La pareja presidencial recibió a miles de niños y familias en el Jardín Sur, en una celebración con calabazas gigantes, disfraces, música de la Fuerza Aérea y un inesperado paso del Air Force One.
La Casa Blanca cambió por unas horas su habitual imagen institucional por una decoración de tonos naranjas y rojizos. Donald Trump y Melania Trump celebraron este jueves, 29 de octubre, la tradicional fiesta de Halloween, repartiendo caramelos a niños y familias en el Jardín Sur de la residencia presidencial de Washington.
La cita reunió a invitados disfrazados, funcionarios y familias vinculadas a distintos ámbitos de la Administración estadounidense. Entre las principales atracciones destacaron una enorme calabaza, los puestos de actividades infantiles y una decoración otoñal presidida por una representación de la llamada Luna de la Cosecha.
El acto, celebrado dos días antes de la noche de Halloween, volvió a situar a la pareja presidencial en una de las tradiciones festivas más reconocibles de la vida pública estadounidense. También dejó algunas escenas poco habituales en el recinto presidencial: Trump bailó durante unos segundos al ritmo de la música y un sobrevuelo del avión presidencial sorprendió a los asistentes.
Miles de invitados en el Jardín Sur de la Casa Blanca
El presidente se incorporó a la celebración después de regresar de un mitin en Carolina del Sur, en el contexto de la actividad política previa a las elecciones legislativas de medio mandato. Allí se reunió con Melania para entregar dulces a los asistentes en uno de los accesos al Jardín Sur.
La organización esperaba recibir a unas 6 000 personas, según la información difundida por la Agencia EFE. La convocatoria estaba abierta a familias de funcionarios, militares, miembros de las fuerzas del orden y otros ciudadanos incluidos entre los invitados.
La Casa Blanca había anunciado previamente que el encuentro tendría lugar entre las 15:30 y las 19:00 horas, con acceso para personas que dispusieran de entrada. El programa contemplaba puestos de «truco o trato» y distintas actividades para los más pequeños.
Entre los asistentes institucionales se encontraban el secretario de Guerra, Pete Hegseth; el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer; y el subjefe de Gabinete, Stephen Miller.
La presencia de responsables de la Administración dio al evento un carácter que iba más allá de una celebración familiar: Halloween volvió a funcionar como una ocasión de encuentro entre la Casa Blanca y colectivos vinculados al Gobierno.
Calabazas gigantes, disfraces y una decoración otoñal
La decoración fue uno de los elementos centrales de la jornada. El recinto presidencial se llenó de calabazas y motivos propios del otoño, con una paleta dominada por los tonos naranja y rojizos.
Una calabaza gigante proporcionada por el Departamento de Agricultura se convirtió en uno de los principales reclamos para las fotografías. Los asistentes también pudieron llevarse pequeñas calabazas y manzanas como recuerdo de la celebración.
La escenografía incluía una gran representación de la Luna de la Cosecha, integrada en la ambientación del Pórtico Sur. A lo largo del césped se instalaron puestos con libros para colorear, juguetes y kits de experimentos científicos.
La propuesta combinó así los elementos clásicos de Halloween con actividades educativas y recreativas. El Departamento de Agricultura, el Servicio Postal, la NASA, el Servicio de Parques Nacionales y la Casa de la Moneda figuraban entre las instituciones y organismos participantes anunciados por la Casa Blanca.
También se habilitó una estación para que los niños pudieran preparar postales vinculadas a la iniciativa BE BEST, promovida durante el primer mandato de Donald Trump por Melania Trump.
Melania Trump, con abrigo de diseño, acompañó al presidente
La primera dama participó en la entrega de chocolates y posó junto a los invitados. Para la ocasión lució una gabardina marrón de la firma Noor Hammour y zapatos de tacón de Manolo Blahnik, según la crónica de EFE.
Los disfraces aportaron algunas de las imágenes más llamativas de la tarde. Entre los asistentes había niños vestidos de magos, dinosaurios y policías, además de participantes caracterizados como antiguos presidentes estadounidenses, entre ellos George Washington y Abraham Lincoln.
Uno de esos invitados llevaba una reproducción que parecía corresponder a la Declaración de Independencia. Trump llegó a firmarla durante el encuentro, en una escena que añadió un componente histórico y desenfadado a la celebración.
La música corrió a cargo de los Strolling Strings de la Fuerza Aérea estadounidense, que interpretaron melodías tradicionales de Halloween y otros temas conocidos. El presidente se dejó llevar por el ambiente y bailó brevemente mientras continuaba el programa.
El Air Force One sorprende a los asistentes
Uno de los momentos más inesperados llegó cuando el Air Force One sobrevoló la Casa Blanca. El paso del avión presidencial llamó la atención de los invitados, que reaccionaron con aplausos al verlo pasar cerca de la azotea de la residencia.
La escena se sumó a una jornada concebida para ofrecer una imagen festiva y cercana de la institución presidencial. La celebración permitió a niños y familias participar en una tradición que, desde hace décadas, forma parte del calendario otoñal de Estados Unidos.
Una tradición que continúa durante el segundo mandato de Trump
La fiesta del 29 de octubre fue la segunda celebración de Halloween organizada por Donald y Melania Trump en la Casa Blanca durante el actual mandato presidencial, según la información difundida por EFE.
El llamado trick-or-treat —conocido en español como «truco o trato»— se celebra tradicionalmente el 31 de octubre. Los niños recorren viviendas y espacios habilitados para pedir dulces, una costumbre popular que se ha extendido por buena parte del país y que también ha llegado a otros lugares del mundo.
La Casa Blanca adapta cada año esta tradición a su propio entorno institucional. La celebración combina la entrega de caramelos con actividades para los menores, participación de organismos públicos y una decoración especial en los jardines de la residencia.
En esta edición, la presencia de la pareja presidencial, la participación de miembros del Gobierno, la calabaza gigante y el sobrevuelo del avión presidencial concentraron buena parte de la atención.
Más allá de las imágenes y la puesta en escena, el acto volvió a mostrar cómo las tradiciones populares también forman parte de la agenda pública de la presidencia estadounidense. Durante unas horas, el Jardín Sur dejó de ser únicamente el escenario de ceremonias oficiales para convertirse en un espacio de celebración para miles de familias.


