La operadora pública afronta una adjudicación de hasta 1 777 millones de euros para renovar su flota de alta velocidad. Siemens y Hitachi se disputan el contrato, mientras la ausencia de fabricantes españoles alimenta el debate sobre las condiciones del concurso y el futuro de la industria ferroviaria nacional.
La decisión va mucho más allá de elegir un tren. Renfe debe equilibrar la necesidad de modernizar sus servicios, los plazos de entrega, la seguridad operativa y el coste de una de las mayores compras de material ferroviario de su historia.
Siemens se posiciona en la carrera por el macrocontrato de Renfe
La alemana Siemens ha ganado peso como una de las candidatas para suministrar los nuevos trenes de alta velocidad de Renfe, en una competición que se concentra en dos fabricantes: Siemens y Hitachi Rail, el grupo de origen japonés con presencia internacional.
El procedimiento contempla inicialmente la compra de 30 trenes, con una opción para adquirir otros 10. Según la información publicada por Renfe al anunciar la licitación, la inversión total podría alcanzar los 1 777 millones de euros si se ejecutan todas las opciones previstas.
La oferta de Siemens se basa en la plataforma Velaro Novo, evolución de una familia de trenes de alta velocidad de la que Renfe ya conoce otras versiones. Hitachi concurre con el ETR1000 o Frecciarossa, un modelo que circula en España a través de Iryo y que cuenta con experiencia comercial en Italia.
Ambas propuestas tienen argumentos industriales y técnicos. La decisión final dependerá de la valoración que realice Renfe conforme a los criterios del concurso, no únicamente de la velocidad máxima que pueda alcanzar cada tren.
La adjudicación tiene además una dimensión estratégica: determinará qué fabricante suministra una parte importante de la próxima generación de trenes de alta velocidad de la operadora pública española.
Un contrato de hasta 1 777 millones de euros
La licitación se presentó oficialmente el 25 de marzo de 2026 y constituye, según Renfe, la mayor operación de compra de trenes de alta velocidad de su historia. El presupuesto inicial para las 30 unidades es de 1 362 millones de euros, sin IVA, y la cifra asciende a 1 777 millones si se ejercita la opción de adquirir otros diez trenes.
Pedido inicial
30 trenes
Con opción de compra de 10 unidades adicionales.
Presupuesto máximo para los trenes
1 777 millones de euros
La cifra depende de que Renfe ejecute la opción de compra adicional.
Velocidad máxima prevista
350 km/h
La explotación comercial a esa velocidad dependerá también de la infraestructura.
La magnitud económica exige examinar con detalle tanto el precio como las condiciones de suministro. No se trata solo de comprar unidades: Renfe necesita trenes homologados, disponibles en los plazos comprometidos y compatibles con sus necesidades operativas.
Siemens frente a Hitachi: dos modelos para una misma necesidad
La oferta de Siemens se apoya en el Velaro Novo, mientras que Hitachi compite con el ETR1000, comercializado como Frecciarossa. Los dos fabricantes cuentan con experiencia en alta velocidad, aunque sus modelos presentan diferencias de diseño, trayectoria operativa y necesidades de mantenimiento.
La propuesta alemana se basa en una nueva generación de la familia Velaro. Renfe ya opera trenes Siemens de alta velocidad de la serie 103, aunque esa experiencia no equivale a que el nuevo modelo sea idéntico ni elimina la necesidad de evaluar y homologar la configuración ofertada.
Es un modelo con experiencia comercial en Italia y presente en España a través de Iryo. Esa trayectoria permite valorar su comportamiento en servicio, aunque la adecuación a las condiciones específicas de Renfe debe comprobarse dentro del procedimiento.
La experiencia previa, el consumo energético, la fiabilidad, el acceso a repuestos y la capacidad de respuesta ante averías son elementos importantes para comparar las ofertas. También lo son el coste total durante la vida útil y la capacidad de cumplir el calendario de fabricación.
No hay que confundir una candidatura competitiva con una adjudicación confirmada. A fecha de publicación de esta información, las fuentes consultadas sitúan a Siemens y Hitachi como las dos finalistas, pero no permiten afirmar que Siemens haya ganado oficialmente el contrato.
Los plazos: los primeros trenes tardarán más de tres años
El calendario de suministro es uno de los puntos decisivos. Las condiciones difundidas para el concurso establecen que las cinco primeras unidades deben entregarse en un máximo de 40 meses y que el conjunto de los 30 trenes debe completarse en un plazo máximo de 78 meses.
Estos plazos reflejan la complejidad de fabricar, certificar y poner en servicio un tren de alta velocidad. La entrega física no significa necesariamente que una unidad pueda incorporarse de inmediato a la explotación comercial: antes deben completarse las pruebas y los procedimientos de homologación pertinentes.
La renovación de la flota es especialmente relevante porque algunos trenes de la serie 100, fabricados por Alstom y vinculados a los primeros años del AVE, se aproximan a los 40 años de servicio en 2032. Renfe necesita planificar su sustitución para mantener la capacidad de transporte y responder a la demanda.
Por eso, un retraso en la resolución del concurso podría desplazar también la llegada de los nuevos trenes. Sin embargo, la rapidez no debe convertirse en el único criterio: una evaluación técnica rigurosa es esencial para evitar que los problemas aparezcan después de la adjudicación.
La polémica por la ausencia de Talgo y otros fabricantes
Uno de los aspectos más controvertidos del concurso es que la pugna final haya quedado limitada a Siemens y Hitachi, sin una oferta de Talgo ni participación final de Alstom. La situación ha generado críticas por las consecuencias que puede tener para la industria ferroviaria con implantación en España.
El Partido Popular ha pedido revisar las condiciones de la licitación para facilitar la concurrencia de fabricantes con capacidad industrial en España. Entre sus argumentos figura la necesidad de examinar si los requisitos técnicos y los plazos permiten una competencia suficientemente amplia. La iniciativa fue aprobada en la Comisión de Transportes del Congreso, pero una proposición no de ley no equivale por sí sola a una anulación del concurso ni obliga automáticamente a rehacerlo.
La controversia tiene una dimensión económica. España cuenta con empresas y centros de trabajo vinculados al sector ferroviario, por lo que el diseño de las compras públicas puede influir en las oportunidades industriales, el empleo y el desarrollo tecnológico.
Ahora bien, favorecer la participación nacional no significa que deba adjudicarse un contrato a una empresa por su origen. La contratación debe respetar las normas aplicables y los requisitos técnicos. El debate consiste en determinar si las condiciones estaban justificadas por las necesidades reales de Renfe y si existía una forma de diseñar el concurso que combinara plazos razonables, competencia y capacidad industrial.
La cuestión cobra más relevancia cuando se trata de una compra de esta magnitud y de una compañía de titularidad pública. Renfe debe poder explicar por qué sus requisitos son necesarios, cómo se han comparado las ofertas y qué valor obtendrá el contribuyente por el dinero comprometido.
Óscar Puente y las dudas sobre el calendario de adjudicación
La compra también ha quedado vinculada al calendario político. Según informaciones publicadas por El Español y Cinco Días, el ministro de Transportes, Óscar Puente, pretende cerrar la adjudicación antes de las elecciones previstas para el 29 de noviembre.
La reunión del consejo de administración de Renfe prevista para el 27 de octubre se ha señalado como una oportunidad para resolver el expediente. Sin embargo, una información previa de El Español indicaba que la adjudicación no figuraba formalmente en el orden del día distribuido para esa reunión, mientras que otras informaciones apuntaban a que la compañía contemplaba resolverla a finales de octubre.
La diferencia entre la expectativa de una decisión y su aprobación formal es importante. Sin una comunicación oficial de Renfe, no debe darse por hecho que el consejo haya adjudicado el contrato ni que exista un ganador definitivo.
La proximidad de unas elecciones puede intensificar el escrutinio sobre las grandes inversiones públicas, pero no demuestra por sí sola que un procedimiento sea irregular. Para evaluar las críticas hay que distinguir entre los plazos administrativos, las decisiones técnicas y el posible uso político de un anuncio.
Lo esencial es que la fecha de adjudicación no sustituya a la justificación técnica. Renfe debe documentar que el fabricante elegido satisface las condiciones del concurso y que el calendario de entrega es viable.
¿Podrán circular los nuevos trenes a 350 km/h en España?
El contrato exige trenes preparados para alcanzar los 350 kilómetros por hora, una velocidad que Renfe vincula a la modernización de su oferta de alta velocidad. La operadora ha señalado que las nuevas unidades permitirán aumentar la capacidad y responder a la evolución de la demanda.
Pero la velocidad máxima del tren no garantiza que pueda circular a esa velocidad en cualquier tramo. La explotación comercial depende también de la infraestructura, los sistemas de señalización y control, las condiciones de seguridad y la autorización correspondiente.
En el corredor Madrid-Barcelona, el objetivo de llegar a los 350 km/h requiere que la infraestructura esté preparada para ello. Por tanto, la compra de trenes y las actuaciones en la red deben coordinarse para que la inversión produzca resultados tangibles para los viajeros.
Esta cuestión también tiene consecuencias económicas. Si se compran trenes capaces de alcanzar una velocidad que la infraestructura no permite aprovechar de forma regular, parte de la ventaja técnica podría tardar en materializarse. Eso no convierte automáticamente la adquisición en innecesaria, pero sí hace imprescindible explicar el calendario de adaptación de la red.
Qué debe valorar Renfe antes de cerrar la compra
Más allá de la pugna entre Siemens y Hitachi, la adjudicación debería responder con claridad a seis cuestiones fundamentales:
- Fiabilidad: qué garantías ofrecen los fabricantes y qué pruebas respaldan el comportamiento de sus trenes.
- Coste total: cuánto costarán las unidades durante su vida útil, incluidos consumo, mantenimiento y repuestos.
- Plazos: si el proveedor puede entregar las primeras unidades y completar el pedido dentro del calendario previsto.
- Seguridad y homologación: qué pruebas deben superar los trenes antes de entrar en servicio.
- Capacidad industrial: qué actividad económica y de mantenimiento se desarrollará en España.
- Transparencia: cómo se han puntuado las ofertas y qué razones justifican la decisión final.
Estos factores permiten evaluar la compra con criterios verificables, en lugar de reducirla a una competición entre marcas o a un anuncio político.
Una decisión estratégica para el futuro del AVE
La candidatura de Siemens al contrato de nuevos trenes de Renfe se entiende en un escenario en el que la operadora necesita renovar parte de su flota y aumentar su capacidad de alta velocidad. Hitachi mantiene una alternativa competitiva, y la decisión deberá apoyarse en los criterios técnicos y económicos de la licitación.
El volumen de la operación, de hasta 1 777 millones de euros, obliga a exigir explicaciones claras sobre la selección del proveedor, la ausencia de fabricantes como Talgo y los plazos de entrega. La modernización ferroviaria es necesaria, pero su éxito no se mide únicamente por la velocidad anunciada o por la fecha de una adjudicación.
El verdadero examen para Renfe será que los nuevos trenes lleguen a tiempo, sean fiables, puedan aprovechar la infraestructura disponible y ofrezcan una mejora real al viajero. La transparencia del proceso y la justificación de cada decisión serán determinantes para la confianza pública en una inversión de esta escala.


