Europa afronta el próximo invierno con los depósitos de gas al 72% de su capacidad, el nivel más bajo desde 2011, según datos aportados por el economista Marc Vidal en su intervención reciente en el programa Herrera en Cope. Este porcentaje implica un almacenamiento menor al habitual para esta época, lo que puede ralentizar la distribución de gas en caso de olas de frío.
Situación actual de las reservas y su impacto
Los países europeos han solicitado una reducción del consumo del 7% para afrontar la situación actual. Sin embargo, la menor disponibilidad podría generar problemas de suministro si las temperaturas caen bruscamente. En paralelo, la compra de gas en el exterior se ha encarecido un 12% respecto al año pasado, con un costo adicional estimado en 3 000 millones de euros, en un contexto marcado por el conflicto en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, paso clave para el transporte del 20% del gas licuado mundial.
Factores que afectan al almacenamiento de gas
Vidal ha señalado que los depósitos no están vacíos por descuido, sino debido a una ruptura en la dinámica del mercado del gas. Específicamente, el gas estival ha tenido un precio superior al invernal, lo que ha alterado los incentivos para almacenar combustible. Para contrarrestar esta situación, algunas administraciones han intervenido directamente en el almacenamiento, implicando que el contribuyente asuma parte del coste económico.
Medidas adoptadas por algunos países europeos
Ante las circunstancias, Países Bajos ha destinado cerca de 1 000 millones de euros a su empresa pública de gas, mientras Alemania ha impuesto plazos obligatorios para el almacenamiento a las compañías energéticas. España, por su parte, ha incrementado en más de un 25% el gas almacenado en plantas regasificadoras, fortaleciendo su capacidad de suministro.
Costes y dependencia energética
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reconocido un gasto extra de 100 000 millones de euros en energía importada desde febrero, sin que ello implique un incremento en la cantidad total importada. Además, está previsto un veto total al gas licuado ruso a partir de enero, lo que añade complejidad a la situación energética europea.
Perspectivas y dependencias futuras
La reducción drástica de consumo aplicada en 2022 ha mostrado limitaciones ante los nuevos retos, ya que el suministro depende ahora de fuentes alternativas que presentan su propias vulnerabilidades. En concreto, Europa ha cambiado de dependencia energética, sustituyendo la conexión por gasoducto ruso por la inseguridad geopolítica relacionada con rutas marítimas como el estrecho de Ormuz.


