Más de 30 000 personas vuelven a tomar las calles de Valencia mientras la huelga docente entra en su tercera semana sin acuerdo. El conflicto empieza a afectar directamente al ritmo académico, las evaluaciones y la estabilidad de miles de estudiantes en la Comunitat Valenciana.
La tensión educativa en la Comunitat Valenciana ya no es un simple pulso sindical.
La huelga se está convirtiendo en una crisis política y social que amenaza con desbordar a la Conselleria y alterar el cierre del curso escolar.
Miles de docentes vuelven a manifestarse en Valencia
Miles de profesores y trabajadores de la enseñanza volvieron a recorrer este sábado el centro de Valencia con las tradicionales camisetas verdes para reclamar un acuerdo urgente con la Generalitat.
La Delegación del Gobierno cifró la participación en más de 30 000 personas, una movilización muy similar a la registrada la semana pasada, cuando se alcanzaron los 35 000 asistentes.
La protesta refleja que el desgaste no se reduce y que el malestar dentro del sistema educativo continúa creciendo.
La huelga entra en una fase crítica
El paro educativo arrancará este lunes su tercera semana consecutiva sin avances reales entre sindicatos y Conselleria.
La última reunión terminó sin acuerdo después de que las organizaciones sindicales rechazaran la propuesta presentada por la Generalitat.
Desde Educación aseguran ahora que esperan un nuevo documento sindical para continuar negociando.
La consellera defendió públicamente la voluntad de diálogo, admitiendo incluso el malestar del profesorado:
“Compartimos muchas de sus reivindicaciones”.
Pero sobre el terreno la percepción es muy distinta. El conflicto se ha endurecido y las posiciones siguen alejadas.

Qué pide el profesorado
Los sindicatos denuncian años de deterioro acumulado en la enseñanza pública valenciana y consideran insuficientes las medidas planteadas por la Generalitat.
Las principales reivindicaciones giran en torno a:
- Bajada de ratios en las aulas.
- Menos carga burocrática.
- Mejora de infraestructuras.
- Refuerzo de la inclusión educativa.
- Más inversión en Formación Profesional.
- Recuperación del poder adquisitivo perdido.
La Conselleria propone un incremento salarial de 200 euros mensuales y más de 60 medidas educativas, pero los sindicatos consideran que muchas carecen todavía de concreción y calendario real.
Cómo afecta la huelga a los estudiantes
El impacto sobre los alumnos empieza a ser visible en numerosos centros.
Aunque los servicios mínimos permiten mantener cierta actividad, el seguimiento irregular de clases está provocando:
- Retrasos en contenidos académicos.
- Alteraciones en calendarios de evaluación.
- Suspensión de actividades complementarias.
- Incertidumbre en Bachillerato y FP.
- Dificultades de conciliación para muchas familias.
La preocupación aumenta especialmente en cursos clave como 2º de Bachillerato, donde cualquier interrupción afecta a la preparación de pruebas de acceso universitario y al cierre de expedientes académicos.
En Formación Profesional también existe inquietud por la pérdida de horas prácticas y posibles retrasos en evaluaciones finales.
Un desgaste político creciente para Mazón
La huelga se ha convertido además en un problema político de primer nivel para el gobierno autonómico de Carlos Mazón.
La oposición intenta presentar el conflicto como una muestra de incapacidad de gestión, mientras el Consell trata de responsabilizar a gobiernos anteriores del deterioro estructural del sistema educativo.
Sin embargo, el paso de las semanas empieza a aumentar la presión social sobre la Generalitat, especialmente si no logra cerrar un acuerdo antes del final de curso.
El riesgo: un conflicto largo y un final de curso caótico
El mayor temor ahora es que el conflicto entre en una dinámica de bloqueo permanente.
Si no hay acuerdo rápido, el escenario podría complicarse todavía más en junio:
- Evaluaciones finales alteradas.
- Incremento de protestas.
- Más movilizaciones masivas.
- Tensión en los centros educativos.
- Desgaste institucional creciente.
La sensación entre muchos docentes es que esta huelga ya no trata solo de salarios, sino del modelo educativo que tendrá la Comunitat Valenciana en los próximos años.
Y mientras Gobierno valenciano y sindicatos mantienen el pulso, quienes empiezan a pagar las consecuencias directas son miles de estudiantes y familias.

