Los altercados dejaron detenidos, vehículos incendiados y daños en comercios. Elma Saiz condena la violencia, mientras EH Bildu rechaza firmar la declaración municipal contra los cánticos de apoyo a ETA.
Los disturbios de Bilbao ponen al Gobierno de Sánchez ante una nueva polémica política
Los incendios de vehículos, los destrozos en comercios y los enfrentamientos con la Ertzaintza han vuelto a situar la violencia callejera en el centro del debate político español. Esta vez, el escenario ha sido Bilbao, donde una protesta contra un acto anunciado por el periodista Vito Quiles terminó con graves altercados y cánticos de apoyo a ETA.
La polémica no se limita a los daños materiales ni a las detenciones. También ha abierto un enfrentamiento político sobre la respuesta de las instituciones y la responsabilidad de los partidos ante la violencia protagonizada por determinados manifestantes.
La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, condenó los altercados «sin paliativos y sin apellidos» y pidió esperar a que las autoridades esclarezcan quién estuvo detrás de los hechos. Al mismo tiempo, rechazó las acusaciones del Partido Popular que responsabilizaban políticamente al Ejecutivo de Pedro Sánchez de alimentar la tensión en las calles.
En Bilbao, la controversia adquirió una dimensión adicional cuando EH Bildu no respaldó la declaración municipal que condenaba expresamente tanto los disturbios como los gritos de «Gora ETA militarra». La formación sí rechazó la violencia en un comunicado propio, pero no firmó el texto conjunto promovido por la mayoría de los grupos municipales.
El episodio plantea una cuestión relevante para el debate público: cómo deben responder las instituciones ante los actos violentos, con independencia de la ideología de quienes los protagonizan, y qué significado político tiene negarse a suscribir una condena que incluye expresamente las consignas de apoyo a una organización terrorista.
Qué ocurrió en Bilbao tras la protesta contra Vito Quiles
Los altercados se produjeron el lunes 26 de octubre de 2026, después de una movilización convocada contra la presencia prevista de Vito Quiles en las inmediaciones de la Universidad de Deusto.
Según las informaciones publicadas por medios como EL ESPAÑOL, RTVE y El País, Quiles había comunicado por escrito a las cuatro de la tarde que renunciaba a celebrar el acto. Pese a ello, los incidentes se desencadenaron después de la concentración.
Un grupo de personas protagonizó enfrentamientos y actos vandálicos en distintas zonas de la ciudad. Entre los hechos denunciados figuran el lanzamiento de piedras, el incendio de vehículos y contenedores, los daños en establecimientos y los ataques contra agentes policiales.
Las consecuencias fueron importantes para la seguridad y la actividad cotidiana de los vecinos.
Las últimas informaciones publicadas elevaron a 19 el número de detenidos, incluidos 11 menores, aunque los primeros balances difundidos durante la noche hablaban de 17 arrestos. La diferencia responde a la actualización de las cifras a medida que avanzaron las actuaciones policiales.
Los investigadores deberán determinar qué personas participaron en los actos violentos, si existió coordinación entre algunos de los implicados y qué responsabilidad corresponde a cada detenido. La asistencia a una protesta, por sí sola, no acredita la participación en los delitos investigados.
El consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, calificó los hechos de inaceptables y advirtió sobre la posible presencia de grupos extremistas organizados. Sin embargo, la investigación debe esclarecer la identidad y las conexiones de los responsables antes de atribuir los incidentes a una organización concreta.
La protesta inicial y los disturbios posteriores son hechos distintos: el derecho a manifestarse no ampara los incendios, las agresiones ni los daños contra bienes públicos y privados.
Los gritos de «Gora ETA militarra» y la negativa de EH Bildu a firmar la declaración
Uno de los aspectos más controvertidos de los incidentes fue la presencia de cánticos favorables a ETA durante los altercados.
El martes 27 de octubre, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, convocó a los portavoces municipales para promover una declaración conjunta de condena. El texto rechazaba tanto los actos violentos como las consignas que ensalzaban a la organización terrorista.
PNV, PSE-EE, PP y Elkarrekin Bilbao respaldaron la declaración, mientras que EH Bildu no la firmó. Según explicó Aburto, la discrepancia se centró en el punto que condenaba expresamente los gritos de apoyo a ETA.
El alcalde lamentó que la negativa impidiera que el texto saliera adelante con el carácter institucional que pretendía obtener. También afirmó que aquellas consignas evocaban los años del terrorismo y el sufrimiento provocado por ETA.
La posición de EH Bildu requiere una precisión importante. La coalición difundió un comunicado en el que rechazó los comportamientos violentos y antisociales posteriores a las movilizaciones, trasladó su solidaridad a los afectados y defendió que la respuesta al fascismo debe desarrollarse por vías pacíficas y democráticas.
Sin embargo, su comunicado no incluyó una condena expresa de los cánticos de apoyo a ETA y la formación no respaldó el documento municipal que sí los censuraba.
La diferencia entre ambos hechos resulta esencial para informar con rigor: EH Bildu rechazó la violencia en términos generales, pero no firmó la condena institucional que incluía específicamente las consignas proetarras.
La decisión ha provocado críticas políticas por el significado de esos cánticos y por la responsabilidad de los representantes públicos a la hora de rechazarlos de forma inequívoca.
Elma Saiz condena la violencia, pero evita atribuirla a una ideología concreta
Mientras el Ayuntamiento de Bilbao debatía su declaración, el Gobierno central tuvo que responder a las preguntas sobre los altercados y las acusaciones del PP.
La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, condenó los episodios violentos y defendió que las autoridades deben investigar los hechos antes de determinar quién los organizó o qué motivaciones tuvieron.
Saiz rechazó también las afirmaciones de los dirigentes populares que atribuían al Gobierno de Sánchez una responsabilidad política por la violencia callejera. La portavoz consideró irresponsable vincular directamente al presidente con los actos vandálicos.
La controversia surgió, en parte, por la comparación con las declaraciones que la propia ministra había realizado sobre los disturbios de Barcelona. En una intervención anterior, al ser preguntada por quién podía beneficiarse de aquellos episodios, Saiz afirmó que «quien sale ganando, en el caos y en el odio, es la extrema derecha».
La diferencia entre ambas respuestas alimentó las críticas del PP, que cuestionó que el Gobierno empleara un lenguaje político más explícito al hablar de los posibles beneficiarios de la violencia en Cataluña, pero reclamara prudencia para atribuir responsabilidades en Bilbao.
No obstante, la comparación exige distinguir entre señalar a quienes podrían obtener un beneficio político y atribuir la autoría material de unos disturbios. Son afirmaciones diferentes y ninguna de ellas sustituye el resultado de una investigación policial.
El Gobierno sostiene que ha condenado la violencia en ambos escenarios y que no se debe responsabilizar colectivamente a una ideología o a un partido sin pruebas.
La cuestión política que permanece abierta es si el Ejecutivo mantiene un criterio coherente al valorar los episodios violentos, con independencia de los grupos implicados, y si sus declaraciones públicas ayudan a rebajar la tensión o contribuyen a alimentar el enfrentamiento entre los partidos.
El PP acusa al Gobierno de alimentar la tensión en las calles
El Partido Popular ha utilizado los incidentes de Bilbao y Barcelona para cuestionar la gestión del Gobierno en materia de seguridad y convivencia.
Alberto Núñez Feijóo y otros dirigentes populares han criticado la respuesta del Ejecutivo y han reclamado que se asuman responsabilidades políticas por la sucesión de altercados.
Desde el PP sostienen que las instituciones deben reaccionar con firmeza ante cualquier episodio de violencia y evitar que las agresiones a policías, los incendios y los daños materiales queden diluidos en una discusión sobre las motivaciones de los manifestantes.
La portavoz del Gobierno ha rechazado esas acusaciones y ha pedido a los dirigentes políticos que no conviertan los incidentes en una herramienta para aumentar la confrontación.
La disputa evidencia una diferencia de enfoque. El PP pone el acento en la responsabilidad política del Ejecutivo y en la necesidad de reforzar la autoridad de las fuerzas de seguridad. El Gobierno insiste en que deben evitarse las atribuciones prematuras y que corresponde a las autoridades esclarecer los hechos.
Ambas posiciones pueden examinarse a partir de las actuaciones concretas de las administraciones, los medios disponibles para prevenir incidentes y las decisiones adoptadas antes, durante y después de las protestas.
Lo que no puede establecerse únicamente a partir de los daños registrados es que el Gobierno haya promovido los altercados, del mismo modo que tampoco cabe atribuir automáticamente a todos los asistentes a la protesta los delitos cometidos por una parte de ellos.
Vito Quiles cancela el acto, pero los disturbios se producen igualmente
Otro de los elementos que ha generado preguntas es que el acto anunciado por Vito Quiles ya había sido cancelado cuando se produjeron los altercados.
El periodista, conocido por sus intervenciones críticas con dirigentes políticos y su actividad en redes sociales, se había convertido en el objetivo de la movilización convocada en las inmediaciones de la Universidad de Deusto.
La protesta se presentó como una respuesta a su presencia prevista en Bilbao. Sin embargo, después de que comunicara la cancelación, los enfrentamientos y los actos vandálicos se extendieron por varias zonas.
El alcalde Juan Mari Aburto cuestionó que los responsables de los disturbios pudieran presentarse como defensores de la libertad o del antifascismo y rechazó que esas etiquetas justificaran los actos violentos.
La Universidad de Deusto también suspendió su actividad académica durante la jornada, en un contexto de preocupación por la seguridad del campus y sus alrededores.
El hecho de que el acto no llegara a celebrarse no elimina la necesidad de investigar lo ocurrido. Tampoco demuestra, por sí solo, que los responsables actuaran siguiendo instrucciones de una organización política.
La prioridad es esclarecer cómo se desarrollaron los incidentes, identificar a los autores y determinar si hubo planificación previa o coordinación entre grupos.
¿Quién está detrás de los disturbios? La investigación sigue abierta
Las autoridades vascas han advertido de la posible participación de grupos extremistas organizados. No obstante, la identificación de los responsables y de sus eventuales vínculos constituye una tarea policial que no debe darse por resuelta antes de tiempo.
Algunos colectivos relacionados con la convocatoria contra Quiles han rechazado estar detrás de los actos violentos y han condenado los destrozos. Entre ellos figuran organizaciones vinculadas al Movimiento Socialista y a EHKS.
Esta circunstancia refuerza la necesidad de distinguir entre las organizaciones que convocaron una protesta, las personas que acudieron a ella y quienes pudieron participar directamente en los delitos investigados.
Para establecer responsabilidades, los investigadores tendrán que examinar testimonios, imágenes, posibles comunicaciones entre los implicados y otros indicios disponibles.
La atribución política de los disturbios también requiere cautela. Que algunos participantes exhiban símbolos ideológicos o expresen determinadas consignas no demuestra automáticamente que un partido haya organizado los incidentes o dirigido las acciones violentas.
La responsabilidad penal debe individualizarse, y la responsabilidad política debe fundamentarse en actuaciones y hechos concretos.
Los daños en Bilbao y la preocupación por la seguridad ciudadana
Los altercados han dejado consecuencias materiales y han afectado a vecinos, comerciantes y agentes policiales.
Los incendios de vehículos y contenedores, los desperfectos en establecimientos y los enfrentamientos en la vía pública obligan a evaluar tanto el coste económico de los daños como las medidas necesarias para evitar que se repitan episodios similares.
Los sindicatos policiales han aprovechado los acontecimientos para reclamar mejoras en la prevención, los recursos y la protección de los agentes. También han pedido explicaciones sobre la actuación desplegada durante los disturbios.
Estas demandas deben analizarse a partir de la información operativa y de las decisiones adoptadas por los responsables de seguridad. La existencia de daños graves justifica examinar si los dispositivos fueron adecuados, pero no permite concluir automáticamente que hubiera negligencia o que las autoridades conocieran de antemano lo que iba a suceder.
La investigación deberá aclarar las circunstancias de los enfrentamientos, mientras que las administraciones competentes tendrán que valorar si resulta necesario introducir cambios en la planificación de futuros dispositivos.
La seguridad ciudadana exige proteger el derecho a la protesta pacífica y, al mismo tiempo, impedir que una movilización derive en agresiones o destrucción de bienes.
La violencia política y el recuerdo de las víctimas de ETA
Los gritos de apoyo a ETA añaden una dimensión especialmente sensible a los sucesos de Bilbao.
ETA fue responsable de cientos de asesinatos, secuestros, extorsiones y amenazas durante décadas de actividad terrorista. La organización anunció el cese definitivo de su actividad armada en 2011 y comunicó su disolución en 2018.
Por ello, las consignas que ensalzan a la banda tienen una carga histórica y política que va más allá de una disputa sobre el desarrollo de una manifestación.
La condena de la violencia terrorista y el respeto a las víctimas constituyen elementos centrales de la convivencia democrática. Al mismo tiempo, cualquier responsabilidad penal relacionada con los cánticos debe establecerse conforme a la legislación aplicable y a las circunstancias concretas.
En este contexto, la negativa de EH Bildu a firmar una declaración que condenaba expresamente las consignas ha provocado críticas por el mensaje que transmite a las víctimas y a la sociedad.
La formación, por su parte, defiende una respuesta pacífica y democrática frente a la extrema derecha y rechaza los actos violentos producidos después de la movilización.
La controversia muestra que las declaraciones políticas no solo se valoran por su contenido general, sino también por las cuestiones concretas que incluyen o dejan fuera.
Barcelona y Bilbao: dos episodios que reabren el debate sobre la violencia callejera
Los disturbios de Bilbao llegan después de otros incidentes registrados en Barcelona, donde se produjeron saqueos, daños en comercios y enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra.
Las circunstancias de ambos episodios no son idénticas y deben analizarse por separado. Sin embargo, su proximidad temporal ha provocado un debate sobre la violencia en las protestas, la actuación policial y la utilización política de estos sucesos.
En Barcelona, las autoridades practicaron numerosas detenciones tras los incidentes. En Bilbao, la investigación se centra en identificar a los participantes en los incendios, los ataques a agentes y los daños materiales.
La comparación plantea cuestiones sobre la capacidad de las instituciones para anticipar riesgos, proteger a los ciudadanos y evitar que las convocatorias públicas deriven en enfrentamientos.
También evidencia el peligro de convertir cada episodio en una acusación general contra el conjunto de la izquierda o de la derecha. La ideología de los participantes puede ser relevante para comprender el contexto, pero no sustituye la investigación de la autoría ni permite responsabilizar a todos los miembros de una corriente política.
La respuesta institucional debe mantener criterios consistentes: condena clara de la violencia, protección de las víctimas, investigación de los hechos y atribución individualizada de responsabilidades.
Conclusión: condenar la violencia exige claridad y pruebas
Los disturbios de Bilbao han abierto un nuevo frente de confrontación entre el Gobierno de Pedro Sánchez, el Partido Popular y EH Bildu.
La portavoz del Ejecutivo ha condenado los actos violentos y ha reclamado prudencia antes de señalar a sus responsables. El PP cuestiona la coherencia de esa respuesta, mientras que EH Bildu ha rechazado los disturbios, pero se ha negado a firmar la declaración municipal que censuraba expresamente los cánticos de apoyo a ETA.
Los hechos confirmados son graves: hubo incendios, daños materiales, enfrentamientos con la Ertzaintza y numerosas detenciones. Las circunstancias exactas de los incidentes y la posible participación de grupos organizados deben esclarecerse mediante la investigación policial.
La exigencia democrática es doble: ninguna causa política justifica la violencia y ninguna acusación de responsabilidad debe presentarse como probada sin evidencias suficientes.
La cuestión que queda abierta es si las instituciones y los partidos serán capaces de mantener una condena inequívoca de la violencia, también cuando afecta a sus propios entornos ideológicos, y de contribuir a una respuesta que proteja tanto la libertad de manifestación como la seguridad de los ciudadanos.


