Yolanda Díaz eleva la propuesta para 2027 por encima de lo recomendado por los expertos y pretende aprobarla antes del 29-N. Patronal y sindicatos rechazan la cifra y cuestionan el calendario.
El Gobierno de Pedro Sánchez prepara una nueva subida del salario mínimo interprofesional (SMI) que situaría la retribución mínima en 1 286 euros brutos mensuales en 14 pagas durante 2027. El incremento planteado por el Ministerio de Trabajo, dirigido por Yolanda Díaz, alcanza el 5,3 % y supone 65 euros más al mes respecto a los 1 221 euros actuales.
La propuesta definitiva supera incluso la recomendación de la comisión de expertos que asesora al departamento de Trabajo. Ese grupo había planteado un aumento del 4,9 %, hasta los 1 281 euros, pero el Ministerio ha elevado la cifra cinco euros adicionales y ha publicado el proyecto para someterlo a audiencia pública.
La decisión llega en un momento políticamente sensible: el Gobierno quiere dejar aprobada la subida antes de las elecciones generales del 29 de noviembre. El calendario previsto permitiría llevar el decreto al Consejo de Ministros del 17 o del 24 de noviembre, una vez concluya el plazo de alegaciones.
La controversia es evidente. La CEOE y Cepyme consideran que la decisión debería dejarse para después de las elecciones, mientras que UGT y CCOO reclaman un aumento del 7 %. Por primera vez desde que Díaz dirige el Ministerio de Trabajo, el Ejecutivo podría aprobar la subida sin el respaldo formal de ninguna de las dos partes del diálogo social.
Cuánto subirá el salario mínimo en 2027
El proyecto publicado por el Ministerio de Trabajo contempla elevar el SMI desde los actuales 1 221 euros brutos mensuales hasta los 1 286 euros, distribuidos en 14 pagas.
Las principales cifras de la propuesta son:
- SMI actual de 2026: 1 221 euros brutos al mes.
- SMI propuesto para 2027: 1 286 euros brutos al mes.
- Incremento mensual: 65 euros.
- Porcentaje de subida: 5,3 %.
- Cuantía anual propuesta: 18 004 euros brutos.
- Número de pagas: 14.
La diferencia supone 910 euros brutos adicionales al año para un trabajador que perciba el salario mínimo durante los 12 meses, con las dos pagas extraordinarias correspondientes.
Es importante distinguir entre el importe mensual y el anual. Los 1 286 euros corresponden a cada una de las 14 pagas, no a una nómina mensual con las pagas extraordinarias prorrateadas.
La subida todavía no está aprobada definitivamente. El texto se encuentra en el procedimiento de audiencia pública y deberá completar su tramitación antes de convertirse en una obligación para las empresas.
Yolanda Díaz se desmarca de la recomendación de los expertos
Uno de los aspectos más llamativos de la propuesta es que el Ministerio de Trabajo ha decidido superar la cifra recomendada por su propia comisión asesora.
El grupo de expertos había planteado un incremento del 4,9 %, equivalente a 60 euros más al mes, para situar el salario mínimo en 1 281 euros en 14 pagas.
Su recomendación pretendía responder a dos objetivos: evitar que el SMI perdiera poder adquisitivo frente a la inflación y mantenerlo en el entorno del 60 % del salario medio neto, referencia recogida en la Carta Social Europea.
El Ministerio ha optado por un aumento superior, del 5,3 %, sin que la información publicada explique con detalle el motivo de esas cuatro décimas adicionales respecto al informe técnico.
La diferencia económica no es enorme para cada trabajador, pero sí tiene relevancia política y presupuestaria cuando se aplica a todos los empleos afectados.
La decisión también plantea una cuestión sobre el papel de los expertos: si el Gobierno encarga un informe técnico para orientar la subida y después se aparta de su recomendación, debe explicar qué variables adicionales justifican el cambio.
La comisión había planteado 1 281 euros. Trabajo propone 1 286. El Ejecutivo tiene capacidad legal para fijar una cifra distinta, pero la transparencia exige explicar por qué se aparta de la referencia técnica que él mismo solicitó.
La subida llega sin acuerdo con sindicatos ni patronal
El proyecto de Yolanda Díaz presenta una circunstancia poco habitual: no cuenta, en principio, con el respaldo formal de las organizaciones empresariales ni de las centrales sindicales.
Los sindicatos UGT y CCOO mantienen su reivindicación de una subida del 7 % para 2027. Su propuesta situaría el salario mínimo en aproximadamente 1 306,50 euros mensuales en 14 pagas, unos 85,50 euros más que la cuantía actual.
CCOO sostiene que ese porcentaje permitiría compensar la evolución de los precios y evitar una pérdida de capacidad de compra. Las centrales también reclaman cambios en las reglas de compensación y absorción de complementos salariales.
La patronal, por su parte, no ha presentado una cifra alternativa en la reunión con el Ministerio. CEOE y Cepyme han defendido que la decisión se discuta después de las elecciones, para que corresponda al próximo Ejecutivo y no se adopte durante la campaña electoral.
El desacuerdo deja al Gobierno ante una decisión que puede aprobar sin consenso, pero que tendrá efectos directos sobre empresas y trabajadores.
La legislación obliga al Ejecutivo a consultar a las organizaciones sindicales y empresariales más representativas, pero no a conseguir su aprobación. Por eso, la ausencia de acuerdo no bloquea jurídicamente la subida.
El calendario electoral aumenta la polémica
El Ministerio de Trabajo quiere que la subida del SMI quede cerrada antes de las elecciones generales del 29 de noviembre.
El plazo de audiencia pública del proyecto termina el 16 de noviembre. A partir de esa fecha, el Gobierno podría aprobar el real decreto en uno de los dos Consejos de Ministros ordinarios previstos antes de los comicios: el 17 o el 24 de noviembre.
La rapidez contrasta con el calendario habitual de los últimos años, cuando las actualizaciones del salario mínimo se han aprobado generalmente durante los primeros meses del año y con efectos retroactivos desde el 1 de enero.
El argumento del Ministerio es evitar que la decisión quede pendiente de un Gobierno en funciones o del Ejecutivo que salga de las urnas.
La patronal considera, sin embargo, que no existe necesidad de acelerar la aprobación y que la decisión debería corresponder al próximo Gobierno.
La proximidad electoral convierte así una medida laboral en un asunto de confrontación política. El aumento beneficia directamente a quienes cobran el salario mínimo, pero también obliga a las empresas a adaptar sus costes salariales y sus estructuras de contratación.
No puede afirmarse que la subida responda exclusivamente a una estrategia electoral: el Gobierno lleva meses anunciando que actualizaría el SMI en 2027. Sin embargo, aprobarla pocos días antes de las elecciones, sin acuerdo social y con un calendario acelerado, alimenta las críticas sobre el uso político de una decisión económica de gran alcance.
El SMI habrá aumentado cerca de un 75 % desde 2018
La evolución del salario mínimo durante los últimos años ha sido muy significativa.
En 2018, cuando Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno, el SMI se encontraba en 736 euros mensuales en 14 pagas. La propuesta para 2027 lo elevaría hasta 1 286 euros.
Eso supone un incremento acumulado aproximado del 74,7 % respecto a la cuantía de 2018.
El Gobierno y sus defensores destacan que el aumento ha permitido mejorar los ingresos de los trabajadores con salarios más bajos. También sostienen que ha contribuido a reducir la distancia entre las retribuciones mínimas y el salario medio.
Pero el incremento nominal no cuenta toda la historia. Para conocer la mejora real de los trabajadores hay que descontar el efecto de la inflación y analizar cuánto han aumentado los gastos esenciales, especialmente la vivienda, la alimentación, la energía y el transporte.
Según el análisis publicado por EL PAÍS, los precios han aumentado alrededor de un 28 % desde 2018, frente al incremento acumulado del SMI. Esa comparación apunta a una mejora sustancial del poder adquisitivo del salario mínimo, aunque no significa que todos los hogares hayan experimentado la misma evolución: el coste de vida varía según el territorio, la composición familiar y la situación de vivienda.
La subida del salario mínimo puede elevar los ingresos de los trabajadores afectados, pero no soluciona por sí sola las dificultades de acceso a la vivienda ni el encarecimiento de otros gastos básicos.
El Gobierno promete mantener exento de IRPF el salario mínimo
Otra cuestión relevante es el tratamiento fiscal de la subida.
El Ministerio de Trabajo ha planteado el incremento sobre el escenario de que los perceptores del SMI sigan sin soportar una carga efectiva por el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) en 2027.
El Gobierno ya ha manifestado su intención de mantener esa protección fiscal, como hizo durante 2026 mediante una deducción dirigida a las rentas más bajas.
Sin embargo, la exención efectiva no debe confundirse con una ausencia automática de obligaciones fiscales para cualquier persona que cobre el salario mínimo.
La tributación depende de las circunstancias personales y familiares, de los ingresos totales y de la regulación fiscal que finalmente se apruebe. Para mantener el resultado anunciado por el Ejecutivo será necesario concretar el mecanismo correspondiente para 2027.
La cuestión es importante porque una subida bruta no se traduce necesariamente en el mismo aumento neto para todos los trabajadores. Lo que importa en la nómina es cuánto dinero llega finalmente al bolsillo después de cotizaciones y retenciones, no solo la cifra anunciada por el Gobierno.
Los sindicatos también han reclamado que se aclare el impacto tributario de la medida antes de respaldarla.
La absorción de complementos salariales enfrenta a Trabajo y sindicatos
El desacuerdo no se limita al porcentaje de subida. UGT y CCOO también reclaman que el Gobierno modifique las reglas de compensación y absorción de complementos salariales.
Este mecanismo permite que determinados conceptos salariales puedan compensarse con los incrementos del salario mínimo cuando se cumplen las condiciones legales y convencionales aplicables.
En la práctica, esto puede provocar que un trabajador vea aumentar su salario base hasta el nuevo mínimo, pero que parte de la subida quede neutralizada por la reducción o absorción de determinados complementos.
Los sindicatos quieren limitar esa posibilidad para que el incremento del SMI se traduzca en una mejora más clara de la retribución total.
El Ministerio había asumido compromisos para abordar esta reforma, pero la información publicada apunta a que el proyecto para modificar la compensación y absorción de pluses no saldrá adelante en esta fase.
Esta circunstancia explica parte del rechazo sindical. Las centrales consideran que no basta con elevar el salario mínimo si las empresas pueden compensar el incremento mediante determinados complementos.
El debate tiene consecuencias prácticas para las nóminas y para la negociación colectiva. Una regulación más restrictiva puede aumentar el coste laboral para las empresas, mientras que mantener el sistema actual puede reducir el efecto real de la subida para algunos trabajadores.
Qué efectos puede tener la subida sobre las pequeñas empresas
El incremento del SMI tiene dos caras económicas que deben analizarse conjuntamente.
Por un lado, eleva los ingresos de los trabajadores que se encuentran en el tramo salarial afectado. Eso puede mejorar su capacidad de consumo y reducir la insuficiencia de ingresos en los hogares con menores remuneraciones.
Por otro, aumenta los costes laborales de las empresas que pagan salarios próximos al mínimo. El impacto puede ser especialmente relevante en actividades con márgenes reducidos y mucha mano de obra.
Entre los sectores que pueden notar con mayor intensidad una actualización del salario mínimo se encuentran:
- Agricultura y actividades del campo, donde determinados trabajos presentan remuneraciones próximas al mínimo.
- Hostelería y restauración, especialmente en pequeños establecimientos con plantillas numerosas.
- Comercio minorista, donde los costes de personal tienen un peso importante.
- Limpieza y servicios auxiliares, con una elevada presencia de categorías salariales cercanas al SMI.
- Pequeñas empresas y autónomos empleadores, que disponen de menos margen para absorber aumentos de costes.
Esto no significa que una subida del salario mínimo provoque automáticamente despidos o destrucción de empleo. El efecto depende de la productividad, los márgenes, la demanda, la capacidad de trasladar costes a los precios y la evolución general de la economía.
Pero tampoco resulta razonable ignorar que el aumento de los costes puede afectar de forma desigual a una gran empresa y a un pequeño negocio.
El debate económico debería acompañarse de datos sobre empleo, contratación, horas trabajadas y evolución de las empresas más expuestas. De lo contrario, la discusión corre el riesgo de quedar reducida a una confrontación política entre quienes presentan cada subida como una conquista social y quienes la describen como una amenaza para el empleo.
La subida del SMI no sustituye una política económica para los salarios
El incremento hasta 1 286 euros puede mejorar la situación de los trabajadores que perciben el salario mínimo, pero no resuelve los problemas estructurales que afectan a las rentas bajas y medias.
El acceso a la vivienda, la presión fiscal, el coste de la energía y la productividad siguen condicionando el nivel de vida de los hogares.
Un trabajador puede recibir 65 euros brutos más al mes y, al mismo tiempo, comprobar que el alquiler, la cesta de la compra o los suministros consumen una parte creciente de sus ingresos.
También existe un problema de progresión salarial. Si el salario mínimo aumenta, pero los sueldos inmediatamente superiores no evolucionan de forma similar, pueden comprimirse las diferencias entre categorías profesionales y reducirse los incentivos económicos asociados a la experiencia o la responsabilidad.
Por eso, la política salarial no debería limitarse a fijar una cifra anual. Necesita una estrategia que combine productividad, formación, negociación colectiva, reducción de cargas innecesarias y un marco regulatorio que permita a las empresas contratar y mejorar las remuneraciones de forma sostenible.
La subida del SMI es una herramienta legítima de política laboral, pero no puede convertirse en sustituto de una política económica completa.
Qué falta para que los 1 286 euros sean definitivos
El proyecto del Ministerio todavía debe completar su tramitación.
Los pasos previstos son:
- Audiencia pública: los interesados pueden presentar alegaciones hasta el 16 de noviembre.
- Revisión del proyecto: Trabajo debe valorar las observaciones recibidas y completar la tramitación.
- Aprobación del real decreto: el Consejo de Ministros puede aprobar la nueva cuantía.
- Publicación en el BOE: la norma deberá publicarse oficialmente para determinar su entrada en vigor y sus efectos.
El Ejecutivo podría completar el proceso antes de las elecciones generales del 29 de noviembre, pero hasta que el decreto no sea aprobado y publicado no debe presentarse la cifra como una subida definitivamente vigente.
La decisión tendrá consecuencias para millones de relaciones laborales y exigirá a las empresas revisar las retribuciones de los trabajadores afectados.
El Gobierno quiere elevar el SMI a 1 286 euros, pero la falta de acuerdo con empresarios y sindicatos deja una pregunta abierta: ¿está priorizando una mejora salarial sostenible o busca cerrar una medida de gran impacto político antes de acudir a las urnas?
La respuesta dependerá no solo de la cifra aprobada, sino también de su impacto real en las nóminas, el empleo y la capacidad de las empresas para asumir el incremento.


