La inteligencia artificial está provocando una nueva batalla por el talento directivo. Las grandes compañías ya no compiten únicamente por ingenieros, modelos o capacidad de computación: también buscan ejecutivos capaces de convertir la IA en productividad, ventas y ventaja competitiva.
En España, el movimiento de altos cargos en torno a esta tecnología ha ganado velocidad durante los últimos meses y afecta a compañías de sectores tan diferentes como Carrefour, Acciona, Generali, El Corte Inglés, Loewe, Puig, Tous y EY.
El fenómeno llega en un momento en el que las multinacionales están aumentando de forma considerable sus presupuestos tecnológicos. Carrefour ha anunciado que dedicará 100 millones de euros al año a inteligencia artificial hasta 2030, mientras que EY invirtió 1 400 millones de dólares en el desarrollo de su plataforma global de IA.
La inteligencia artificial se convierte en una batalla por el talento
Durante años, la carrera tecnológica de las grandes empresas estuvo centrada en adquirir software, infraestructura y datos. Ahora existe otro cuello de botella: las personas capaces de dirigir la transformación.
El perfil que buscan las compañías combina conocimientos tecnológicos con experiencia empresarial. No basta con conocer modelos de IA generativa. Los nuevos responsables deben entender cómo integrar estas herramientas en operaciones, finanzas, marketing, recursos humanos, atención al cliente o cadena de suministro.
Esa combinación explica por qué determinados ejecutivos se han convertido en profesionales especialmente codiciados.
La consecuencia es una mayor movilidad entre compañías. Un directivo especializado en inteligencia artificial puede convertirse en una pieza estratégica mucho más valiosa que hace apenas unos años.
Carrefour coloca la IA en el centro de su estrategia
Carrefour constituye uno de los ejemplos más claros de esta transformación.
El grupo ha situado la tecnología y los datos entre los pilares de su estrategia para los próximos años y ha anunciado que dedicará entre el 25 % y el 30 % de sus inversiones totales a tecnología e inteligencia artificial hasta 2030. Dentro de ese esfuerzo, la inversión específica en IA alcanzará los 100 millones de euros anuales.
La compañía ya está utilizando la IA en diferentes áreas.
En España lanzó ai.carrefour, una solución basada inicialmente en Gemini 2.0, además de desarrollar agentes destinados a facilitar procesos internos y herramientas para los trabajadores.
La estrategia también alcanza directamente al consumidor.
Carrefour presentó ClubIA, un asistente de inteligencia artificial integrado en su programa de fidelización, capaz de ofrecer recomendaciones de productos, recetas y otros servicios personalizados.
En junio de 2026, la compañía comunicó que su programa de fidelización ya había superado los 11 millones de socios y situó ClubIA como uno de los elementos centrales de su estrategia 2030.
El mensaje empresarial es evidente: la IA ha dejado de ser un experimento para convertirse en una herramienta de negocio.
EY demuestra hasta dónde llega la inversión
El caso de EY muestra la dimensión internacional de esta carrera.
La firma lanzó EY.ai con una inversión de 1 400 millones de dólares, una plataforma destinada a ayudar a sus clientes a incorporar la inteligencia artificial a sus negocios. El proyecto se desarrolló durante 18 meses y estuvo acompañado por una estrategia para formar a sus cientos de miles de profesionales.
La apuesta no se ha detenido.
En mayo de 2026, EY y Microsoft anunciaron una inversión conjunta superior a 1 000 millones de dólares durante cinco años para acelerar la adopción de inteligencia artificial en empresas y desplegar soluciones a gran escala.
La consultora también ha seguido incorporando IA a sus propios procesos. En 2026 anunció el despliegue de sistemas de IA agéntica en sus servicios de auditoría, con tecnología integrada en su plataforma global EY Canvas.
El movimiento refleja una tendencia más amplia: las grandes compañías están pasando de probar herramientas de IA a integrarlas directamente en procesos críticos del negocio.
Del departamento tecnológico al comité de dirección
La transformación también está cambiando el lugar que ocupa la tecnología dentro de las empresas.
El responsable de IA ya no tiene necesariamente una función limitada al departamento informático. Su trabajo puede afectar directamente a la estrategia corporativa.
Entre sus responsabilidades pueden encontrarse:
- Diseñar la estrategia de inteligencia artificial.
- Seleccionar modelos y proveedores tecnológicos.
- Implantar herramientas de IA generativa y agentes autónomos.
- Gestionar los datos corporativos.
- Mejorar la productividad de los empleados.
- Automatizar procesos.
- Controlar los riesgos legales y de ciberseguridad.
- Garantizar el cumplimiento de la normativa.
- Medir el retorno económico de las inversiones tecnológicas.
Esta ampliación de funciones explica el creciente peso de estos ejecutivos en las estructuras corporativas.
La IA ha pasado de ser una cuestión exclusivamente tecnológica a convertirse en una cuestión de dirección empresarial.
La guerra por los directivos puede acelerar la rotación
La consecuencia inmediata de esta situación es una mayor competencia entre compañías por determinados perfiles.
Cuando una empresa invierte cientos de millones en inteligencia artificial, perder al ejecutivo responsable de una parte importante de esa estrategia puede tener consecuencias que van mucho más allá de la sustitución de un empleado.
La salida de un directivo puede implicar la pérdida temporal de conocimiento, relaciones con proveedores, equipos especializados y proyectos en marcha.
También puede generar un efecto dominó si parte del equipo decide acompañar al responsable que cambia de compañía.
Por eso, la batalla por el talento tecnológico se está convirtiendo en una cuestión estratégica para los departamentos de recursos humanos y para los propios consejos de administración.
El problema no es solo cuánto dinero se invierte
La carrera por la IA plantea una pregunta incómoda para las grandes compañías: ¿quién consigue transformar la inversión tecnológica en beneficios reales?
Comprar tecnología resulta relativamente sencillo. Mucho más complicado es integrarla correctamente en una organización con miles de trabajadores, sistemas heredados, diferentes departamentos y procesos regulados.
Carrefour, por ejemplo, ha optado por combinar herramientas de inteligencia artificial con formación y transformación interna. En 2026 también puso en marcha, junto con MIOTI, un programa destinado a formar a pymes proveedoras en IA, datos, ciberseguridad y computación en la nube.
Esto revela una segunda dimensión de la batalla: no basta con contratar a unos pocos especialistas. Las empresas necesitan extender el conocimiento tecnológico por toda la organización.
La IA también aumenta el valor de los directivos con visión de negocio
El perfil más buscado no es necesariamente el de un científico especializado en modelos de lenguaje.
Las compañías necesitan personas capaces de responder a preguntas mucho más prácticas:
¿Qué proceso conviene automatizar? ¿Cuánto dinero puede ahorrar? ¿Qué riesgos existen? ¿Qué datos deben utilizarse? ¿Cómo se mide el resultado?
La diferencia entre experimentar con IA y conseguir resultados económicos depende, en buena medida, de responder correctamente a esas cuestiones.
Por eso están ganando valor los ejecutivos que combinan tecnología, estrategia y gestión de equipos.
Una carrera que afecta a todos los sectores
La disputa por este talento no se limita al comercio o a las consultoras tecnológicas.
Los movimientos señalados en empresas como Acciona, Generali, Puig, Loewe, Tous y El Corte Inglés muestran que la transformación afecta también a sectores como la energía, los seguros, la industria, la moda y la distribución.
Cada uno de ellos puede utilizar la inteligencia artificial de manera diferente.
En una aseguradora, la tecnología puede emplearse para analizar riesgos y automatizar procesos. En la distribución, para predecir demanda y personalizar ofertas. En la industria, para mantenimiento predictivo. En moda y lujo, para analizar tendencias, diseñar productos o mejorar la relación con los clientes.
La IA se está convirtiendo así en una capa transversal de la economía.
Europa afronta una carrera tecnológica con un problema añadido
La competencia por los directivos especializados se produce además en un mercado internacional.
Las empresas europeas compiten con compañías estadounidenses y asiáticas que también están realizando inversiones multimillonarias en inteligencia artificial.
El reto europeo no consiste únicamente en desarrollar tecnología. También pasa por disponer de capital, talento, infraestructuras digitales, energía competitiva y capacidad empresarial para desplegarla.
La cuestión del talento es especialmente sensible porque un especialista puede cambiar de empresa e incluso de país con relativa facilidad.
Para las compañías españolas, retener a los profesionales que conocen simultáneamente el negocio y la IA puede convertirse en una ventaja competitiva.
La nueva batalla empresarial acaba de empezar
La sucesión de movimientos directivos muestra un cambio profundo en el mercado laboral de alta dirección.
Hace unos años, la transformación digital podía quedar circunscrita a departamentos especializados. Ahora, la inteligencia artificial está entrando en los presupuestos, los planes estratégicos y las decisiones de los consejos de administración.
El dinero destinado a la tecnología crece, pero también aumenta el valor de quienes saben utilizarla.
Carrefour ya contempla 100 millones de euros anuales de inversión en IA hasta 2030. EY ha comprometido inversiones multimillonarias y ha integrado agentes de IA en áreas estratégicas.
La conclusión es difícil de ignorar: la guerra por la inteligencia artificial también es una guerra por las personas capaces de hacerla funcionar.
Y en esa batalla, las empresas que no consigan atraer y retener talento especializado pueden descubrir que el verdadero cuello de botella de la revolución de la IA no está en los chips ni en los modelos, sino en quién toma las decisiones.


