Los sondeos sitúan a PP y Vox por encima de los 190 escaños, pero el partido de Abascal evita confiarse y advierte de que la distancia entre bloques podría reducirse a apenas unos diputados.
Vox enfría las expectativas ante las elecciones del 29-N
Las encuestas publicadas en las últimas semanas dibujan un escenario favorable para PP y Vox, con una suma que en algunas estimaciones supera los 200 diputados. Sin embargo, en la dirección de Vox prefieren rebajar las expectativas y sostienen que el resultado final puede estar mucho más ajustado de lo que reflejan los actuales sondeos.
Según Libertad Digital, dirigentes del partido de Santiago Abascal manejan internamente un escenario en el que la diferencia entre los dos grandes bloques podría reducirse a tres o cuatro escaños. La formación evita hacer públicos sus propios repartos de diputados y reclama cautela ante una campaña que acaba de comenzar.
La advertencia tiene un precedente inmediato: las elecciones generales de 2023. Entonces, buena parte de las encuestas situaban a PP y Vox cerca de una mayoría suficiente para gobernar, pero el resultado quedó por debajo de esas expectativas.
El actual escenario electoral vuelve a colocar el manejo de las expectativas en el centro de la estrategia de los partidos.
Las encuestas dibujan una ventaja amplia, pero no un resultado cerrado
Los datos publicados no permiten hablar de un resultado electoral conocido de antemano.
Un promedio de sondeos recogido a comienzos de octubre situaba a PP, Vox y Se Acabó La Fiesta en torno al 52 % del voto estimado, frente a aproximadamente el 36 % para PSOE, Sumar y Podemos. Una estimación de Kiko Llaneras situaba al PP en 137 escaños, al PSOE en 107 y a Vox en 62, con una suma de 199 diputados para PP y Vox. Se trata de estimaciones demoscópicas y no de resultados electorales.
El dato importante es que existe una considerable diferencia entre el porcentaje de voto y su traducción en escaños.
España utiliza para las elecciones al Congreso un sistema de representación proporcional basado en circunscripciones provinciales, con asignación de escaños mediante la regla prevista en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. Por ello, pequeños cambios en determinadas provincias pueden producir variaciones importantes en el número final de diputados.
Esa es una de las razones por las que los partidos evitan interpretar una ventaja nacional en porcentaje de voto como una garantía automática de mayoría parlamentaria.
El recuerdo de 2023 pesa en la estrategia de Vox
El precedente de las elecciones del 23 de julio de 2023 explica buena parte de la prudencia actual.
En aquella campaña, las expectativas sobre la suma de PP y Vox fueron considerablemente superiores al resultado que finalmente obtuvieron. El bloque de la derecha quedó por debajo de los 176 escaños, cifra necesaria para alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso.
Vox considera que aquel episodio demuestra el riesgo de convertir los sondeos en una fotografía anticipada de las urnas.
La dirección del partido teme especialmente que unas expectativas demasiado elevadas provoquen dos efectos contrapuestos: desmovilización de sus propios votantes y movilización del electorado contrario.
La misma preocupación aparece en el PP, donde la consigna tras la convocatoria electoral ha sido evitar cualquier sensación de victoria anticipada.
PP y Vox comparten una advertencia: no confiarse
La estrategia de cautela no se limita a Vox.
Desde el Partido Popular también se ha insistido en la necesidad de mantener la movilización hasta el último día. Libertad Digital recoge que Alberto Núñez Feijóo y otros dirigentes populares han reclamado expresamente no confiarse.
El razonamiento es sencillo: una elección no se decide mediante los sondeos, sino mediante los votos depositados en las urnas.
El decreto electoral publicado en el Boletín Oficial del Estado confirma que los españoles acudirán a las urnas el domingo 29 de noviembre. La campaña electoral oficial comenzará a las 00:00 horas del 13 de noviembre y terminará a las 24:00 horas del 27 de noviembre.
Hasta entonces, las encuestas pueden cambiar y, sobre todo, puede cambiar la participación.
La participación será uno de los factores decisivos
Una de las variables que preocupa a los partidos es la movilización.
Las elecciones del 29-N no se celebrarán durante el periodo habitual de vacaciones de verano. Esto puede modificar los patrones de participación respecto a los comicios de julio de 2023, aunque no permite anticipar por sí solo cuál será la participación definitiva.
La campaña buscará precisamente activar a los electores que actualmente se muestran indecisos o poco interesados.
Para Vox, el objetivo pasa por evitar que una percepción de victoria amplia genere relajación entre sus simpatizantes.
Para el PSOE, según la interpretación recogida por Libertad Digital, el desafío consiste en conseguir que una diferencia aparentemente grande en las encuestas no se traduzca en desmovilización de su electorado, sino en una reacción electoral.
Estas son estrategias políticas atribuidas a los partidos y no resultados demostrados.
Vox desconfía de unas encuestas que considera demasiado favorables
La dirección de Vox también mantiene reservas sobre la estimación de voto que algunos sondeos conceden a la formación.
Según Libertad Digital, los estudios internos manejados por el partido situarían a Vox por debajo del 18 % que reflejan algunas encuestas publicadas.
La formación interpreta que existe un riesgo de que una sobreestimación de su resultado tenga consecuencias estratégicas.
El argumento que manejan sus dirigentes es que presentar a Vox con un porcentaje muy elevado puede contribuir a activar al electorado contrario mediante el llamado voto útil o mediante una mayor movilización.
Es una hipótesis estratégica del partido, no una conclusión que pueda establecerse como hecho a partir de los datos disponibles.
Los precedentes que alimentan el escepticismo
Vox recuerda dos experiencias electorales en las que las expectativas demoscópicas no coincidieron con el resultado final.
La primera se produjo en las elecciones generales de abril de 2019. Algunos sondeos llegaron a situar a Vox cerca de los 60 escaños, pero la formación consiguió finalmente 24 diputados.
La segunda referencia mencionada por el partido son las elecciones de Castilla y León, donde las previsiones que apuntaban a un resultado superior al 20 % no terminaron materializándose en las urnas.
Estos antecedentes explican por qué el partido de Abascal insiste ahora en no convertir las encuestas en un motivo para relajarse.
PP y Vox quieren evitar una guerra electoral entre ellos
Otro aspecto destacado de la estrategia es la relación entre PP y Vox.
Según la información publicada, en el PP existe la intención de evitar una confrontación permanente con Vox durante la campaña y concentrar el discurso en el PSOE de Pedro Sánchez. Los populares pretenden marcar diferencias con la formación de Abascal cuando sea necesario, pero sin convertir la campaña en una batalla entre los dos partidos.
La razón estratégica es evidente: si ambos partidos necesitan posteriormente negociar para formar Gobierno, una campaña excesivamente agresiva podría dificultar esas conversaciones.
Al mismo tiempo, el PP tiene interés en preservar su posición como primera fuerza política, mientras Vox busca aumentar su representación.
Es, por tanto, una relación de competencia electoral y potencial cooperación parlamentaria.
El escenario de los 200 escaños y el escenario de los tres diputados
La diferencia entre ambos escenarios resulta políticamente enorme.
Por un lado, algunos sondeos apuntan a una suma de PP y Vox que podría superar holgadamente los 176 diputados necesarios para la mayoría absoluta.
Por otro, la estimación interna que atribuye Libertad Digital a Vox contempla una diferencia de apenas tres o cuatro diputados entre bloques.
Ambos escenarios son compatibles con una misma conclusión: las encuestas actuales no permiten conocer el reparto definitivo de escaños.
La distribución territorial del voto, el comportamiento de los indecisos, la participación, las candidaturas que concurran finalmente y el reparto de los últimos escaños en las provincias pequeñas pueden alterar sustancialmente el resultado.
Por eso, presentar hoy una mayoría parlamentaria como garantizada sería prematuro.
El voto de Alvise aparece como otra variable
La formación Se Acabó La Fiesta, vinculada a Alvise Pérez, constituye otra de las incógnitas señaladas en el análisis.
Libertad Digital apunta a que Vox contempla el comportamiento de ese electorado como una variable capaz de afectar a su resultado.
La cuestión es especialmente relevante porque una candidatura que concentre suficiente voto puede modificar el reparto de escaños en determinadas circunscripciones.
El efecto dependerá, sin embargo, de la distribución geográfica de esos apoyos y de si alcanzan el umbral necesario para obtener representación en cada provincia.
La ley de nietos y el voto exterior
La información publicada también señala el posible impacto del voto exterior y de la incorporación de nuevos electores procedentes de la llamada Ley de Memoria Democrática, conocida popularmente en este contexto como «ley de nietos».
Se trata de otra variable que los partidos están incorporando a sus cálculos internos.
La participación de españoles residentes en el extranjero y la composición de ese electorado pueden introducir diferencias respecto a los patrones de voto observados en anteriores elecciones.
No obstante, cualquier estimación sobre su impacto concreto debe considerarse provisional mientras no se conozcan los datos definitivos de participación y escrutinio.
Sánchez afronta una campaña con un objetivo claro: reducir la distancia
La convocatoria electoral ha cambiado completamente el calendario político.
El Real Decreto 806/2026, publicado en el BOE, disuelve el Congreso y el Senado elegidos en 2023 y convoca las elecciones para el 29 de noviembre. Las nuevas Cámaras celebrarán su sesión constitutiva el 23 de diciembre.
Pedro Sánchez afronta así una campaña en la que necesita disputar la diferencia que actualmente reflejan las encuestas.
La estrategia socialista pasa por movilizar a su electorado y convertir la elección en una disputa entre dos alternativas políticas claramente diferenciadas.
En ese contexto, cualquier percepción de una victoria excesivamente cómoda de PP y Vox puede convertirse, paradójicamente, en un elemento de movilización para la izquierda.
Vox tampoco quiere que el resultado se decida antes del 29-N
El mensaje de Abascal desde el anuncio de las elecciones ha seguido una línea similar: celebrar la convocatoria, pero insistir en la necesidad de movilización.
El propio presidente de Vox calificó la convocatoria como una «excelente noticia», al tiempo que pidió unas elecciones «libres, limpias y sin violencia».
El partido afirma estar preparado para afrontar la campaña y ha situado entre sus principales asuntos la vivienda, la inmigración, los servicios públicos y la llamada prioridad nacional.
Más allá de las posiciones políticas de cada formación, el mensaje electoral que comparten PP y Vox en este momento es la necesidad de no dar por decidido el resultado.
La campaña todavía no ha comenzado oficialmente
Aunque los partidos ya están desplegando sus estrategias, la campaña electoral oficial comenzará el 13 de noviembre.
Eso deja varias semanas para que evolucionen las preferencias electorales, aparezcan nuevos asuntos de debate y cambien las posiciones de los indecisos.
El decreto electoral establece además que la campaña concluirá el 27 de noviembre, dos días antes de la votación.
Entre ambas fechas se concentrará buena parte de la batalla por la movilización.
Las claves del escenario electoral
El panorama actual puede resumirse en siete factores:
- Las encuestas favorecen actualmente a PP y Vox, aunque difieren en sus estimaciones.
- Algunos estudios sitúan la suma de ambas formaciones por encima de los 200 diputados.
- Vox calcula internamente que la distancia entre bloques podría ser de apenas tres o cuatro escaños, según la información publicada por Libertad Digital.
- El precedente de 2023 alimenta la prudencia de los dos principales partidos de la derecha.
- Alvise y Se Acabó La Fiesta aparecen como una variable adicional en los cálculos electorales.
- La participación y el voto exterior pueden modificar el reparto final.
- Las elecciones están oficialmente convocadas para el 29 de noviembre de 2026, con campaña entre el 13 y el 27 de noviembre.
El 29-N será la prueba definitiva para las encuestas
Las próximas semanas servirán para comprobar hasta qué punto las estimaciones actuales reflejan realmente el comportamiento del electorado.
El escenario que dibujan hoy los sondeos no debe confundirse con un resultado. Una encuesta mide una fotografía; las elecciones contabilizan votos.
La experiencia de 2023 explica la prudencia de Vox y del PP. Una diferencia amplia en las encuestas puede reducirse durante la campaña, mientras que una distribución territorial diferente del voto puede transformar porcentajes relativamente próximos en diferencias importantes de escaños.
La cita del 29 de noviembre será, por tanto, la prueba definitiva.
Hasta entonces, la principal incógnita no es únicamente quién obtendrá más votos, sino cómo se traducirá cada voto en diputados y qué combinación parlamentaria permitirá formar Gobierno.


