Lo que prometía ser el gran motor económico del sur de México se está convirtiendo en un símbolo de despilfarro público. El Tren Maya, presentado como “obra magna”, no está cumpliendo sus objetivos, y los datos comienzan a dibujar un escenario incómodo para el relato oficial.
Apenas dos años después de su inauguración, los viajeros no llegan, los hoteles están semivacíos y los residentes denuncian que su vida apenas ha mejorado. El contraste entre la inversión multimillonaria y los resultados reales abre un debate inevitable: ¿ha sido el Tren Maya un error estratégico de enormes dimensiones?
Un megaproyecto millonario con resultados decepcionantes
Impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, el Tren Maya arrancó en diciembre de 2023 con la promesa de transformar el sureste del país. La infraestructura recorre más de 1 500 kilómetros a través de estados como Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, algunas de las regiones más pobres de México.
Sin embargo, el balance actual dista mucho de las expectativas:
- Coste total superior a 25 000 millones de dólares
- Demanda muy por debajo de lo previsto
- Impacto económico limitado en comunidades locales
Lejos de ser un revulsivo, el proyecto empieza a percibirse como una carga financiera difícil de justificar.
Viajeros muy por debajo de lo esperado: solo el 5% de la previsión
Uno de los indicadores más contundentes del fracaso es la falta de pasajeros.
- Previsión oficial: 74 000 viajeros diarios
- Realidad: apenas 3 200 al día
- Resultado: solo el 5% de lo estimado
Además, los ingresos del servicio no cubren ni el 13% de sus costes operativos, lo que pone en duda su viabilidad a medio plazo.
Aunque el Gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en que el número de usuarios crece, el desfase inicial sigue siendo enorme.
Hoteles vacíos y turismo estancado
El Tren Maya también debía impulsar el turismo en la región. Pero los datos reflejan otra realidad:
- Ocupación hotelera media entre 5% y 24% durante 2025
- Algunos complejos apenas alcanzan el 20% de ocupación
El problema no es solo la falta de viajeros, sino que el tren no está logrando atraer turismo internacional, clave para la rentabilidad del proyecto.
Residentes frustrados: promesas incumplidas y pobreza persistente
Quizá el dato más preocupante no está en las cifras, sino en el terreno. Reportajes recientes recogen testimonios de comunidades locales que denuncian:
- Falta de acceso a servicios básicos, como electricidad o agua
- Escasas oportunidades laborales reales
- Nulo impacto en su calidad de vida
En algunas zonas, la paradoja es evidente: infraestructuras ferroviarias modernas conviven con viviendas sin suministro eléctrico estable.
Un agricultor lo resume con crudeza: “fueron palabras vacías”.
Del crecimiento artificial a la caída económica
Durante la construcción del Tren Maya, regiones como Quintana Roo registraron un crecimiento del 13,2%, impulsado por la inversión pública.
Pero ese efecto fue temporal:
- En 2025, la economía regional entró en contracción del 9,7%
- El empleo informal sigue afectando a cerca del 60% de los trabajadores
Esto refuerza la idea de que el proyecto generó un espejismo económico basado en gasto público, no en desarrollo sostenible.
Problemas estructurales: mala planificación y desconexión real
Expertos apuntan a varios factores que explican el bajo rendimiento del Tren Maya:
- Estaciones alejadas de núcleos urbanos
- Falta de conexiones de transporte complementarias
- Precios poco competitivos para la población local
- Escasa integración con el turismo internacional
En muchos casos, usar el tren resulta más caro e incómodo que alternativas como el autobús.
Control militar y polémicas legales
Ante las dificultades, el Gobierno ha optado por una medida controvertida: ceder el control del proyecto al ejército.
Además, la justicia ha recordado recientemente la obligación de cumplir la normativa en tramos clave como el que conecta Tulum y Cancún, lo que añade más incertidumbre al futuro del proyecto.
Conclusión: una advertencia sobre el gasto público sin control
El caso del Tren Maya se perfila como un ejemplo paradigmático de los riesgos de los megaproyectos estatales:
- Inversiones gigantes sin retorno claro
- Promesas políticas que no se traducen en mejoras reales
- Impacto social limitado pese al gasto
Más allá de México, la lección es universal: sin planificación realista ni control del gasto, incluso los proyectos más ambiciosos pueden convertirse en fracasos costosos.
¿Estamos ante un proyecto aún recuperable o frente a otro símbolo de cómo la política puede anteponerse a la eficiencia económica?

