Rabat aún no ha emitido una protesta oficial, mientras la prensa marroquí vuelve a situar la soberanía de Ceuta y Melilla en el centro del debate tras el anuncio del viaje de los Reyes.
El anuncio de la visita de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta y Melilla ha abierto un nuevo capítulo de tensión potencial entre España y Marruecos. Los Reyes viajarán a las dos ciudades autónomas los días 13 y 14 de octubre, respectivamente, en el que será el primer desplazamiento oficial de Felipe VI a ambos territorios desde su proclamación en 2014.
La primera particularidad de la respuesta marroquí es precisamente la ausencia, por ahora, de una reacción oficial. Rabat mantiene silencio institucional, aunque medios marroquíes ya han presentado el viaje utilizando la terminología con la que Marruecos reivindica Ceuta y Melilla.
La visita se produce, además, después de la grave crisis migratoria registrada en Ceuta durante el verano y en un momento en el que Madrid y Rabat mantienen una relación estratégica que ambos Gobiernos han tratado de preservar.
Marruecos evita de momento una protesta oficial
Hasta este viernes, las autoridades marroquíes no habían realizado un pronunciamiento oficial sobre el viaje. Esa ausencia no significa necesariamente que Rabat haya aceptado la visita sin objeciones.
La reacción inicial se ha producido fundamentalmente en el ámbito mediático. La agencia marroquí Hespress informó del desplazamiento y se refirió a Ceuta y Melilla como “enclaves ocupados”, una denominación coherente con la posición histórica de Marruecos sobre la soberanía de ambas ciudades.
La cuestión es especialmente delicada porque una visita de los Reyes españoles a Ceuta y Melilla tiene una dimensión institucional evidente: supone la presencia del jefe del Estado en dos ciudades españolas cuya soberanía es cuestionada por Marruecos.
Por ahora, por tanto, conviene distinguir entre la reacción de determinados medios marroquíes y la posición oficial del Gobierno o de la Casa Real marroquí. No consta una protesta diplomática formal anunciada públicamente.
Un viaje previsto para el 13 y 14 de octubre
La Casa del Rey anunció que Felipe VI y Letizia estarán en Ceuta el 13 de octubre y en Melilla el 14 de octubre. El viaje ha sido consensuado entre la Casa Real y el Gobierno, y la agenda concreta se dará a conocer próximamente.
La visita tendrá lugar inmediatamente después de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, una circunstancia que añade relevancia institucional al desplazamiento.
Felipe VI no había visitado oficialmente ninguna de las dos ciudades desde que llegó al trono en junio de 2014. El último viaje de un monarca español a ambas se produjo en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y la reina Sofía viajaron a Ceuta y Melilla.
En el caso de Felipe VI, el desplazamiento llega después de que el monarca expresara públicamente su preocupación por la situación vivida en Ceuta durante la crisis migratoria del verano.
El precedente de 2007 pesa sobre la relación bilateral
El principal antecedente diplomático es la visita de Juan Carlos I y Sofía en noviembre de 2007.
Aquel viaje provocó una fuerte respuesta de Rabat. El rey Mohamed VI criticó entonces el desplazamiento y lo calificó de contraproducente, en un episodio que elevó considerablemente la tensión entre España y Marruecos.
La reacción de 2007 se convirtió desde entonces en uno de los principales precedentes utilizados para explicar por qué los sucesivos Gobiernos españoles han evitado que el jefe del Estado visite oficialmente ambas ciudades.
El contexto actual, sin embargo, presenta diferencias importantes.
España y Marruecos han desarrollado durante los últimos años una relación de cooperación especialmente estrecha en ámbitos como migración, seguridad, comercio y control fronterizo. Precisamente por eso, cualquier episodio que afecte a Ceuta y Melilla puede tener una repercusión que trascienda la cuestión simbólica.
La crisis migratoria añade un elemento nuevo
La visita de Felipe VI llega apenas unos meses después de una grave crisis en la frontera de Ceuta.
Según Reuters, más de 72 000 migrantes entraron en Ceuta durante el episodio registrado a finales de julio, una cifra que convirtió la gestión de la frontera en uno de los principales asuntos de seguridad y política exterior del verano.
Felipe VI calificó posteriormente la situación de “inaceptable” y reclamó una mayor implicación de los países de la Unión Europea en la protección de las fronteras exteriores comunitarias.
La visita de octubre tendrá, por tanto, un significado adicional: no solo será el primer viaje del actual Rey a las dos ciudades autónomas, sino que se producirá después de una crisis que volvió a colocar la frontera sur española en el centro de la agenda política europea.
¿Qué puede hacer Marruecos?
La ausencia de una protesta oficial deja abiertas varias posibilidades, pero no permite anticipar cuál será la respuesta definitiva de Rabat.
Expertos consultados por distintos medios han señalado que una reacción diplomática sería compatible con el mantenimiento de las relaciones bilaterales. Entre las opciones que se han mencionado en análisis publicados estos días figura una protesta formal o medidas diplomáticas de carácter limitado.
Cualquier respuesta debería interpretarse, además, teniendo en cuenta el interés de ambos países por preservar su cooperación.
Marruecos mantiene importantes intereses económicos, comerciales y de seguridad en su relación con España, mientras que España considera a Marruecos un socio relevante en materia migratoria y de seguridad en el Mediterráneo occidental.
Por ello, una eventual protesta no implicaría necesariamente una ruptura de la relación bilateral.
La soberanía de Ceuta y Melilla sigue siendo el punto de fricción
El núcleo del problema continúa siendo la diferente posición de ambos Estados sobre las dos ciudades.
Ceuta y Melilla forman parte de España y son ciudades autónomas españolas. Marruecos, por su parte, mantiene una reivindicación territorial sobre ambas y las considera territorios ocupados.
Esa discrepancia aparece periódicamente en el discurso político y mediático marroquí, aunque durante los últimos años ha quedado parcialmente desplazada por la cooperación entre Madrid y Rabat. La llegada de los Reyes vuelve a colocarla en primer plano.
El empleo de expresiones como “enclaves ocupados” por parte de medios marroquíes evidencia que la cuestión territorial continúa formando parte del debate público en Marruecos, incluso durante etapas de mayor cooperación bilateral.
El Gobierno no acompañará a los Reyes
Otro elemento significativo del viaje será la ausencia de Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno no tiene previsto acompañar a Felipe VI y Letizia en las visitas. Según la información publicada por La Vanguardia, el Ejecutivo prevé que el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, ejerza como ministro de jornada durante el desplazamiento.
La decisión separa así institucionalmente la presencia del jefe del Estado de la del presidente del Gobierno, aunque el viaje haya sido acordado entre Moncloa y Zarzuela.
La Casa Real y el Ejecutivo han mantenido que la visita ha sido consensuada, una fórmula que adquiere especial relevancia en un viaje con implicaciones para la política exterior española.
Melilla también pone el foco en la presencia del Estado
En Melilla, el anuncio ha sido recibido públicamente como una señal de respaldo institucional.
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, manifestó su “enorme satisfacción” por la visita y vinculó la presencia de los Reyes con la confianza y la certeza sobre el futuro de la ciudad como parte de España. También afirmó que su principal preocupación no es la posible reacción marroquí, sino la posición del Gobierno español respecto a la soberanía de Ceuta y Melilla.
Estas declaraciones reflejan una de las dimensiones internas del viaje: para las autoridades de las ciudades autónomas, la presencia del jefe del Estado constituye también un acto de representación institucional.
Una visita con impacto más allá del protocolo
El desplazamiento de Felipe VI y Letizia tendrá inevitablemente una dimensión diplomática que supera el protocolo de una visita institucional.
Para España, supone la presencia del jefe del Estado en dos ciudades autónomas españolas cuya soberanía es reivindicada por Marruecos. Para Rabat, la cuestión territorial continúa siendo especialmente sensible.
El precedente de 2007 demuestra que una visita de estas características puede generar tensiones diplomáticas. Al mismo tiempo, el contexto de 2026 es diferente: España y Marruecos mantienen una cooperación bilateral de gran importancia, especialmente en seguridad y migración.
La incógnita inmediata será comprobar si el silencio de Rabat se mantiene después de que se conozca la agenda concreta de los Reyes o si se produce algún tipo de protesta.
Por ahora, no existe una protesta oficial marroquí anunciada públicamente. Lo que sí existe es una reacción mediática que vuelve a poner sobre la mesa la reivindicación territorial de Ceuta y Melilla.
La visita de octubre permitirá comprobar hasta qué punto la cooperación entre Madrid y Rabat puede absorber una cuestión que continúa siendo uno de los principales puntos de fricción entre ambos países.


