El país báltico impulsa una industria militar propia de drones aéreos y navales para reforzar su frontera oriental, proteger su espacio aéreo y reducir su dependencia de proveedores extranjeros.
En el flanco oriental de Europa se está produciendo una transformación militar silenciosa. Letonia está construyendo una industria nacional de drones con capacidad para fabricar sistemas de vigilancia, interceptores y vehículos navales no tripulados, en un momento en el que la guerra de Ucrania ha demostrado hasta qué punto estas tecnologías pueden cambiar el equilibrio de un conflicto.
La iniciativa tiene una explicación geográfica y estratégica. Letonia, con aproximadamente 1,8 millones de habitantes, comparte más de 450 kilómetros de frontera oriental con Rusia y Bielorrusia. Su posición la convierte en uno de los territorios más sensibles de la frontera entre la OTAN y el espacio ruso.
El Gobierno letón ha acelerado sus inversiones después de que, el pasado mes de mayo, varios drones procedentes del frente ucraniano penetraran en su espacio aéreo y acabaran estrellándose en territorio nacional. El incidente provocó una crisis política y puso de manifiesto las limitaciones de los sistemas de detección e interceptación del país.
La respuesta ha sido impulsar la producción local y desarrollar capacidades que permitan detectar, neutralizar y, llegado el caso, responder a posibles amenazas sin depender exclusivamente de material importado.
La apuesta no consiste únicamente en comprar más drones, sino en desarrollar la capacidad industrial para diseñarlos, fabricarlos, repararlos y adaptarlos a las necesidades militares. Una estrategia que puede tener consecuencias para el conjunto del flanco oriental de la OTAN.
La frontera rusa obliga a Letonia a cambiar su estrategia de defensa
La situación geográfica de Letonia explica buena parte de su preocupación. El país limita al este con Rusia y al sureste con Bielorrusia, dos Estados cuya relación política y militar con Moscú condiciona el entorno de seguridad de los países bálticos.
Estonia, Letonia y Lituania forman parte de la frontera nororiental de la Alianza Atlántica. Su proximidad a Rusia y su posición junto al mar Báltico hacen que cualquier deterioro de la seguridad regional tenga consecuencias directas para la defensa europea.
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 aceleró este proceso. Los países del este de Europa comenzaron a revisar sus capacidades militares y a reclamar una mayor preparación frente a amenazas convencionales, ataques híbridos, sabotajes y operaciones con sistemas no tripulados.
En este escenario, los drones han adquirido una importancia creciente. La guerra de Ucrania ha demostrado que aparatos relativamente económicos pueden utilizarse para reconocimiento, vigilancia, ataque, interferencia y destrucción de objetivos militares.
Letonia ha decidido convertir esa experiencia en una oportunidad industrial y militar.
El país está impulsando empresas nacionales capaces de desarrollar sistemas que puedan utilizar sus Fuerzas Armadas y, al mismo tiempo, suministrarse a otros aliados europeos.
La crisis de mayo que aceleró el rearme tecnológico
El impulso actual tiene un antecedente inmediato. El 7 de mayo de 2026, varios drones procedentes de la zona de guerra de Ucrania entraron en el espacio aéreo letón y terminaron estrellándose cerca de un depósito de combustible vacío, en el este del país.
Las primeras explicaciones apuntaron a que los aparatos podrían haber sido desviados por interferencias electrónicas rusas durante su trayectoria. Esta circunstancia no debe confundirse con una confirmación de que Rusia dirigiera deliberadamente los drones hacia territorio letón.
El incidente dejó al descubierto las dificultades para detectar y gestionar aparatos no tripulados que pueden cambiar de trayectoria, perder sus sistemas de navegación o quedar afectados por interferencias.
La crisis tuvo consecuencias políticas. La entonces primera ministra, Evika Siliņa, destituyó al ministro de Defensa y la coalición gubernamental terminó rompiéndose después de que sus aliados socialdemócratas retiraran su apoyo.
La cuestión dejó de ser exclusivamente técnica. La seguridad del espacio aéreo se convirtió en un asunto de responsabilidad política y de confianza en las instituciones encargadas de proteger el territorio.
En las elecciones celebradas el 3 de octubre, el conservador Andris Kulbergs obtuvo la victoria y el país inició una nueva etapa política. El actual titular de Defensa, según el reportaje publicado por El País, es el coronel Raivis Melnis.
La nueva estrategia pretende evitar que un episodio semejante vuelva a sorprender a las autoridades. Para ello, Riga quiere disponer de sensores, sistemas de interceptación y tecnología fabricada en el propio país.
Eraser: más de 15 prototipos para desarrollar nuevos drones
Una de las empresas que participan en esta transformación es Eraser, un fabricante letón situado en las afueras de Riga.
Su consejero delegado, Edgars Gaurucs, explica que la compañía ha desarrollado más de 15 prototipos de sistemas no tripulados y que algunos modelos han llegado a producirse en cantidades de cientos e incluso miles de unidades.
La empresa trabaja con ingenieros especializados en el diseño y desarrollo de drones e interceptores. El Ejército letón figura entre sus compradores.
El secretismo es una característica llamativa de este nuevo sector. Algunas compañías evitan identificar sus instalaciones, utilizan nombres comerciales poco reconocibles en sus fachadas y restringen las grabaciones en sus centros de producción.
No se trata únicamente de proteger secretos industriales. Las empresas también temen convertirse en objetivos de sabotajes o amenazas por su participación en el suministro de tecnología militar a Ucrania y a otros países aliados.
El reportaje de El País recoge que una organización prorrusa había difundido un ultimátum contra las empresas que colaboran en el suministro de armamento a Ucrania. La preocupación no es completamente teórica: el artículo recuerda el incendio registrado en agosto en una empresa estonia relacionada con la fabricación de drones para el socio ucraniano.
En este contexto, la seguridad de las instalaciones industriales se ha convertido en una preocupación adicional para el sector.
Drones navales capaces de recorrer 3 000 kilómetros
La apuesta letona no se limita al espacio aéreo. También está desarrollando vehículos marítimos no tripulados, una tecnología que puede tener aplicaciones relevantes en el mar Báltico.
La empresa Vic Tec trabaja en sistemas navales autónomos desde unas instalaciones situadas junto al río Daugava, en Riga. La compañía cuenta con alrededor de medio centenar de empleados y desarrolla embarcaciones de pequeño tamaño capaces de operar sin tripulación.
Según la información facilitada por sus responsables, algunos de estos sistemas pueden recorrer hasta 3 000 kilómetros, permanecer durante semanas en el agua y realizar misiones militares.
Los vehículos pueden incorporar diferentes equipos y configuraciones, incluidas cargas explosivas. También se estudian aplicaciones de vigilancia y navegación autónoma.
La utilidad militar de estos aparatos es evidente en un escenario como el del mar Báltico, donde la vigilancia de infraestructuras, rutas marítimas y movimientos navales tiene una importancia estratégica.
Los drones marítimos permiten realizar determinadas misiones sin exponer directamente a tripulaciones humanas. Su menor tamaño y la posibilidad de operar de manera autónoma pueden complicar su detección y seguimiento.
No obstante, las capacidades descritas por las empresas deben entenderse como especificaciones y declaraciones de sus fabricantes. Su rendimiento real depende de las condiciones operativas, los sistemas de navegación, las comunicaciones y las pruebas realizadas.
Newt21 desarrolla catamaranes militares sin tripulación
Otra compañía que participa en esta nueva industria es Newt21, fundada por Janis Garisons, antiguo secretario de Estado de Defensa de Letonia.
La empresa desarrolla embarcaciones autónomas de pequeño tamaño, entre ellas catamaranes de aproximadamente cuatro metros de eslora.
Sus diseños utilizan materiales como la fibra de carbono y componentes que pueden fabricarse mediante impresión 3D. La idea es producir plataformas relativamente económicas que puedan adaptarse a diferentes misiones.
Según Garisons, sus embarcaciones pueden incorporar cargas explosivas y ya han sido utilizadas en escenarios operativos.
El precio aproximado de cada vehículo ronda los 200 000 euros, una cantidad que refleja la diferencia entre estas plataformas y los grandes sistemas navales tripulados.
La estrategia consiste en aprovechar componentes y tecnologías de uso civil para desarrollar capacidades militares. Esta fórmula puede reducir costes y acelerar los procesos de fabricación, aunque también plantea desafíos relacionados con la seguridad, la fiabilidad y el control de los componentes.
El desarrollo de estos sistemas demuestra que la industria militar está experimentando una transformación: empresas relativamente pequeñas pueden diseñar y producir tecnologías que hace años estaban reservadas a grandes contratistas de defensa.
Origin Robotics y el interceptor Blaze: drones para derribar otros drones
Uno de los desarrollos más llamativos de la industria letona es el sistema BLAZE, fabricado por Origin Robotics.
Se trata de un interceptor autónomo diseñado para localizar y perseguir aeronaves no tripuladas hostiles. Su función es neutralizar drones de ataque antes de que alcancen sus objetivos.
Según las características facilitadas por la compañía, el interceptor puede alcanzar una velocidad de aproximadamente 370 kilómetros por hora y transportar una carga explosiva de cuatro kilogramos.
El sistema está concebido para responder a amenazas como los drones de ataque de tipo Shahed, utilizados en la guerra de Ucrania y capaces de recorrer grandes distancias para alcanzar infraestructuras y objetivos militares.
La empresa asegura que sus productos ya forman parte de los arsenales de Letonia, Francia, Bélgica y Estonia.
La expansión internacional de Origin Robotics demuestra que la industria letona no pretende limitarse a abastecer a sus propias Fuerzas Armadas. También aspira a convertirse en proveedor de tecnología para otros miembros de la OTAN.
La empresa cuenta con más de un centenar de trabajadores y mantiene una cadena de producción que incluye diseño, ensamblaje y pruebas.
El desarrollo de interceptores tiene una importancia especial por el desequilibrio económico que pueden generar los drones baratos. En determinados escenarios, utilizar un misil convencional para destruir un aparato no tripulado de bajo coste puede resultar económicamente ineficiente.
Los interceptores autónomos ofrecen una alternativa tecnológica que busca reducir ese desequilibrio. Sin embargo, su eficacia depende de factores como la detección temprana, la identificación del objetivo y la capacidad para operar frente a interferencias electrónicas.
Un muro antidrones para proteger el territorio y las instalaciones militares
Letonia está desarrollando una defensa por capas para proteger su espacio aéreo y sus instalaciones estratégicas.
El sistema combina diferentes capacidades:
- Vigilancia y detección: sensores y sistemas de seguimiento para identificar aeronaves no tripuladas.
- Interceptación: drones especializados para neutralizar aparatos hostiles.
- Defensa militar terrestre: unidades desplegadas en zonas sensibles y próximas a la frontera.
- Cooperación aérea de la OTAN: coordinación con los aliados para vigilar y proteger el espacio aéreo báltico.
- Producción nacional: fabricación local de equipos, repuestos y sistemas autónomos.
La iniciativa se integra en los esfuerzos de la Alianza para reforzar el denominado flanco oriental. La vigilancia del mar Báltico y de las fronteras con Rusia y Bielorrusia requiere una coordinación constante entre los países de la región.
La defensa aérea no depende exclusivamente de los drones. También necesita radares, sistemas de comunicación, centros de mando, medios convencionales y personal especializado capaz de interpretar la información y tomar decisiones.
El reto es conseguir que todos esos elementos funcionen de manera coordinada.
Los militares españoles también participan en la defensa de Letonia
La estrategia de seguridad letona tiene una dimensión directamente relacionada con España.
La OTAN mantiene desplegado en el país un contingente multinacional en el que participan alrededor de 650 militares españoles, según el reportaje de El País.
Una parte importante de los efectivos españoles se encuentra integrada en la brigada multinacional de Ādaži, al norte de Riga. Otros militares participan en las actividades relacionadas con la base aérea de Lielvārde.
El teniente coronel Pedro Antonio Fuentes, jefe del contingente español citado en el reportaje, explica que los drones han dejado de ser un recurso complementario para convertirse en una herramienta principal de las operaciones militares.
Su uso se ha incorporado a las actividades habituales de instrucción y adiestramiento. La vigilancia, el reconocimiento y la obtención de información son algunas de sus aplicaciones más relevantes.
La presencia española forma parte de la contribución de España a la defensa colectiva de la Alianza Atlántica.
Para las Fuerzas Armadas españolas, el despliegue en Letonia también permite adquirir experiencia en un entorno donde la guerra electrónica, los sistemas autónomos y la vigilancia de fronteras tienen un protagonismo creciente.
La Unión Europea y la OTAN necesitan reforzar su industria de defensa
El desarrollo de la industria letona plantea una cuestión que afecta a toda Europa: la dependencia de proveedores externos para mantener las capacidades militares.
Durante décadas, numerosos países europeos redujeron sus inversiones en defensa y confiaron en estructuras de seguridad que consideraban suficientemente estables.
La guerra de Ucrania ha obligado a revisar esa estrategia. La necesidad de reponer munición, fabricar sistemas de defensa aérea y desarrollar tecnología propia ha puesto de manifiesto las limitaciones de la capacidad industrial europea.
Letonia intenta responder con empresas más pequeñas y especializadas, capaces de desarrollar productos con rapidez y adaptarlos a las necesidades de los ejércitos.
La colaboración con Ucrania también tiene un papel relevante. En julio de 2026, el Ministerio de Defensa letón anunció nuevos acuerdos para impulsar la fabricación y las pruebas de sistemas no tripulados junto con empresas ucranianas, instituciones públicas y centros tecnológicos.
La cooperación busca atraer inversiones, facilitar la transferencia tecnológica y crear instalaciones de ensayo para sistemas de uso militar y civil.
Además, la denominada Coalición de Drones, impulsada por Letonia y Reino Unido, ha permitido coordinar suministros y proyectos destinados a reforzar las capacidades ucranianas. La iniciativa se constituyó formalmente en febrero de 2024.
La industria letona puede beneficiarse de esta experiencia y convertirse en un proveedor relevante de tecnología para los aliados europeos.
El objetivo: fabricar en casa lo que el Ejército necesita
El comandante Modris Kairišs, responsable del Centro de Competencias en Sistemas Autónomos de Letonia, defiende que no basta con comprar drones en el extranjero o ensamblar componentes importados.
El objetivo es disponer de una capacidad industrial que permita producir sistemas completos, mantenerlos operativos y sustituir piezas cuando se produzca una crisis.
El centro, inaugurado como plataforma nacional para integrar tecnologías autónomas, trabaja con empresas y organismos públicos en el desarrollo de drones aéreos, terrestres y marítimos, así como de soluciones contra sistemas no tripulados.
Esta estructura pretende conectar las necesidades del Ejército con la innovación de las empresas privadas.
La diferencia es importante. Un país que depende completamente de proveedores extranjeros puede encontrarse con dificultades para reponer equipos durante una crisis prolongada. En cambio, disponer de fábricas propias permite mantener una cadena de suministro más próxima y adaptable.
La autosuficiencia absoluta es difícil de alcanzar, especialmente en componentes electrónicos y materiales especializados. Pero reducir las dependencias más críticas puede mejorar la capacidad de resistencia de las Fuerzas Armadas.
Letonia se prepara para una guerra en la que los drones serán decisivos
La transformación militar letona refleja una tendencia que se extiende por toda Europa. Los sistemas no tripulados ya no se consideran una tecnología secundaria, sino una parte esencial de las capacidades militares modernas.
La experiencia de Ucrania ha demostrado que los drones pueden desempeñar funciones de reconocimiento, ataque, vigilancia marítima e interceptación. También ha puesto de manifiesto su vulnerabilidad frente a la guerra electrónica y la necesidad de adaptar continuamente los sistemas.
Letonia quiere anticiparse a esas amenazas desde su propia industria. Sus empresas fabrican prototipos, desarrollan embarcaciones autónomas y producen interceptores que ya han despertado el interés de otros ejércitos europeos.
La apuesta tiene una dimensión económica, tecnológica y estratégica. También implica asumir que la seguridad del país no puede depender únicamente de las garantías diplomáticas o de la presencia de tropas aliadas.
El mensaje de Riga es claro: la defensa del flanco oriental necesita tecnología propia, capacidad industrial y preparación permanente. Para Letonia, la frontera con Rusia no es una preocupación lejana, sino una realidad geográfica que condiciona sus decisiones militares.
La cuestión que se abre para el resto de Europa es si los demás aliados serán capaces de acelerar su propia industria de defensa al mismo ritmo que los países bálticos o si seguirán dependiendo de capacidades que no controlan completamente.


