más activos en el desarrollo de estas capacidades.
Su posición geográfica y su relación con las rutas marítimas del norte de Europa explican parte de ese interés. La seguridad de los cables resulta especialmente importante para las comunicaciones, la actividad económica y las conexiones energéticas de la región.
La cooperación entre países es esencial porque las redes submarinas atraviesan aguas de distintas jurisdicciones y conectan infraestructuras situadas en varios Estados.
Un sistema de vigilancia eficaz necesitará protocolos para compartir datos, comprobar alertas y coordinar las respuestas. También tendrá que definir qué información puede intercambiarse entre operadores privados, autoridades civiles y organismos militares.
Bruselas moviliza 347 millones de euros para reforzar los cables submarinos
La investigación tecnológica se enmarca en una estrategia europea más amplia.
La Comisión Europea anunció el 5 de febrero de 2026 una inversión adicional de 347 millones de euros para proyectos estratégicos de infraestructuras digitales durante 2026 y 2027. La financiación incluye cables submarinos inteligentes y mejoras en la capacidad europea para reparar conexiones dañadas.
La iniciativa forma parte del Plan de Acción de la UE sobre Seguridad de Cables, adoptado en febrero de 2025, y contempla medidas de prevención, detección, respuesta, recuperación y disuasión.
Bruselas también anunció una convocatoria de 20 millones de euros para financiar módulos adaptables de reparación de cables submarinos, destinados a facilitar la recuperación de los servicios tras un incidente.
Según la Comisión Europea, los cables submarinos de datos transportan aproximadamente el 99 % del tráfico intercontinental de Internet. Su protección es, por tanto, una cuestión que afecta directamente a la conectividad internacional y a la economía europea.
Fuente: Comisión Europea, La Comisión aumenta la seguridad de los cables submarinos con una inversión de 347 millones de euros y un nuevo conjunto de herramientas, 5 de febrero de 2026.
Inteligencia artificial: cómo distinguir una amenaza de una falsa alarma
Uno de los mayores retos de la vigilancia submarina es interpretar correctamente la información obtenida.
Los sensores pueden registrar grandes cantidades de datos, pero no todas las vibraciones representan una amenaza. El movimiento de una embarcación, las actividades pesqueras, los fenómenos naturales y otras perturbaciones pueden producir señales que requieren una evaluación cuidadosa.
La inteligencia artificial puede ayudar a clasificar esos registros, identificar patrones y señalar acontecimientos que merezcan una investigación.
No obstante, la calidad del sistema dependerá de los datos disponibles, el entrenamiento de los modelos y su capacidad para adaptarse a entornos diferentes.
Un exceso de falsas alarmas puede saturar a los operadores, mientras que un sistema que descarte señales relevantes puede pasar por alto una amenaza.
Por ello, la inteligencia artificial debe complementar la evaluación humana y otras fuentes de información, no sustituirlas por completo.
Tampoco está demostrado que las configuraciones descritas puedan detectar de forma fiable cualquier submarino, incluidos los submarinos nucleares, en todas las condiciones. Esa capacidad deberá evaluarse mediante pruebas específicas.
Qué significa este avance para España
España también tiene intereses estratégicos en la protección de los cables submarinos.
Su posición entre el Atlántico y el Mediterráneo, sus conexiones internacionales y su participación en las redes europeas de comunicaciones hacen que la seguridad de estas infraestructuras resulte relevante para el país.
Una interrupción importante puede afectar a las comunicaciones digitales, las empresas y otros servicios que dependen de conexiones internacionales. La protección exige coordinación entre los operadores de las redes, las administraciones públicas y los organismos responsables de la seguridad marítima.
La Comisión Europea incluye entre sus prioridades mejorar la vigilancia, reducir los tiempos de respuesta y reforzar la capacidad de reparación de las infraestructuras dañadas.
Para España, la cuestión no consiste únicamente en disponer de sensores, sino en garantizar que las alertas se verifiquen con rapidez y que existan procedimientos claros para responder ante un incidente.
Las tres grandes limitaciones que Europa debe superar
Pese a su potencial, la tecnología todavía tiene que demostrar su eficacia operativa. Los principales retos son:
- Alcance y cobertura. No todos los cables ofrecen las mismas capacidades de medición, y los repetidores pueden limitar determinadas configuraciones.
- Identificación de amenazas. Detectar vibraciones no equivale a identificar con certeza un submarino o demostrar que existe un intento de sabotaje.
- Coordinación y respuesta. Las autoridades necesitan protocolos para verificar las alertas, compartir información y actuar dentro del marco legal aplicable.
A estos obstáculos se añaden los costes de mantenimiento, la integración con las redes existentes y la necesidad de proteger los propios sistemas de vigilancia.
Por ello, el éxito de estos proyectos no debe medirse únicamente por el dinero invertido o el número de sensores instalados. También será necesario evaluar su precisión, el tiempo que tardan en generar una alerta útil y su capacidad para contribuir a la protección efectiva de las infraestructuras.
Una nueva herramienta para proteger las infraestructuras críticas europeas
Europa estudia convertir los cables submarinos en una red de vigilancia capaz de complementar los sistemas tradicionales de seguridad marítima.
La detección acústica distribuida, los sensores SMART y el análisis mediante inteligencia artificial podrían mejorar la identificación de movimientos sospechosos y facilitar la investigación de posibles sabotajes. Sin embargo, siguen existiendo limitaciones técnicas que impiden presentar estas capacidades como una solución definitiva.
La financiación europea y los proyectos de investigación muestran que Bruselas considera estratégica la protección de estas infraestructuras. El siguiente paso será demostrar que los sistemas funcionan de forma fiable y pueden integrarse en una respuesta coordinada.
Los cables submarinos son mucho más que conductos de Internet: forman parte de la infraestructura esencial de Europa. Su protección requiere tecnología, cooperación internacional y capacidad de reacción ante incidentes.
La pregunta es si los nuevos sensores permitirán anticiparse a las amenazas con suficiente precisión o si las dificultades técnicas seguirán limitando su utilidad en el momento decisivo.


