Un estudio de Copernicus revela cómo la contaminación atmosférica recorre miles de kilómetros y atraviesa fronteras. España figura entre las zonas europeas más afectadas por este fenómeno.
La contaminación no entiende de fronteras y España está entre las zonas más afectadas
La contaminación atmosférica puede recorrer miles de kilómetros antes de llegar a las ciudades y afectar a la calidad del aire. El humo de los incendios, el polvo procedente del Sáhara y el ozono son algunos de los contaminantes que pueden desplazarse a través de las fronteras y agravar los episodios de polución.
Un análisis del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), difundido por El País el 30 de septiembre de 2026, examina las rutas de estos contaminantes y su impacto en Europa. El estudio sitúa a España en una de las zonas más problemáticas del continente, debido a su exposición a diferentes fuentes de contaminación transportada por la atmósfera.
El fenómeno pone de manifiesto que la calidad del aire de una ciudad no depende exclusivamente de las emisiones generadas en su entorno. Las condiciones meteorológicas, las temperaturas y los incendios pueden contribuir a que la contaminación procedente de lugares alejados termine afectando a la población.
El humo de los incendios puede recorrer cientos de kilómetros
Los incendios forestales son una de las fuentes de contaminación que pueden tener consecuencias más allá de las zonas donde se originan. El humo y las partículas que liberan pueden desplazarse impulsados por el viento y deteriorar la calidad del aire en localidades situadas a gran distancia.
Un ejemplo reciente se produjo en Andalucía durante agosto de 2026. Los vecinos de Sevilla comprobaron cómo el gran incendio de Niebla, en Huelva, provocó un empeoramiento de la calidad del aire en la capital andaluza.
El episodio ilustra cómo un incendio puede afectar a ciudades que no están directamente amenazadas por las llamas. Aunque el fuego se origine en una provincia, el humo puede alcanzar otros territorios y generar problemas de contaminación.
El fenómeno también se ha observado en otros países europeos. Los incendios registrados en el sureste de Francia durante agosto dejaron imágenes de equipos de bomberos trabajando entre densas columnas de humo.
La propagación de estas emisiones convierte los grandes incendios en un problema que no se limita a la superficie forestal quemada ni a las poblaciones próximas al fuego.
El polvo del Sáhara también llega a España
Otra de las fuentes de contaminación que afectan a España es el polvo sahariano. Las masas de aire pueden transportar partículas minerales desde el norte de África hasta la península ibérica y otros territorios europeos.
Estos episodios pueden provocar que el cielo adquiera un aspecto turbio y que se deposite polvo sobre vehículos, edificios y superficies exteriores. También pueden elevar las concentraciones de partículas en el aire.
La posición geográfica de España favorece su exposición a estas intrusiones de polvo procedentes del Sáhara. Por ello, la contaminación que llega desde el norte de África constituye un elemento importante para comprender los episodios de mala calidad del aire en el país.
El transporte atmosférico demuestra que las emisiones y partículas no permanecen necesariamente en el lugar donde se originan. Las corrientes de aire pueden trasladarlas a regiones situadas a cientos o miles de kilómetros.
El ozono, otro contaminante que se desplaza por Europa
El ozono troposférico es otro de los contaminantes analizados en el estudio de Copernicus. A diferencia del ozono presente en las capas altas de la atmósfera, el que se encuentra cerca de la superficie puede perjudicar la salud y la calidad del aire.
Su formación está relacionada con reacciones químicas entre distintos contaminantes, favorecidas por la radiación solar y las altas temperaturas. Por eso, los episodios de calor pueden contribuir a agravar los problemas de contaminación por ozono.
Este contaminante también puede desplazarse con las masas de aire y afectar a territorios alejados de las fuentes originales de sus precursores.
La combinación de emisiones, radiación solar y temperaturas elevadas convierte al ozono en un problema especialmente relevante durante los meses más cálidos.
El calor agrava los episodios de contaminación
El análisis de Copernicus también destaca la relación entre la contaminación atmosférica y las altas temperaturas. El calor puede favorecer la formación de ozono y coincidir con condiciones meteorológicas que dificultan la dispersión de determinados contaminantes.
En el caso de los incendios, las altas temperaturas y las condiciones propicias para la propagación del fuego pueden incrementar las emisiones de humo y partículas.
De esta manera, distintos fenómenos pueden coincidir y empeorar la calidad del aire. El transporte de contaminantes entre regiones añade una dificultad más a la hora de gestionar estos episodios.
España, por su situación geográfica y su exposición a diferentes fuentes de contaminación, aparece en el análisis como uno de los territorios europeos especialmente afectados.
Un problema que supera la capacidad de actuación de cada ciudad
La contaminación transfronteriza plantea un desafío para las administraciones. Las medidas adoptadas por una ciudad pueden reducir las emisiones locales, pero no siempre bastan para evitar los efectos de los contaminantes que llegan desde otras regiones.
El humo de un incendio, el polvo sahariano o el ozono transportado por las corrientes atmosféricas pueden alterar la calidad del aire incluso en lugares donde no se han producido las emisiones originales.
Por eso, el seguimiento de las masas de aire y la vigilancia de la contaminación son fundamentales para identificar los episodios y conocer su posible evolución.
El trabajo de Copernicus permite analizar las rutas que siguen estos contaminantes y comprender mejor cómo se distribuyen por Europa.
España, expuesta a distintas rutas de contaminación
La situación geográfica española la sitúa en una posición especialmente relevante dentro de este fenómeno. El país puede recibir polvo procedente del Sáhara y contaminación transportada desde otras regiones, además de sufrir los efectos del humo generado por sus propios incendios forestales.
El episodio de Niebla y sus consecuencias en Sevilla durante agosto constituye un ejemplo concreto de cómo la contaminación puede desplazarse más allá del lugar donde se origina.
El análisis de Copernicus pone el foco en una realidad que complica la gestión de la calidad del aire: la contaminación no se detiene en las fronteras administrativas ni nacionales.
La información disponible en el fragmento de El País no incluye las cifras completas ni los mapas del estudio, por lo que no es posible detallar qué regiones españolas presentan las mayores concentraciones o cuantificar el impacto de cada fuente contaminante.


