Un modelo de mapeo cognitivo multimodal en tres fases ha sido desarrollado por el neurocirujano Jesús Martín-Fernández, del Hospital Ruber Internacional, con el objetivo de adaptar la cirugía cerebral despierta a la respuesta funcional del cerebro durante la operación.
Adaptación en tiempo real durante la cirugía
Este modelo permite monitorizar y evaluar de forma continua las funciones cognitivas del paciente durante la intervención quirúrgica. A través de tareas específicas, el equipo identifica las áreas cerebrales críticas que deben preservarse para evitar daños en funciones esenciales como el lenguaje, el movimiento, el reconocimiento emocional o la memoria autobiográfica.
Procedimiento en tres fases
El proceso se divide en tres etapas: la primera consiste en localizar los puntos críticos de las redes cerebrales mediante estimulación eléctrica directa; la segunda, en la evaluación continua y adaptada de las funciones cognitivas durante la resección tumoral; y la tercera, en la identificación de los llamados «connectome-stop points», que indican cuándo detener la extirpación para no afectar circuitos esenciales.
Cada cirugía se diseña teniendo en cuenta la localización del tumor, las redes cerebrales implicadas y las capacidades prioritarias del paciente, que pueden incluir el lenguaje, la atención, la memoria, las funciones ejecutivas o el reconocimiento de emociones.
Personalización y actualización dinámica del mapeo
Este enfoque reconoce que el cerebro cambia funcionalmente durante la intervención, por lo que el mapeo cerebral se actualiza de forma dinámica para ajustarse a estas variaciones. Durante la cirugía, el paciente realiza tareas cognitivas específicas, como reconocer emociones en rostros mostrados en una tableta, lo que permite al equipo adaptar la operación en tiempo real.
Casos clínicos y relevancia
Este método permitió intervenir con éxito a un paciente de 32 años con un tumor en el precúneo derecho, preservando funciones cognitivas complejas durante la extirpación. Asimismo, se utilizó en la cirugía de una mujer de 60 años con un tumor en una zona delicada del lenguaje, cuya operación había sido postergada por riesgos elevados, logrando maximizar la resección sin afectar sus capacidades funcionales.
Este desarrollo representa una aplicación de la medicina personalizada en neurocirugía, adaptando cada intervención a las características funcionales y prioridades individuales del paciente.


