El vicepresidente de la Cámara marroquí, Adil El Bitar, reclama continuar la vía diplomática para recuperar ambas ciudades y las islas bajo soberanía española.
La reivindicación de Ceuta y Melilla vuelve al centro del debate político en Marruecos. Adil El Bitar, vicepresidente del nuevo Parlamento marroquí, ha defendido que su país mantenga la reclamación de soberanía sobre las dos ciudades españolas y otras islas, durante el debate parlamentario sobre el programa del Gobierno encabezado por Fatima Ezzara al Mansuri.
El dirigente, miembro del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), ha apelado a la «legitimidad histórica y jurídica» y ha pedido continuar la acción nacional y diplomática para alcanzar lo que Rabat presenta como la recuperación de esos territorios. También ha señalado que la reivindicación debe desarrollarse mediante el diálogo y por medios pacíficos, según la información publicada por Europa Press a partir del medio marroquí Le360.
Las declaraciones llegan una semana después de la visita de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta y Melilla, la primera de su reinado. Aunque no consta una reacción oficial de Rabat a esa visita en la información publicada por Europa Press, la intervención parlamentaria vuelve a situar la cuestión territorial en la agenda política marroquí.
El vicepresidente del Parlamento marroquí insiste en la reclamación
Adil El Bitar defendió ante la Cámara la continuidad de la acción política y diplomática para completar la denominada «unidad territorial» de Marruecos. En su intervención, reclamó los «legítimos derechos» que, según su planteamiento, permitirían recuperar Ceuta, Melilla y las islas que Marruecos considera ocupadas.
El Bitar forma parte del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), formación vinculada a la primera ministra y al frente de la coalición gubernamental. Por tanto, sus palabras no proceden únicamente de un representante ajeno al Ejecutivo, sino de un dirigente integrado en la fuerza política que encabeza el nuevo Gobierno.
El vicepresidente defendió, no obstante, que la reclamación se desarrolle dentro de una estrategia que calificó de responsable, basada en argumentos históricos y jurídicos y en el diálogo. La referencia a los medios pacíficos forma parte expresa de su declaración y debe tenerse en cuenta al interpretar el alcance de sus palabras.
La intervención vuelve a demostrar que la reivindicación de Ceuta y Melilla continúa presente en el debate político marroquí. También plantea una cuestión relevante para España: cómo mantener la cooperación con Marruecos en ámbitos de interés compartido sin confundir esa colaboración con un cambio en la posición española sobre la soberanía de las dos ciudades.
Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas
Frente a la terminología utilizada por los dirigentes marroquíes, Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas. La reivindicación de Rabat constituye una posición política de Marruecos, no un cambio en el estatus de ambas ciudades.
La diferencia entre ambas posiciones es esencial para comprender la controversia. Cuando un representante marroquí habla de «recuperar» estos territorios o los describe como «ocupados», está expresando la interpretación de su país. Esos términos no deben confundirse con una descripción neutral del estatus administrativo y político vigente.
La cuestión territorial tiene una larga trayectoria en las relaciones entre España y Marruecos. Las dos ciudades cuentan con instituciones propias dentro del ordenamiento español y mantienen una relación económica, social y geográfica especialmente estrecha con el norte de África. Su proximidad al territorio marroquí hace que la cooperación fronteriza tenga una importancia práctica para ambas partes.
Precisamente por esa proximidad, las declaraciones sobre soberanía adquieren una dimensión que va más allá del debate parlamentario. Afectan al clima político, a la percepción de seguridad de los ciudadanos y al marco en el que Madrid y Rabat gestionan asuntos comunes.
La visita de los Reyes añade relevancia al momento político
Las declaraciones de El Bitar se producen después de la visita de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta y Melilla, señalada por Europa Press como la primera de su reinado. La coincidencia temporal ha devuelto visibilidad a dos acontecimientos que, aunque distintos, están relacionados con la sensibilidad política que rodea a ambas ciudades.
La visita de los Reyes tiene un significado institucional español: representa la presencia de la Corona en dos territorios que forman parte de España. La reivindicación parlamentaria marroquí, por su parte, reafirma la posición de Rabat sobre su pretendida soberanía.
La reacción marroquí contrasta con lo ocurrido en 2007, cuando el entonces rey Mohamed VI llamó a consultas al embajador de Marruecos en Madrid tras una visita de Juan Carlos I y la reina Sofía a ambas ciudades. Según la información de Europa Press, esta vez no se había producido una reacción oficial equivalente por parte de Rabat.
La ausencia de una protesta diplomática oficial no significa que Marruecos haya abandonado su reclamación. La intervención de El Bitar indica que la cuestión sigue presente en el discurso político, aunque el tono y los instrumentos elegidos para expresarla puedan variar.
La reivindicación no se limita a un solo dirigente
La intervención del vicepresidente parlamentario se enmarca en un debate más amplio. Otros representantes políticos marroquíes también han defendido reclamaciones territoriales sobre Ceuta, Melilla y las islas que Marruecos incluye en su discurso de integridad territorial.
Según la cobertura publicada el 22 de octubre por Le360 y otros medios españoles, la cuestión apareció durante el debate del programa del nuevo Gobierno y también fue abordada desde otras formaciones políticas, incluido el partido nacionalista Istiqlal y el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo.
El dato relevante es que la reclamación no queda circunscrita a una declaración aislada. Su presencia en intervenciones de distintas fuerzas apunta a que el asunto conserva peso dentro de la discusión política marroquí.
Eso no permite concluir, por sí solo, que exista una decisión inmediata de modificar la relación con España o de adoptar medidas concretas sobre el terreno. Para sostener una conclusión de ese alcance harían falta decisiones oficiales, actuaciones diplomáticas u otras evidencias verificables. Lo que sí puede afirmarse es que la reivindicación sigue siendo utilizada por dirigentes marroquíes como parte de su discurso sobre la integridad territorial.
El lenguaje diplomático y la posición española
El Bitar ha defendido el diálogo y los medios pacíficos como vías para abordar la cuestión. Esa formulación evita presentar su intervención como una amenaza explícita de fuerza, pero no elimina el desacuerdo de fondo: Marruecos reivindica territorios cuya soberanía España mantiene como española.
Conviene distinguir tres planos:
- La posición marroquí: Rabat sostiene que existe una reivindicación histórica y jurídica sobre Ceuta, Melilla y determinados territorios insulares.
- La situación vigente: Ceuta y Melilla forman parte de España y cuentan con el estatus de ciudades autónomas.
- La relación bilateral: ambos países deben gestionar sus diferencias territoriales junto con otros asuntos compartidos, sin que la cooperación implique necesariamente aceptar las reclamaciones de la otra parte.
Esta distinción es importante para evitar que el uso de expresiones como «derechos legítimos» se interprete como una conclusión jurídica aceptada por ambas partes. En este caso, se trata de las palabras empleadas por un representante político marroquí para defender la posición de su país.
La información publicada no recoge una nueva respuesta del Gobierno español a las declaraciones concretas de El Bitar. Por ello, no cabe atribuir a Madrid una reacción específica que no haya sido comunicada públicamente.
Una cuestión sensible para la cooperación entre Madrid y Rabat
España y Marruecos mantienen intereses comunes en materias como la gestión de la frontera, la migración, el comercio y la cooperación en seguridad. La proximidad geográfica hace que la estabilidad de la relación bilateral tenga consecuencias directas para las dos partes.
Al mismo tiempo, la cooperación no borra las diferencias sobre soberanía. Las declaraciones de El Bitar recuerdan que la cuestión de Ceuta y Melilla puede reaparecer en momentos políticamente sensibles, incluso cuando no va acompañada de una protesta diplomática formal.
El desafío para las autoridades españolas consiste en distinguir entre los canales de colaboración que benefician a ambos países y las posiciones que afectan a la soberanía nacional. Para evaluar la evolución de la controversia, será necesario observar si las declaraciones parlamentarias se traducen en iniciativas oficiales, nuevas actuaciones diplomáticas o cambios concretos en la relación bilateral.
Por ahora, la información disponible permite constatar una nueva defensa pública de la reivindicación marroquí, pero no acredita que se haya producido un cambio en el estatus de las ciudades ni una modificación oficial de la posición española.
Qué puede ocurrir a partir de ahora
Las próximas señales relevantes serán las respuestas institucionales de ambos países y la continuidad que tenga esta cuestión en el discurso del nuevo Gobierno marroquí. También será importante comprobar si las referencias parlamentarias se mantienen en el terreno retórico o desembocan en nuevas iniciativas diplomáticas.
La intervención de El Bitar deja una conclusión clara: Marruecos mantiene su reclamación sobre Ceuta y Melilla, mientras que ambas ciudades continúan formando parte de España. El llamamiento al diálogo expresa la vía que el dirigente dice defender, pero no resuelve el desacuerdo sobre soberanía.
La pregunta de fondo para la relación bilateral es cómo sostener una cooperación estable sin ocultar las diferencias ni presentar como consensuado aquello que sigue siendo objeto de controversia política.


