La escritora chilena recupera una reflexión pronunciada en 2007 sobre los abusos de autoridad, la desigualdad y la falta de consecuencias. Su Premio Planeta 2026 devuelve sus palabras al centro del debate público.
El poder puede ser necesario para gobernar, administrar justicia o dirigir una institución. El problema comienza cuando quien lo ejerce deja de responder por sus decisiones. Esa es la preocupación que Isabel Allende expresó hace casi dos décadas y que ha vuelto a cobrar protagonismo tras convertirse en la ganadora del Premio Planeta 2026.
«Lo que más temo es el poder con impunidad», afirmó la escritora en una conferencia pronunciada en marzo de 2007. La reflexión, recuperada por La Razón tras conocerse el fallo del galardón, se enmarca en una intervención sobre la violencia contra las mujeres, la desigualdad y las dificultades para enfrentarse a quienes ejercen autoridad sin rendir cuentas.
La frase ha recuperado actualidad en un momento en el que el debate sobre los límites del poder, la responsabilidad de los dirigentes y la protección de quienes denuncian abusos ocupa un lugar destacado en la conversación pública. Allende no se refería únicamente a los gobiernos: su reflexión abarcaba también las relaciones laborales, familiares y sociales en las que una persona dispone de más recursos o capacidad de decisión que otra.
La escritora chilena ha recibido el premio más importante de su trayectoria en el ámbito de los galardones literarios españoles con «La hora antes del alba», una novela que regresa al universo de La casa de los espíritus. La distinción, anunciada en Barcelona el 15 de octubre, coincide así con la recuperación de unas palabras que resumen una de las preocupaciones recurrentes de su obra: qué ocurre cuando la autoridad deja de tener límites efectivos.
La reflexión de Isabel Allende sobre el abuso de poder
La frase que ha vuelto a circular procede de la conferencia «Cuentos de pasión», pronunciada por Allende en un encuentro TED celebrado en Monterey, California, en marzo de 2007. El texto está recogido en la web oficial de la autora.
En aquella intervención, la escritora abordó la desigualdad que sufren las mujeres y las barreras que encuentran quienes intentan defender sus derechos. Su argumento iba más allá de condenar una conducta individual: señalaba también las condiciones que permiten que el abuso se repita sin consecuencias.
La diferencia es importante. Una cosa es que alguien utilice su posición para perjudicar a otra persona; otra, que pueda hacerlo convencido de que nadie investigará lo sucedido o de que la víctima carecerá de medios para reclamar.
En el segundo escenario, el problema no se limita al comportamiento de quien abusa. También afecta a las instituciones, las normas y los mecanismos de protección que deberían impedir que la desigualdad de poder se convierta en indefensión.
Allende ha trasladado a sus novelas cuestiones como la violencia, la libertad, la justicia y la capacidad de resistencia de las personas. Su literatura suele combinar historias familiares con episodios históricos y conflictos políticos, pero su reflexión de 2007 tenía un sentido concreto: la autoridad necesita límites y las personas afectadas por sus decisiones deben poder exigir responsabilidades.
Por qué vuelve a cobrar actualidad la advertencia
La recuperación de la frase no significa que Allende haya pronunciado esas palabras durante la ceremonia del Premio Planeta de 2026. Se trata de una reflexión anterior, de 2007, que La Razón ha vuelto a destacar tras la concesión del galardón.
Su vigencia reside en una cuestión que trasciende la actualidad literaria: cómo garantizar que quienes ejercen poder respondan por sus actos. La pregunta puede plantearse ante un gobierno, una empresa, una institución pública o cualquier organización en la que exista una marcada diferencia de autoridad.
Para que esa responsabilidad sea efectiva no basta con proclamar principios generales. También hacen falta procedimientos que permitan denunciar irregularidades, investigaciones independientes cuando correspondan y garantías para quienes aportan información.
La impunidad puede aparecer de distintas maneras: cuando una denuncia no se investiga, cuando una persona teme represalias o cuando el prestigio o la posición del responsable dificultan que se escuche a quienes le acusan. No obstante, una denuncia no equivale a una prueba de culpabilidad, y cualquier evaluación debe atender a los hechos acreditados y a las garantías aplicables.
Esa distinción resulta esencial en una sociedad democrática. La exigencia de rendición de cuentas debe ser compatible con la presunción de inocencia y con el derecho de las personas señaladas a defenderse. Los controles del poder no consisten en sustituir las pruebas por sospechas, sino en evitar que la posición de alguien le permita quedar al margen de las reglas.
El feminismo y la desigualdad en el discurso de 2007
La intervención de Allende situaba a las mujeres y sus experiencias en el centro del análisis. La autora defendía que los avances en libertad y autonomía no podían darse por garantizados para todas, porque las circunstancias sociales, económicas y culturales condicionan la capacidad real de tomar decisiones.
Algunas mujeres pueden elegir su educación, su trabajo o su forma de vida, mientras que otras afrontan barreras que restringen esas mismas posibilidades. En determinados contextos, la dependencia económica, el miedo o la falta de apoyo dificultan denunciar la violencia y buscar protección.
La escritora vinculó esa desigualdad con los temas que atraviesan su narrativa. Sus personajes femeninos se enfrentan a menudo a situaciones de violencia o exclusión y deben encontrar formas de reconstruir sus vidas. La justicia y la libertad aparecen así no solo como ideas abstractas, sino como condiciones que determinan las posibilidades de cada persona.
La advertencia sobre el poder impune también invita a examinar la eficacia de los mecanismos de protección. Una norma puede reconocer un derecho, pero ese derecho pierde parte de su valor si quien lo reclama no dispone de vías seguras para hacerlo efectivo.
En este sentido, el planteamiento de Allende conserva una dimensión práctica: la igualdad requiere tanto derechos reconocidos como mecanismos que permitan ejercerlos y defenderlos.
«La hora antes del alba», la novela con la que gana el Premio Planeta
El Premio Planeta 2026 reconoce a Allende por «La hora antes del alba», una novela que recupera a Alba Trueba y prolonga el universo narrativo de La casa de los espíritus, publicada en 1982.
Según la sinopsis difundida tras el fallo, la historia sigue a una joven que regresa a su hogar embarazada después de haber sufrido encarcelamiento y torturas bajo una dictadura. A partir de esa experiencia, el relato aborda la reconstrucción personal, el amor, la maternidad y la capacidad de dar testimonio de una época de represión.
La obra retoma algunos de los temas que han caracterizado la trayectoria de Allende: la memoria, las relaciones familiares, el papel de las mujeres y las consecuencias de la violencia política. La ficción permite explorar cómo los grandes acontecimientos históricos se reflejan en la vida privada y en las decisiones individuales.
La conexión con la reflexión de 2007 resulta evidente en el plano temático, aunque conviene no confundir la novela con una declaración política concreta. La literatura de Allende aborda situaciones de abuso y resistencia a través de personajes y tramas narrativas; su lectura no sustituye el análisis documental de hechos históricos o políticos.
Con este libro, la autora vuelve a una de sus obras más conocidas y recupera personajes que han acompañado a lectores durante décadas. El premio reconoce una trayectoria internacional y, al mismo tiempo, sitúa de nuevo en primer plano una historia marcada por la represión y la capacidad de reconstruir una vida después de la violencia.
Un Premio Planeta histórico en su 75.ª edición
La ceremonia se celebró el 15 de octubre de 2026 en el recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona, con la presencia de los Reyes. La edición conmemoraba el 75.º aniversario del galardón y registró 1 424 novelas presentadas, según los datos publicados por Grupo Planeta.
Allende obtuvo el premio por «La hora antes del alba» y el escritor y guionista Sergio Hernández Carrasco quedó finalista con «La añoranza».
La dotación económica del certamen es de 1 000 000 de euros para la obra ganadora y 200 000 euros para la finalista. Se trata de uno de los galardones literarios con mayor dotación económica del mundo para una novela inédita.
La elección de Allende también tiene relevancia editorial. La escritora, nacida en Lima en 1942 y de nacionalidad chilena, es una de las autoras en español con mayor proyección internacional. Su obra se ha traducido a numerosos idiomas y ha vendido decenas de millones de ejemplares.
El reconocimiento llega más de cuatro décadas después de la publicación de La casa de los espíritus, la novela que consolidó su carrera internacional. Desde entonces ha publicado títulos como Eva Luna, Paula y Largo pétalo de mar, en los que combina historias personales con episodios históricos y sociales.
La literatura ante la responsabilidad de quienes mandan
La reflexión recuperada tras el premio plantea una cuestión que va más allá de la figura de Allende: qué mecanismos permiten exigir explicaciones a quienes ejercen autoridad sobre los demás.
En el ámbito político, esa responsabilidad se articula mediante controles institucionales, rendición de cuentas, elecciones y procedimientos judiciales. En el mundo laboral o familiar, las herramientas son distintas, pero la necesidad de protección frente al abuso no desaparece.
La respuesta tampoco puede consistir en dar por culpable a quien recibe una acusación. La credibilidad de los mecanismos de control depende de que las denuncias se investiguen con rigor, de que las víctimas reciban protección y de que las decisiones se adopten conforme a las pruebas y a las garantías legales.
La frase de Allende resume, en definitiva, una preocupación por la relación entre autoridad y responsabilidad. Su regreso a la actualidad coincide con el reconocimiento de una obra que lleva décadas explorando la violencia, la memoria y la libertad.
El Premio Planeta devuelve a la escritora al centro de la actualidad cultural española. Su reflexión de 2007, por su parte, recuerda que el debate sobre el poder no se agota en quién lo ocupa: también importa qué límites tiene, quién puede cuestionarlo y qué sucede cuando alguien denuncia un abuso.


