Pedro Sánchez acusa al expresidente del Gobierno de «avergonzar» a España por una frase sobre la selección francesa que París califica de racista.
Una columna de Mariano Rajoy ha bastado para que Moncloa convierta la semifinal del Mundial entre España y Francia en una nueva batalla política. El expresidente afirmó que el combinado francés tiene «un altísimo nivel» pero, añadió, «sin franceses». Desde entonces, Pedro Sánchez, varios ministros y el Gobierno francés han cargado contra él por racismo y xenofobia.
Sánchez entra de lleno en la polémica de Rajoy y Francia
La controversia comenzó después de que Mariano Rajoy escribiera una columna tras la clasificación de España para las semifinales del Mundial de 2026, donde la selección española se enfrentará a Francia.
Al analizar al rival, el expresidente del Gobierno aseguró que la selección francesa tiene «un altísimo nivel, eso sí, sin franceses». La frase provocó una dura respuesta política a ambos lados de los Pirineos.
Pedro Sánchez aprovechó la polémica para acusar a Rajoy de medir la pertenencia a un país por «el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel».
«España es de quien la ama y la trabaja. No de quien la avergüenza con declaraciones xenófobas», afirmó el presidente del Gobierno, antes de rematar su mensaje con una apelación directa a Francia: «Que gane el mejor y que pierda el racismo».
La reacción de Sánchez vuelve a demostrar la facilidad con la que Moncloa traslada cualquier controversia al terreno ideológico, incluso en vísperas de uno de los partidos más importantes del Mundial.
Francia acusa a Rajoy de racismo
La polémica ha cruzado la frontera. Miembros del Ejecutivo francés y dirigentes políticos han calificado las palabras del expresidente español de «racistas» y «absolutamente inaceptables». Desde Francia incluso se ha planteado que la Federación Francesa de Fútbol estudie acciones legales.
Existe, además, un dato objetivo que desmonta una interpretación literal de la frase de Rajoy: los 26 jugadores convocados por Didier Deschamps tienen nacionalidad francesa.
Solo Michael Olise, Marcus Thuram y Brice Samba nacieron fuera de Francia. El resto nació en territorio francés, aunque muchos proceden de familias inmigrantes.
La cuestión es si Rajoy pretendía realizar una afirmación literal sobre la nacionalidad de los futbolistas o una provocación sobre el histórico debate francés en torno a la inmigración, la identidad y el origen familiar de sus internacionales.
Sánchez y Macron ya han dictado sentencia política.

Óscar Puente vuelve al insulto
La reacción más agresiva dentro del Gobierno español llegó, una vez más, de Óscar Puente.
El ministro de Transportes calificó a Rajoy de «zoquete», «postfranquista», «corrupto» y «racista», defendiendo que no se trataba de insultos, sino del uso del castellano «con rigor y propiedad». La ministra de Sanidad, Mónica García, también sostuvo que «el racismo no es una opinión».
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, consideró la frase «hiriente y peligrosa» y aseguró que aquello que encubra racismo o xenofobia es «despreciable».
Lo llamativo es que el Gobierno ha dedicado una batería de mensajes políticos a una columna de un expresidente que abandonó La Moncloa hace ocho años.
El PSOE convierte la semifinal en otra batalla ideológica
PSOE, Sumar, Podemos y ERC se sumaron rápidamente a las críticas.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, aprovechó el episodio para atacar toda la etapa política de Rajoy, mientras Podemos acusó al PP de un racismo «absolutamente infame». El Partido Popular, por su parte, mantuvo mayoritariamente silencio.
La excepción fue el diputado Rafael Hernando, que sostuvo que Rajoy había hecho una «broma» y acusó a Sánchez de utilizar la polémica para dar «lecciones».
Así, a pocas horas de un Francia-España decisivo, el debate ya no gira únicamente alrededor de Mbappé, Lamine Yamal o el pase a la final.
La política ha vuelto a ocupar el terreno de juego.
Una frase desafortunada y una ofensiva política desatada
La realidad es incómoda para todos.
La frase de Rajoy es fácilmente interpretable como una negación de la condición francesa de jugadores que legalmente son ciudadanos franceses. Los datos sobre la convocatoria de Deschamps son claros.
Pero también resulta evidente que Sánchez y sus ministros han convertido una columna deportiva en una ofensiva política de primera magnitud, con acusaciones de xenofobia, racismo y hasta apelaciones internacionales.
La izquierda española vuelve a encontrar en la identidad y la inmigración un terreno perfecto para marcar una frontera moral: quien acepta su discurso es tolerante; quien cuestiona determinados aspectos del modelo multicultural queda inmediatamente bajo sospecha.
El debate serio sobre integración, ciudadanía e identidad nacional merece bastante más que una frase desafortunada de Rajoy.
Y también merece bastante más que la habitual maquinaria de propaganda e insultos de algunos miembros del Gobierno.
Mientras tanto, España y Francia se preparan para jugarse el pase a la final del Mundial.
Sánchez ya ha decidido cuál será su partido: convertir a Rajoy en protagonista y presentar la semifinal como otra batalla contra el racismo.
¿Estamos ante una respuesta proporcionada a una frase desafortunada o ante una nueva utilización política de cualquier polémica para dividir a los españoles?

