Con la gasolina cerca de los 2 euros por litro, el GLP se presenta como una alternativa para reducir el coste de los repostajes, aunque su red de estaciones sigue siendo limitada.
El precio de llenar el depósito se ha convertido en uno de los principales gastos asociados al coche. En un escenario de combustibles cada vez más caros, algunos conductores buscan alternativas que permitan mantener la autonomía de un vehículo convencional sin dar el salto al eléctrico.
Una de ellas es el Gas Licuado del Petróleo (GLP), también conocido como autogás. Su principal atractivo es económico: en determinadas estaciones puede costar menos de un euro por litro, lo que permite alcanzar ahorros superiores al 50% por litro frente a la gasolina o el diésel, según los precios y comparaciones recogidos en la información de origen.
Pero el GLP también tiene inconvenientes. El principal es evidente: no todas las gasolineras disponen de este combustible, por lo que planificar los repostajes resulta más importante que con la gasolina o el gasóleo.
GLP: una alternativa para pagar menos al repostar
El GLP es una mezcla de gases hidrocarburos que se utiliza como combustible para vehículos adaptados a este sistema.
Su precio suele situarse por debajo del de la gasolina y el diésel, aunque el ahorro real depende de los precios de cada estación, el consumo del vehículo y los kilómetros recorridos.
En un momento de presión sobre el precio de los carburantes, esta diferencia puede tener un impacto considerable en el presupuesto de un conductor que utiliza el coche a diario.
La información publicada apunta a que el GLP puede superar un 40% de ahorro medio por litro frente a los combustibles tradicionales y alcanzar diferencias superiores al 50% en determinadas estaciones.
La cifra, sin embargo, debe interpretarse como una comparación del precio por litro, no necesariamente como un ahorro idéntico en el coste por kilómetro. Los vehículos de GLP pueden presentar consumos diferentes respecto a sus equivalentes de gasolina.
¿Cuánto se puede ahorrar realmente?
El ahorro depende fundamentalmente de tres variables:
- Precio del GLP en la estación de servicio.
- Consumo del vehículo.
- Kilómetros recorridos al año.
Por ejemplo, si un vehículo consume 8 litros de GLP por cada 100 kilómetros y el precio del combustible es de 0,90 euros por litro, el coste sería de aproximadamente 7,20 euros cada 100 kilómetros.
La comparación correcta con un vehículo de gasolina debe realizarse teniendo en cuenta también su consumo. Por eso, hablar de un ahorro del 50% en el repostaje no significa necesariamente gastar un 50% menos en cada trayecto.
La ventaja económica puede ser especialmente relevante para conductores que recorren muchos kilómetros al año.
La gran ventaja: la etiqueta ECO
El precio no es el único argumento a favor del GLP.
Los vehículos que utilizan este combustible pueden disponer de la etiqueta ambiental ECO de la Dirección General de Tráfico (DGT) cuando cumplen los requisitos establecidos.
Esta clasificación puede ofrecer ventajas frente a vehículos con etiquetas ambientales menos favorables, especialmente en determinadas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).
España está extendiendo estas zonas en municipios de distinto tamaño, por lo que la etiqueta ambiental se ha convertido en un elemento que muchos compradores tienen en cuenta antes de adquirir un vehículo.
Eso sí, disponer de etiqueta ECO no significa que un vehículo pueda circular sin restricciones por cualquier ciudad en cualquier circunstancia. Las condiciones concretas dependen de la regulación aprobada por cada municipio.
Menos emisiones, según el tipo de contaminante
Otro argumento utilizado para defender el GLP es el de sus emisiones.
Según los datos citados por GASIB, compañía especializada en comercialización de GLP, el autogás puede reducir las emisiones de CO₂ hasta un 20% frente a determinados combustibles líquidos tradicionales.
La empresa también señala reducciones importantes en otros contaminantes, aunque estas cifras dependen de la tecnología del vehículo, del combustible utilizado como referencia y de las condiciones de funcionamiento.
Por ello, las comparaciones medioambientales deben realizarse sobre una base homogénea y teniendo en cuenta todo el ciclo de vida del vehículo y del combustible, no únicamente las emisiones durante la conducción.
El problema que frena al GLP: las gasolineras
El principal inconveniente para quien se plantea comprar un coche de GLP no está necesariamente en el precio.
Está en la disponibilidad.
La red española de estaciones que suministran GLP ronda actualmente los 1.000 puntos, según los datos citados en la información original.
La diferencia respecto a la red convencional es enorme.
En España existen más de 12 500 estaciones de servicio que comercializan gasolina y diésel, de acuerdo con el censo de estaciones de servicio de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) citado en la información.
Esto significa que un conductor de gasolina o diésel dispone de una red de repostaje mucho más extensa.
Quien utiliza GLP, en cambio, debe prestar mayor atención a dónde se encuentra la siguiente estación compatible, especialmente cuando realiza viajes largos o desplazamientos por zonas rurales.
Una opción especialmente interesante para quien hace muchos kilómetros
El GLP puede tener mayor sentido económico para determinados perfiles de conductor.
Entre ellos se encuentran quienes:
- Utilizan el coche prácticamente todos los días.
- Recorren un número elevado de kilómetros al año.
- Buscan reducir el coste del combustible sin depender de un vehículo eléctrico.
- Necesitan la etiqueta ECO para determinados desplazamientos urbanos.
- Disponen de una estación de GLP cerca de su domicilio o lugar de trabajo.
Para un conductor que apenas utiliza el coche, la diferencia de precio del combustible puede tener menos importancia.
También es necesario valorar el precio de adquisición del vehículo, el mantenimiento, el seguro y la disponibilidad de talleres especializados antes de tomar una decisión.
¿Es mejor que la gasolina?
No existe una respuesta universal.
El GLP puede ofrecer un precio por litro significativamente inferior, pero la comparación debe hacerse considerando el consumo y el uso real del vehículo.
Además, la infraestructura de repostaje sigue siendo mucho más pequeña que la de gasolina y diésel.
Por eso, para un conductor que tenga varias estaciones de GLP cerca de sus rutas habituales, la alternativa puede resultar especialmente atractiva. Para alguien que viaje habitualmente por zonas donde apenas existen puntos de suministro, la menor disponibilidad puede convertirse en un inconveniente importante.
El combustible barato que todavía no convence a todos
El encarecimiento de los carburantes ha vuelto a poner el foco en alternativas al binomio tradicional gasolina-diésel.
El GLP ofrece una combinación difícil de ignorar: un precio por litro inferior y, en los vehículos que cumplen los requisitos, acceso a la etiqueta ECO.
Pero todavía existe una barrera importante: la infraestructura de repostaje.
Con alrededor de 1.000 puntos de GLP frente a más de 12 500 estaciones convencionales, la diferencia de disponibilidad continúa siendo considerable.
Por eso, antes de cambiar de vehículo únicamente para ahorrar combustible, conviene hacer números con el precio real de los carburantes en la zona donde se circula, el consumo del vehículo y los kilómetros anuales.
El ahorro anunciado puede ser importante, pero el verdadero dato que debe mirar el conductor no es cuánto cuesta un litro, sino cuánto le cuesta recorrer 100 kilómetros.


