Dos antiguos aviones de la aerolínea nacional descansan bajo el océano Índico convertidos en un singular destino de buceo. El proyecto incorpora fragmentos de coral para impulsar la recuperación marina y diversificar el turismo.
Dos aviones abandonan el cielo para convertirse en refugio submarino
Lo que durante años surcó los cielos de Maldivas tiene ahora una segunda vida bajo el agua. Dos aviones retirados de la antigua aerolínea nacional Air Maldives fueron hundidos deliberadamente para crear una atracción submarina que aspira a transformarse, con el tiempo, en un arrecife artificial.
La iniciativa se desarrolla en la laguna de Kudagiri, cerca de la isla de Kudagiri, y recibe el nombre de Kudagiri Dhoonier Wreck. Su objetivo es doble: ofrecer una experiencia diferente a los aficionados al buceo y favorecer el desarrollo de un nuevo hábitat marino mediante la plantación de coral.
Los trabajos de restauración adquirieron un nuevo impulso el 14 de mayo de 2026, cuando la Visit Maldives Corporation, la Housing Development Corporation (HDC) y Public Service Media organizaron una actividad de plantación de coral en el lugar. El evento formó parte de la Asia Media Summit 2026 y reunió a unos 300 representantes de medios de comunicación de 40 países, según informó la corporación turística oficial de Maldivas.
Los participantes colocaron fragmentos de coral en estructuras submarinas especialmente diseñadas para facilitar su instalación junto a los restos de los aviones. La actuación constituye una nueva fase de un proyecto que comenzó en 2025 y que busca unir conservación marina y turismo de experiencias.
Qué hay detrás del proyecto Dhoonier Wreck
Los aviones sumergidos pertenecieron a Air Maldives, la primera aerolínea nacional del país, que dejó de operar en el año 2000. Entre las aeronaves utilizadas figura un Dornier 228, modelo que formó parte de las primeras adquisiciones de la compañía para sus operaciones aéreas.
El hundimiento de los aparatos se llevó a cabo en marzo de 2025, dentro de una iniciativa impulsada por organismos vinculados al turismo y las infraestructuras del archipiélago.
Según informaciones publicadas entonces por medios locales, los aviones fueron trasladados hasta la laguna en una barcaza, izados mediante grúas y colocados en el fondo con ayuda de equipos de buceo. También se incorporaron pesos para contribuir a estabilizar las estructuras sobre el lecho arenoso.
El proyecto contó con la colaboración de tres organismos principales:
- Housing Development Corporation (HDC), responsable de la gestión de la isla y del mantenimiento del emplazamiento.
- Maldives Marketing and Public Relations Corporation (MMPRC), vinculada a la promoción turística del país.
- Maldives Transport and Contracting Company (MTCC), que participó en las operaciones de transporte y colocación de las aeronaves.
La denominación Dhoonier Wreck combina la referencia a Dornier, el fabricante de los aviones, con la palabra dhivehi dhooni, que significa «pájaro». El nombre resume el simbolismo de una aeronave que deja atrás su función original para convertirse en parte del paisaje submarino.
La operación no responde, por tanto, a un siniestro aéreo ni a un accidente marítimo. Se trata de una iniciativa planificada para crear un nuevo espacio de buceo y ampliar la oferta turística de Maldivas.
Plantar coral sobre los restos de los aviones
El siguiente paso consiste en aprovechar las estructuras sumergidas como soporte para impulsar el crecimiento de coral y la formación progresiva de un hábitat submarino.
En mayo de 2026, los equipos participantes instalaron fragmentos de coral en bastidores especialmente preparados para facilitar su colocación y seguimiento. La intervención pretende que las estructuras de los aviones formen parte de un entorno marino más complejo a medida que los organismos se establezcan y crezcan.
La restauración de coral es una técnica de conservación que puede incluir la propagación de fragmentos, su fijación en soportes adecuados y el seguimiento de su supervivencia. Su eficacia depende de factores como la temperatura del agua, la calidad ambiental, las corrientes, la disponibilidad de luz y la presencia de organismos que puedan dañar las colonias.
Por eso, colocar fragmentos de coral no equivale a haber creado ya un arrecife maduro. El resultado dependerá de que los corales sobrevivan, crezcan y contribuyan a establecer un ecosistema capaz de mantener distintas formas de vida marina.
La Visit Maldives Corporation presenta el proyecto como una iniciativa de turismo regenerativo: una propuesta que busca combinar la experiencia del visitante con actuaciones destinadas a mejorar el entorno natural.
Su diseño también contempla una distribución submarina inspirada en un aeropuerto, con los aviones como elementos centrales de un espacio que aspira a integrar patrimonio aeronáutico y recuperación ecológica.
¿Puede un avión hundido convertirse en un arrecife artificial?
Los arrecifes artificiales son estructuras sumergidas que pueden proporcionar superficies para que se establezcan organismos marinos y, cuando las condiciones son adecuadas, contribuir a crear nuevos hábitats.
No todas las estructuras hundidas producen los mismos resultados. Su impacto depende de los materiales empleados, de la preparación previa, de la ubicación y de las características del ecosistema donde se instalan.
En el caso de Kudagiri, el proyecto combina dos elementos: los restos de las aeronaves, que proporcionan la estructura física, y las actuaciones de plantación de coral, que buscan favorecer la colonización biológica.
La diferencia es importante. Un pecio puede convertirse en un punto de interés para los buceadores sin que eso signifique necesariamente que esté generando beneficios ecológicos duraderos. Para demostrar estos beneficios es necesario observar la evolución del coral, la presencia de especies y las condiciones ambientales durante un periodo prolongado.
También resulta esencial que los restos se preparen adecuadamente antes de sumergirlos. La retirada de materiales contaminantes y de componentes potencialmente peligrosos, junto con una evaluación ambiental previa, ayuda a reducir los riesgos asociados a este tipo de iniciativas.
En términos generales, un arrecife artificial bien planificado puede ofrecer nuevos espacios de colonización marina, pero su instalación no sustituye por sí sola la protección de los arrecifes naturales ni elimina las amenazas que afectan a los ecosistemas coralinos.
El proyecto de Maldivas deberá evaluarse, por tanto, tanto por su capacidad para atraer visitantes como por sus resultados ambientales a largo plazo.
Maldivas busca diversificar su oferta turística
El archipiélago del océano Índico es conocido internacionalmente por sus playas, sus complejos hoteleros y sus actividades relacionadas con el mar. El buceo y el esnórquel forman parte de esa oferta, gracias a la presencia de arrecifes y a la diversidad de paisajes submarinos.
El Dhoonier Wreck añade una experiencia distinta: explorar dos aeronaves sumergidas que forman parte de la historia de la aviación del país.
La propuesta tiene un componente turístico evidente. Un pecio de estas características puede convertirse en un reclamo para buceadores que buscan emplazamientos diferentes de las inmersiones convencionales en arrecifes naturales.
Al mismo tiempo, el programa de restauración permite presentar la actividad como algo más que una atracción. La intención es que el espacio evolucione hacia un entorno donde el turismo conviva con actuaciones de conservación marina.
Esta combinación plantea una oportunidad, aunque también exige controles. La llegada de visitantes debe gestionarse para evitar daños en los corales, golpes contra las estructuras o alteraciones innecesarias del fondo marino. La supervisión de las inmersiones y el seguimiento ambiental serán importantes para comprobar si el aumento de la actividad turística resulta compatible con los objetivos ecológicos.
La iniciativa también ofrece una forma singular de conservar una parte de la memoria de Air Maldives. Los aviones, que en su día participaron en el desarrollo de la conectividad aérea del país, pasan a formar parte de un proyecto vinculado a la economía turística actual.
Los resultados ambientales todavía necesitan tiempo
La plantación de coral de mayo de 2026 representa un avance concreto, pero no demuestra por sí sola que las aeronaves hayan generado ya un ecosistema plenamente desarrollado.
Para medir el éxito del proyecto será necesario comprobar, entre otros aspectos, cuántos fragmentos sobreviven, cómo evolucionan las colonias, qué organismos comienzan a ocupar las estructuras y si se producen cambios apreciables en el entorno.
También será importante mantener las aeronaves en condiciones adecuadas y evitar que los restos se conviertan en una fuente de contaminación o en un riesgo para los visitantes y la fauna.
La iniciativa muestra cómo una infraestructura retirada de su uso original puede recibir una segunda función. Sin embargo, la diferencia entre una atracción submarina y un arrecife artificial ecológicamente valioso se medirá por los resultados, no solo por la intención del proyecto.
Por ahora, Maldivas ha transformado dos antiguos aviones en un destino de buceo y ha iniciado actuaciones para favorecer la colonización del coral. La evolución de los próximos años determinará si esta combinación de turismo y restauración consigue consolidarse como un ejemplo de aprovechamiento responsable de estructuras sumergidas.
La pregunta de fondo es si el proyecto logrará mantener el equilibrio entre atraer visitantes y proteger el medio marino. El éxito no dependerá únicamente de que los aviones despierten curiosidad bajo el agua, sino de que su nueva vida contribuya a un hábitat duradero.


