Un año después de presumir de que “el ferrocarril vive el mejor momento de su historia”, las palabras del ministro Óscar Puente resuenan con crudeza tras el accidente de Adamuz, que deja 39 muertos y más de 100 heridos.
El choque con la realidad tras el discurso triunfalista
La tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba) ha devuelto a primer plano unas declaraciones que hoy pesan como una losa. El ministro de Transportes, Óscar Puente, aseguró el 17 de septiembre de 2024 en el Senado que el ferrocarril español “vive el mejor momento de su historia”, una afirmación que la hemeroteca ha rescatado tras el siniestro más grave en años en la red de alta velocidad.
Aquel día, Puente insistió hasta cuatro veces en su mensaje y llegó a reprochar a la oposición del Partido Popular que tuviera “problemas de oído o de comprensión”.
Hoy, tras 39 fallecidos y más de 100 heridos, esas palabras suenan a exceso de confianza política.
Adamuz: una tragedia que lo cuestiona todo
El accidente se produjo en un tramo de Alta Velocidad a la altura de Adamuz, donde dos trenes descarrilaron y colisionaron, dejando una escena de devastación absoluta.
Las causas del descarrilamiento siguen bajo investigación, y entre las hipótesis se analizan:
- Fallos en los desvíos
- Problemas de infraestructura
- Incidencias técnicas en alguno de los trenes
Por ahora, no hay conclusiones oficiales, pero el impacto social y político ya es innegable.
Puente se defiende y se autoexculpa
En una comparecencia pasada la medianoche, Óscar Puente evitó asumir responsabilidades directas y centró su discurso en defender la actuación de su ministerio.
Insistió en que:
- La vía estaba “totalmente renovada”
- Se habían invertido 700 millones de euros
- El tramo fue actualizado en mayo de 2025
- El mantenimiento del AVE es “periódico y constante”
Además, calificó el accidente como “tremendamente extraño”, subrayando que ocurrió en una recta, algo que —según dijo— ha dejado “perplejos” a expertos ferroviarios.
“Muy pocos accidentes”… pero demasiadas víctimas
Puente también aseguró que los accidentes en la Alta Velocidad son “muy pocos”, diferenciándolos de los problemas de fiabilidad o puntualidad, que —según él— no tienen relación con lo ocurrido.
Sin embargo, para las familias de las víctimas y para una sociedad conmocionada, la distinción resulta irrelevante cuando el balance es decenas de muertos, vagones destrozados y una red ferroviaria paralizada.
Cuando la propaganda choca con la memoria
La tragedia de Adamuz reabre una herida que España creía cerrada tras Angrois y otros siniestros. También plantea una pregunta incómoda:
¿puede un sistema estar en “su mejor momento” cuando una sola falla provoca un desastre de esta magnitud?
La memoria es incómoda para el poder, pero imprescindible para la justicia.
Recordar es vivir. Y en tragedias como esta, recordar también es exigir que la memoria no muera… para que no vuelva a repetirse.

