España registró 429,4 millones de problemas de salud en 2024, frente a los 311,8 millones de 2016. El aumento de las necesidades sociales y la acumulación de dolencias por paciente agravan el desafío de unos centros de salud que necesitan reorganizar su capacidad de respuesta.
La presión sobre los centros de salud ya no es un problema puntual
La Atención Primaria española se enfrenta a una transformación que va mucho más allá de las listas de espera. Los centros de salud deben responder a una población que acumula cada vez más problemas de salud y cuyas necesidades son también más complejas. El resultado es una presión asistencial creciente que pone a prueba la organización del sistema sanitario.
El informe «Sentirse enfermo. Los problemas de salud como origen de la demanda en Atención Primaria 2016-2025», elaborado por Enclave Salud en el marco del Proyecto Venturi, con la colaboración del Círculo de la Sanidad, cuantifica esta evolución: los problemas de salud registrados pasaron de 311,8 millones en 2016 a 429,4 millones en 2024. El incremento alcanza el 37,7 %.
El número de personas con algún problema de salud también aumentó. En 2016 eran 37,4 millones y en 2024 alcanzaron los 43,8 millones. Esto supone más de seis millones de personas adicionales con problemas registrados en Atención Primaria.
Pero hay otro dato que ayuda a comprender la dimensión del desafío: cada persona con problemas de salud acumulaba una media de 9,8 en 2024, frente a los 8,3 de 2016.
La sanidad pública no solo tiene que atender a más personas. También debe gestionar una mayor acumulación de necesidades en cada paciente.
Casi diez problemas de salud por persona
La evolución de los datos permite observar cómo ha cambiado la carga potencial que llega a las consultas de medicina de familia.
| Indicador | 2016 | 2024 |
|---|---|---|
| Personas con problemas de salud | 37,4 millones | 43,8 millones |
| Problemas de salud registrados | 311,8 millones | 429,4 millones |
| Media de problemas por persona | 8,3 | 9,8 |
| Porcentaje de población con problemas registrados | 81,4 % | 91,2 % |
Las cifras muestran que el incremento no se limita al crecimiento demográfico. La proporción de población con problemas de salud registrados pasó del 81,4 % al 91,2 % en el periodo analizado.
La diferencia entre el aumento de personas y el de problemas resulta especialmente relevante. El volumen total de problemas creció más deprisa que el número de personas afectadas. Esto apunta a una mayor acumulación de necesidades sanitarias por paciente.
Conviene precisar qué mide el informe: los problemas de salud registrados no equivalen al número de consultas médicas ni a 429,4 millones de visitas a los centros de salud. Se trata de una medida de los problemas identificados en los registros de Atención Primaria. Un mismo problema puede generar diferentes contactos asistenciales y no todos requieren la misma atención.
Sin embargo, el indicador ofrece una fotografía importante de la complejidad que debe gestionar el sistema.
Las necesidades sociales aumentan un 130,8 %
Uno de los resultados más llamativos del estudio es el crecimiento de los problemas y necesidades sociales que aparecen en las consultas de Atención Primaria.
Desde 2016, estas situaciones han aumentado un 130,8 %, una subida muy superior a la registrada en el conjunto de problemas de salud.
Entre las circunstancias identificadas figuran:
- Dificultades económicas y problemas para llegar a fin de mes.
- Problemas de vivienda, que pueden afectar a la estabilidad y al bienestar de las familias.
- Desempleo y situaciones de precariedad laboral.
- Conflictos familiares y situaciones de violencia.
- Otras circunstancias sociales que pueden repercutir sobre la salud física y mental.
El dato revela una realidad que los profesionales sanitarios conocen desde hace tiempo: los centros de salud se han convertido en una de las puertas de entrada más accesibles para personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Una consulta médica puede ser el primer lugar al que acude una persona que sufre ansiedad por problemas económicos, dificultades familiares o inseguridad residencial. Sin embargo, un médico no puede resolver por sí solo la falta de empleo, la ausencia de vivienda o una situación de exclusión social.
Estas necesidades requieren respuestas de los servicios sociales, las administraciones competentes y otros recursos comunitarios.
El incremento del 130,8 % plantea, por tanto, un problema de organización: si los centros sanitarios absorben cada vez más demandas que no son estrictamente clínicas, necesitan mecanismos eficaces para identificar su origen y derivarlas al recurso adecuado.
El envejecimiento y las enfermedades crónicas aumentan la complejidad
El envejecimiento de la población constituye uno de los factores que ayudan a explicar la evolución de las necesidades sanitarias. A medida que aumenta la edad, también crece la probabilidad de convivir con enfermedades crónicas, limitaciones funcionales y problemas que requieren seguimiento continuado.
La cronicidad es especialmente relevante para Atención Primaria. A diferencia de una dolencia puntual, una enfermedad crónica puede exigir controles periódicos, tratamientos prolongados, pruebas, ajustes terapéuticos y coordinación con especialistas.
Además, una misma persona puede presentar varias enfermedades simultáneamente. Esta acumulación, conocida como multimorbilidad, hace que la atención sea más compleja y obliga a valorar al paciente en su conjunto.
El informe del Proyecto Venturi advierte de que el envejecimiento y la cronicidad son factores importantes, pero no explican por sí solos todo el crecimiento registrado.
También influyen la evolución de los problemas sociales, las características de la población y la forma en que las necesidades se convierten en demanda asistencial.
Por eso, limitar el debate a contratar más profesionales o ampliar las agendas puede resultar insuficiente si no se analiza primero qué problemas están llegando a las consultas y qué respuesta necesita cada uno.
Más pacientes no significa automáticamente más consultas
Una de las aportaciones del estudio es distinguir tres conceptos que con frecuencia se confunden: problemas de salud, demanda asistencial y actividad sanitaria.
Los problemas de salud constituyen el punto de partida. Pero no todos generan una consulta inmediata. La persona puede percibir una dolencia, valorar su gravedad y decidir si solicita ayuda. En otros casos, es el propio sistema sanitario el que programa revisiones y controles para vigilar una enfermedad crónica.
La demanda asistencial aparece cuando se plantea la necesidad de recibir atención. La actividad sanitaria es la respuesta que finalmente organiza y presta el sistema: consultas, pruebas, tratamientos, derivaciones y seguimientos.
Esta distinción es fundamental para planificar los recursos.
Dos pacientes con el mismo número de problemas de salud pueden necesitar niveles de atención muy diferentes. Una dolencia leve y transitoria no genera las mismas necesidades que una enfermedad crónica compleja que requiere controles frecuentes.
Por eso, los autores consideran necesario conocer no solo cuántas personas acuden a los centros de salud, sino también qué problemas presentan, cuánto tiempo persisten y qué recursos requieren.
El director del Proyecto Venturi, Antonio Burgueño Jerez, ha defendido que el reto no consiste únicamente en aumentar la capacidad para atender más actividad, sino en comprender cómo está cambiando la demanda y decidir qué necesidades deben atenderse, por quién y mediante qué modalidad.
Una reforma organizativa antes de seguir aumentando recursos
El informe plantea revisar en profundidad el modelo de Atención Primaria antes de adoptar decisiones sobre el refuerzo de sus capacidades.
La propuesta no significa que contratar médicos, enfermeros o personal administrativo sea innecesario. La disponibilidad de profesionales es una condición esencial para garantizar una asistencia adecuada. Lo que plantea el análisis es que aumentar recursos sin comprender la composición de la demanda puede dejar sin resolver parte del problema.
Una reorganización eficaz debería contemplar varias líneas de actuación:
1. Diferenciar las necesidades clínicas y sociales
Los centros de salud necesitan procedimientos claros para identificar cuándo un problema requiere una intervención médica y cuándo debe abordarse mediante servicios sociales u otros recursos comunitarios.
2. Mejorar la coordinación entre administraciones
Las necesidades sociales no pueden recaer exclusivamente sobre el sistema sanitario. La coordinación entre sanidad, servicios sociales, vivienda y empleo puede evitar que los profesionales médicos tengan que asumir funciones para las que no disponen de herramientas específicas.
3. Reforzar el seguimiento de los pacientes crónicos
La acumulación de enfermedades exige modelos de atención que permitan realizar controles adecuados y evitar duplicidades. Una mejor coordinación puede reducir desplazamientos y contactos innecesarios sin perjudicar la calidad asistencial.
4. Distribuir mejor las funciones profesionales
No todas las necesidades tienen que resolverse mediante una consulta médica convencional. La participación coordinada de enfermería, trabajo social y otros perfiles puede mejorar la respuesta y aprovechar mejor el tiempo de los médicos de familia.
5. Planificar con datos actualizados
Las administraciones necesitan conocer la composición real de la demanda por territorios y grupos de población. La planificación basada únicamente en el número de habitantes puede quedarse corta cuando existen diferencias importantes en edad, cronicidad y vulnerabilidad social.
La satisfacción de los pacientes no elimina el problema de capacidad
El debate sobre la presión asistencial debe contemplar también la valoración que hacen los ciudadanos de los servicios sanitarios.
El Ministerio de Sanidad comunicó el 3 de noviembre de 2026 que el 82,1 % de las personas usuarias valoraba positivamente la atención recibida en Atención Primaria.
Este indicador aporta una perspectiva complementaria: una valoración favorable de la atención no significa que el sistema carezca de problemas de capacidad, demoras o sobrecarga profesional. Son dimensiones diferentes.
Un paciente puede valorar positivamente el trato recibido por su médico y, al mismo tiempo, tener dificultades para conseguir una cita con rapidez. Del mismo modo, los profesionales pueden ofrecer una atención de calidad pese a trabajar con agendas exigentes y una elevada carga de pacientes.
Por eso, las estadísticas de satisfacción no deben utilizarse para ocultar las dificultades organizativas, del mismo modo que las cifras de presión asistencial no permiten concluir que toda la atención prestada sea deficiente.
El reto consiste en garantizar que la calidad percibida se mantenga sin depender permanentemente del esfuerzo extraordinario de los profesionales.
El origen de los datos: un análisis de los registros de Atención Primaria
El informe «Sentirse enfermo» ha sido elaborado por Enclave Salud dentro del Proyecto Venturi y cuenta con la colaboración del Círculo de la Sanidad.
Su análisis utiliza información de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) del Ministerio de Sanidad para estudiar la evolución de los problemas de salud entre 2016 y 2024.
La investigación distingue entre la población que presenta problemas de salud y el volumen de problemas registrados. Esta metodología permite analizar tanto la extensión de las necesidades sanitarias como su acumulación en cada persona.
Hay una precisión temporal importante: aunque el título del informe hace referencia al periodo 2016-2025, las cifras nacionales destacadas en la información publicada corresponden a 2016-2024. Por tanto, los 429,4 millones de problemas de salud no deben presentarse como un dato de cierre de 2025.
Tampoco debe interpretarse el incremento del 37,7 % como un aumento equivalente de enfermedades graves, consultas o pacientes que necesitan una intervención inmediata. El indicador mide problemas registrados y su evolución, no la gravedad clínica de cada caso.
Esta distinción es esencial para evitar conclusiones exageradas y para que las administraciones utilicen correctamente los datos a la hora de diseñar políticas sanitarias.
La sanidad necesita recuperar tiempo para atender a los pacientes
La Atención Primaria es la puerta de entrada al Sistema Nacional de Salud y desempeña una función esencial en la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.
Sin embargo, la evolución de los problemas registrados muestra que su responsabilidad se ha vuelto más compleja. Los profesionales deben atender a más personas, gestionar más problemas por paciente y responder a necesidades que, en ocasiones, tienen un origen social y no estrictamente médico.
El crecimiento de la demanda no puede resolverse únicamente aumentando el número de citas. Tampoco es razonable trasladar a los centros sanitarios responsabilidades que corresponden a otras áreas de la Administración sin proporcionarles herramientas de coordinación.
La solución exige planificación, profesionales suficientes, mejores sistemas de información y una delimitación clara de las funciones de cada servicio público.
Los 429,4 millones de problemas de salud registrados en 2024 son una advertencia sobre la transformación de las necesidades de la población española. El desafío consiste en adaptar la sanidad a esa realidad antes de que la sobrecarga termine deteriorando la accesibilidad y la calidad de la atención.
La pregunta que deben responder las administraciones no es únicamente cuántos médicos hacen falta, sino qué está llevando a los ciudadanos a los centros de salud y qué recursos deben intervenir para darles una respuesta adecuada.


