Misofonía: la intolerancia a sonidos cotidianos
La misofonía es una condición que provoca reacciones emocionales intensas ante sonidos habituales que suelen ser imperceptibles para la mayoría. Entre estos, se encuentran ruidos como la respiración, el masticar o el teclear de un teclado. Esta alteración puede llevar a quienes la padecen a experimentar un malestar significativo en su vida diaria, afectando incluso sus relaciones personales y laborales.
La psicóloga especializada en sensibilidad auditiva, Celia Incio, autora del libro Maldito ruido, explica que aquellos que sufren misofonía experimentan una necesidad inmediata de detener el sonido que les resulta intolerable. A menudo, las personas pueden anticipar pensamientos de rechazo o desesperación como «no lo puedo soportar» o «¿por qué lo hace así?», lo que intensifica su malestar.
Es esencial entender que, a diferencia de la incomodidad común ante ruidos altos, la misofonía se manifiesta ante estímulos sutiles y repetitivos. Por ejemplo, una persona puede sentirse abrumada por la respiración de alguien en el transporte público pero no sentir afectación alguna en situaciones más ruidosas, como un concierto.
Además, la sensibilidad a los sonidos suele ser selectiva; esto significa que una persona puede ser capaz de tolerar el masticar de un extraño pero no el de su pareja. Esta particularidad puede generar confusión y malentendidos en las relaciones.
La falta de conocimiento sobre la misofonía ha causado que muchos individuos se sientan incomprendidos o incluso culpables por su condición. Incio menciona que algunas personas llegan a su consulta tras años de sentirse «bichos raros» o «maniáticos», señalando que la misofonía puede limitar severamente su calidad de vida.
La autora ha compartido relatos de personas que han tomado decisiones drásticas para evitar sonidos molestos, como dejar de utilizar el transporte público o cambiar de vivienda en busca de un entorno más silencioso. Se documenta el caso de un individuo que durmió en una bañera durante sus vacaciones porque era el único lugar donde no percibía ruidos molestos.
Aunque muchos preguntan por tratamientos farmacológicos específicos, actualmente no existe una medicación aprobada para la misofonía. La especialista enfatiza que el enfoque debería centrarse en aprender a gestionar los sonidos que desencadenan la condición, en lugar de tratar de eliminarlos, para así poder recuperar la calidad de vida de quienes la padecen.

