El presidente argentino reivindica la libertad económica, la Escuela de Salamanca y arremete contra el intervencionismo ante Sánchez y el Rey.
Javier Milei volvió a convertir una tribuna internacional en un alegato contra el socialismo, el intervencionismo estatal y la pérdida de libertades económicas. En la XXX Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid, el presidente argentino lanzó un mensaje especialmente incómodo para la izquierda española: «El fascismo es socialista en economía».
Milei recurrió a una reflexión atribuida al pensador español Salvador de Madariaga para defender que fascismo y socialismo compartirían, desde su perspectiva, una tendencia a concentrar el poder económico y político. La intervención se produjo ante el Rey Felipe VI y en un contexto político especialmente sensible, con Pedro Sánchez presente en la cumbre.
Milei lleva su batalla contra el socialismo al corazón de Madrid
El presidente argentino aprovechó su intervención para convertir la Cumbre Iberoamericana en algo más que una reunión diplomática.
Su discurso estuvo centrado en una defensa radical de la libertad individual, la propiedad privada y el libre mercado, pilares de la agenda económica que Milei reivindica desde su llegada al poder.
La frase más polémica llegó cuando recuperó una formulación de Madariaga: «El socialismo es fascista en política y el fascismo es socialista en economía».
Milei utilizó esa idea para sostener que ambas corrientes políticas, pese a sus diferencias históricas e ideológicas, pueden compartir una concepción expansiva del poder del Estado.
Según su argumentación, ambas doctrinas tenderían a colocar determinadas decisiones individuales bajo el control de una minoría y a utilizar la dependencia económica como mecanismo de poder político.
No se trata de una clasificación aceptada de forma general por los historiadores o la ciencia política. Es, fundamentalmente, el marco ideológico desde el que Milei interpreta la relación entre Estado, economía y libertad.
«Todo en el Estado»: el argumento central de Milei
El presidente argentino fue todavía más lejos al recuperar una conocida formulación asociada al fascismo: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».
Milei sostuvo que esa concepción del poder también puede encontrarse, desde su interpretación, en determinados sistemas socialistas.
A partir de ahí, enumeró varios elementos que considera comunes al fascismo y al socialismo:
- Intervención del Estado en la economía.
- Rechazo o limitación del libre mercado.
- Nacionalización de empresas.
- Regulación económica.
- Control de determinados medios de comunicación.
- Utilización de la propaganda y el adoctrinamiento.
El argumento de Milei parte de una premisa esencial: la libertad económica no es un elemento secundario de la libertad política, sino una de sus condiciones fundamentales.
La defensa de España y la Escuela de Salamanca
Uno de los aspectos más significativos del discurso fue que Milei no presentó el liberalismo como una importación exclusivamente anglosajona.
Al contrario.
El presidente argentino reivindicó expresamente el papel histórico de España en la formación del pensamiento económico occidental y situó a la Escuela de Salamanca como uno de los antecedentes intelectuales del liberalismo.
Milei recordó la tradición judeocristiana y la herencia de Grecia y Roma para defender una concepción de la persona basada en la dignidad individual.
También destacó la influencia de España y Portugal en América y afirmó que la Escuela de Salamanca llevó esa concepción al ámbito económico.
El mensaje tiene una lectura política evidente: Milei reivindica una tradición intelectual española como antecedente de las ideas de libertad económica que defiende en Argentina.
Martín de Azpilcueta y la defensa de la libertad económica
El presidente argentino citó expresamente al teólogo y economista español Martín de Azpilcueta.
Milei destacó su reflexión sobre los efectos que una expansión excesiva de la cantidad de dinero podía tener sobre su poder adquisitivo.
La referencia no es casual.
La inflación se encuentra en el centro de la batalla política y económica de Milei desde que asumió la Presidencia argentina. Su Gobierno ha construido buena parte de su discurso económico alrededor de la reducción del déficit, el control del gasto público y la recuperación del valor de la moneda.
En Madrid, por tanto, el presidente argentino volvió a presentar su programa económico como parte de una tradición intelectual mucho más antigua.
Y situó a España, a través de la Escuela de Salamanca, dentro de esa genealogía.
«El liberalismo económico tiene una enorme deuda intelectual con España»
Milei también reivindicó la relación entre la tradición española y el pensamiento liberal moderno.
Durante su discurso sostuvo que los pensadores salmantinos situaron la justicia en el centro de las decisiones económicas y afirmó que el liberalismo económico mantiene una importante deuda intelectual con España.
La afirmación permite conectar dos debates que normalmente aparecen separados: la historia del pensamiento económico y la actual batalla ideológica entre liberalismo e intervencionismo.
Milei pretende precisamente recuperar esa conexión.
Su mensaje es que las ideas de libertad económica no nacieron exclusivamente en el mundo anglosajón y que España desempeñó un papel relevante en la construcción de una tradición económica basada en la propiedad, los contratos y la responsabilidad individual.
Un mensaje incómodo para Sánchez
El discurso adquirió una dimensión política añadida por el contexto.
Milei habló en Madrid, ante el Rey y en presencia de Pedro Sánchez, en un momento de fuerte confrontación entre el presidente argentino y sectores de la izquierda española.
La intervención incluyó una defensa explícita de la libertad frente a gobiernos que, según Milei, utilizan el poder político para incrementar la dependencia económica de los ciudadanos.
El Gobierno español respondió después que se encuentra en las «antípodas del fascismo» y aseguró que no se daba por aludido por las palabras del presidente argentino.
El choque de discursos resulta especialmente significativo.
Mientras Milei plantea que la concentración del poder económico puede convertirse en una herramienta de dominación política, la izquierda española rechaza cualquier equiparación entre sus políticas y las doctrinas fascistas.
La polémica está servida.
Milei reclama menos Estado y más libertad
El presidente argentino aprovechó además su intervención para pedir a los gobiernos iberoamericanos que reduzcan la intervención política sobre la sociedad.
Su mensaje no se limitó a la economía.
Milei vinculó directamente libertad económica, derechos individuales y democracia, y criticó a los gobiernos que, según su planteamiento, utilizan el lenguaje de los derechos humanos mientras encarcelan a opositores o silencian a medios de comunicación.
La advertencia fue dirigida al conjunto de Iberoamérica.
El presidente argentino defendió que la autoridad que los ciudadanos entregan a sus gobernantes debe utilizarse para proteger la libertad, no para ampliar el poder de las estructuras políticas.
Chile, Colombia y Perú: Milei habla de una reacción democrática
Para reforzar su argumento, Milei citó los recientes procesos electorales de Chile, Colombia y Perú.
Los presentó como ejemplos de una reacción democrática frente a lo que definió como paternalismo y abusos de poder.
Su mensaje fue dirigido especialmente a los gobiernos de la región: el poder político, sostuvo, no debe convertirse en un fin en sí mismo.
La democracia, desde su perspectiva, debe servir para devolver capacidad de decisión al ciudadano.
Es una idea que encaja con el núcleo de su programa político: reducir el tamaño del Estado, eliminar regulaciones consideradas innecesarias y aumentar el margen de actuación de individuos y empresas.
El modelo Milei frente al modelo intervencionista
La intervención en Madrid permite resumir buena parte de la batalla ideológica que Milei mantiene desde que llegó a la Casa Rosada.
Su planteamiento enfrenta dos modelos:
Por un lado, un Estado con una amplia capacidad para regular, redistribuir y dirigir la actividad económica.
Por otro, un sistema en el que la propiedad privada, los contratos voluntarios y el mercado ocupan un lugar central.
Para Milei, el problema no es solamente cuánto interviene el Estado.
La cuestión esencial es hasta dónde puede llegar el poder político sobre las decisiones individuales.
Desde esa perspectiva, el presidente argentino sostiene que una economía excesivamente dependiente de las decisiones gubernamentales puede terminar generando ciudadanos más dependientes del poder.
Ese es el núcleo de su crítica.
La polémica de fondo: ¿qué significa realmente «fascismo económico»?
La frase de Milei está destinada a provocar debate porque utiliza términos históricamente cargados.
El fascismo italiano de Benito Mussolini no fue simplemente una variante del socialismo y su relación con la propiedad privada, las empresas y el Estado fue mucho más compleja. Del mismo modo, los sistemas socialistas históricos presentan diferencias sustanciales entre sí.
Por eso conviene separar dos niveles.
En el plano histórico, fascismo y socialismo son tradiciones políticas diferentes, con trayectorias, objetivos y estructuras doctrinales propias.
En el plano argumentativo de Milei, ambos pueden compartir una característica: la primacía del poder político sobre amplias parcelas de la vida económica y social.
La polémica nace precisamente de esa segunda interpretación.
Milei no está presentando una clasificación académica neutral. Está formulando una crítica política contra la concentración del poder estatal.
Una cumbre diplomática convertida en escenario ideológico
La intervención de Milei demuestra hasta qué punto el presidente argentino ha convertido sus apariciones internacionales en una plataforma para defender sus ideas económicas.
En lugar de limitarse al lenguaje diplomático habitual, el mandatario utiliza estos escenarios para reivindicar conceptos como libertad, propiedad privada, mercado y responsabilidad individual.
En Madrid hizo además algo particularmente significativo: vinculó esas ideas con la propia tradición española.
La Escuela de Salamanca, Martín de Azpilcueta y Salvador de Madariaga aparecieron así como referencias de un discurso destinado a reivindicar la libertad económica frente al intervencionismo.
El resultado fue un discurso con una carga ideológica mucho mayor de la habitual en una cumbre internacional.
El mensaje de Milei trasciende Argentina
El verdadero alcance de la intervención no está únicamente en la polémica sobre el fascismo.
Milei intenta consolidar una posición internacional como referente de una derecha liberal que pretende disputar el relato económico a la izquierda.
Su argumento es sencillo: la prosperidad no se consigue aumentando indefinidamente el poder del Estado, sino ampliando la libertad de los ciudadanos para producir, invertir, contratar y comerciar.
En esa batalla, el presidente argentino busca aliados intelectuales y políticos a ambos lados del Atlántico.
Y Madrid era un escenario especialmente simbólico para hacerlo.
Porque, según la propia interpretación de Milei, una parte de las raíces intelectuales del liberalismo económico se encuentran precisamente en España.
Una batalla que va más allá de Milei
La controversia provocada por el discurso refleja un debate mucho más amplio.
¿Hasta dónde debe llegar el Estado en la economía? ¿Puede la intervención económica terminar condicionando la libertad política? ¿Es la propiedad privada una garantía esencial de autonomía individual? ¿Dónde termina la protección social y comienza el paternalismo estatal?
Milei tiene respuestas radicales para todas esas preguntas.
Sus críticos también.
Pero su intervención en la Cumbre Iberoamericana deja una conclusión política clara: el presidente argentino no está dispuesto a abandonar la batalla cultural contra el socialismo y el intervencionismo.
Y esta vez eligió Madrid, ante el Rey y con Pedro Sánchez presente, para volver a librarla.
La frase sobre el fascismo puede monopolizar los titulares, pero el verdadero mensaje de Milei fue otro: reivindicar la libertad económica como una condición de la libertad política y situar a España dentro de la historia intelectual que, según él, hizo posible esa defensa.


