El proyecto catalán busca convertirse en un gran centro europeo de inteligencia artificial con hasta 100 000 GPU y procesadores avanzados de Nvidia. La financiación pública y la adjudicación europea serán decisivas.
Europa quiere ganar peso en la carrera mundial por la inteligencia artificial, y Cataluña aspira a situarse en el mapa con una infraestructura de dimensiones extraordinarias. Móra la Nova, en Tarragona, podría albergar una gigafactoría de inteligencia artificial con una inversión prevista de hasta 5 000 millones de euros y una capacidad de computación de hasta 100 000 unidades de procesamiento gráfico (GPU).
El proyecto, impulsado por un consorcio público-privado, contempla la incorporación de procesadores avanzados de Nvidia, uno de los principales proveedores mundiales de tecnología para inteligencia artificial. Sin embargo, todavía quedan decisiones fundamentales por cerrar: la selección europea de las candidaturas, la estructura definitiva de financiación y los posibles acuerdos de suministro tecnológico.
La iniciativa abre una oportunidad para reforzar la capacidad de computación de España, pero también plantea preguntas sobre el coste de la infraestructura, el papel de las administraciones y los beneficios concretos que obtendrían los ciudadanos de una inversión de semejante magnitud.
Móra la Nova quiere entrar en la carrera europea por la inteligencia artificial
El proyecto pretende construir en Móra la Nova una gigafactoría de inteligencia artificial, una infraestructura de computación de gran escala diseñada para ejecutar tareas que requieren una enorme potencia de procesamiento.
Estas instalaciones permiten entrenar y utilizar modelos avanzados de inteligencia artificial, procesar grandes cantidades de datos y proporcionar capacidad informática a empresas, investigadores y otros usuarios.
La candidatura catalana aspira a formar parte de la estrategia europea para ampliar los recursos tecnológicos disponibles dentro de la Unión Europea. El objetivo es reducir parte de la dependencia de infraestructuras situadas fuera de Europa y ofrecer capacidad de cálculo suficiente para competir en un sector dominado por grandes empresas tecnológicas internacionales.
Según la información publicada por La Vanguardia el 26 de octubre de 2026, el proyecto contempla una capacidad de hasta 100 000 GPU y una inversión que podría alcanzar los 5 000 millones de euros.
Estas cifras describen la dimensión prevista de la iniciativa, no una instalación ya construida ni una inversión completamente ejecutada. La viabilidad definitiva dependerá de la selección del proyecto, la financiación y los acuerdos necesarios para desarrollar la infraestructura.
Nvidia, protagonista de la estrategia tecnológica
Uno de los elementos centrales de la candidatura es el suministro de procesadores gráficos de Nvidia, compañía estadounidense cuyos productos se utilizan ampliamente en centros de datos y sistemas de inteligencia artificial.
Las GPU —unidades de procesamiento gráfico— son chips capaces de realizar numerosos cálculos en paralelo. Esta característica resulta especialmente útil para entrenar modelos de inteligencia artificial y ejecutar operaciones matemáticas a gran escala.
La información publicada por La Vanguardia apunta a los procesadores de la familia Rubin, identificados en el artículo como R100, como una de las tecnologías previstas para la futura instalación.
El artículo señala que representantes del proyecto, encabezados por su primer ejecutivo, Francesc Fajula, viajaron a Berlín para participar en el encuentro Nvidia GTC 2026 y abordar los detalles de una posible adquisición de estos procesadores.
No obstante, las conversaciones sobre un posible suministro no equivalen a un contrato de compra cerrado. Para confirmar el alcance del acuerdo sería necesario conocer las cantidades, los precios, el calendario de entrega y las condiciones pactadas entre las partes.
La disponibilidad de chips avanzados será uno de los factores decisivos para poner en marcha una infraestructura de esta escala. También lo serán el suministro eléctrico, la refrigeración de los equipos, las conexiones de red y el coste de mantener operativos los sistemas.
Una inversión prevista de 5 000 millones de euros
La dimensión económica es uno de los aspectos más relevantes del proyecto. La inversión prevista podría alcanzar los 5 000 millones de euros, una cantidad que convierte la iniciativa en una de las grandes apuestas tecnológicas planteadas en España.
Según el reparto descrito por La Vanguardia, la estructura de participación contemplaría:
- 51 % de inversores privados, entre ellos Telefónica, Banco Santander, ACS y Multiverse Computing.
- 48 % de la Administración central española.
- 1 % de la Generalitat, mediante la aportación de terrenos, con la posibilidad de que su participación aumente posteriormente.
Estas proporciones corresponden al esquema presentado en la información periodística y podrían cambiar durante la estructuración definitiva del proyecto.
La participación pública sitúa sobre la mesa una cuestión fundamental: qué retorno económico y tecnológico recibirá la sociedad por los recursos comprometidos.
Una inversión de esta magnitud requiere algo más que previsiones ambiciosas. Resulta necesario conocer cómo se distribuirán los riesgos entre los socios, qué compromisos asumirá cada administración, qué condiciones tendrá la financiación y qué mecanismos de control se aplicarán al dinero público.
También será importante evaluar los beneficios económicos que podría generar la infraestructura: empleo directo e indirecto, contratación de empresas locales, oportunidades para proveedores tecnológicos y capacidad para atraer nuevas inversiones.
La colaboración público-privada puede facilitar la construcción de infraestructuras estratégicas. Sin embargo, su justificación debe apoyarse en resultados verificables y en una distribución transparente de los costes y los beneficios.
Qué empresas participan en la candidatura
El consorcio descrito en la información publicada reúne a compañías de sectores diferentes, con el objetivo de combinar recursos financieros, capacidades tecnológicas y experiencia empresarial.
Entre los participantes citados figuran:
- Telefónica, compañía de telecomunicaciones con experiencia en redes y servicios digitales.
- Banco Santander, entidad financiera que participa en el esquema de inversión.
- ACS, grupo empresarial con actividad en construcción e infraestructuras.
- Multiverse Computing, empresa especializada en tecnologías de computación e inteligencia artificial.
La participación de empresas de este perfil puede aportar capacidades complementarias para desarrollar una infraestructura compleja. Sin embargo, la presencia de grandes compañías en un consorcio no garantiza por sí sola que el proyecto vaya a ejecutarse ni que cumpla todas sus previsiones económicas.
La siguiente fase será concretar las responsabilidades de cada socio, los compromisos financieros y las condiciones bajo las que se desarrollaría la instalación si resulta seleccionada.
La decisión europea marcará el futuro del proyecto
La gigafactoría de Móra la Nova se enmarca en la estrategia europea para ampliar la capacidad de computación destinada a la inteligencia artificial.
La candidatura tendrá que competir dentro del proceso de selección correspondiente. Según el calendario recogido por La Vanguardia, el 5 de diciembre marcaría el inicio de una fase decisiva para conocer qué proyectos avanzan en el procedimiento europeo.
Esa referencia temporal no significa que Móra la Nova tenga garantizada la adjudicación. Hasta que se publique una decisión definitiva, la iniciativa debe considerarse un proyecto en desarrollo.
La selección europea será importante para determinar el recorrido de la candidatura, pero no resolverá automáticamente todas las cuestiones prácticas. La financiación, los contratos tecnológicos, los permisos y la ejecución de las obras seguirán siendo pasos necesarios.
El reto energético y técnico de una infraestructura de esta escala
Una gigafactoría de inteligencia artificial necesita mucho más que miles de chips. Los centros de datos de alta capacidad requieren suministro eléctrico estable, sistemas de refrigeración, redes de alta velocidad y equipos especializados para garantizar su funcionamiento continuo.
La energía es especialmente importante porque los procesadores utilizados para inteligencia artificial pueden consumir grandes cantidades de electricidad cuando trabajan a plena capacidad. La refrigeración también representa un reto técnico, dado el calor que generan los equipos de computación.
Por ello, la evaluación económica de la futura instalación deberá tener en cuenta no solo la construcción inicial, sino también los costes de operación y mantenimiento a largo plazo.
La disponibilidad de energía, las infraestructuras de conexión y la capacidad de atraer profesionales especializados serán factores esenciales para que el proyecto pueda competir con otros centros de computación internacionales.
¿Qué puede ganar España con la gigafactoría de Móra la Nova?
Si el proyecto se materializa, España podría aumentar su capacidad de computación para inteligencia artificial y ofrecer recursos tecnológicos a empresas, centros de investigación y desarrolladores de modelos avanzados.
Una infraestructura de este tipo también podría contribuir a atraer inversiones complementarias y reforzar el ecosistema tecnológico nacional. No obstante, estos beneficios dependerán de las condiciones reales de funcionamiento y del acceso que tengan las empresas y los investigadores a sus recursos.
Para evaluar el impacto económico será necesario conocer, entre otros aspectos:
- El empleo previsto, tanto durante la construcción como en la fase operativa.
- El retorno de la inversión pública, incluidas las condiciones de financiación y los riesgos asumidos.
- El consumo energético y los costes operativos de la instalación.
- Los compromisos de los socios privados y su calendario de aportaciones.
- El acceso efectivo a la capacidad de computación por parte de empresas e investigadores españoles.
Sin estos datos, las cifras de inversión y capacidad ofrecen una idea de la dimensión del proyecto, pero no permiten determinar por sí solas su rentabilidad económica ni su impacto final.
Una apuesta tecnológica que deberá demostrar sus resultados
La futura gigafactoría de Móra la Nova representa una apuesta ambiciosa para situar a Cataluña y España en la carrera europea por la inteligencia artificial. La posible incorporación de procesadores avanzados de Nvidia y la participación de grandes empresas dan una idea de la escala que aspira a alcanzar la iniciativa.
Pero el anuncio de una inversión de hasta 5 000 millones de euros no debe confundirse con la confirmación de que el dinero ya está comprometido o de que la infraestructura vaya a construirse en los términos previstos.
El proyecto tendrá que superar la selección europea, cerrar su estructura financiera y acreditar que dispone de los recursos tecnológicos y energéticos necesarios para operar.
La cuestión central será comprobar si esta apuesta se traduce en capacidad tecnológica útil, empleo y actividad económica sostenible, y si los compromisos públicos ofrecen garantías suficientes a los contribuyentes.
Móra la Nova aspira a convertirse en un enclave estratégico para la inteligencia artificial europea. Su verdadero éxito, sin embargo, dependerá de los resultados que consiga y de la transparencia con la que se gestione la inversión.


