Los agonistas GLP-1 aumentan su presencia entre jóvenes con diabetes tipo 2 y un estudio europeo observa mejoras en peso, glucosa y presión arterial.
El fenómeno de los fármacos GLP-1 ya no se limita a los adultos. Un nuevo análisis realizado en Alemania, Austria y Luxemburgo muestra que estos medicamentos están ganando terreno entre niños, adolescentes y adultos jóvenes con diabetes tipo 2, al tiempo que se observan mejoras en distintos indicadores metabólicos.
El estudio, presentado en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) celebrada en Milán, analizó datos de 1 878 personas de entre 6 y 24 años con diabetes tipo 2 registrados entre 2019 y 2025.
Los investigadores detectaron que el porcentaje de pacientes tratados con agonistas del receptor de GLP-1 pasó del 6,3 % en 2019 al 27,2 % en 2025. En el grupo estudiado también se observaron mejoras en el control de la glucosa, el índice de masa corporal y la presión arterial.
Pero hay un matiz fundamental: los resultados todavía no constituyen una demostración definitiva de eficacia clínica a largo plazo. La investigación se ha presentado en un congreso y, según la propia EASD, se basa en un resumen científico que todavía no ha sido publicado como artículo completo en una revista médica revisada por pares.
Los tratamientos GLP-1 se multiplican entre los jóvenes
Los medicamentos analizados pertenecen a una familia que actúa sobre las vías hormonales relacionadas con el GLP-1, una hormona implicada en la regulación de la glucosa y el apetito.
Entre los principios activos estudiados aparecen liraglutida, dulaglutida, semaglutida y tirzepatida.
La evolución de su utilización resulta especialmente llamativa. En 2019, los agonistas GLP-1 se empleaban en el 6,3 % de los jóvenes con diabetes tipo 2 incluidos en el registro.
En 2025, la proporción alcanzó el 27,2 %.
El aumento se produjo en todos los grupos de edad:
- 14 % entre los niños de 6 a menos de 12 años.
- 28 % entre los adolescentes de 12 a menos de 18 años.
- 29 % entre los jóvenes de 18 a 24 años.
Los investigadores consideran probable que el uso continúe creciendo a medida que aumente la experiencia clínica y se resuelvan cuestiones relacionadas con los efectos adversos, el acceso y la cobertura sanitaria.
Ozempic no es sinónimo de todos los tratamientos GLP-1
Uno de los errores más habituales en el debate público es utilizar Ozempic como sinónimo de toda la familia de medicamentos GLP-1.
No son exactamente lo mismo.
Ozempic contiene semaglutida, mientras que otros medicamentos de la misma familia utilizan principios activos diferentes. Además, las indicaciones autorizadas dependen del medicamento, la edad y la enfermedad que se pretende tratar.
Por ejemplo, la Agencia Europea de Medicamentos señala que liraglutida puede utilizarse para el tratamiento de la diabetes tipo 2 en adultos, adolescentes y niños a partir de 10 años, como complemento de la dieta y el ejercicio.
En el caso de Wegovy, que también contiene semaglutida pero tiene una indicación diferente, la EMA contempla su utilización para el control del peso en determinados adolescentes de 12 años o más con obesidad.
Por tanto, hablar de un supuesto «boom de Ozempic entre los niños» sería impreciso. El estudio analiza una familia de tratamientos GLP-1, no exclusivamente Ozempic.
La investigación analiza 1 878 casos reales
Marie Auzanneau, de la Universidad de Ulm, dirigió el trabajo junto con investigadores de los tres países.
El análisis utilizó información del registro Diabetes Prospective Follow-up (DPV), una base de datos destinada a realizar un seguimiento de pacientes con diabetes.
Los 1 878 participantes tenían entre 6 y 24 años y una edad media de 16,3 años. El 54 % eran mujeres y el 37 % tenía antecedentes migratorios.
De ellos, 388 habían recibido un agonista GLP-1 durante el periodo analizado.
La investigación buscaba responder a una cuestión especialmente relevante: si los beneficios observados en los ensayos clínicos también aparecen cuando estos medicamentos se utilizan en las condiciones habituales de la práctica médica.
La respuesta preliminar es favorable.
Un segundo análisis siguió a 240 jóvenes
Para estudiar los resultados metabólicos, los investigadores seleccionaron un subconjunto de 240 niños, adolescentes y jóvenes que contaban con al menos dos visitas clínicas registradas.
La edad media era de 16,4 años y el 59 % eran mujeres.
El tratamiento se mantuvo durante una media de 11 meses.
La distribución de los medicamentos cambió durante el seguimiento, aunque la liraglutida siguió siendo el tratamiento predominante.
En la primera visita representaba aproximadamente el 70 % de los tratamientos GLP-1 utilizados, frente al 15 % de dulaglutida, el 10 % de semaglutida y el 4 % de tirzepatida. En la última visita, las proporciones fueron aproximadamente del 63 %, 17 %, 17 % y 8 %, respectivamente.
La mayoría de los pacientes utilizaba estos medicamentos junto con otros tratamientos, especialmente metformina.
Mejoras en el peso, aunque el descenso medio fue limitado
Los datos relacionados con el peso son uno de los aspectos centrales de la investigación.
Al comenzar el tratamiento:
- 19 % de los participantes tenía sobrepeso.
- 44 % tenía obesidad.
- 32 % presentaba obesidad extrema.
El IMC SDS medio era de 2,23, una medida que permite comparar el índice de masa corporal de un niño o adolescente con el de otras personas de la misma edad y sexo.
Durante el seguimiento, el 37 % consiguió reducir al menos un 5 % su IMC SDS, mientras que el 25 % alcanzó una reducción de al menos el 10 %.
La reducción media global fue del 2,3 %.
Los autores consideran que este resultado tiene relevancia clínica porque buena parte de los participantes había experimentado un aumento de peso prolongado pese a intervenciones sobre alimentación y actividad física.
Sin embargo, también aquí conviene evitar interpretaciones exageradas: el estudio no demuestra que todos los jóvenes tratados vayan a perder una cantidad determinada de peso ni que el tratamiento sea adecuado para cualquier menor con obesidad.
La hipertensión bajó del 60 % al 52 %
Uno de los resultados más destacados apareció en la presión arterial.
La proporción de participantes con hipertensión pasó del 60 % al 52 % durante el periodo analizado.
Además, los investigadores observaron una reducción estadísticamente significativa de la presión arterial sistólica después de ajustar los resultados por sexo, edad, antecedentes migratorios e IMC inicial.
También mejoró el control glucémico, medido mediante la hemoglobina glucosilada o HbA1c.
La importancia de este resultado está relacionada con la naturaleza de la diabetes tipo 2 de inicio temprano: cuanto más años vive una persona con una alteración metabólica mal controlada, mayor puede ser la exposición acumulada a complicaciones.
El consenso de ADA y EASD publicado en 2026 advierte precisamente de que la diabetes tipo 2 diagnosticada a edades jóvenes se asocia con una evolución metabólica más rápida y un mayor riesgo de complicaciones a lo largo de la vida.
La diabetes tipo 2 ya no es solo un problema de adultos
El trasfondo de la investigación es el aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2 en edades cada vez más tempranas.
La diabetes tipo 2 juvenil plantea un problema especialmente complejo porque combina una enfermedad metabólica crónica con décadas potenciales de exposición a sus complicaciones.
Las recomendaciones internacionales de 2026 reconocen que los tratamientos GLP-1 pueden reducir la HbA1c en jóvenes con diabetes tipo 2. También existen datos sobre otros beneficios metabólicos, aunque el efecto a largo plazo sobre complicaciones cardiovasculares y renales en niños y adultos jóvenes todavía no está completamente establecido.
Por eso, el objetivo no puede reducirse a la báscula.
El verdadero interés de estos tratamientos está en conseguir un mejor control metabólico y reducir el riesgo acumulado de complicaciones.
¿Es seguro administrar estos medicamentos a menores?
La respuesta depende del medicamento, de la edad, de la indicación y de la valoración médica.
No todos los fármacos GLP-1 tienen las mismas autorizaciones pediátricas.
La EMA, por ejemplo, autoriza liraglutida para determinados pacientes con diabetes tipo 2 desde los 10 años, mientras que determinados tratamientos con liraglutida o semaglutida tienen indicaciones específicas para el control del peso en población pediátrica con obesidad.
Además, se trata de medicamentos sujetos a prescripción médica.
El hecho de que estén autorizados para determinados pacientes jóvenes no significa que puedan utilizarse de forma indiscriminada para adelgazar.
La propia investigación señala que todavía existen preocupaciones sobre efectos secundarios, acceso y cobertura sanitaria, factores que pueden limitar su utilización.
El gran interrogante: qué ocurrirá dentro de diez o veinte años
El estudio aporta una fotografía relevante del uso real de estos medicamentos, pero también deja preguntas abiertas.
La primera es la durabilidad del efecto.
La segunda, su impacto sobre las complicaciones que más preocupan en una diabetes de inicio temprano: enfermedad cardiovascular, daño renal, alteraciones oculares y neuropatías.
Y la tercera es qué ocurre cuando el tratamiento se interrumpe.
Los propios expertos de ADA y EASD señalan que todavía existe una insuficiente evidencia sobre la duración de los efectos y sobre resultados clínicos importantes a largo plazo en niños y adultos jóvenes tratados con medicamentos para reducir la glucosa.
Eso obliga a interpretar los resultados con cierta prudencia.
Un avance prometedor, pero no una solución mágica
El estudio presentado en la EASD ofrece una conclusión clara: los agonistas GLP-1 están aumentando rápidamente entre niños, adolescentes y adultos jóvenes con diabetes tipo 2 y, en la práctica clínica, se asocian con mejoras en peso, presión arterial y control glucémico.
Pero hay una segunda conclusión igual de importante.
Ozempic y los demás GLP-1 no son una solución universal contra la obesidad infantil ni sustituyen el seguimiento médico, la alimentación saludable y la actividad física.
La evidencia disponible respalda su utilización en pacientes concretos y bajo indicación médica. La cuestión pendiente es determinar cuánto de estos beneficios se mantiene durante años y si terminan traduciéndose en menos complicaciones y mayor esperanza de vida.
El debate sobre estos medicamentos, por tanto, está lejos de terminar. Lo que sí parece haber cambiado es el lugar que ocupan en la medicina: los GLP-1 han dejado de ser una herramienta exclusivamente asociada a la diabetes del adulto y están entrando con fuerza en el tratamiento de determinados pacientes jóvenes.


