Un estudio científico ha identificado casi 40.000 icebergs encallados en el fondo marino antártico. Estas formaciones, muchas de ellas diminutas, actúan como anclajes naturales que contribuyen a estabilizar el hielo y podrían ser vulnerables al calentamiento global.
Un mapa revela casi 40.000 icebergs ocultos en la Antártida
La Antártida alberga una estructura natural que hasta ahora había pasado parcialmente desapercibida. Un equipo de investigadores ha identificado 39.619 icebergs encallados en el lecho marino, una red de bloques de hielo que permanece inmóvil y que desempeña un papel importante en la estabilidad de las zonas costeras del continente.
El descubrimiento procede de una investigación del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos, desarrollada con la participación de la Universidad de Tasmania y la Australian Antarctic Program Partnership. El trabajo, publicado en la revista científica Earth System Science Data, ofrece un inventario detallado de estas formaciones mediante el uso de inteligencia artificial y datos de radar por satélite.
Los resultados permiten conocer mejor la distribución y el tamaño de unos bloques que, a diferencia de los icebergs que flotan libremente, quedan atrapados en el fondo marino. Su presencia no es una simple curiosidad geológica: pueden actuar como puntos de sujeción que frenan el movimiento del hielo y contribuyen a proteger las plataformas heladas de la costa antártica.
El estudio también pone el foco en una cuestión relevante para comprender la evolución del continente: qué podría ocurrir si estos anclajes naturales desaparecen como consecuencia del aumento de las temperaturas.
Los satélites identificaron 39.619 icebergs durante 2025
El análisis de las imágenes del satélite Sentinel-1 permitió localizar exactamente 39.619 icebergs encallados a lo largo de aproximadamente el 57 % del litoral antártico durante 2025.
En conjunto, las formaciones identificadas ocupan una superficie de unos 13.430 kilómetros cuadrados. Sin embargo, su distribución no es uniforme. El estudio detectó que apenas el 14 % del perímetro costero concentra el 80 % de estos bloques.
Esta concentración apunta a la existencia de zonas especialmente favorables para que los icebergs queden atrapados en el fondo marino. La profundidad y la configuración del lecho oceánico pueden influir en dónde se forman estos puntos de anclaje.
El inventario permite, por tanto, observar que la protección natural del hielo antártico no está repartida por igual. Hay sectores de la costa donde los bloques encallados se concentran y pueden desempeñar un papel especialmente importante en la estabilidad de las masas heladas.
Hasta ahora, la identificación de estas formaciones dependía en gran medida de la revisión manual de imágenes satelitales. Ese procedimiento dificultaba la elaboración de un registro exhaustivo, especialmente cuando se trataba de bloques pequeños o de zonas extensas.
La inteligencia artificial permite detectar los icebergs más pequeños
Uno de los principales avances de la investigación es el método empleado para identificar las formaciones. El proyecto desarrollado por Kaihong Jiao, en el marco de la Australian Antarctic Program Partnership de la Universidad de Tasmania, permitió automatizar buena parte del proceso de análisis.
Tradicionalmente, los científicos tenían que examinar manualmente las imágenes de satélite para localizar y medir los icebergs. Jiao explicó que el objetivo de su trabajo era desarrollar un sistema automatizado y preciso que permitiera cartografiar su distribución y tamaño en todo el continente.
La utilización de herramientas informáticas permitió detectar estructuras que podían pasar inadvertidas en los análisis convencionales. El sistema estableció un límite mínimo de detección de 1,6 hectáreas, lo que facilitó la incorporación de numerosos bloques de pequeñas dimensiones al inventario.
La importancia de este avance queda reflejada en los propios resultados. El 93 % de los icebergs identificados son pequeños, pero representan el 54 % de la superficie total registrada.
Es decir, aunque individualmente ocupan menos espacio que las grandes masas de hielo, su presencia conjunta es considerable. El estudio demuestra que no basta con observar los grandes bloques para comprender cómo se distribuye el hielo encallado en la costa antártica.
Cómo estos bloques de hielo ayudan a estabilizar la Antártida
Los icebergs encallados cumplen una función física que puede resultar decisiva para el comportamiento del hielo costero. Al quedar atrapados en el lecho marino, actúan como obstáculos que dificultan el desplazamiento de las masas heladas.
El estudio describe un mecanismo conocido como efecto de cerca de piquete. Los bloques funcionan como postes que sujetan o retienen el hielo que los rodea, creando una barrera física en determinadas zonas de aguas poco profundas.
Esta disposición puede limitar la fractura y el desplazamiento del hielo marino. También contribuye a reducir la velocidad a la que las plataformas de hielo pueden perder estabilidad.
La diferencia entre un iceberg que flota libremente y uno que permanece encallado es, por tanto, fundamental. Mientras que el primero puede desplazarse con las corrientes, el segundo queda sujeto al fondo y puede convertirse en un elemento de contención.
La investigación destaca que estas formaciones contribuyen a frenar el movimiento del hielo hacia el océano. Su presencia puede ayudar a mantener la estructura de las plataformas heladas, que desempeñan un papel importante en la dinámica de las zonas costeras antárticas.
No obstante, el estudio no implica que todos los icebergs encallados tengan la misma influencia ni que su desaparición provoque automáticamente el colapso de una plataforma. Su importancia depende de su ubicación, sus dimensiones y las condiciones de cada zona.
Los pequeños icebergs también son vulnerables al calentamiento
El descubrimiento de esta red de anclajes naturales también plantea interrogantes sobre su futuro. Los investigadores advierten de que los bloques más pequeños pueden ser especialmente vulnerables al aumento de las temperaturas.
Su reducido tamaño puede favorecer que se derritan con mayor rapidez. Si desaparecen o se desprenden del fondo marino, algunas de las barreras físicas que contribuyen a estabilizar el hielo podrían perder eficacia.
La posible desaparición de estos bloques plantea un escenario preocupante para determinadas zonas de la costa antártica. Si se debilitan los puntos de sujeción, las plataformas de hielo podrían quedar más expuestas a la fractura y al desplazamiento.
Sin embargo, los datos publicados permiten establecer una referencia sobre la distribución actual de estas formaciones, no determinar por sí solos cuánto tardarán en desaparecer ni cuantificar el impacto que tendría su pérdida.
El comportamiento futuro dependerá de la evolución de las temperaturas y de las condiciones oceanográficas y geográficas de cada región.
Un nuevo registro para estudiar la estabilidad del hielo antártico
El inventario elaborado por el equipo científico ofrece una herramienta para futuras investigaciones sobre la evolución del continente. Disponer de una cartografía detallada permitirá comparar los cambios en la distribución de los icebergs encallados y estudiar su relación con la estabilidad del hielo costero.
Kaihong Jiao destacó que el conjunto de datos público constituye una nueva referencia para modelizar la estabilidad del hielo y comprender los cambios ambientales que afectan a la Antártida.
La información también puede ayudar a identificar las zonas donde la presencia de estos bloques resulta más significativa y a estudiar cómo podrían responder ante diferentes escenarios climáticos.
La investigación supone un avance en la observación de un componente del sistema antártico que, pese a su importancia, había sido difícil de estudiar a gran escala. La combinación de imágenes de radar y análisis automatizado permite ampliar el conocimiento sobre unas estructuras que no siempre son visibles desde la superficie.
La Antártida, un sistema más complejo de lo que muestran sus grandes glaciares
El hallazgo de los 39.619 icebergs encallados muestra que la estabilidad del hielo antártico depende también de elementos que pueden pasar desapercibidos en las imágenes convencionales.
Los grandes glaciares y las plataformas heladas concentran buena parte de la atención científica, pero los bloques más pequeños también pueden desempeñar una función relevante. Su distribución, su tamaño y su capacidad para permanecer sujetos al fondo marino forman parte de un sistema complejo.
El estudio no permite concluir que la Antártida esté protegida frente al calentamiento global. Sí ofrece nuevos datos sobre uno de los mecanismos naturales que contribuyen a mantener estable el hielo costero y sobre la posible vulnerabilidad de esos puntos de anclaje.
La cartografía publicada servirá como referencia para investigar cómo evolucionan estas formaciones y qué consecuencias podría tener su pérdida. Comprender qué mantiene sujeto el hielo antártico es también una pieza importante para anticipar cómo puede cambiar el continente en un clima cada vez más cálido.
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