Lo que está ocurriendo en las playas de Sanxenxo vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en muchas zonas costeras de Galicia: la degradación de las infraestructuras de saneamiento y sus efectos directos sobre la calidad del agua de baño.
El Concello ha anunciado una inversión superior a 100 000 euros para intervenir en los arenales de Carabuxeira y Nanín, con el objetivo de corregir filtraciones, renovar tuberías obsoletas y evitar nuevos episodios que puedan afectar a la salud pública y al turismo.
La situación no es menor: mientras Nanín ha vuelto recientemente al registro de zonas de baño autorizadas, Carabuxeira continúa sin autorización oficial para el baño en el registro autonómico, una señal clara de que los problemas de fondo aún no están resueltos.
Obras de urgencia tras años de advertencias sobre el saneamiento
Las actuaciones previstas por el Concello se centran en la renovación de colectores antiguos, la corrección de fugas y la ampliación de la capacidad hidráulica de la red.
En el caso de Nanín, se ejecutarán tres intervenciones clave:
- Sustitución de 60 metros de colector en el cruce de la PO-308, mejorando la estabilidad del sistema y reduciendo el riesgo de fugas.
- Renovación de 180 metros de colector de aguas residuales paralelo al cauce de un río, con el objetivo de eliminar infiltraciones.
- Rehabilitación de 30 metros adicionales en Seixalbo, reforzando el sistema de saneamiento existente.
Estas obras buscan evitar uno de los problemas más graves detectados: la entrada de aguas residuales en zonas sensibles del litoral, un riesgo directo para la salud y la calidad ambiental.
Carabuxeira: filtraciones, residuos y una red obsoleta
El caso de Carabuxeira es todavía más preocupante. Los técnicos han detectado filtraciones de aguas residuales y un deterioro generalizado de la red, lo que ha obligado a una intervención más amplia.
Entre las actuaciones destacan:
- Limpieza del colector del edificio Florida, donde se han encontrado sedimentos, fangos y restos acumulados.
- Sustitución de 80 metros de canalización de aguas pluviales, reemplazando hormigón por PVC.
- Renovación de 60 metros de red de aguas residuales en el Camiño Vello.
El diagnóstico es claro: parte de la infraestructura está obsoleta y saturada, lo que compromete la evacuación correcta de aguas y agrava el riesgo de contaminación en episodios de lluvia.
Un problema estructural que afecta al turismo y a la imagen de Galicia
La intervención llega en un contexto delicado para el litoral gallego, donde la calidad del agua es un factor decisivo para el turismo estival y para la clasificación sanitaria de las playas por parte de la Xunta de Galicia.
En este caso, la autorización de baño en Nanín ha sido recuperada recientemente tras mejoras previas, pero el propio Concello reconoce que era necesario un refuerzo adicional para garantizar su estabilidad a largo plazo.
La situación de Carabuxeira, sin embargo, refleja un problema más profundo: la dependencia de infraestructuras antiguas que no han acompañado el crecimiento urbanístico de la zona.
Inversión pública y dudas sobre la planificación a largo plazo
Aunque el gobierno local defiende la actuación como una medida necesaria, el caso reabre el debate sobre la falta de planificación estructural en el saneamiento costero.
Las inversiones, aunque importantes, siguen siendo reactivas en lugar de preventivas, actuando solo cuando los problemas ya afectan a la calidad del agua o a la autorización de baño.
Este tipo de situaciones plantea una pregunta incómoda: ¿por qué playas con alto valor turístico siguen dependiendo de redes de saneamiento parcialmente obsoletas?
Conclusión: una mejora necesaria, pero insuficiente si no hay estrategia global
Las obras en Sanxenxo son un paso en la dirección correcta, pero también evidencian una realidad incómoda: el litoral necesita una modernización integral del saneamiento urbano para evitar que estos problemas se repitan cada temporada.
Mientras tanto, Carabuxeira sigue sin autorización de baño y Nanín se mantiene en vigilancia, recordando que la calidad del agua no depende solo de inversiones puntuales, sino de una planificación sostenida y eficaz.

