Una tecnología desarrollada en Paterna (Valencia) está a punto de enfrentarse a una de las pruebas más exigentes posibles: el espacio.
La empresa valenciana Lofith Composites ha desarrollado los materiales que serán evaluados en órbita a bordo de un satélite cuyo lanzamiento está previsto para este 1 de octubre de 2026 dentro de la misión Transporter-18 de SpaceX. El experimento permitirá comprobar cómo responden sus composites termoplásticos en condiciones reales fuera de la Tierra.
De Paterna al espacio: el salto de Lofith
El proyecto representa un paso significativo para una compañía que comenzó su actividad comercial hace apenas dos años.
Lofith Composites nació en 2023 como una spin-off de Aimplas, el Instituto Tecnológico del Plástico, después de más de cinco años de investigación en materiales avanzados. La empresa comenzó a operar en septiembre de 2024 y tiene actualmente su base en Paterna.
Su especialidad son los composites termoplásticos de fibra larga, materiales que combinan una matriz termoplástica con fibras como carbono o vidrio.
El objetivo es conseguir estructuras que sean simultáneamente más ligeras, resistentes y reciclables, características especialmente interesantes en sectores donde cada kilogramo cuenta.
Y pocos entornos ponen tanto a prueba esa premisa como el espacio.
Un satélite de SpaceX probará los materiales en órbita
Los materiales de Lofith han sido integrados en los paneles de un satélite que viajará a bordo de la misión Transporter-18, una misión comercial de SpaceX.
Los paneles incorporan sensores destinados a recoger información sobre el comportamiento de los materiales durante su exposición al entorno espacial. De esta manera, la empresa podrá obtener datos reales sobre su evolución una vez que el satélite se encuentre en órbita.
El lanzamiento está previsto para el 1 de octubre de 2026.
AMSAT-EA confirma que uno de sus proyectos, HADES-L, incorpora precisamente un experimento de materiales de Lofith y figura entre los satélites previstos para el lanzamiento de Transporter-18.
El paso es relevante porque una cosa es demostrar que un material funciona en laboratorio y otra muy distinta comprobar su comportamiento en el entorno espacial.
Los materiales ya han pasado pruebas extremas
Antes de llegar al satélite, los composites de Lofith tuvieron que superar diferentes ensayos destinados a determinar si pueden soportar las condiciones específicas de una misión espacial.
Entre ellos se encuentran las pruebas de outgassing, que analizan la emisión de sustancias de un material en condiciones de vacío, y los ensayos de exposición a oxígeno atómico, conocidos como ATOX.
Estos últimos se realizaron en ESTEC, el centro técnico de la Agencia Espacial Europea situado en Países Bajos.
Los paneles tuvieron además que superar pruebas de vibración destinadas a reproducir las condiciones que experimentan los componentes durante un lanzamiento.
Es decir, antes de viajar al espacio, el material ha tenido que enfrentarse a una batería de pruebas que buscan comprobar que sus características son compatibles con un entorno extraordinariamente exigente.
¿Qué tiene de especial la tecnología de Lofith?
Los composites convencionales pueden ofrecer una elevada resistencia, pero determinados materiales tradicionales presentan dificultades a la hora de ser reciclados.
La tecnología de Lofith apuesta por matrices termoplásticas, que pueden ser procesadas mediante calor y presentan posibilidades de reciclaje superiores a las de algunos composites termoestables.
La compañía trabaja con diferentes combinaciones de fibras y matrices y adapta la composición a las necesidades concretas de cada aplicación.
La filosofía de la empresa puede resumirse en una idea: reducir peso sin sacrificar prestaciones.
En un automóvil eléctrico, por ejemplo, reducir masa puede contribuir a mejorar la eficiencia energética.
En un satélite, reducir peso puede afectar directamente a las necesidades de lanzamiento.
Y en un depósito de hidrógeno, las exigencias se centran tanto en la resistencia como en el comportamiento del material ante condiciones específicas.
Menos peso: una ventaja especialmente importante en el sector espacial
El sector aeroespacial es uno de los mercados donde el peso de los componentes adquiere mayor importancia.
Cada kilogramo que debe ponerse en órbita tiene consecuencias económicas y técnicas. Por ello, el desarrollo de materiales ligeros y resistentes es una de las líneas fundamentales de investigación de la industria espacial.
Lofith pretende aprovechar precisamente esa oportunidad.
La compañía ha desarrollado materiales destinados a aplicaciones que van desde la automoción y la movilidad eléctrica hasta el sector aeroespacial, las baterías y los depósitos de hidrógeno.
El experimento en órbita permitirá avanzar un paso más: comprobar si las propiedades obtenidas en laboratorio se mantienen cuando el material se enfrenta al entorno espacial real.
El proyecto cuenta con apoyo de la ESA
La llegada de Lofith al espacio no es un proyecto aislado.
La empresa participa en iniciativas vinculadas a la Agencia Espacial Europea (ESA) y al programa ESA Technology Broker Spain.
El proyecto que ha permitido desarrollar los materiales e incorporarlos al satélite ha contado con la participación de Aimplas, Hydra Space, ESA Technology Broker Spain y Fibrecoat, según la información publicada por Valencia Plaza.
El apoyo ha permitido desarrollar el satélite y realizar la integración del experimento, aunque el coste del lanzamiento comercial con SpaceX no estaba incluido en esa cobertura.
La diferencia es importante: el proyecto tecnológico y el lanzamiento comercial son elementos distintos dentro de la misión.
Lofith ya trabaja en una nueva generación de materiales espaciales
La participación en Transporter-18 se suma a otro proyecto de mayor recorrido.
En marzo de 2026, Lofith fue seleccionada por la ESA para desarrollar Disappear, una iniciativa destinada a estudiar materiales más sostenibles para aplicaciones espaciales y, especialmente, su comportamiento durante la reentrada atmosférica.
El proyecto cuenta con un presupuesto cercano a 500 000 euros y una duración prevista de 12 meses.
En él participan también MT Aerospace AG, el CSIC y Arribes Enlightenment.
La investigación pretende abordar uno de los problemas crecientes de la actividad espacial: la acumulación de residuos y el impacto de determinados materiales cuando las estructuras regresan a la atmósfera.
El reto de la basura espacial
La expansión de la actividad espacial ha provocado un aumento significativo del número de satélites y objetos que permanecen alrededor de la Tierra.
Una parte de estos dispositivos acaba reentrando en la atmósfera, pero el comportamiento de los materiales durante ese proceso es una cuestión relevante desde el punto de vista medioambiental y tecnológico.
El proyecto Disappear pretende precisamente desarrollar materiales que, al finalizar su vida útil, puedan tener un comportamiento más favorable durante la reentrada, reduciendo potencialmente determinados impactos asociados a los materiales convencionales. La iniciativa recibió el ESA First! Sustainability Award.
De este modo, Lofith no solo intenta reducir el peso de las estructuras espaciales, sino investigar qué sucede con ellas cuando dejan de ser útiles.
Una empresa nacida de la investigación valenciana
La historia de Lofith refleja el papel que pueden desempeñar los institutos tecnológicos en la transferencia de conocimiento hacia empresas privadas.
La compañía surgió de Aimplas y de Redit Ventures, el vehículo de inversión vinculado a la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana.
Su creación se anunció en 2024 con el objetivo de trasladar al mercado una tecnología desarrollada durante años de investigación.
La empresa se constituyó en 2023 y empezó su actividad en 2024. En diciembre de 2025 cerró una ronda de financiación de 540 000 euros, liderada por Redit Ventures y con participación de tres compañías industriales españolas.
La financiación está destinada principalmente a impulsar su primera línea de producción propia.
Del laboratorio a la producción industrial
El desafío para Lofith no termina con demostrar que sus materiales funcionan en el espacio.
El siguiente paso es conseguir producirlos en cantidades suficientes y con costes competitivos.
Hasta ahora, la empresa ha producido en las instalaciones de Aimplas, con una capacidad limitada a unas pocas toneladas anuales. La demanda de sus clientes, sin embargo, ya apunta a volúmenes de entre 20 y 50 toneladas, según explicó su CEO, Amador García, a Valencia Plaza.
La compañía prepara por ello el salto hacia una instalación industrial propia.
El plan contempla una planta en la Comunitat Valenciana, con una superficie aproximada de 600 metros cuadrados, destinada a aumentar sustancialmente la capacidad de producción.
Una de las ubicaciones estudiadas ha sido el entorno del aeropuerto de Castellón, donde se está desarrollando un polo tecnológico y aeroespacial.
Una startup valenciana con clientes internacionales
Aunque su tamaño todavía es reducido, Lofith ya trabaja con empresas de diferentes mercados europeos.
La compañía ha señalado que cuenta con clientes y colaboradores en España, Alemania, Francia y Dinamarca, mientras explora nuevas oportunidades internacionales.
Su especialización también la sitúa en un nicho tecnológico muy concreto.
Según la empresa, el mercado mundial de composites de fibra larga es reducido y reúne a un número limitado de fabricantes especializados. Esa barrera tecnológica puede convertirse en una oportunidad para una compañía capaz de desarrollar materiales específicos y escalarlos industrialmente.
El salto al espacio llega dos años después de comenzar a operar
La rapidez de la evolución de Lofith resulta especialmente llamativa.
La empresa empezó a operar comercialmente en septiembre de 2024 y, apenas dos años después, prepara el lanzamiento de un satélite que incorporará un experimento destinado a evaluar sus materiales en órbita.
En paralelo, ha conseguido financiación privada, contratos internacionales y proyectos con la ESA.
La propia compañía señala además que sus materiales ya han sido validados para aplicaciones espaciales en tecnologías como PPS y PEEK, según una publicación reciente de Lofith.
El desafío ahora es convertir esos avances tecnológicos en una actividad industrial capaz de crecer.
Valencia mira también hacia el negocio aeroespacial
El caso de Lofith se integra en una estrategia más amplia de crecimiento del ecosistema aeroespacial valenciano.
El clúster Espai Aero CV ha incorporado en los últimos años nuevas empresas y entidades relacionadas con satélites, electrónica, motores, materiales y observación de la Tierra. Entre las nuevas incorporaciones figura precisamente Lofith Composites.
La presencia de compañías especializadas en materiales avanzados resulta especialmente relevante para un sector en el que el conocimiento no se limita al diseño del satélite.
También son fundamentales los materiales, sensores, electrónica, propulsión, comunicaciones y sistemas de fabricación.
La cadena de valor espacial se está ampliando y las empresas valencianas buscan ocupar una posición dentro de ella.
El verdadero examen empieza después del lanzamiento
El lanzamiento de Transporter-18 será un hito para Lofith, pero no constituye el final del proyecto.
La información que recopilen los sensores permitirá conocer cómo se comportan los materiales en órbita y comparar esos resultados con los obtenidos durante las pruebas terrestres.
Ese conocimiento puede ser decisivo para determinar qué aplicaciones espaciales pueden abordar en el futuro.
La compañía tendrá que demostrar que sus materiales no solo son ligeros y resistentes, sino también suficientemente fiables para integrarse en productos sometidos a condiciones extremas.
De una investigación valenciana a una prueba en órbita
El caso de Lofith muestra cómo una investigación desarrollada durante años en un instituto tecnológico puede acabar convirtiéndose en una empresa capaz de competir en mercados internacionales.
La secuencia es significativa: investigación en Aimplas, creación de la spin-off, financiación privada, desarrollo industrial, colaboración con la ESA y prueba en órbita.
Ahora llega el momento de comprobar los resultados.
Si el lanzamiento previsto para el 1 de octubre se desarrolla conforme al calendario, un satélite de Transporter-18 llevará al espacio una tecnología desarrollada por una empresa nacida en la Comunitat Valenciana.
Y el objetivo no es simplemente colocar un material valenciano en órbita. La verdadera prueba será demostrar que esos composites pueden convertirse en una alternativa ligera, resistente y reciclable para la próxima generación de vehículos, satélites y estructuras espaciales.


