Las pérdidas desconocidas alcanzan los 2.932 millones de euros anuales y los hurtos representan el 81%. El comercio alerta del auge de la multirreincidencia, las bandas organizadas y la violencia contra los empleados.
El problema ya no se limita a pequeños productos que desaparecen de las estanterías. Los comercios españoles pierden cerca de ocho millones de euros al día por la llamada pérdida desconocida, una factura que amenaza la rentabilidad de miles de establecimientos y obliga a reforzar la seguridad.
Vinos, embutidos ibéricos, cuchillas de afeitar, auriculares y hasta comida húmeda para mascotas figuran entre los artículos más sustraídos. El fenómeno tiene una dimensión preocupante: las pérdidas ascendieron a 2.932 millones de euros en el último ejercicio analizado, un 4% más que el año anterior.
Los datos proceden del Barómetro del Hurto en la Distribución Comercial, elaborado por NIQ, con la colaboración de Checkpoint Systems y la Asociación de Empresas del Gran Consumo (AECOC). El informe dibuja un escenario de creciente presión sobre el comercio, con especial preocupación por los hurtos reiterados, la actuación de grupos organizados y el aumento de las agresiones al personal.
El comercio español pierde 2.932 millones de euros al año
La denominada pérdida desconocida engloba las diferencias entre las existencias que deberían tener los establecimientos y las que realmente registran. No se limita a los robos: también incluye errores administrativos y fraude de proveedores.
Según el barómetro, el conjunto de estas pérdidas equivale al 1,1% de la facturación del sector, el nivel más elevado de la última década, de acuerdo con la serie recogida en el estudio.
La evolución muestra un deterioro después de los niveles registrados en años anteriores:
- 2022: las pérdidas representaban el 0,9% de la facturación.
- 2023: el porcentaje descendió hasta el 0,74%.
- Último ejercicio analizado: volvió a alcanzar el 1,1%.
El dato más significativo es que los hurtos concentran el 81% de las pérdidas desconocidas. Esto significa que el problema no responde únicamente a fallos de inventario o administrativos, sino que tiene un importante componente de sustracción de mercancías.
Para las empresas, el impacto va más allá del valor de los productos desaparecidos. Cada artículo robado reduce el margen comercial y puede obligar a incrementar los recursos destinados a vigilancia, sistemas de protección y reposición.
Vinos, ibéricos y chocolate lideran los robos en alimentación
El ranking de productos sustraídos refleja tanto el valor económico de determinados artículos como su facilidad para ser transportados y revendidos.
En alimentación, los vinos y licores encabezan la lista, seguidos de los loncheados ibéricos y los chocolates. Las conservas y el aceite completan los cinco primeros puestos.
El aceite había ocupado posiciones destacadas durante los dos años anteriores, coincidiendo con el fuerte encarecimiento que experimentó en los supermercados. Su pérdida de protagonismo en el ranking no significa que haya dejado de ser un producto afectado por los hurtos.
La clasificación también revela que los artículos más sustraídos no se limitan a productos de primera necesidad. Determinados alimentos de mayor valor comercial resultan especialmente atractivos para quienes buscan revender mercancía fuera de los circuitos legales.
Cuchillas de afeitar, auriculares y camisetas: los otros productos más robados
El fenómeno afecta a prácticamente todas las categorías comerciales. El barómetro identifica distintos productos especialmente vulnerables:
Cuidado personal y belleza
- Cuchillas de afeitar.
- Productos de cuidado corporal.
- Maquillaje.
Las fragancias y los protectores solares han perdido posiciones respecto a anteriores clasificaciones.
Electrónica
- Auriculares.
- Accesorios para teléfonos móviles.
- Videojuegos.
- Cargadores.
- Relojes inteligentes.
Los productos electrónicos pequeños concentran parte del riesgo por su facilidad de transporte y su atractivo comercial.
Moda y complementos
- Camisetas y camisas.
- Calzado.
- Ropa interior.
Productos para mascotas
Una de las novedades del informe es el crecimiento del hurto de comida para animales, especialmente en su formato húmedo. También aparecen los antiparasitarios, el pienso y los artículos de higiene.
El aumento de los hogares con mascotas ha ampliado el mercado de estos productos y, según el estudio, también ha elevado su presencia entre los artículos sustraídos.
Los clientes concentran el 63% de las pérdidas por hurto
Uno de los datos más relevantes del barómetro es la distribución de la responsabilidad sobre las pérdidas.
El informe atribuye el 63% de los hurtos a los propios clientes, frente al 18% relacionado con el personal de los establecimientos.
Esta distribución explica la preocupación de las cadenas comerciales por los sistemas de autopago. En estos espacios, el consumidor escanea directamente los artículos y completa la operación sin pasar por una caja atendida de forma permanente.
Según el estudio, el 67% de los comercios considera que se roba más en las cajas de autopago que en las tradicionales. Además, el 46% afirma que ya destina recursos adicionales para vigilar estos puntos.
La tecnología permite agilizar las compras y reducir tiempos de espera, pero también obliga a reforzar los controles para evitar que algunos usuarios abandonen el establecimiento sin pagar todos los productos.
El reto para las empresas consiste en mantener la comodidad del autoservicio sin convertirlo en un punto vulnerable para la seguridad y la rentabilidad del negocio.
La multirreincidencia y las bandas organizadas agravan el problema
El informe también apunta a que una parte importante de los hurtos no responde a hechos aislados.
El 48% de los hurtos se atribuye a personas multirreincidentes, según la clasificación utilizada en el barómetro. El estudio considera multirreincidentes a quienes cometen tres o más sustracciones al año en establecimientos.
Por otro lado, el 46% se relaciona con bandas organizadas, que sustraerían productos de valor para introducirlos posteriormente en mercados paralelos.
Esta dimensión organizada añade dificultades a los comercios. No se trata únicamente de evitar que desaparezca un artículo, sino de identificar patrones, detectar grupos que actúan de forma coordinada y colaborar con las autoridades para perseguir la actividad delictiva.
La reventa de productos sustraídos puede alimentar un circuito económico ilegal que perjudica tanto a las empresas como a los consumidores y a los negocios que operan dentro de la legalidad.
Los menores de 30 años protagonizan más de la mitad de los casos
La distribución por edades que recoge el informe también ofrece datos llamativos.
Los menores de 30 años protagonizan el 52% de los casos, y dentro de ese grupo el 13% corresponde a menores de edad.
Los adultos de entre 31 y 50 años representan el 32%, mientras que los mayores de 50 concentran el 15%.
Estas cifras describen la distribución recogida por el estudio, pero no permiten concluir por sí solas cuáles son las causas del comportamiento delictivo ni establecer un perfil único de quienes cometen hurtos.
El 79% de los comercios alerta de más agresividad contra sus empleados
La pérdida económica no es el único problema. El personal de los establecimientos también afronta un deterioro del clima de seguridad.
El 79% de los comercios encuestados asegura que ha aumentado la agresividad verbal o física contra sus trabajadores.
La situación afecta directamente a cajeros, dependientes, vigilantes y responsables de tienda, que pueden verse obligados a intervenir cuando detectan una sustracción.
El estudio añade otro dato preocupante: el 78% de los establecimientos afirma que cada vez resulta más difícil encontrar vigilantes de seguridad.
La combinación de más incidentes y dificultades para cubrir puestos de vigilancia incrementa la presión sobre las plantillas. Los trabajadores no deberían tener que asumir riesgos físicos para proteger mercancías que pertenecen a sus empresas.
Cámaras, alarmas y etiquetas: así intentan protegerse las tiendas
Ante el aumento de las pérdidas, los comercios han extendido los sistemas de prevención y vigilancia.
El barómetro recoge que todos los establecimientos encuestados disponen de cámaras, alarmas y sistemas antihurto, como antenas y etiquetas electrónicas.
Además:
- El 75% cuenta con vigilantes y sensores de movimiento.
- El 79% protege determinados productos mediante dispositivos como arañas, collarines o cajas de policarbonato.
- El 46% utiliza tecnología RFID, que permite identificar y rastrear artículos mediante radiofrecuencia.
La protección se concentra especialmente en productos pequeños, de valor elevado o fáciles de sustraer. Las etiquetas y los dispositivos de seguridad buscan dificultar la extracción de mercancía sin autorización y facilitar su identificación.
Sin embargo, el despliegue de estas medidas supone un coste adicional que termina incorporándose a la estructura de gastos de los establecimientos.
La ley de multirreincidencia, bajo el foco
Los datos del barómetro llegan meses después de la entrada en vigor, el 9 de abril de 2026, de la reforma penal sobre multirreincidencia mencionada en la información original.
La reforma pretende reforzar la respuesta penal ante determinados supuestos de hurtos reiterados. Según la referencia recogida en el artículo de El Mundo, las penas pueden situarse entre uno y tres años de prisión cuando concurren las condiciones legales, entre ellas la existencia de al menos tres condenas previas por hurto.
No obstante, la aplicación de estas penas no es automática por acumular tres incidentes o denuncias. Es necesario que se cumplan los requisitos previstos en el Código Penal y que exista una resolución judicial que acredite los antecedentes computables y las circunstancias del nuevo delito.
La eficacia de la reforma dependerá también de su aplicación práctica, de la capacidad de investigación y de la respuesta judicial ante los casos reiterados.
Una factura que amenaza la competitividad del comercio
Los 2.932 millones de euros de pérdidas anuales reflejan un problema que afecta a la estructura económica del comercio español.
Los establecimientos deben asumir el coste de los productos sustraídos, reforzar la vigilancia, instalar dispositivos de protección y dedicar recursos a investigar las diferencias de inventario. Todo ello reduce el margen disponible para invertir, modernizar los negocios y generar empleo.
El impacto puede resultar especialmente difícil de absorber para los pequeños comercios, que no disponen de los mismos recursos que las grandes cadenas para desplegar sistemas de seguridad avanzados.
El debate, por tanto, no debería limitarse a cuánto dinero desaparece cada día de las tiendas. También debe centrarse en cómo proteger a los trabajadores, combatir la multirreincidencia y evitar que las empresas tengan que trasladar el coste de los hurtos al precio que pagan los consumidores.
Cuando robar en una tienda se convierte en una actividad reiterada o forma parte de un negocio organizado, el perjuicio deja de ser un simple problema de inventario: afecta a la seguridad, al empleo y a la viabilidad del comercio.


