Marrakech y Agadir experimentan con superficies permeables que facilitan el drenaje y pueden reducir el calor acumulado. La tecnología ofrece ventajas, pero exige agua, mantenimiento y pruebas de durabilidad.
El asfalto negro se ha convertido en uno de los grandes desafíos de las ciudades sometidas a temperaturas extremas. Durante las jornadas de calor, las superficies pavimentadas absorben energía solar y pueden alcanzar temperaturas muy superiores a las del aire. Después, liberan parte de ese calor, contribuyendo al fenómeno conocido como isla de calor urbana.
Marruecos está explorando una alternativa en determinadas zonas de Marrakech y Agadir: pavimentos porosos y permeables capaces de dejar pasar el agua hacia las capas inferiores. El objetivo es doble: gestionar mejor la lluvia y aprovechar la evaporación para moderar la temperatura de la superficie.
La propuesta resulta especialmente relevante para las ciudades que deben adaptarse a veranos muy calurosos y episodios de precipitaciones intensas. Pero conviene precisar un aspecto: no se trata de una tecnología capaz de eliminar el calor por sí sola ni de una sustitución generalizada del asfalto en todo Marruecos. Las informaciones publicadas describen actuaciones localizadas y experiencias cuyo rendimiento depende de las condiciones de cada emplazamiento.
Cómo funciona el pavimento poroso que Marruecos está probando
El asfalto convencional suele formar una superficie relativamente impermeable. Cuando llueve, buena parte del agua circula por la calzada hasta los sumideros, mientras el pavimento retiene el calor acumulado durante las horas de sol.
Los pavimentos permeables están diseñados para permitir que el agua atraviese la superficie y llegue a capas inferiores. Según el sistema utilizado, esas capas pueden facilitar la infiltración en el terreno o almacenar temporalmente el agua para evacuarla de forma controlada.
El mecanismo tiene varias fases:
- Filtración: el agua de lluvia atraviesa los poros de la superficie.
- Almacenamiento temporal: parte del agua queda retenida en las capas de la estructura.
- Drenaje o infiltración: el agua se desplaza hacia el subsuelo o hacia un sistema de evacuación diseñado para ello.
- Evaporación: si queda humedad disponible y las condiciones ambientales lo permiten, parte del agua se evapora y consume energía térmica, enfriando la superficie.
Esta última fase explica el potencial de refrigeración. Sin embargo, el efecto no es permanente: si el pavimento se seca, la capacidad de enfriamiento por evaporación disminuye. La cantidad de agua retenida, la radiación solar, el viento y la humedad ambiental condicionan el resultado.
Marrakech y Agadir buscan reducir el efecto isla de calor
Las informaciones publicadas en 2026 sitúan a Marrakech y Agadir entre las ciudades marroquíes que están probando soluciones de pavimentación permeable para mejorar la adaptación urbana al calor y a la lluvia. Las actuaciones descritas se concentran en zonas concretas, por lo que no deben interpretarse como una sustitución general de las calles convencionales.
La finalidad es reducir algunos de los efectos de la urbanización sobre el clima local. El fenómeno de la isla de calor urbana aparece cuando las superficies construidas, la escasez de vegetación y la actividad humana contribuyen a que determinados espacios urbanos registren temperaturas superiores a las de las áreas rurales próximas.
El color y las propiedades térmicas de los materiales influyen en la energía que absorben y liberan. También importan la sombra, la vegetación, la ventilación, la geometría de las calles y la disponibilidad de agua.
Por eso, los pavimentos porosos deben entenderse como una herramienta dentro de una estrategia más amplia. No sustituyen a los árboles, las zonas de sombra, la planificación urbana ni las medidas de protección frente a las olas de calor.
Menos charcos y una mejor gestión del agua de lluvia
Una de las ventajas potenciales más directas de estos pavimentos es hidráulica. Al facilitar el paso del agua a través de la superficie, pueden reducir las acumulaciones en la calzada y parte de la escorrentía que llega a los sistemas de drenaje.
Esto puede ser útil en calles y espacios urbanos donde las lluvias intensas provocan encharcamientos. Si la estructura está bien diseñada y conserva su permeabilidad, el agua puede infiltrarse o almacenarse temporalmente antes de ser evacuada.
Pero el resultado depende de varios factores: la intensidad de la lluvia, la capacidad de filtración, la naturaleza del terreno, la profundidad del nivel freático y el estado de la red de drenaje.
Un pavimento permeable no garantiza que desaparezcan las inundaciones. Si el terreno está saturado, la lluvia supera la capacidad de diseño o los poros se encuentran obstruidos, el agua puede seguir acumulándose. La solución debe dimensionarse para las condiciones reales de cada calle.
¿Puede mejorar la seguridad vial?
El agua acumulada sobre una carretera puede reducir la seguridad de la circulación. Los charcos aumentan el riesgo de salpicaduras y, en determinadas condiciones, pueden contribuir al aquaplaning, fenómeno en el que los neumáticos pierden contacto efectivo con el pavimento debido a una película de agua.
Los pavimentos de mezcla asfáltica porosa se utilizan precisamente en determinados proyectos viarios para favorecer el drenaje superficial. Su estructura permite evacuar el agua con mayor rapidez que una superficie convencional cuando el diseño, la instalación y el mantenimiento son adecuados.
Una revisión científica publicada en 2026 en IOP Conference Series: Earth and Environmental Science recoge beneficios potenciales relacionados con el drenaje, la reducción de salpicaduras y la mejora de la seguridad en condiciones húmedas. También advierte de problemas como la obstrucción de los poros, el desgaste y los costes de mantenimiento.
Eso no significa que cualquier pavimento poroso mejore automáticamente la adherencia en todas las circunstancias. El comportamiento depende de la mezcla, la textura, el estado de conservación, la velocidad de los vehículos y las condiciones meteorológicas.
Además, conviene distinguir entre los pavimentos permeables instalados en calles y espacios urbanos y las mezclas asfálticas porosas diseñadas para carreteras. Aunque comparten el principio de permitir el paso del agua, sus estructuras y aplicaciones pueden ser diferentes.
Menos ruido de rodadura en determinadas condiciones
Otra ventaja potencial es la reducción del ruido producido por el contacto entre los neumáticos y la carretera. Algunas mezclas asfálticas porosas permiten que parte del aire desplazado por el neumático circule a través de la estructura, lo que puede reducir ciertos componentes del ruido de rodadura.
El resultado depende de la composición del pavimento, la velocidad de circulación, el tipo de neumático y el deterioro de la superficie. No todas las soluciones permeables ofrecen la misma reducción acústica, y el beneficio puede disminuir si los poros se obstruyen.
En calles con tráfico intenso, esta característica puede ser relevante para la calidad de vida de los residentes. Sin embargo, la evaluación debe realizarse mediante mediciones y comparaciones en condiciones equivalentes, no únicamente a partir de las características teóricas del material.
El principal inconveniente: los poros pueden obstruirse
La tecnología tiene limitaciones que deben considerarse antes de extenderla. El polvo, la arena, las hojas y los sedimentos pueden acumularse en los huecos de la superficie y reducir su capacidad para dejar pasar el agua.
Este problema es especialmente importante en lugares con abundante polvo o arrastre de partículas. Si el pavimento pierde permeabilidad, disminuye su capacidad de drenaje y también puede reducirse el agua disponible para la refrigeración por evaporación.
Por ello, el mantenimiento no es un detalle secundario. Los proyectos deben prever inspecciones, limpieza adecuada y procedimientos para recuperar la capacidad de filtración cuando resulte necesario.
También hay que evaluar la resistencia mecánica. El tráfico pesado, las temperaturas elevadas, los ciclos de humedad y sequedad y las características del ligante pueden afectar a la durabilidad. Una solución que funciona bien durante las primeras semanas no necesariamente mantendrá las mismas prestaciones después de años de circulación.
La Administración Federal de Carreteras de Estados Unidos destaca la importancia de considerar conjuntamente el diseño, la construcción, las aplicaciones y el mantenimiento de los pavimentos asfálticos porosos.
¿Cuánto puede bajar la temperatura del asfalto?
El potencial de refrigeración es uno de los aspectos que más interés despierta, pero también uno de los que requieren más cautela. Los resultados de laboratorio o de un emplazamiento concreto no pueden trasladarse directamente a cualquier ciudad.
Un estudio sobre pavimentos capaces de retener agua, publicado en 2016 en la revista Case Studies in Construction Materials, registró reducciones importantes de la temperatura superficial en determinadas configuraciones experimentales. En algunos casos, los descensos superaron los 10 °C frente a las condiciones de referencia descritas por los autores. No obstante, se trataba de materiales y pruebas específicos, no de una garantía aplicable a cualquier pavimento poroso.
La temperatura de la superficie tampoco equivale a la temperatura del aire que respiran los vecinos. Una calzada más fresca puede contribuir a mejorar las condiciones locales, pero el efecto sobre el conjunto de la ciudad depende de la extensión tratada y de otros factores urbanos.
Para conocer el rendimiento real de las experiencias marroquíes sería necesario disponer de mediciones comparables: temperaturas de la superficie y del aire, humedad, cantidad de agua retenida, duración del efecto y comportamiento tras meses o años de uso.
Sin esos datos, no es riguroso afirmar una reducción concreta para Marrakech o Agadir.
¿Tiene sentido aplicar esta tecnología en España?
Las soluciones de pavimentación permeable también pueden resultar útiles en España, especialmente en espacios urbanos donde coincidan problemas de calor, escorrentía y acumulación de agua. Su aplicación debe adaptarse a las condiciones de cada territorio.
En zonas con lluvias intensas, un diseño adecuado puede ayudar a gestionar parte del agua que cae sobre calles y plazas. En áreas cálidas, la retención temporal de humedad puede contribuir a enfriar la superficie cuando hay agua disponible.
Sin embargo, el resultado dependerá del clima, la disponibilidad de agua, la calidad del suelo, la intensidad del tráfico y el presupuesto de conservación. En lugares donde la sequía es prolongada, no se puede dar por supuesto que exista humedad suficiente para mantener un efecto refrigerante duradero.
La planificación también debe tener en cuenta dónde se necesita realmente esta solución. Una plaza peatonal, un aparcamiento, una calle residencial y una carretera de tráfico pesado no presentan las mismas exigencias.
Antes de extenderla, lo razonable sería realizar proyectos piloto, comparar el rendimiento con pavimentos convencionales y publicar resultados sobre temperatura, drenaje, seguridad, costes y mantenimiento.
Una herramienta útil, pero no una solución milagrosa
La experiencia que se atribuye a Marrakech y Agadir refleja una tendencia más amplia: las ciudades están buscando materiales e infraestructuras que les permitan adaptarse a episodios de calor y lluvia cada vez más exigentes.
El pavimento poroso ofrece ventajas potenciales: mejor drenaje, menos acumulaciones de agua, posible reducción del ruido y enfriamiento superficial cuando conserva suficiente humedad. Pero también exige inversión, diseño específico y mantenimiento para que esas prestaciones no desaparezcan con el tiempo.
El desafío no consiste en sustituir todo el asfalto por un único material. Consiste en escoger la solución adecuada para cada espacio y comprobar sus resultados mediante datos verificables.
Marruecos ofrece un caso de interés para seguir de cerca, pero el éxito de estas experiencias dependerá de su rendimiento real a largo plazo. La pregunta que deben responder las próximas evaluaciones es sencilla: ¿cuánto calor y escorrentía se consigue reducir, durante cuánto tiempo y a qué coste?


