El explorador Ramón Larramendi lidera una expedición de 3 400 kilómetros con un vehículo impulsado por el viento. La misión transporta 16 proyectos científicos y busca investigar regiones antárticas de difícil acceso sin quemar combustibles fósiles para desplazarse.
Un invento español afronta uno de los mayores desafíos polares
Atravesar la Antártida sin motores de combustión, sin repostar combustible para avanzar y con temperaturas extremas parece un reto reservado a la ciencia ficción. Sin embargo, un vehículo diseñado por un explorador español pretende demostrar que es posible recorrer miles de kilómetros de hielo aprovechando la fuerza del viento.
El protagonista es el Trineo de Viento, ideado por Ramón Larramendi, que encabeza una expedición científica de aproximadamente 3 400 kilómetros por el interior de la Antártida. La travesía, correspondiente a la campaña 2026-2027, está concebida para durar unos 80 días y transportar instrumentos destinados a 16 proyectos de investigación.
El vehículo puede alcanzar puntualmente los 80 kilómetros por hora, aunque su velocidad media en condiciones favorables ronda los 25 km/h. La diferencia es importante: no se trata de mantener una velocidad máxima constante, sino de adaptarse a un entorno en el que la dirección y la intensidad del viento, el relieve de la nieve y las necesidades de los experimentos condicionan cada jornada.
Los datos técnicos y los objetivos científicos figuran en la presentación del proyecto publicada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y en la documentación de la propia expedición. Fuente oficial del Ministerio.
Cómo funciona el Trineo de Viento diseñado en España
La principal particularidad del vehículo es que utiliza grandes cometas para desplazarse sobre el hielo. En lugar de depender de un motor convencional, aprovecha la energía del viento para arrastrar la estructura y la carga que transporta.
El diseño está compuesto por cuatro módulos y tiene una longitud total de 15 metros. Su capacidad máxima de carga alcanza los 2 100 kilos, mientras que la expedición prevé transportar inicialmente unos 250 kilos de equipamiento científico.
Para afrontar condiciones meteorológicas cambiantes, el equipo dispone de 20 cometas de entre 5 y 150 metros cuadrados. La elección de cada una depende de la fuerza y la dirección del viento: no todas las condiciones permiten utilizar la misma superficie vélica ni avanzar al mismo ritmo.
La estructura modular permite organizar el espacio para el trabajo científico, el alojamiento de los expedicionarios y el transporte de material. Esta configuración busca combinar autonomía logística con capacidad de investigación en zonas donde instalar infraestructuras permanentes resulta especialmente complicado.
El proyecto también emplea energía solar para alimentar los equipos científicos. Conviene distinguir ambos sistemas: el viento impulsa el trineo, mientras que la energía fotovoltaica abastece los instrumentos que necesitan electricidad.
Una expedición de 3 400 kilómetros por el corazón de la Antártida
La ruta prevista comienza en las proximidades de la base rusa de Novolazárevskaya, en la Tierra de la Reina Maud, y termina en la base Concordia, situada en Domo C, en la meseta antártica. El itinerario se adentra en zonas remotas del continente y contempla cinco estaciones científicas, donde el equipo se detendrá para realizar experimentos y recoger muestras.
Uno de los puntos destacados del recorrido es el Polo de Inaccesibilidad, situado a unos 3 700 metros de altitud y considerado uno de los lugares más aislados y difíciles de alcanzar de la masa continental antártica.
La expedición también pasará por las proximidades del llamado Polo del Frío, en la zona de la base rusa de Vostok, donde se han registrado algunas de las temperaturas más bajas medidas en la Tierra.
No es una travesía que pueda planificarse como un viaje por carretera. El frío, la altitud, el aislamiento y las variaciones meteorológicas exigen que el equipo ajuste su avance a las condiciones reales. La velocidad máxima del trineo es una capacidad puntual, no una garantía de desplazamiento continuo.
La planificación contempla que la expedición regrese a comienzos de febrero de 2027. Una vez concluya el recorrido, los cuatro integrantes abandonarán la Antártida por vía aérea y el material científico será trasladado a España con apoyo internacional.
Quiénes forman el equipo español que se adentra en el hielo
La expedición está liderada por Ramón Larramendi, explorador polar y diseñador del Trineo de Viento. Le acompañan otros tres especialistas:
- Hilo Moreno, guía polar y técnico de montaña.
- Mariusz Potocki, científico vinculado a la Universidad de Maine.
- Javier Selva, responsable de documentación audiovisual y técnica de imagen.
La experiencia acumulada por Larramendi es uno de los elementos centrales del proyecto. Según la información publicada por la organización de la expedición, el explorador ha recorrido más de 28 000 kilómetros sobre hielo con el Trineo de Viento en distintas campañas.
El conocimiento práctico del entorno polar resulta fundamental para un sistema que depende de condiciones naturales variables. Una máquina impulsada por cometas no puede avanzar de la misma manera que un vehículo motorizado: la elección de la vela, el control de la tracción y la lectura del viento forman parte del trabajo diario.
La expedición se integra en la XL Campaña de Investigación Antártica española, dentro de un esfuerzo científico que combina instituciones nacionales y colaboradores internacionales.
Los 16 proyectos científicos que viajarán a bordo
La travesía no tiene como único objetivo demostrar las posibilidades de un vehículo impulsado por el viento. Su valor principal reside también en llevar instrumentos científicos a regiones donde obtener mediciones directas es difícil y costoso.
Los 16 proyectos de investigación abordarán cuestiones relacionadas con el hielo, la contaminación, los microorganismos, el cambio climático y las condiciones extremas que afectan al ser humano.
Entre las líneas de trabajo previstas destacan:
- Microplásticos y contaminantes: búsqueda de partículas y sustancias de origen humano en zonas remotas del continente.
- Composición del hielo: recogida de datos que ayuden a comprender las características de la meseta antártica.
- Compuestos químicos persistentes: análisis de contaminantes capaces de permanecer en el medio ambiente durante largos periodos.
- Vida microbiana: búsqueda de señales de microorganismos en condiciones ambientales extremas.
- Cambio climático: obtención de información de áreas que complementa los datos recopilados mediante satélites y desde las bases científicas.
- Respuesta humana al aislamiento: estudio de los efectos físicos y psicológicos de permanecer durante semanas en un entorno hostil.
- Magnetismo y navegación por satélite: investigaciones sobre el campo magnético terrestre y el funcionamiento de Galileo, el sistema europeo de navegación.
Los trabajos cuentan con la participación de organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), además de seis universidades españolas y entidades extranjeras.
Entre los colaboradores internacionales figuran la NASA, la Universidad de Maine y el Consejo Nacional de Investigación de Italia.
El interés científico va más allá de la Antártida. Algunos instrumentos y experimentos están relacionados con tecnologías utilizadas en misiones espaciales, ya que estudiar cómo funcionan los equipos y los organismos en condiciones extremas puede aportar conocimientos útiles para futuras exploraciones.
Por qué la Antártida es un laboratorio natural decisivo
La Antártida concentra grandes masas de hielo y ofrece información relevante para estudiar el clima, los ecosistemas y los cambios ambientales. Sin embargo, la extensión del continente y la dureza de las condiciones hacen que las bases científicas permanentes no puedan cubrir por sí solas todas las zonas de interés.
Por eso, una plataforma móvil como el Trineo de Viento puede aportar datos obtenidos directamente sobre el terreno. Las mediciones y muestras recogidas durante el recorrido complementarán la información de satélites y estaciones científicas.
El estudio de microplásticos y compuestos persistentes también puede ayudar a evaluar hasta dónde llegan algunos contaminantes y cómo se distribuyen en regiones alejadas de los grandes núcleos de población. Detectar una sustancia no demuestra por sí solo su origen ni permite determinar automáticamente sus efectos: serán necesarios análisis posteriores para interpretar los resultados.
La misma cautela se aplica a la investigación climática. Una campaña de este tipo puede aportar observaciones valiosas, pero las conclusiones sobre tendencias globales requieren comparar los datos con otras mediciones y series temporales.
La ventaja de avanzar sin combustible fósil
Uno de los aspectos más llamativos de la expedición es su sistema de propulsión. Las travesías motorizadas por el interior de la Antártida necesitan transportar combustible, maquinaria y suministros, lo que añade peso y complica la logística.
El Trineo de Viento pretende reducir esa dependencia al utilizar energía eólica para desplazarse. La organización destaca que el sistema disminuye la carga logística y evita emisiones de combustión durante la propulsión del vehículo.
Eso no significa que la expedición carezca de impacto ambiental en todos los aspectos. La fabricación del material, el transporte internacional de los expedicionarios y los equipos, así como las operaciones de apoyo, también forman parte de la huella total de una campaña polar. Por tanto, la descripción más precisa es que el trineo se desplaza sin consumir combustibles fósiles para su propulsión, no que toda la operación sea absolutamente neutra en carbono.
Aun con esa precisión, la propuesta presenta una alternativa interesante para determinados trabajos científicos: transportar instrumentos y material a través de grandes superficies heladas sin depender de motores convencionales durante el trayecto.
Un proyecto de largo recorrido con ambición internacional
El Trineo de Viento es fruto de años de diseño, pruebas y expediciones. La organización señala que el vehículo se inspira, en parte, en técnicas tradicionales inuit de desplazamiento por regiones polares, adaptadas a una estructura modular capaz de llevar equipos científicos.
La campaña de 2026-2027 aspira a consolidar ese concepto como una plataforma de investigación capaz de operar en lugares donde la logística convencional resulta especialmente compleja. Si la expedición cumple sus objetivos, los datos recogidos permitirán ampliar el conocimiento de zonas antárticas poco estudiadas y evaluar las posibilidades de este sistema para futuras misiones.
El proyecto prevé además dejar el vehículo desmontado en la base Concordia una vez terminada la travesía, con vistas a una posible expedición posterior en sentido contrario.
El resultado no dependerá únicamente de completar los 3 400 kilómetros. También será importante comprobar qué datos se obtienen, cómo se comporta el vehículo ante las dificultades reales y qué utilidad tienen las mediciones para la comunidad científica.
Ciencia española en condiciones extremas
El Trineo de Viento reúne tres desafíos: recorrer una de las regiones más inhóspitas del planeta, mantener con vida y operativa a una pequeña tripulación durante semanas y aprovechar el trayecto para realizar investigaciones científicas.
Su capacidad para alcanzar puntualmente los 80 km/h llama la atención, pero la verdadera medida del éxito será otra: que los cuatro expedicionarios completen la misión y que los 16 proyectos produzcan resultados útiles para comprender mejor el hielo, la contaminación y los ecosistemas polares.
La iniciativa muestra cómo un diseño desarrollado en España puede convertirse en una herramienta de cooperación científica internacional. También recuerda que la innovación no siempre consiste en añadir motores más potentes: en determinados entornos, aprovechar mejor los recursos naturales puede abrir posibilidades que la tecnología convencional no resuelve con la misma facilidad.
El reto ahora es convertir esa capacidad de desplazamiento en conocimiento científico verificable. La travesía antártica será una prueba exigente tanto para el vehículo como para el equipo que lo maneja.


