Indra ha probado en Portugal su tecnología de nube de combate aplicada al entorno naval durante REPMUS 2026, un ejercicio multinacional centrado en sistemas no tripulados.
La guerra naval está entrando en una nueva etapa. Ya no se trata únicamente de disponer de mejores fragatas, submarinos o misiles, sino de conseguir que buques, drones, sensores y centros de mando compartan información en tiempo real y puedan actuar como un único sistema.
Ese es precisamente el escenario que ha encontrado Indra en REPMUS 2026, el gran ejercicio internacional de experimentación con sistemas marítimos no tripulados celebrado en Portugal.
La compañía española ha desplegado su nube de combate en el dominio naval, una tecnología concebida para conectar diferentes plataformas y facilitar una visión común del campo de batalla.
La demostración se produce después de que Indra ya hubiera probado su arquitectura de nube de combate en otros escenarios y dominios. En octubre de 2025, la compañía realizó en su centro de ensayos de Rozas una de las primeras pruebas europeas de esta tecnología, orientada al combate colaborativo.
Ahora, el desafío es trasladar ese concepto al mar.
Una nube de combate para conectar buques, drones y sensores
Una nube de combate no es una nube informática convencional.
En términos militares, se trata de una arquitectura digital capaz de recopilar, procesar y distribuir información procedente de múltiples plataformas, de manera que los diferentes elementos desplegados puedan operar sobre una imagen común de la situación.
Indra explica que su arquitectura multidominio está diseñada para coordinar acciones entre los diferentes ámbitos de las operaciones militares: tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio.
El objetivo es reducir uno de los problemas tradicionales de las operaciones militares: que cada plataforma disponga de información parcial.
Una fragata puede detectar un contacto mediante su radar. Un dron puede localizarlo desde el aire. Un vehículo submarino puede obtener información acústica. Un satélite puede aportar otra imagen del área.
La nube de combate busca que todos esos datos puedan integrarse y convertirse en una imagen operativa compartida.
REPMUS 2026: el gran laboratorio naval de Europa
La demostración se ha realizado dentro de REPMUS 2026, celebrado entre el 31 de agosto y el 25 de septiembre en las zonas portuguesas de Tróia y Sesimbra.
El ejercicio está organizado por la Marina portuguesa junto con la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Oporto, el Centro de Investigación y Experimentación Marítima de la OTAN, el grupo de capacidades de sistemas marítimos no tripulados de la Alianza y la Agencia Europea de Defensa.
La magnitud de esta edición permite entender la importancia de las pruebas.
Según la Armada portuguesa, participaron más de 1 500 personas de 36 marinas, junto a más de 60 empresas de investigación y desarrollo, 13 universidades y cinco organismos de la OTAN.
También se desplegaron más de 300 sistemas marítimos no tripulados, apoyados por 14 buques.
La Presidencia de Portugal elevó posteriormente la cifra de participantes a más de 3 700, teniendo en cuenta el conjunto de organizaciones y actores involucrados en la edición.
El escenario de pruebas cubrió una superficie marítima superior a 400 millas náuticas cuadradas, equivalente a más de 1 370 kilómetros cuadrados.
El objetivo: que las máquinas trabajen juntas
REPMUS no se limita a probar drones individualmente.
Uno de los grandes objetivos del ejercicio es comprobar si diferentes sistemas, procedentes de países, fabricantes y organizaciones distintas, pueden interoperar en un mismo entorno operativo.
La OTAN explicó que durante REPMUS 2026 se probó una arquitectura formada por una capa de intercambio de datos, una estructura digital de mando y control y herramientas para planificar y gestionar misiones.
El sistema experimental de la Alianza llegó a conectar casi 300 capacidades a su arquitectura digital.
La relevancia de esta prueba está en la escala.
Una cosa es conectar dos sistemas en un entorno controlado.
Otra muy distinta consiste en coordinar cientos de plataformas autónomas y semiautónomas, procedentes de diferentes países y fabricantes, dentro de un escenario marítimo complejo.
Del buque tripulado al enjambre de drones
El cambio tecnológico que se está produciendo en el ámbito naval tiene una consecuencia directa: el buque de guerra deja de ser necesariamente el único protagonista.
Los ejercicios actuales incorporan cada vez más vehículos de superficie no tripulados, drones aéreos y sistemas submarinos autónomos.
La propia Armada portuguesa ha explicado que REPMUS permite experimentar con sistemas capaces de operar en diferentes ambientes del dominio marítimo, incluidos los entornos de superficie, subsuperficie, aéreo y terrestre.
Esto permite imaginar operaciones en las que una fragata no tenga que realizar por sí sola todas las tareas.
Puede utilizar drones para vigilancia, vehículos submarinos para búsqueda, sensores distribuidos para detectar contactos y sistemas aéreos para ampliar el radio de observación.
La nube de combate actúa entonces como la capa que conecta todas esas capacidades.
La OTAN también está probando esta arquitectura
La demostración de Indra se produce en un ejercicio en el que la propia OTAN está experimentando con arquitecturas similares.
Durante REPMUS, el proyecto Task Force X-Arctic probó la capacidad de conectar y coordinar una gran cantidad de sistemas autónomos.
La OTAN señala que el sistema evaluado integra una capa de intercambio de datos, una arquitectura digital de mando y control y una capa de ingeniería de misiones.
El proyecto llegó a conectar cerca de 300 capacidades a su infraestructura digital.
La finalidad es que los mandos puedan asignar tareas a sensores y plataformas y modificar esas misiones cuando cambien las condiciones del escenario.
Es un concepto que se acerca progresivamente a una fuerza distribuida, en la que numerosos sistemas pequeños pueden trabajar coordinadamente en lugar de depender exclusivamente de unas pocas plataformas de gran tamaño.
Europa también conecta su vigilancia marítima con la OTAN
REPMUS 2026 ha servido además para demostrar otra pieza importante de esta transformación.
La Agencia Europea de Defensa (EDA) probó la conexión de MARSUR, la red europea de vigilancia marítima, con sistemas nacionales y de la OTAN.
La prueba permitió intercambiar información en tiempo real durante el ejercicio.
MARSUR funciona como una red federada que permite compartir información para construir una imagen común de la actividad marítima.
En las pruebas participaron datos procedentes de sistemas nacionales, de la OTAN y de plataformas no tripuladas.
La convergencia de estas tecnologías apunta hacia una misma dirección: unificar información procedente de sensores diferentes para mejorar la conciencia situacional de los mandos.
Los drones submarinos ganan protagonismo
Una de las grandes áreas de experimentación en REPMUS ha sido el entorno submarino.
Teledyne Marine, por ejemplo, participó con sistemas destinados a vigilancia persistente bajo el agua y guerra antisubmarina.
Entre las pruebas se incluyeron 19 vehículos submarinos autónomos Slocum y dos Slocum Sentinel, operados por fuerzas británicas, estadounidenses y alemanas.
Este tipo de sistemas puede permanecer durante largos periodos recopilando información sin necesidad de mantener permanentemente un buque tripulado en la zona.
En un escenario de creciente importancia de la guerra antisubmarina, esa capacidad puede proporcionar a las marinas una forma de vigilar grandes áreas con una huella operativa menor.
La amenaza ya no llega únicamente desde el aire
La evolución de los sistemas no tripulados también está cambiando la naturaleza de las amenazas navales.
Los drones pueden emplearse para vigilancia, reconocimiento, guerra electrónica o ataque.
Pero también pueden utilizarse de forma masiva.
Durante REPMUS 2026 se realizó un escenario en el que una fragata portuguesa fue integrada con numerosos sistemas no tripulados para experimentar con operaciones de ataque y defensa.
La utilización de grandes cantidades de plataformas pequeñas plantea un desafío para las defensas tradicionales.
Una marina puede disponer de radares y misiles muy sofisticados, pero el escenario cambia cuando tiene que identificar y gestionar decenas de contactos simultáneamente.
La respuesta pasa por combinar sensores, automatización, inteligencia artificial y sistemas de mando y control capaces de gestionar grandes cantidades de información.
Indra ya había llevado la nube de combate al aire
El despliegue naval de REPMUS no parte de cero.
Indra había demostrado en octubre de 2025 su nube de combate Nimbus en una prueba de vuelo realizada en su centro de ensayos de Rozas.
La compañía describió entonces aquella demostración como una de las primeras pruebas europeas realizadas con una nube de combate y destacó su importancia para el combate colaborativo.
En septiembre de 2026, además, Indra integró el dron Tarsis-W en Nimbus.
La demostración permitió compartir información en tiempo real entre plataformas y centros de mando, con el objetivo de generar una conciencia situacional común.
La experiencia acumulada permite a la compañía ampliar progresivamente la arquitectura a diferentes dominios.
La arquitectura multidominio es el siguiente paso
La apuesta de Indra se integra dentro de una tendencia más amplia en la industria europea de defensa.
El concepto de combate multidominio pretende que las operaciones terrestres, aéreas, navales, espaciales y cibernéticas no funcionen como compartimentos separados.
Un radar naval podría proporcionar información a una aeronave.
Un satélite podría aportar datos a un centro de mando.
Un dron podría detectar un objetivo que posteriormente sea identificado por otra plataforma.
La nube de combate pretende que esa información circule de manera rápida y segura.
Indra ya presentó en FEINDEF su visión de una nube de combate multidominio como uno de los elementos destinados a conectar las capacidades de los ejércitos de Tierra, Mar, Aire y Espacio.
La inteligencia artificial entra en el centro de mando
La nube de combate también está estrechamente relacionada con la utilización de inteligencia artificial.
La cantidad de información generada por radares, sensores, satélites, drones y plataformas navales puede superar rápidamente la capacidad de análisis de los operadores humanos.
La tecnología permite automatizar determinadas tareas de recopilación, clasificación y correlación de datos.
Indra ha presentado además IndraMind, una plataforma destinada a automatizar operaciones militares críticas y multidominio mediante tecnologías de inteligencia artificial.
Esto no significa que una máquina sustituya automáticamente al comandante.
La tendencia es distinta: la IA procesa cantidades masivas de información para ayudar a los operadores a tomar decisiones con mayor rapidez.
La cuestión de dónde situar los límites de esa automatización será uno de los grandes debates tecnológicos y jurídicos de la defensa de las próximas décadas.
España busca una posición propia en la nueva guerra digital
Para España, estas tecnologías tienen una importancia industrial además de estrictamente militar.
Indra aspira a consolidarse como uno de los principales integradores tecnológicos de la industria europea de defensa.
La compañía ha señalado entre sus objetivos reforzar su posición en el ámbito naval y desarrollar soluciones avanzadas para la defensa marítima nacional y europea.
El contexto europeo favorece esta estrategia.
Los países de la UE están incrementando su inversión en defensa y buscando reducir determinadas dependencias tecnológicas externas.
En ese escenario, disponer de empresas capaces de desarrollar radares, sistemas de mando y control, guerra electrónica, comunicaciones y nubes de combate puede convertirse en un elemento estratégico.
El dominio naval se digitaliza a gran velocidad
El caso de Indra no es aislado.
Durante FEINDEF, la compañía presentó también soluciones navales como el sistema antidrón CROW, el radar IKEEPER, sistemas de identificación amigo-enemigo, guerra electrónica y comunicaciones por satélite para buques y submarinos.
Además, Indra y Navantia mantienen una colaboración en tecnologías digitales de defensa que incluye precisamente nubes de combate, gemelos digitales, sostenimiento 4.0 y ciberseguridad.
La combinación de estas capacidades apunta hacia buques cada vez más conectados y capaces de operar integrados en redes multinacionales.
El reto: conectar sistemas sin crear nuevas vulnerabilidades
La digitalización militar ofrece enormes ventajas, pero también introduce riesgos.
Cuantos más sistemas dependen de una red común, más importante resulta proteger esa red frente a ciberataques, interferencias, suplantaciones y pérdida de comunicaciones.
Una fuerza conectada puede reaccionar más rápidamente, pero también puede sufrir consecuencias importantes si pierde la infraestructura digital que conecta sus diferentes componentes.
Por eso, una nube de combate no consiste únicamente en intercambiar datos.
Necesita comunicaciones seguras, redundancia, resistencia frente a ataques electrónicos, capacidad de operar cuando se pierde la conexión y mecanismos para verificar que la información recibida es fiable.
La guerra electrónica y la ciberdefensa se convierten así en elementos inseparables del combate conectado.
REPMUS muestra hacia dónde avanza la guerra naval
El ejercicio portugués ofrece una fotografía especialmente clara del cambio.
En unas mismas aguas han coincidido fragatas, drones aéreos, vehículos de superficie no tripulados, sistemas submarinos autónomos, sensores, redes de datos y centros de mando.
La finalidad no es simplemente comprobar si cada máquina funciona.
El verdadero desafío consiste en averiguar si todas pueden trabajar juntas.
Ahí reside la importancia de la demostración de Indra.
La nube de combate traslada al dominio naval un concepto que ya se está desarrollando en otros ámbitos: transformar una colección de plataformas independientes en una fuerza conectada capaz de compartir información y coordinar sus acciones.


