Los ataques rusos contra puentes, centros de datos y otras infraestructuras críticas de Ucrania se han intensificado en los últimos días. Kiev teme que esta nueva campaña forme parte de una estrategia para aumentar la presión sobre la población y preparar una nueva fase de ataques durante el invierno.
Una nueva presión sobre Kiev que va más allá del frente
Kiev está sufriendo una oleada de ataques contra infraestructuras esenciales que afecta a la movilidad, las comunicaciones y la actividad económica de la capital.
Entre el 1 y el 4 de octubre, las fuerzas rusas han atacado en varias ocasiones puentes sobre el río Dniéper, incluyendo los puentes Sur y Norte. Los ataques han obligado a restringir o suspender el tráfico en varios pasos y han provocado importantes problemas de circulación.
La sucesión de ataques ha llamado especialmente la atención porque los puentes del Dniéper constituyen una infraestructura esencial para conectar las dos partes de la capital. Una parte importante de la población reside en la margen izquierda mientras buena parte de la actividad administrativa y económica se concentra en la derecha.
El resultado es una vulnerabilidad logística que afecta tanto a los desplazamientos diarios como al transporte de mercancías y suministros.
El 3 de octubre, un ataque dañó el Puente Norte. Según las autoridades locales, resultaron afectados el firme y las líneas eléctricas de los trolebuses y dos personas resultaron heridas. Un día después volvió a registrarse un ataque contra esa infraestructura.
El Puente Sur también ha recibido varios impactos. Los ataques provocaron daños en un soporte, el firme y elementos de protección situados sobre las vías del metro. Las autoridades decretaron cierres y restricciones mientras los especialistas evaluaban el estado de las estructuras.
Rusia eleva la presión sobre la infraestructura crítica
La campaña no se limita a los puentes.
En las últimas semanas también se han registrado ataques contra centros de datos y empresas vinculadas a las telecomunicaciones, una infraestructura especialmente sensible en una guerra en la que Internet, las comunicaciones móviles y los sistemas de alerta son esenciales.
El caso más significativo es el del Parkovyi Data Center de Kiev, que sufrió daños considerados críticos y dejó de funcionar. Sus responsables comunicaron que los datos de los clientes habían sido trasladados a instalaciones de respaldo situadas en la Unión Europea.
Otro centro de datos, operado por Dline.ua, también quedó fuera de servicio tras un ataque. Según la información publicada por Data Center Dynamics, varias instalaciones relacionadas con proveedores como MiroHost, Datagroup, Vodafone Ukraine, De Novo, Cosmonova, Omega Telecom y Ukrtelecom habían sufrido daños durante las semanas anteriores.
Esto introduce una dimensión diferente en la campaña rusa: no se trata únicamente de destruir edificios o instalaciones físicas, sino de degradar los sistemas que permiten que una sociedad moderna siga funcionando durante una guerra.
Las consecuencias potenciales abarcan desde interrupciones de Internet hasta problemas en las comunicaciones móviles, servicios empresariales, emisiones de televisión y sistemas digitales de respaldo.
El Kremlin anuncia que intensificará los ataques
La escalada coincide con un nuevo intercambio de amenazas entre Moscú y Kiev.
El 4 de octubre, Rusia anunció que intensificaría sus ataques contra Kiev y otras zonas de Ucrania después de que Volodímir Zelenski declarara que Ucrania incrementaría sus ataques contra las refinerías rusas.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que sus operaciones se dirigirán contra instalaciones militares, la industria de defensa y las infraestructuras que, según Moscú, sirven de apoyo a las operaciones ucranianas. Reuters señala que las afirmaciones rusas sobre determinados objetivos no han podido ser verificadas de forma independiente.
Moscú presenta la escalada como una respuesta a los ataques ucranianos contra territorio e infraestructuras rusas.
Kiev, por su parte, sostiene que la campaña rusa pretende incrementar el coste de la guerra para la población y deteriorar el funcionamiento de las ciudades.
Las dos partes mantienen así una dinámica de represalias cruzadas sobre infraestructuras estratégicas, mientras las negociaciones diplomáticas continúan sin producir un acuerdo que permita detener los ataques.
El factor invierno vuelve a estar en el centro de la guerra
La preocupación ucraniana tiene una razón evidente: el invierno se acerca.
Desde el comienzo de la invasión a gran escala, Rusia ha utilizado durante distintos inviernos ataques aéreos contra la red eléctrica y otras infraestructuras para aumentar la presión sobre Ucrania.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) considera que Rusia comenzó a finales de septiembre su campaña de ataques contra la infraestructura energética para el invierno 2026-2027, antes de lo habitual, y que la nueva fase podría combinar ataques contra instalaciones energéticas con golpes contra otras infraestructuras críticas.
El objetivo que plantea el análisis del ISW no es únicamente militar en sentido convencional. El instituto considera que Moscú pretende utilizar los ataques de largo alcance para hacer más difícil la vida cotidiana en Ucrania y aumentar la presión para que Kiev acepte las condiciones rusas. Esta es una valoración analítica del ISW, no una confirmación de las intenciones del Kremlin.
La diferencia es importante.
No existe actualmente confirmación independiente de que los ataques contra los puentes sean la preparación inmediata de una gran ofensiva terrestre rusa de invierno. Lo que sí está documentado es una intensificación de la campaña aérea contra infraestructuras ucranianas.
Los puentes pueden convertirse en un problema logístico
Los ataques contra los pasos del Dniéper tienen además una particularidad.
No es necesario destruir completamente un puente para convertirlo en un objetivo estratégico.
Un impacto que obligue a cerrar una infraestructura durante horas o días puede generar enormes problemas de tráfico y transporte. Si los daños afectan a elementos estructurales, las autoridades pueden verse obligadas a mantener los cierres hasta completar inspecciones técnicas.
Los análisis citados por medios internacionales apuntan precisamente a este riesgo. Los puentes de Kiev son grandes estructuras de hormigón difíciles de destruir completamente con drones, pero los ataques repetidos pueden provocar daños suficientes para restringir su utilización.
La cuestión adquiere especial importancia porque las alternativas para cruzar el Dniéper son limitadas y algunos de los principales pasos se encuentran sometidos simultáneamente a restricciones.
El objetivo puede ser, por tanto, la interrupción más que la destrucción.
Una infraestructura que permanece físicamente en pie pero no puede utilizarse con normalidad también deja de cumplir su función.
Internet y los centros de datos, el otro frente invisible
La ofensiva contra los centros de datos tiene una característica diferente.
Una central eléctrica dañada es visible. Un puente destruido también. Pero una interrupción de un centro de datos puede afectar a miles de usuarios sin que exista necesariamente una imagen espectacular del daño.
Los centros de datos concentran servidores utilizados por empresas, proveedores de Internet y distintos servicios digitales. En un país en guerra, además, las comunicaciones tienen una importancia adicional para la población y para las autoridades.
El daño sufrido por Parkovyi demuestra que la infraestructura digital ucraniana también está sometida a ataques físicos. La compañía responsable aseguró que los datos de sus clientes habían sido trasladados a sistemas de respaldo europeos, reduciendo así el riesgo de pérdida definitiva de información.
La continuidad de estos servicios resulta especialmente importante durante los ataques aéreos, cuando las comunicaciones permiten transmitir avisos, coordinar emergencias y mantener informada a la población.
El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, ha denunciado que Rusia está atacando centros de datos y otras infraestructuras de comunicaciones. Rusia, por su parte, afirma que sus ataques se dirigen contra instalaciones relacionadas con las capacidades militares y logísticas de Ucrania.
Zelenski responde con una amenaza sobre las refinerías rusas
La escalada también está provocando una respuesta ucraniana.
En declaraciones a Reuters, Volodímir Zelenski anunció que Ucrania aumentará sus ataques contra las refinerías de petróleo rusas en respuesta a la campaña aérea de Moscú.
El presidente ucraniano afirmó que Kiev pretende golpear infraestructuras vinculadas al esfuerzo bélico ruso y sostuvo que no busca atacar a civiles.
La estrategia supone una ampliación de la guerra más allá de las líneas del frente.
Durante 2026, Ucrania ha utilizado drones de largo alcance para atacar instalaciones energéticas y petroleras situadas a cientos de kilómetros de sus posiciones. Rusia ha denunciado estos ataques y los utiliza como argumento para justificar nuevas operaciones aéreas contra Ucrania.
El riesgo es que esta dinámica termine convirtiéndose en una espiral de ataques contra infraestructuras críticas de ambos países.
Alemania refuerza su apoyo mientras Kiev afronta la escalada
La intensificación de los ataques coincidió con la visita a Kiev del canciller alemán, Friedrich Merz, el 4 de octubre.
Merz anunció un nuevo paquete de ayuda superior a 1 300 millones de euros, incluyendo unos 1 000 millones de euros en asistencia militar y otros 350 millones destinados a reparar infraestructuras energéticas antes del invierno.
Alemania también ha anunciado cooperación con Ucrania para aumentar la producción de drones y desarrollar sistemas capaces de interceptar los nuevos drones rusos propulsados por motores a reacción.
La visita se produjo mientras las alarmas antiaéreas sonaban en Kiev y las fuerzas rusas atacaban nuevamente infraestructuras de la capital.
El mensaje político de Berlín fue inequívoco: la escalada de los bombardeos no ha llevado a Alemania a reducir su respaldo a Ucrania.
¿Se prepara una gran ofensiva rusa de invierno?
Esta es la gran incógnita.
Los acontecimientos de los últimos días permiten afirmar que Rusia está aumentando la presión aérea y atacando infraestructuras críticas ucranianas antes del invierno. También existe un análisis del ISW que interpreta la campaña como una estrategia más amplia para incrementar la presión sobre la sociedad ucraniana durante los próximos meses.
Pero eso no equivale a confirmar una nueva ofensiva terrestre de grandes dimensiones.
El frente terrestre continúa siendo un escenario distinto. Los ataques contra puentes, centros de datos, energía, logística y comunicaciones pueden perseguir varios objetivos simultáneamente: dificultar la movilidad militar, alterar el funcionamiento económico, presionar a la población y complicar la respuesta ucraniana.
Por ahora, las evidencias apuntan con mayor claridad a una intensificación de la campaña aérea que a una ofensiva terrestre ya confirmada.
La evolución durante las próximas semanas será determinante para saber si se trata de una campaña invernal de bombardeos o del primer elemento de una operación militar de mayor alcance.
Una guerra que entra en una nueva fase de presión sobre las ciudades
La secuencia de ataques deja una imagen cada vez más clara: los grandes centros urbanos ucranianos vuelven a estar en el centro de la estrategia militar rusa.
Puentes, electricidad, centros de datos, telecomunicaciones, almacenes y otras instalaciones forman parte de una infraestructura interdependiente. Golpear uno de estos elementos puede provocar efectos en cadena sobre los demás.
En Kiev, los ataques contra los puentes han demostrado que incluso una infraestructura que no queda completamente destruida puede convertirse en un enorme problema para una ciudad de millones de habitantes.
La cuestión será especialmente sensible cuando llegue el frío.
Ucrania afronta otro invierno de guerra con una red energética dañada, una infraestructura digital sometida a ataques y una creciente presión sobre sus principales ciudades. Mientras tanto, Rusia anuncia que incrementará sus ataques y Kiev prepara una respuesta sobre las instalaciones petroleras rusas.
El escenario que se abre no permite afirmar todavía que una gran ofensiva terrestre rusa sea inminente. Sí permite afirmar que la guerra de infraestructuras ha entrado en una fase de mayor intensidad.
Y el invierno, una vez más, puede convertirse en uno de los principales campos de batalla de la guerra de Ucrania.


