Un estudio reciente ha identificado en Sevilla 32 barrios vulnerables al calor, donde se combina una alta fragilidad socioeconómica con una exposición media o elevada a altas temperaturas. Esta situación afecta a cerca de 457 000 habitantes en el área metropolitana.
Factores de vulnerabilidad y efecto barrio climático
La investigación destaca que la vulnerabilidad no depende exclusivamente de la pobreza, sino también de características urbanas. Muchos residentes de estas zonas habitan en barrios construidos entre 1950 y 1970 durante el periodo conocido como «desarrollismo», caracterizados por una alta densidad y construcciones de calidad limitada. Estas áreas se convierten en «islas de calor», donde las temperaturas se elevan más que en otras partes de la ciudad debido a la escasa vegetación y predominio de materiales como el asfalto y el hormigón.
El equipo investigador ha introducido el término «efecto barrio climático» para describir cómo ciertas zonas urbanas, por su configuración, intensifican el impacto del calentamiento global, afectando especialmente la salud pública en poblaciones vulnerables durante olas de calor, con riesgos incrementados de enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Proyecto ADIS y medidas de adaptación
El estudio forma parte del proyecto ADIS (Adaptación a la Desigualdad y el Impacto Social del calor), que no solo detecta las áreas de mayor riesgo, sino que también investiga las respuestas de la población afectada y las iniciativas colectivas para enfrentar el cambio climático. Para ello, combina análisis territoriales con una encuesta a más de 2 300 personas en las áreas metropolitanas estudiadas y examina 16 experiencias de innovación social en ocho barrios vulnerables.
Este enfoque busca conocer tanto las estrategias individuales como comunitarias para la adaptación y contribuir al diseño de políticas públicas que consideren las desigualdades socioambientales.
Orígenes y contexto urbanístico
La vulnerabilidad se explica en parte por el modelo de desarrollo urbano del siglo XX, en que la construcción masiva y rápida priorizó el alojamiento de una población en crecimiento sin planificación integral. Los barrios afectados tienen alta densidad, materiales económicos y escasez de espacios verdes y equipamientos públicos, potenciando las diferencias térmicas dentro de la ciudad y concentrando población con menos recursos.
Este fenómeno pone de manifiesto la relación entre segregación socioeconómica y desigualdad ambiental en el contexto del cambio climático.


