La Policía Nacional detiene en Murcia a dos sospechosos de una red de fraude telefónico que suplantaba a empleados bancarios. La investigación identifica a 13 víctimas adicionales y mantiene a otros tres investigados en busca y captura.
Una llamada aparentemente rutinaria puede acabar vaciando una cuenta bancaria. Esa es la estrategia que, según la Policía Nacional, utilizaba una presunta organización criminal investigada por estafar a clientes de entidades financieras mediante llamadas telefónicas fraudulentas.
La operación se ha saldado con dos detenidos en Lorca (Murcia) y la identificación de otros tres presuntos integrantes localizados en Cádiz y Granada, que permanecen en paradero desconocido. La cantidad defraudada conocida hasta el momento supera los 100 000 euros, según la información publicada por La Verdad el 16 de octubre de 2026.
Los sospechosos recurrían al denominado vishing, una modalidad de fraude basada en llamadas en las que los delincuentes se hacen pasar por trabajadores de bancos para conseguir credenciales, datos personales o información financiera. Una vez obtenidos esos datos, los utilizarían para realizar operaciones y retirar dinero en efectivo de cajeros automáticos.
La investigación comenzó tras la denuncia de una mujer de 70 años en Zaragoza. El caso permitió seguir el rastro de las extracciones hasta Lorca y Jerez de la Frontera, en Cádiz, y descubrir a otras posibles víctimas del mismo entramado.
Así funcionaba la estafa telefónica: la falsa alerta del banco
El caso que dio origen a la investigación comenzó el 17 de junio de 2026, cuando una mujer de 70 años denunció haber recibido una llamada de una persona que decía trabajar para su entidad bancaria.
El interlocutor le aseguró que se estaba produciendo un supuesto movimiento fraudulento en su cuenta y que necesitaba sus credenciales de acceso a la banca en línea para intentar detenerlo.
La historia estaba diseñada para generar urgencia y miedo. Ante la posibilidad de perder sus ahorros, la víctima habría confiado en quien afirmaba estar protegiendo su dinero y facilitó los datos solicitados.
Pero, según la investigación policial, la llamada perseguía precisamente el objetivo contrario: conseguir acceso a la cuenta para realizar operaciones fraudulentas y apropiarse del dinero.
Una vez obtenidas las credenciales, los autores habrían utilizado la información bancaria para efectuar movimientos y extraer cantidades importantes de efectivo en distintos cajeros automáticos.
La clave del engaño es que los delincuentes no necesitan entrar físicamente en una vivienda ni sustraer una tarjeta. Les basta con convencer a la víctima para que les entregue información que les permita operar como si fueran el titular de la cuenta.
Qué es el vishing y por qué puede resultar tan convincente
El vishing es una forma de ingeniería social que utiliza llamadas telefónicas para suplantar la identidad de una organización legítima, como un banco, una empresa de servicios o una institución pública.
El delincuente intenta que la víctima actúe sin comprobar quién está al otro lado del teléfono. Para conseguirlo, puede inventar una alerta de seguridad, advertir de un supuesto cargo sospechoso o afirmar que es necesario confirmar datos para bloquear una operación.
En este caso, el argumento habría sido que existía un movimiento fraudulento que debía detenerse urgentemente. La supuesta solución consistía en facilitar las credenciales bancarias, precisamente la información que los autores buscaban obtener.
Este tipo de fraude puede apoyarse en distintas técnicas:
- Suplantación de identidad: el interlocutor se presenta como empleado de una entidad financiera.
- Creación de urgencia: afirma que existe un riesgo inmediato para el dinero de la víctima.
- Obtención de credenciales: solicita datos que permiten acceder a la banca digital o autorizar operaciones.
- Retirada del dinero: utiliza el acceso obtenido para realizar transferencias, pagos o extracciones, según las posibilidades disponibles.
No todas las estafas telefónicas funcionan exactamente igual. Sin embargo, comparten una característica: intentan que la víctima confíe en una identidad falsa y entregue información que nunca debería facilitar durante una llamada no verificada.
Trece víctimas adicionales y más de 100 000 euros defraudados
El avance de la investigación permitió a los agentes identificar a cinco presuntos integrantes del grupo y relacionar el entramado con otras trece víctimas, además de la mujer cuya denuncia inició las pesquisas.
La cantidad defraudada conocida supera los 100 000 euros, según la información publicada por La Verdad. Se trata de una cifra provisional: el balance podría cambiar si aparecen nuevos afectados o se esclarecen otras operaciones relacionadas con los investigados.
Las extracciones de efectivo se localizaron en cajeros de Lorca y Jerez de la Frontera, lo que permitió a los investigadores conectar movimientos realizados en diferentes municipios.
La dispersión geográfica también ilustra una de las dificultades de estos delitos. Una víctima puede denunciar en una ciudad, mientras que el dinero se retira en otra y los sospechosos operan desde distintos puntos del país.
La identificación de nuevos afectados puede ayudar a reconstruir el funcionamiento de la presunta organización, comprobar si existía un patrón común y determinar el alcance económico total del fraude.
Por el momento, los datos difundidos no detallan el reparto de las cantidades sustraídas entre las víctimas, el número exacto de operaciones ni el papel concreto que habría desempeñado cada investigado.
Dos detenidos en Lorca y tres sospechosos pendientes de localizar
La Policía Nacional detuvo a dos de los presuntos integrantes de la organización en Lorca, en una intervención en la que participaron agentes de la propia localidad.
La investigación ha identificado también a otros tres sospechosos: dos vinculados a Cádiz y uno a Granada. Según la información publicada, estas tres personas permanecen en paradero desconocido y continúan las gestiones policiales para localizarlas.
Los cinco investigados se enfrentan a atribuciones provisionales de presuntos delitos de estafa informática continuada y pertenencia a grupo criminal. La calificación definitiva dependerá del desarrollo de las diligencias y de las decisiones que adopten las autoridades judiciales.
La operación no está necesariamente cerrada. La Policía no descarta nuevas detenciones a medida que avance la investigación, especialmente si logra localizar a los sospechosos pendientes o aparecen más víctimas relacionadas con las mismas llamadas.
Conviene recordar que una detención no equivale a una condena. La responsabilidad individual de cada investigado deberá acreditarse conforme a las pruebas reunidas y con respeto a la presunción de inocencia.
Cómo evitar una estafa bancaria por teléfono
El caso vuelve a poner de manifiesto la importancia de desconfiar de las llamadas inesperadas en las que alguien afirma que una cuenta está en peligro y exige actuar de inmediato.
Las entidades financieras pueden contactar con sus clientes por distintos motivos, pero no se deben facilitar contraseñas completas, códigos de autenticación ni claves de acceso a una persona que llama inesperadamente.
Para reducir el riesgo de caer en una estafa de este tipo, conviene seguir estas pautas:
- Desconfiar de las llamadas alarmistas. Una supuesta operación urgente no debe obligar a entregar datos sin comprobar la identidad del interlocutor.
- Colgar y contactar con el banco por un canal oficial. Utilizar el número que figura en la tarjeta, la aplicación oficial o la web de la entidad, sin recurrir al teléfono que facilite quien llama.
- No compartir códigos de verificación. Las claves de un solo uso y los códigos de autorización pueden permitir que otra persona valide una operación.
- No instalar aplicaciones por indicación de un desconocido. Un supuesto técnico bancario no necesita que se conceda acceso remoto al dispositivo para comprobar una alerta telefónica.
- Avisar al banco inmediatamente si se sospecha un fraude. Pedir el bloqueo de las operaciones o de los accesos afectados puede ayudar a limitar el daño.
- Guardar pruebas y denunciar. Conservar los números de teléfono, mensajes, justificantes de operaciones y cualquier otra información útil para la investigación.
Si se ha facilitado información bancaria, lo prioritario es contactar con la entidad por un canal oficial y solicitar las medidas de seguridad pertinentes. No conviene esperar a que aparezcan retiradas de dinero para comunicar la sospecha.
Un recordatorio sobre la seguridad de la banca digital
La digitalización permite consultar cuentas y realizar operaciones sin acudir a una oficina, pero también ofrece a los delincuentes nuevas oportunidades para engañar a los usuarios. El caso investigado en Lorca demuestra cómo una llamada basada en una falsa alerta puede desencadenar un perjuicio económico importante.
La prevención no debe recaer exclusivamente en los clientes. Las entidades financieras también tienen un papel relevante en la detección de operaciones sospechosas, la comunicación clara de sus protocolos y la respuesta rápida ante posibles fraudes.
La investigación policial deberá determinar cómo se distribuyeron los fondos, qué participación tuvo cada sospechoso y si existen más víctimas. Mientras tanto, la cifra provisional superior a 100 000 euros y la identificación de trece afectados adicionales muestran la dimensión que puede alcanzar una estafa telefónica organizada.
La principal advertencia para los usuarios es sencilla: un banco no necesita que un cliente entregue sus claves secretas por teléfono para proteger su cuenta. Ante una llamada que genere miedo o urgencia, colgar y verificar el aviso directamente con la entidad puede evitar que una supuesta operación de seguridad termine convirtiéndose en una estafa.


