Las dos compañías amplían su alianza a escala global para proteger infraestructuras híbridas y multicloud, combinando tecnología de seguridad, servicios gestionados y una red internacional de centros de operaciones.
Las amenazas digitales crecen en sofisticación mientras las empresas dependen cada vez más de sistemas conectados, servicios en la nube y plataformas de inteligencia artificial. En este escenario, Atos y Fortinet han ampliado su acuerdo de colaboración para ofrecer un modelo global y unificado de ciberseguridad, con el objetivo de simplificar la protección de las infraestructuras tecnológicas y acelerar la respuesta frente a posibles ataques.
El acuerdo, anunciado el 16 de octubre de 2026 en una información publicada por Digital Inside, evoluciona desde una colaboración centrada en mercados individuales hacia un marco coordinado internacionalmente. La iniciativa combina las tecnologías de seguridad de Fortinet con los servicios de consultoría, integración y gestión de ciberseguridad de Atos.
La operación responde a un problema creciente para las organizaciones: proteger redes, centros de datos, aplicaciones y servicios distribuidos entre instalaciones propias y proveedores de nube, sin multiplicar la complejidad operativa ni perder visibilidad sobre los riesgos.
Una alianza global para proteger entornos híbridos y multicloud
La ampliación de la colaboración busca establecer un modelo común de comercialización, atención al cliente y prestación de servicios en los diferentes mercados donde operan ambas compañías.
El marco conjunto contempla tanto la reventa de soluciones de seguridad como la prestación de servicios gestionados de ciberseguridad, mediante los cuales especialistas supervisan sistemas, analizan alertas y ayudan a responder ante incidentes.
La propuesta está orientada especialmente a organizaciones que trabajan con infraestructuras híbridas y multicloud.
- Entornos híbridos: combinan sistemas instalados en las propias instalaciones de una empresa con servicios alojados en la nube.
- Entornos multicloud: utilizan servicios de varios proveedores de nube, lo que puede aumentar la flexibilidad, pero también dificulta la gestión coordinada de la seguridad.
- Sistemas locales (on premises): infraestructuras que la organización mantiene y administra directamente en sus instalaciones o centros de datos.
Esta diversidad tecnológica puede generar políticas de seguridad distintas, herramientas poco integradas y dificultades para detectar actividades sospechosas que afectan a varios sistemas al mismo tiempo.
Por eso, la estandarización internacional es uno de los elementos centrales del acuerdo. Un modelo de seguridad coordinado puede facilitar la aplicación de políticas comunes y mejorar la visibilidad sobre infraestructuras repartidas entre distintos países y plataformas.
No obstante, la unificación de los servicios no elimina automáticamente los riesgos. Su eficacia dependerá de cómo se integren las herramientas, de la calidad de la información disponible y de la capacidad de cada organización para adaptar las medidas a sus necesidades.
Atos aporta servicios gestionados y una red internacional de centros de seguridad
Uno de los principales activos de la colaboración es la infraestructura operativa de Atos, que aporta servicios especializados para supervisar y proteger los sistemas tecnológicos de sus clientes.
Según la información publicada por Digital Inside, la compañía dispone de 17 centros de operaciones de seguridad (SOC) y una plantilla de más de 6 500 especialistas vinculados a estas capacidades.
Los SOC —siglas de Security Operations Center— son centros desde los que equipos especializados supervisan eventos de seguridad, investigan alertas y coordinan la detección y respuesta ante posibles incidentes.
La fuente también atribuye a la red de Atos la capacidad de procesar más de 31 000 millones de eventos de seguridad diarios. Esta cifra debe entenderse como un volumen de eventos procesados, no como el número de ataques confirmados: muchos registros corresponden a actividad legítima, alertas automáticas o señales que necesitan analizarse para determinar si existe una amenaza real.
La capacidad de analizar grandes cantidades de información resulta importante en un entorno en el que las empresas generan registros continuamente a través de aplicaciones, dispositivos, redes y servicios alojados en la nube.
Sin embargo, el volumen de datos por sí solo no garantiza una protección eficaz. También son determinantes la calidad de las reglas de detección, la capacidad de priorizar las alertas y el tiempo que se tarda en contener una amenaza.
Fortinet aporta tecnología de redes seguras, SASE e inteligencia artificial
La contribución de Fortinet se centra en sus tecnologías de seguridad de redes, conectividad y protección de infraestructuras digitales.
La compañía incorpora a la alianza soluciones relacionadas con la arquitectura SASE, las integraciones de seguridad apoyadas en inteligencia artificial y los mecanismos para aplicar políticas de protección en redes distribuidas.
SASE, siglas de Secure Access Service Edge, es un modelo que integra funciones de conectividad y seguridad para usuarios, dispositivos y aplicaciones, especialmente en organizaciones con oficinas, trabajadores remotos y servicios en la nube.
Su finalidad es facilitar un acceso seguro a los recursos corporativos sin depender exclusivamente de que el usuario se encuentre dentro de una red empresarial tradicional.
La integración con los servicios de Atos pretende combinar estas tecnologías con las capacidades de consultoría, implantación y supervisión continua.
En términos prácticos, la propuesta busca que las organizaciones puedan administrar mejor sus controles de seguridad y coordinar la respuesta ante amenazas que afecten a diferentes partes de su infraestructura.
La inteligencia artificial también desempeña un papel creciente en estas herramientas, al ayudar a identificar patrones anómalos, clasificar alertas y acelerar determinadas tareas de análisis. Aun así, la automatización no sustituye la necesidad de supervisión especializada, especialmente cuando una decisión puede interrumpir servicios esenciales o afectar a datos sensibles.
El ransomware y la complejidad tecnológica elevan la presión sobre las empresas
La ampliación de la alianza se produce en un contexto de creciente preocupación por los ataques informáticos, el secuestro de datos y las vulnerabilidades de los sistemas empresariales.
El ransomware es un tipo de ataque en el que los delincuentes bloquean o cifran información y pueden amenazar con divulgar datos sustraídos para presionar a la víctima. Sus consecuencias pueden incluir interrupciones operativas, pérdidas económicas, daños reputacionales y obligaciones de notificación cuando se ven afectados datos personales.
El problema se complica cuando las organizaciones utilizan numerosos sistemas conectados, proveedores externos y aplicaciones distribuidas en distintas nubes.
Una empresa puede disponer de herramientas de seguridad eficaces en cada área y, aun así, tener dificultades para detectar una cadena de actividad maliciosa que atraviesa varios sistemas. La falta de integración también puede retrasar la investigación y la contención de un incidente.
Entre los principales retos que afrontan los responsables tecnológicos destacan:
- Aumentar la visibilidad: identificar qué ocurre en redes, aplicaciones, dispositivos y servicios alojados en la nube.
- Reducir los tiempos de respuesta: investigar alertas y contener amenazas antes de que provoquen daños mayores.
- Coordinar herramientas y equipos: evitar que diferentes sistemas funcionen como compartimentos aislados.
- Cumplir las obligaciones normativas: proteger los datos y documentar las medidas adoptadas.
- Afrontar la falta de especialistas: mantener capacidades de seguridad suficientes pese a la escasez de profesionales cualificados.
La alianza entre Atos y Fortinet intenta abordar parte de estas dificultades mediante una oferta coordinada de tecnología y servicios gestionados.
La inteligencia artificial abre nuevas oportunidades, pero también nuevos riesgos
La expansión de la IA está modificando el panorama de la ciberseguridad. Estas herramientas pueden contribuir a analizar grandes volúmenes de registros, detectar anomalías y automatizar determinadas tareas de respuesta.
Al mismo tiempo, las organizaciones deben proteger los propios sistemas de IA, controlar los datos que utilizan y evaluar los riesgos derivados de su integración en procesos empresariales.
Los atacantes también pueden aprovechar herramientas automatizadas para acelerar determinadas fases de sus operaciones. Por eso, la seguridad debe contemplar tanto la protección de los sistemas tradicionales como la de las nuevas aplicaciones inteligentes.
En este contexto, una infraestructura de ciberseguridad integrada puede ayudar a centralizar información y aplicar controles de forma coherente. Pero el resultado dependerá de las capacidades reales de cada solución, de su configuración y de la preparación de los equipos responsables.
La IA puede mejorar la velocidad del análisis, pero no convierte por sí sola una infraestructura en segura. Las organizaciones siguen necesitando políticas de acceso, copias de seguridad, gestión de vulnerabilidades, formación de los empleados y planes de recuperación ante incidentes.
Confianza cero, seguridad en la nube y ciberresiliencia
La oferta conjunta también incluye servicios vinculados a la seguridad de redes, la protección de entornos cloud, la arquitectura de confianza cero y la ciberresiliencia.
El modelo de confianza cero —conocido como Zero Trust— parte de la idea de que ningún usuario, dispositivo o conexión debe considerarse fiable automáticamente por encontrarse dentro de una red corporativa.
En su lugar, el acceso a los recursos se concede según la identidad, los permisos, el contexto y las políticas de seguridad aplicables. Este enfoque busca reducir los movimientos de un atacante dentro de una infraestructura si consigue comprometer una cuenta o un dispositivo.
La ciberresiliencia, por su parte, se refiere a la capacidad de una organización para resistir incidentes, mantener las funciones esenciales y recuperar sus operaciones después de una interrupción.
Una estrategia completa debe combinar prevención, detección, respuesta y recuperación. Las empresas también necesitan comprobar periódicamente que sus copias de seguridad funcionan y que pueden restaurar los servicios críticos en los plazos previstos.
La propuesta de Atos y Fortinet busca reunir varias de estas capacidades en un modelo coordinado. Para los clientes, el interés potencial reside en reducir la fragmentación de los servicios y disponer de un marco común para gestionar distintos componentes de la seguridad.
Soberanía de los datos y cumplimiento normativo: otro frente estratégico
La protección de los datos se ha convertido en una cuestión central para las empresas que operan en varios países o dependen de proveedores tecnológicos internacionales.
La soberanía de los datos comprende aspectos relacionados con su ubicación, las jurisdicciones aplicables, el acceso por parte de terceros y el control que mantiene la organización sobre la información.
Estos asuntos adquieren especial importancia en sectores regulados y en compañías que manejan información sensible, datos personales o servicios esenciales.
La colaboración entre dos proveedores internacionales no garantiza por sí misma el cumplimiento de todas las obligaciones aplicables. Las empresas deben analizar dónde se almacenan y procesan sus datos, qué proveedores intervienen y qué responsabilidades asume cada parte.
En la Unión Europea, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) establece obligaciones para el tratamiento de datos personales. Además, determinadas organizaciones y sectores deben considerar requisitos específicos de ciberseguridad y resiliencia, según su actividad y las normas que les resulten aplicables.
La estandarización de los servicios puede facilitar la gestión de políticas y controles, pero no sustituye la evaluación jurídica y técnica de cada caso.
Qué puede aportar el acuerdo a las empresas
La principal promesa de la alianza es integrar tecnología, servicios gestionados y capacidades operativas bajo un marco global.
Si la implantación funciona según los objetivos anunciados, las organizaciones podrían beneficiarse de una gestión más coherente de la seguridad, mayor visibilidad de sus infraestructuras y una coordinación más sencilla entre equipos y proveedores.
También podrían reducir parte de la complejidad asociada a la administración de herramientas diferentes. No obstante, no se han detallado en la información de partida indicadores que permitan cuantificar un ahorro económico, una reducción concreta del tiempo de respuesta o una disminución porcentual de los incidentes.
Por ello, conviene distinguir entre las ventajas que persigue el acuerdo y los resultados que deberán demostrarse en la práctica.
Para evaluar el valor de una solución de ciberseguridad, las empresas deberían examinar indicadores como:
- El tiempo medio necesario para detectar e investigar un incidente.
- El tiempo que transcurre hasta contener una amenaza.
- La proporción de alertas que resultan relevantes tras su análisis.
- La disponibilidad de los servicios críticos.
- La capacidad para recuperar datos y operaciones.
- El coste total de implantación, operación y mantenimiento.
Estos indicadores permiten valorar si una arquitectura integrada aporta mejoras medibles y si la inversión se ajusta al perfil de riesgo de la organización.
Una alianza que busca responder a un mercado cada vez más exigente
La ampliación de la colaboración entre Atos y Fortinet refleja una tendencia del sector: combinar plataformas tecnológicas con servicios especializados para afrontar una superficie de ataque cada vez más compleja.
La integración de redes seguras, herramientas de análisis, servicios gestionados y centros de operaciones puede facilitar una respuesta más coordinada. Sin embargo, su eficacia dependerá de la ejecución, la integración técnica y la capacidad de adaptar el servicio a las necesidades de cada cliente.
En un escenario marcado por el ransomware, la digitalización y la incorporación de inteligencia artificial, la ciberseguridad deja de ser una cuestión exclusivamente informática para convertirse en un factor de continuidad operativa y competitividad empresarial.
La nueva etapa de la alianza aspira a ofrecer una respuesta global a ese desafío. El verdadero criterio para medir su éxito será comprobar si las organizaciones consiguen proteger mejor sus sistemas, recuperarse con mayor rapidez y mantener el control de sus datos sin añadir una complejidad innecesaria.


