La agencia estadounidense traslada el conjunto de propulsores y la etapa central del SLS para ensayar la carga de combustible. La misión, prevista para 2027, probará en órbita terrestre los acoplamientos necesarios para futuras expediciones a la Luna.
La NASA ha dado un nuevo paso en los preparativos de Artemis III, la misión que servirá para probar algunas de las tecnologías esenciales del regreso de astronautas a la Luna. Los equipos trabajan en la integración del cohete Space Launch System (SLS) y en los ensayos de sus sistemas de lanzamiento, incluida una prueba de carga de combustible en la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida.
El avance forma parte de una fase decisiva para comprobar que el enorme lanzador puede completar las operaciones previas al despegue. Durante el ensayo, los técnicos practicarán la carga de hidrógeno líquido y oxígeno líquido en la etapa central y reproducirán los procedimientos y tiempos de una cuenta atrás real.
Pero conviene aclarar el objetivo de la misión: Artemis III no llevará a sus astronautas a la superficie lunar. La NASA ha redefinido este vuelo como una demostración en órbita terrestre, prevista para 2027, en la que la cápsula Orion ensayará maniobras de encuentro y acoplamiento con versiones de prueba de los módulos lunares de SpaceX y Blue Origin. El primer alunizaje tripulado de esta nueva fase del programa está previsto para Artemis IV, en 2028.
El cohete SLS avanza hacia una prueba de combustible en Florida
Los trabajos se desarrollan en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde los equipos de la NASA preparan el conjunto del Space Launch System para las siguientes pruebas.
La configuración denominada short stack reúne la etapa central del SLS y sus dos propulsores laterales de combustible sólido. No representa todavía el cohete completo listo para una misión tripulada, sino una configuración de ensayo destinada a practicar operaciones fundamentales antes del lanzamiento.
La prueba de llenado permitirá comprobar los procedimientos para introducir los propelentes criogénicos en la etapa central. El hidrógeno y el oxígeno líquidos deben manejarse a temperaturas extremadamente bajas y requieren una secuencia de operaciones cuidadosamente controlada.
Durante el ensayo, los equipos practicarán la coordinación entre los sistemas terrestres y el cohete, además de revisar los tiempos de las distintas fases de la cuenta atrás. Estas comprobaciones permiten detectar problemas operativos antes de que haya astronautas a bordo.
La NASA considera estos ensayos una parte esencial de la preparación del lanzamiento: no basta con que el cohete esté ensamblado, también debe demostrarse que los equipos y las instalaciones pueden ejecutar de forma coordinada todos los procedimientos previstos.
Qué es el Space Launch System y por qué resulta decisivo
El Space Launch System (SLS) es el cohete de gran capacidad desarrollado por la NASA para enviar la nave Orion y sus tripulaciones en las misiones del programa Artemis.
Su etapa central constituye la sección principal del lanzador. En ella se encuentran los depósitos de combustible y los motores que proporcionan el empuje necesario durante la primera fase del vuelo. A ambos lados se sitúan los dos propulsores sólidos, que aportan una parte fundamental de la fuerza durante el despegue.
El SLS debe trabajar junto a la cápsula Orion, diseñada para transportar astronautas más allá de la órbita terrestre y devolverlos a la Tierra. Ambos elementos forman parte de una arquitectura que también depende de módulos lunares comerciales y de sistemas de comunicaciones y control.
La complejidad del programa exige que cada componente se pruebe por separado y, posteriormente, en operaciones integradas. Un fallo en una conexión, una secuencia de software o un procedimiento de acoplamiento podría comprometer una misión de enorme coste y dificultad.
Por eso, Artemis III tendrá una función fundamentalmente experimental: comprobar en el espacio que las naves y sus sistemas pueden trabajar conjuntamente antes de intentar un nuevo aterrizaje tripulado en la Luna.
Artemis III llevará a cuatro astronautas a la órbita terrestre
La NASA ha anunciado una tripulación de cuatro personas para la misión, prevista para 2027:
- Randy Bresnik, astronauta de la NASA y comandante.
- Luca Parmitano, astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y piloto.
- Frank Rubio, astronauta de la NASA y especialista de misión.
- Andre Douglas, astronauta de la NASA y especialista de misión.
La tripulación trabajará a bordo de la cápsula Orion durante una misión de aproximadamente 14 días, aunque la duración definitiva dependerá de las operaciones y de las condiciones del vuelo.
La presencia de Luca Parmitano supone también la participación de un astronauta europeo en una misión Artemis. Su asignación refleja la colaboración entre la NASA y la Agencia Espacial Europea en el desarrollo de las capacidades necesarias para la exploración lunar.
La misión permitirá que los astronautas y los equipos de control en tierra practiquen procedimientos que serán imprescindibles cuando las futuras tripulaciones tengan que trasladarse entre Orion y los módulos de alunizaje.
El objetivo: probar los acoplamientos con SpaceX y Blue Origin
Uno de los principales retos de Artemis III será demostrar que Orion puede encontrarse y acoplarse en el espacio con los sistemas comerciales que desarrollan SpaceX y Blue Origin.
La NASA prevé realizar pruebas con versiones de ensayo de los módulos lunares de ambas compañías. Estas operaciones permitirán comprobar conexiones físicas, sistemas informáticos, comunicaciones, propulsión y procedimientos de trabajo entre las distintas naves.
El plan contempla una secuencia de operaciones en órbita terrestre. Orion realizará primero las comprobaciones de sus sistemas y después se aproximará a los vehículos de prueba para practicar las maniobras de encuentro y acoplamiento. Los astronautas también ensayarán procedimientos de habitabilidad y operaciones conjuntas.
La dificultad no reside únicamente en conseguir que dos naves se acerquen. Los equipos deben comprobar que pueden mantener una posición relativa segura, completar el acoplamiento, intercambiar información y ejecutar las operaciones previstas sin comprometer la integridad de la tripulación.
La interoperabilidad entre Orion y los módulos comerciales será una de las pruebas decisivas de Artemis III. Los resultados servirán para reducir riesgos antes de que estas maniobras se realicen en el entorno lunar.
Artemis IV será la misión prevista para volver a pisar la Luna
La redefinición de Artemis III ha cambiado la secuencia de las próximas misiones tripuladas. El vuelo de 2027 se centrará en las pruebas orbitales, mientras que Artemis IV tiene como objetivo llevar astronautas a la superficie lunar en 2028, cerca del polo sur.
La región resulta especialmente interesante para la investigación científica por sus características y por la posibilidad de estudiar zonas que permanecen en condiciones de iluminación muy particulares. La NASA pretende utilizar las futuras misiones para ampliar el conocimiento de la Luna y preparar una presencia humana más sostenida.
Antes de intentar ese aterrizaje, la agencia necesita comprobar que Orion puede operar con los módulos lunares y que las tripulaciones pueden realizar con seguridad las maniobras de transferencia entre las naves.
Artemis III será, por tanto, un ensayo fundamental, pero no supondrá todavía el regreso de seres humanos a la superficie lunar. Esa meta queda vinculada a las misiones posteriores del programa.
Una carrera espacial con China como telón de fondo
El regreso a la Luna también tiene una dimensión estratégica. Estados Unidos pretende recuperar la capacidad de enviar astronautas a la superficie lunar y mantener una presencia continuada, mientras China desarrolla su propio programa de exploración tripulada.
La competencia no se limita a quién consigue llegar primero. También están en juego la capacidad tecnológica, la investigación científica, la cooperación internacional y la posibilidad de establecer infraestructuras que faciliten futuras misiones.
En ese contexto, Artemis III tiene importancia más allá de sus dos semanas de duración. Sus pruebas deben demostrar que la arquitectura elegida por la NASA —con Orion, el SLS y módulos lunares desarrollados por empresas privadas— puede funcionar de manera coordinada.
El programa también representa una apuesta económica e industrial de gran escala, con participación de empresas, centros de investigación y agencias espaciales internacionales.
Las pruebas previas son esenciales para reducir los riesgos
Una misión tripulada a la Luna requiere una cadena de operaciones mucho más compleja que un lanzamiento convencional. La NASA debe verificar el cohete, la cápsula, los sistemas de comunicaciones, los procedimientos de emergencia y la coordinación entre los equipos de tierra y la tripulación.
La prueba de carga de combustible del SLS permitirá ensayar una de las fases más delicadas de la preparación del lanzamiento. A ello se sumarán las comprobaciones de Orion y de los vehículos comerciales que participarán en las demostraciones orbitales.
Cada ensayo tiene un propósito concreto: identificar fallos antes de que puedan poner en peligro a los astronautas. Las pruebas no eliminan todos los riesgos, pero permiten conocer mejor el comportamiento de los sistemas y corregir problemas antes de las misiones posteriores.
El calendario también dependerá de los resultados técnicos. La fecha prevista para 2027 es el objetivo de planificación de la NASA, no una garantía de que el lanzamiento vaya a producirse sin cambios.
Artemis III, un paso necesario antes del regreso a la Luna
El traslado y la preparación del conjunto del SLS representan un nuevo avance en el camino hacia Artemis III. La prueba de combustible permitirá practicar operaciones esenciales y comprobar la coordinación de los equipos antes de que el cohete se utilice en una misión tripulada.
La misión llevará a Randy Bresnik, Luca Parmitano, Frank Rubio y Andre Douglas a la órbita terrestre para ensayar los acoplamientos de Orion con los módulos de SpaceX y Blue Origin. Esas maniobras serán necesarias para preparar las futuras expediciones a la superficie lunar.
El programa Artemis todavía tiene por delante importantes desafíos técnicos y operativos. La prueba del SLS es una pieza más de una preparación que exige precisión en cada fase.
La NASA no busca únicamente lanzar otro cohete: necesita demostrar que toda la arquitectura de naves y sistemas puede funcionar de forma segura antes de intentar el regreso de astronautas a la Luna.


