El venezolano convirtió las dificultades en motivación, encontró en el fútbol 7 una nueva oportunidad para brillar y ahora sueña con conquistar el Mundial de Clubes en España y la Copa América con la Vinotinto.
Un sueño que nació con un balón… y nunca dejó de rodar
Hay historias que trascienden los resultados y los títulos. Historias construidas con sacrificio, perseverancia y una fe inquebrantable. La de Gabriel Eduardo Pérez Acevedo es una de ellas.
Nacido en Caracas, Venezuela, el 12 de octubre de 1991, Gabriel es de esos futbolistas que crecieron con muy poco, pero con un sueño inmenso. Desde niño encontró en un balón la ilusión de cambiar su vida y la de su familia.
«Siempre digo que soy un soñador«, asegura con una sonrisa. Una frase sencilla que resume perfectamente el camino que ha recorrido durante más de dos décadas dedicadas al fútbol.
Las pelotas de aluminio y un ídolo llamado Roberto Carlos
Mucho antes de vestir camisetas profesionales, Gabriel pasaba horas jugando en el patio de su casa.
No siempre había un balón reglamentario. Muchas veces improvisaba con pelotas hechas de papel aluminio, pero eso jamás fue un impedimento para imaginar que algún día jugaría en grandes escenarios.
Su referente era uno de los mejores laterales de la historia.
Roberto Carlos.
Intentaba copiar sus tiros libres, su potencia y su personalidad dentro del campo.
Aquellos juegos infantiles fueron sembrando una pasión que terminaría convirtiéndose en una forma de vida.

Las canchas del barrio forjaron su carácter
Su infancia estuvo marcada por interminables jornadas de fútbol sala en distintos rincones de Caracas.
La Veguita.
La Paz.
Montalbán.
Vista Alegre.
Parque del Este.
Cada cancha representaba una nueva oportunidad para aprender.
No importaba si el terreno era de cemento, tierra o asfalto.
Lo importante era jugar.
Fue precisamente en esos espacios donde comprendió que el fútbol iba mucho más allá del talento.
Aprendió disciplina, respeto, compañerismo y resiliencia.
Una carrera construida luchando contra las dificultades
Gabriel reconoce que durante su formación nunca contó con grandes recursos económicos.
Cada prueba en un club representaba una oportunidad única.
Cada entrenamiento era una batalla por demostrar que tenía condiciones suficientes para seguir avanzando.
Su esfuerzo lo llevó a vestir los colores de distintos equipos venezolanos como:
- La 40 FC
- Estrellas Rojas
- Real Sport
- Libertadores
- Caracas FC
- Tonelá FC
- Pelícanos de Vargas
- Baruta FC
- Club Atlético López Hernández (CALH)
- Peñarol
Cada institución dejó una enseñanza distinta.
Cada entrenador aportó algo importante a su crecimiento.
Pero uno de los nombres que más destaca durante su carrera es el del profesor Pedro López Otero, con quien compartió varias etapas y cuya metodología considera fundamental para su evolución futbolística.
La decisión más difícil: dejar Venezuela para perseguir un sueño
En el año 2017, con apenas 22 años, Gabriel tomó una decisión que cambiaría completamente su vida.
Emigrar a Perú.
Dejó atrás a su familia, sus amigos, su país y una buena etapa deportiva.
Lo hizo buscando algo que millones de venezolanos también perseguían por aquellos años: nuevas oportunidades.
«No fue fácil», recuerda.
«Sabía que para crecer tenía que salir de mi zona de confort.»
Aquella apuesta terminaría transformando completamente su carrera.
Perú le abrió las puertas del fútbol 7
En territorio peruano descubrió una disciplina que cambiaría su destino.
El fútbol 7.
Encontró una estructura profesional, organizada y altamente competitiva.
Una modalidad respaldada por IFA7, donde participan importantes instituciones deportivas.
Su primer gran reto fue con Universitario de Deportes.
Llegó tras superar unas pruebas multitudinarias en las que participaron cerca de 300 futbolistas.
Lograr un puesto en aquella plantilla confirmó que había tomado la decisión correcta.
Representar a Venezuela: un orgullo imposible de describir
El gran rendimiento de Gabriel en el fútbol 7 le permitió alcanzar uno de los mayores sueños de cualquier deportista.
Vestir la camiseta de la selección de Venezuela.
Defendió los colores vinotinto en competiciones internacionales, entre ellas:
- Mundial IFA7 de Lima (Perú), donde Venezuela conquistó el tercer lugar del mundo.
- Mundial de Clubes en Colombia, enfrentándose a algunos de los mejores equipos del planeta.
- Mundial IFA7 en Honduras, donde volvió a representar a su país al máximo nivel.
Para Gabriel, esos torneos significan mucho más que un resultado.
«Cuando la gente escucha que fuimos terceros del mundo quizá no dimensiona lo que cuesta llegar hasta ahí.»
«Cada partido es una batalla física y mental.»
El liderazgo se gana trabajando
Dentro del vestuario, Gabriel no entiende el liderazgo como una cuestión de hablar más que los demás.
Prefiere demostrarlo con hechos.
Con esfuerzo.
Con compromiso.
Con ejemplo.
Considera que portar la cinta de capitán es una enorme responsabilidad que debe ganarse cada día dentro y fuera del terreno de juego.
Pedro López vuelve a marcar su camino
El presente de Gabriel vuelve a cruzarse con uno de los entrenadores más importantes de su carrera.
Pedro López Otero asumirá un nuevo reto internacional y volverá a contar con él para afrontar los grandes desafíos que se aproximan.
El futbolista destaca la disciplina, la intensidad táctica y la capacidad del entrenador para construir equipos competitivos.
También resalta el trabajo de Irma Hernández y del resto del cuerpo técnico, convencido de que el proyecto cuenta con una estructura sólida para competir al máximo nivel.
El gran objetivo: Mundial de Clubes en Alicante y Copa América en Brasil
Gabriel mantiene la mirada puesta en dos grandes desafíos internacionales.
El primero será el Mundial de Clubes IFA7, que reunirá en España a algunos de los mejores equipos del planeta.
Después llegará otro enorme reto.
La Copa América de fútbol 7 en Brasil.
Dos competiciones donde espera seguir dejando en alto el nombre de Venezuela.
Mucho más que títulos: dejar un legado para las nuevas generaciones
Más allá de los campeonatos, Gabriel tiene una meta que considera todavía más importante.
Ayudar a que el fútbol 7 continúe creciendo en Venezuela.
El proyecto para impulsar una liga profesional de IFA7 en el país representa, según explica, una oportunidad histórica para miles de jóvenes.
«Si logramos que un niño encuentre una oportunidad gracias a este proyecto, todo el esfuerzo habrá valido la pena.«
Su deseo es que los futuros futbolistas puedan desarrollar sus carreras sin verse obligados a abandonar su tierra desde muy jóvenes.
El mensaje de Gabriel para quienes hoy persiguen un sueño
Antes de terminar la conversación, Gabriel vuelve a recordar a aquel niño que jugaba con pelotas de aluminio imaginando ser Roberto Carlos.
Y deja un mensaje cargado de esperanza para todos los jóvenes deportistas.
«Nunca dejen de creer en sus sueños. No importa de dónde vengan ni las dificultades que tengan delante. El trabajo, la disciplina, la constancia y la fe siempre terminan abriendo puertas. Yo soy prueba de ello.»
Su historia demuestra que el talento es importante, pero que la verdadera diferencia la marcan quienes se niegan a rendirse.
Hoy, aquel niño que soñaba en un patio de Caracas sigue persiguiendo nuevos retos internacionales.
Y lo hace con la misma ilusión con la que un día comenzó a darle patadas a una pequeña pelota de aluminio.

