El presidente del Gobierno eleva el tono contra la derecha a cinco semanas de las elecciones del 29 de noviembre, promete subir el salario mínimo y defiende su gestión de la vivienda, la inmigración y las pensiones.
Pedro Sánchez ha convertido un eventual Gobierno de PP y Vox en uno de los principales ejes de su discurso de precampaña. En una entrevista publicada por El País el domingo 25 de octubre, el presidente del Gobierno calificó esa posible coalición de «involución» y sostuvo que supondría retroceder varias décadas en cuestiones como el aborto, la muerte digna y la cultura.
La intervención llega a poco más de un mes de las elecciones generales previstas para el 29 de noviembre de 2026, en un escenario marcado por la preocupación por el acceso a la vivienda, los casos de corrupción que afectan al entorno socialista y la disputa entre los principales partidos por movilizar a sus respectivos electorados.
Sánchez defendió que el PSOE puede ampliar su representación parlamentaria y pronosticó una mayoría progresista más amplia. Al mismo tiempo, reconoció que su mayor error durante sus ocho años al frente del Ejecutivo fue no haber detectado la corrupción relacionada con José Luis Ábalos.
La entrevista combina, por tanto, dos mensajes políticos: una advertencia sobre las consecuencias de un posible acuerdo entre PP y Vox y una defensa de la gestión del Gobierno. También deja abiertas preguntas sobre los resultados de las políticas de vivienda, la sostenibilidad de las pensiones y la capacidad del Ejecutivo para recuperar la confianza de los ciudadanos.
Sánchez presenta el 29-N como una elección entre dos modelos
«Un Gobierno del PP con Vox no es alternancia, es retroceder 50 años». Con esta afirmación, Sánchez resumió su estrategia para las elecciones generales y trató de situar los derechos sociales en el centro de la campaña.
El presidente sostiene que un Ejecutivo integrado por ambas formaciones podría revertir avances relacionados con el aborto, la muerte digna y la cultura. En su interpretación, Vox marcaría buena parte de la agenda ideológica y el PP asumiría el coste político de llevarla a la práctica.
Sánchez también recurrió al concepto de involución para cuestionar determinadas decisiones de gobiernos autonómicos en los que participan PP y Vox. Entre sus ejemplos citó la retirada de subvenciones a películas consideradas ideologizadas en Castilla y León, una medida que utilizó para plantear dudas sobre quién decide qué contenidos culturales merecen financiación pública.
El jefe del Ejecutivo comparó esa decisión con prácticas de censura propias de la dictadura franquista. Se trata de una valoración política del presidente, no de una conclusión jurídica sobre la medida autonómica.
La estrategia socialista busca que la campaña no se limite a un balance de gestión, sino que también gire en torno a las consecuencias que podrían tener los acuerdos entre los partidos de la derecha.
Por su parte, PP y Vox defienden sus propuestas como alternativas políticas legítimas y han cuestionado la gestión del Gobierno socialista. El debate electoral deberá permitir contrastar las medidas concretas de cada formación, más allá de las etiquetas utilizadas durante la precampaña.
El caso Ábalos, el mayor error que reconoce el presidente
Uno de los pasajes más relevantes de la entrevista llegó cuando Sánchez fue preguntado por los errores de sus ocho años al frente del Gobierno. El presidente señaló la corrupción relacionada con el exministro de Transportes José Luis Ábalos y reconoció un doble fallo: no haberla detectado y que llegara a producirse.
La declaración supone un reconocimiento político de la insuficiencia de los controles y de la capacidad del entorno presidencial para advertir posibles irregularidades. Sin embargo, no equivale a asumir responsabilidad penal por los hechos atribuidos a otras personas.
El caso Ábalos ha supuesto un problema para el PSOE por sus implicaciones políticas y por las preguntas sobre los mecanismos internos de supervisión. La gestión de los posibles casos de corrupción se ha convertido en uno de los frentes de la precampaña, en paralelo a los procedimientos judiciales que afectan a personas del entorno del presidente.
Sánchez ha defendido en otras intervenciones la actuación del partido y ha insistido en que la formación es ajena a determinadas conductas investigadas. En la entrevista también rechazó que el PSOE fuera responsable de las actuaciones atribuidas a la exmilitante Leire Díez.
La distinción es importante: las responsabilidades políticas, las responsabilidades internas de un partido y las responsabilidades penales son ámbitos diferentes. Las dos primeras pueden debatirse a partir de las decisiones de los dirigentes; las últimas deben establecerse mediante los procedimientos judiciales correspondientes.
En campaña, el reconocimiento de Sánchez puede servirle para proyectar una imagen de autocrítica. Pero también ofrece a sus adversarios un argumento para cuestionar la vigilancia ejercida por el Gobierno sobre su propio entorno.
Vivienda: Sánchez defiende la regulación y pide más construcción asequible
El acceso a la vivienda continúa siendo uno de los principales asuntos de preocupación social. Sánchez defendió la gestión de su Ejecutivo y reclamó que las administraciones con competencias en la materia se impliquen en la construcción de vivienda asequible y protegida.
El presidente sostuvo que el problema no consiste únicamente en construir más viviendas, sino en garantizar que una parte de la oferta sea accesible para los hogares que tienen dificultades para comprar o alquilar. También defendió que, cuando sea posible, las viviendas protegidas no terminen en manos de grandes fondos de inversión.
Sánchez utilizó la intervención pública en el mercado energético como argumento para justificar una mayor regulación del mercado inmobiliario. Su planteamiento es que la regulación puede contribuir a corregir desequilibrios y mejorar las condiciones de acceso.
El presidente afirmó además que su Gobierno ha multiplicado por ocho el presupuesto destinado a políticas de vivienda y que durante su mandato se han construido un millón de viviendas, el 13 % de ellas protegidas. Estas cifras corresponden a su balance de gestión y requieren contrastarse con las estadísticas oficiales y con la definición empleada para contabilizar las viviendas terminadas.
La discusión no se limita al volumen de construcción. También afecta a la localización de las nuevas viviendas, la disponibilidad de suelo, los plazos administrativos, los costes de edificación, la oferta de alquiler y la capacidad de los salarios para cubrir los precios.
Sánchez atribuyó parte de las dificultades parlamentarias de su política de vivienda a los votos de PP, Vox y Junts, que, según sostuvo, han impedido sacar adelante distintas medidas. La oposición, por su parte, mantiene críticas a la política estatal y reclama cambios en la regulación y en la oferta residencial.
El reto para cualquier Gobierno será convertir las propuestas en resultados verificables: más viviendas disponibles, precios asumibles y mayor seguridad para quienes necesitan alquilar o comprar.
Promete subir el salario mínimo antes de las elecciones
En materia laboral, Sánchez aseguró que el Gobierno elevará el salario mínimo interprofesional (SMI) antes de las elecciones. También instó a las organizaciones empresariales y a los sindicatos a negociar una subida de los salarios medios para hacer frente al encarecimiento del coste de la vida.
La promesa sitúa los ingresos de los trabajadores entre los asuntos centrales de la campaña. Una subida del SMI puede aumentar los ingresos brutos de quienes cobran el mínimo, aunque su efecto sobre el poder adquisitivo depende también de la inflación, las cotizaciones, los impuestos y la evolución del empleo.
El presidente defendió que la mejora salarial debe extenderse más allá del mínimo legal y alcanzar a una parte más amplia de los trabajadores. Para ello reclamó un acuerdo entre patronal y sindicatos.
Quedan, sin embargo, detalles por concretar: el porcentaje del incremento, su cuantía final, la fecha exacta de entrada en vigor y los posibles efectos sobre empresas y sectores con márgenes reducidos. La declaración de Sánchez establece un compromiso político, pero no sustituye al acuerdo ni a la norma que debe formalizarlo.
La campaña permitirá comprobar qué propuestas presentan los demás partidos sobre salarios, productividad, fiscalidad y costes laborales, y cómo pretenden compatibilizar las mejoras de ingresos con la actividad económica.
Pensiones: el presidente transmite tranquilidad sobre la sostenibilidad
Sánchez también defendió la solidez del sistema público de pensiones. Según su argumento, las subidas salariales y el aumento del número de cotizantes han contribuido a reforzar sus ingresos.
El presidente sostuvo que el sistema cuenta con mecanismos para corregir posibles desviaciones del gasto y pidió a PP y Vox que expliquen cómo garantizarían su sostenibilidad si consideran que existen riesgos.
La cuestión es especialmente relevante por el envejecimiento de la población y el aumento del número de pensionistas. La sostenibilidad del sistema depende de factores como el empleo, los salarios, las cotizaciones, la evolución demográfica y el gasto en prestaciones.
El número de personas que cotizan es un indicador importante, pero no basta por sí solo para determinar la situación financiera futura. También hay que considerar cuánto cotizan, cuánto tiempo permanecen en el mercado laboral y cómo evoluciona el gasto.
Por ello, el debate sobre las pensiones exige algo más que mensajes tranquilizadores o advertencias de crisis. Las propuestas electorales deberían especificar sus previsiones, fuentes de financiación y efectos a medio y largo plazo.
Inmigración: Sánchez defiende una política ordenada y regular
En materia migratoria, el presidente contrapuso una sociedad abierta a otra cerrada y defendió una inmigración «ordenada y regular». Añadió que las personas que llegan a España deben integrarse y respetar los valores constitucionales y la igualdad entre hombres y mujeres.
Sánchez vinculó la inmigración con la actividad económica y las cotizaciones a la Seguridad Social. También señaló que una parte importante de los migrantes incluidos en el proceso de regularización al que se refirió procedía de países latinoamericanos, entre ellos Argentina.
El presidente atribuyó parte de esas salidas a los recortes del Gobierno de Javier Milei. Esta relación causal forma parte de su interpretación política y no debe darse por demostrada sin datos que permitan identificar los motivos de la emigración.
El debate migratorio incluye varias dimensiones: las necesidades de mano de obra, el envejecimiento demográfico, la capacidad de los servicios públicos, la integración, el control de fronteras y la lucha contra las redes de tráfico de personas.
El Ejecutivo defiende la contribución económica de la inmigración regular. Sus críticos reclaman más control sobre las entradas irregulares y mayores garantías de que los recursos públicos puedan responder a las necesidades de la población.
La discusión requiere cifras comparables y políticas concretas. Ni las generalizaciones favorables ni las acusaciones indiscriminadas permiten evaluar por sí solas los efectos de la inmigración sobre el empleo, las cuentas públicas o los servicios.
La crisis de Ceuta y las limitaciones de la respuesta del Estado
Sánchez también abordó la crisis migratoria de Ceuta y reconoció que hubo avisos previos, aunque afirmó que los servicios de inteligencia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no anticiparon la magnitud de los acontecimientos del 30 y 31 de julio.
El presidente defendió la respuesta del Gobierno y argumentó que una actuación más agresiva en la frontera podría haber provocado consecuencias humanas mucho más graves. Según su explicación, la prioridad fue evitar una situación de mayor violencia.
La cuestión plantea un debate sobre la anticipación de las crisis fronterizas y la coordinación entre los organismos de seguridad. También afecta a las relaciones con Marruecos, un socio esencial para la cooperación migratoria y la gestión de los retornos.
Sánchez reconoció que existen discrepancias con el país vecino en asuntos relacionados con Ceuta y Melilla, pero defendió mantener una relación bilateral estrecha. Además, restó gravedad a la entrada de buques marroquíes en aguas españolas en los términos recogidos en la entrevista.
La evaluación de la respuesta a la crisis requiere examinar las alertas previas, las decisiones adoptadas y la coordinación institucional. El reconocimiento de que no se anticipó la magnitud de los hechos abre una cuestión legítima sobre la preparación del Estado, pero no determina por sí solo qué organismo o responsable cometió un error concreto.
Sánchez acusa a los algoritmos de amplificar la polarización
El presidente atribuyó parte del crecimiento de la ultraderecha a los algoritmos de las plataformas digitales, que, a su juicio, favorecen la polarización y la difusión de mensajes de odio.
También criticó el uso de inteligencia artificial para generar vídeos falsos o deepfakes durante la precampaña. Sánchez calificó estas prácticas de lamentables y cuestionó que se utilicen herramientas tecnológicas para suplantar identidades.
Los contenidos manipulados mediante inteligencia artificial representan un desafío para la información política. Un vídeo falso puede difundirse rápidamente antes de que los medios o las plataformas comprueben su autenticidad, especialmente cuando presenta a un candidato realizando declaraciones polémicas.
Sin embargo, la influencia de los algoritmos no debe utilizarse como explicación única de los cambios electorales. Las decisiones de los votantes también responden a factores económicos, ideológicos, sociales y a la valoración de la gestión de los partidos.
La respuesta institucional debe combinar transparencia sobre el contenido sintético, alfabetización mediática y mecanismos de verificación, respetando al mismo tiempo la libertad de expresión y evitando que la lucha contra la desinformación se convierta en una herramienta de censura partidista.
Zapatero, los procedimientos judiciales y el derecho al voto
En la entrevista, Sánchez defendió el legado del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, al que definió como un activo para el PSOE. El presidente afirmó que hablaría con él para saber si desea participar en la campaña electoral.
Sobre los procedimientos judiciales que afectan a personas de su entorno familiar, Sánchez defendió su inocencia y sostuvo que considera injusto el trato recibido. Esas afirmaciones reflejan su posición; las responsabilidades que sean objeto de procedimientos judiciales deberán resolverse en las instancias correspondientes.
El presidente también se refirió a una resolución del Tribunal Supremo relacionada con el derecho al voto de personas vinculadas a la llamada ley de nietos. Afirmó que el Gobierno acata la decisión, aunque no la comparte, y cuestionó que los descendientes del exilio republicano puedan encontrar obstáculos para votar.
La cuestión exige especial precisión: el alcance de la resolución, las personas afectadas y sus consecuencias electorales deben comprobarse a partir del texto judicial y de la información oficial de las autoridades electorales. No conviene convertir una declaración política sobre una decisión judicial en una descripción completa de sus efectos jurídicos.
Una campaña en la que la gestión y los pactos estarán bajo examen
La entrevista de Sánchez revela una estrategia que combina la defensa de sus políticas sociales con una advertencia sobre un posible Gobierno de PP y Vox. El presidente pretende movilizar a los votantes que consideran prioritarios el aborto, la muerte digna, la vivienda y la protección social.
Al mismo tiempo, el reconocimiento de su error en el caso Ábalos muestra que la corrupción seguirá formando parte de la discusión electoral. La oposición puede utilizar ese reconocimiento para cuestionar los mecanismos de control del Ejecutivo, mientras que el PSOE tratará de defender su gestión y evitar que los casos judiciales eclipsen sus propuestas.
Las promesas sobre el SMI, las pensiones y la vivienda también tendrán que medirse por sus resultados y por los detalles de su aplicación. Las declaraciones de campaña permiten conocer las prioridades de los candidatos, pero no garantizan que sus compromisos se conviertan en medidas aprobadas ni que produzcan los efectos anunciados.
El 29 de noviembre será la próxima gran prueba para los partidos. Hasta entonces, el debate estará marcado por las propuestas, los pactos posibles y la capacidad de cada formación para convencer a los ciudadanos de que su programa responde mejor a sus preocupaciones.
La cuestión central no será solo si Sánchez consigue frenar a PP y Vox, sino qué balance hace el electorado de la gestión del Gobierno y qué alternativas considera viables para la siguiente legislatura.


