El negocio de los fertilizantes atraviesa uno de sus momentos más lucrativos de los últimos años gracias a la crisis provocada por la tensión geopolítica en Oriente Próximo. El riesgo de bloqueo en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 30% del comercio mundial de fertilizantes, ha disparado los precios internacionales y ha abierto una oportunidad multimillonaria para grandes productores como Rusia, Estados Unidos, Marruecos, Noruega o China.
La preocupación por posibles problemas de suministro ha generado nerviosismo entre agricultores, distribuidores y gobiernos. Sin embargo, mientras gran parte del sector agrícola teme un nuevo encarecimiento de costes, varios países productores están aprovechando el contexto para aumentar exportaciones, ganar cuota de mercado y elevar beneficios récord.
La importancia estratégica del estrecho de Ormuz no solo afecta al transporte de fertilizantes, sino también al gas natural, una materia prima esencial para fabricar fertilizantes nitrogenados. Este doble impacto ha convertido el mercado en una auténtica batalla global por el suministro.
El negocio de los fertilizantes dispara el poder de Rusia
Uno de los grandes beneficiados de la crisis es Rusia. A pesar de los intentos de Europa por reducir su dependencia energética y comercial de Moscú, el país vuelve a consolidarse como una potencia clave en el negocio de los fertilizantes.
Rusia mantiene una posición dominante en la exportación de urea, nitrato amónico, amoníaco y fertilizantes nitrogenados. Además, cuenta con una ventaja decisiva frente a muchos competidores: acceso a gas natural barato, lo que le permite producir fertilizantes a menor coste.
Con el riesgo de interrupciones en Oriente Próximo, numerosos compradores internacionales han vuelto a mirar hacia Rusia para garantizar el abastecimiento. Diversas firmas del sector reconocen que el fertilizante ruso está recuperando protagonismo en mercados europeos, asiáticos y latinoamericanos.
Este escenario supone una paradoja para la Unión Europea, que buscaba reducir su exposición a productos rusos tras las sanciones derivadas de la guerra en Ucrania.
Estados Unidos multiplica beneficios gracias al fertilizante
Estados Unidos también se ha convertido en uno de los grandes ganadores de esta crisis global. Especialmente relevante está siendo el caso de CF Industries, uno de los mayores fabricantes de fertilizantes nitrogenados del mundo.
La compañía ha presentado resultados muy superiores a los previstos gracias al aumento de la demanda y a la escalada de precios internacionales. En el primer trimestre de 2026, los ingresos alcanzaron los 1.700 millones de euros, muy por encima de las expectativas del mercado.
Los beneficios netos llegaron hasta los 525 millones de euros, prácticamente el doble que en el mismo periodo del año anterior. Este crecimiento confirma cómo el negocio de los fertilizantes se ha convertido en uno de los sectores más rentables del actual contexto internacional.
Estados Unidos también se beneficia de una mayor independencia energética y de una potente capacidad industrial, factores que le permiten reaccionar rápidamente ante las tensiones del mercado global.
Marruecos domina el fosfato mundial
Otro de los actores fundamentales es Marruecos. El país norteafricano controla aproximadamente el 70% de las reservas mundiales de fosfato a través del gigante estatal OCP Group.
El fosfato es uno de los componentes esenciales para fabricar fertilizantes agrícolas y, ante el temor a problemas de suministro, la demanda internacional se ha disparado. Esto ha reforzado todavía más la posición estratégica de Marruecos en el negocio de los fertilizantes.
La ventaja marroquí resulta especialmente importante para Europa y África, dos mercados que dependen en gran medida de las exportaciones del país. La crisis de Ormuz está permitiendo a Rabat consolidar su influencia comercial y política en el sector agrícola internacional.
Noruega y Yara aprovechan la crisis
En Europa, la gran beneficiada está siendo la empresa noruega Yara International. La compañía se ha convertido en uno de los proveedores favoritos del mercado europeo gracias a su acceso al gas noruego y a su menor dependencia del golfo Pérsico.
Las acciones de Yara acumulan una subida superior al 60% en apenas seis meses, reflejando el optimismo de los inversores sobre el futuro de el negocio de los fertilizantes.
Además, la producción europea gana atractivo frente a otros suministradores más expuestos a las tensiones geopolíticas de Oriente Próximo. Para muchos agricultores europeos, asegurar contratos con compañías menos dependientes de Ormuz se ha convertido en una prioridad estratégica.
Egipto y Argelia ganan peso en el mercado
Egipto y Argelia también están reforzando su papel como proveedores alternativos para Europa. Ambos países cuentan con una importante producción de fertilizantes y gas natural, lo que les permite aprovechar la coyuntura actual.
La multinacional Fertiglobe, con operaciones en ambos países, ha registrado un crecimiento interanual del 32% en ingresos durante el primer trimestre de 2026. Sus ventas alcanzaron los 781 millones de euros gracias al aumento de precios y demanda.
España depende especialmente de estos mercados. Según datos de la patronal Anffe, en 2025 las principales importaciones españolas de urea procedieron de Egipto, Argelia y Rusia. Además, cerca de la mitad del amoníaco importado por España proviene de Fertiglobe.
Todo ello confirma cómo el negocio de los fertilizantes está reconfigurando el mapa mundial de proveedores agrícolas.
China vuelve a irrumpir en el tablero internacional
China también ha reaparecido con fuerza en el mercado internacional. A pesar de las restricciones aplicadas por Pekín para proteger el suministro interno, las exportaciones chinas de fertilizantes crecieron un 27,6% en abril respecto al año anterior.
En los cuatro primeros meses de 2026, los envíos alcanzaron los 11,4 millones de toneladas frente a los 9,7 millones del mismo periodo de 2025.
La entrada de China añade todavía más presión competitiva a un mercado extremadamente tensionado. Los expertos creen que Pekín podría aprovechar el contexto para ganar influencia comercial en regiones emergentes de Asia, África y América Latina.
Mientras tanto, agricultores y consumidores siguen observando con preocupación cómo el negocio de los fertilizantes se convierte en otro de los sectores afectados por la inestabilidad geopolítica mundial. El temor a nuevos bloqueos en Ormuz y a un encarecimiento aún mayor de los costes agrícolas mantiene en alerta a toda la cadena alimentaria internacional.

