OpenAI publica datos de 165 actividades profesionales y descubre diferencias entre países, mientras advierte de los límites de la muestra para medir el impacto real de la inteligencia artificial.
La inteligencia artificial entra en más tareas profesionales
La inteligencia artificial ya no se limita a responder preguntas: también ayuda a preparar documentos, elaborar contenidos, programar y analizar datos. Para conocer mejor esta transformación, OpenAI ha publicado nuevas estadísticas sobre el uso profesional de ChatGPT en casi 100 países, con información organizada en 165 categorías de actividades laborales.
La iniciativa, anunciada el 26 de octubre de 2026 por el equipo de investigación económica de la compañía, amplía la información disponible para estudiar cómo se utiliza la IA en distintos mercados y cómo evoluciona su presencia en el trabajo. Los datos abarcan el periodo comprendido entre el primer trimestre de 2025 y el tercer trimestre de 2026.
La publicación tiene interés para empresas, trabajadores, investigadores y responsables públicos. La expansión de estas herramientas plantea preguntas sobre la productividad, la formación, la organización de las empresas y la evolución de determinadas profesiones. Sin embargo, conviene distinguir entre el uso de ChatGPT y el impacto económico que pueda derivarse de él: las estadísticas describen patrones de utilización, pero no demuestran por sí solas cuántos empleos se crean o desaparecen ni cuánto aumenta la productividad.
Qué ha publicado exactamente OpenAI
La nueva base de datos forma parte de OpenAI Signals, una iniciativa que reúne estadísticas agregadas sobre la adopción y el uso de ChatGPT.
El conjunto de datos permite observar qué actividades profesionales aparecen en los mensajes dirigidos al sistema, comparar países y seguir los cambios a lo largo del tiempo. Para organizar la información, OpenAI utiliza categorías denominadas Intermediate Work Activities (IWA), que agrupan tareas profesionales en unidades comparables.
Este sistema se apoya en O*NET, un marco de referencia que clasifica ocupaciones y actividades laborales. La finalidad es conectar los usos de una herramienta de inteligencia artificial con tareas reconocibles del mundo profesional, en lugar de limitar el análisis a categorías genéricas como escribir, preguntar o programar.
Entre las actividades contempladas figuran:
- Preparación de materiales educativos y documentación.
- Creación de contenidos de marketing y otros materiales profesionales.
- Programación y resolución de problemas técnicos.
- Análisis de datos empresariales.
- Otras tareas de gestión, información y apoyo al trabajo intelectual.
La clasificación permite estudiar no solo cuánto se utiliza la IA, sino también para qué se emplea y cómo cambia su función en diferentes países.
El uso de ChatGPT se diversifica entre países
Uno de los datos destacados del informe es la evolución de las actividades que concentran una mayor proporción de los mensajes profesionales.
Según OpenAI, en los 74 países con datos disponibles para todos los trimestres analizados, las diez actividades más frecuentes representaban, de media, el 56 % de los mensajes laborales clasificados en el primer trimestre de 2025. En el tercer trimestre de 2026, esa proporción había descendido al 51,1 %.
La diferencia apunta a una distribución más diversificada de los usos profesionales de ChatGPT. En otras palabras, las consultas relacionadas con el trabajo parecen repartirse entre una variedad mayor de actividades, en lugar de concentrarse tanto en las diez categorías principales.
OpenAI plantea dos posibles explicaciones para las diferencias entre mercados: las particularidades de sus estructuras productivas y el distinto grado de acceso a las herramientas de inteligencia artificial.
No obstante, una mayor diversidad de usos no equivale automáticamente a una mejora de la productividad. El dato permite describir cómo se distribuyen los mensajes, pero no establece si las tareas se completan más rápido, si mejoran sus resultados o si generan un ahorro económico cuantificable.
Para responder a esas preguntas harían falta indicadores adicionales, como el tiempo empleado en cada actividad, la calidad del trabajo realizado y los costes asociados a la incorporación de la tecnología.
Por qué la muestra no representa todo el uso empresarial de la IA
La principal limitación de estas estadísticas está en la población estudiada. El conjunto de datos analiza mensajes vinculados a planes individuales de ChatGPT y excluye los mensajes procedentes de cuentas empresariales, así como el uso de Codex.
Por tanto, los resultados no representan la totalidad de la utilización de inteligencia artificial en las empresas. Una organización puede emplear herramientas integradas en sus propios sistemas, productos especializados o soluciones corporativas que no quedan reflejadas en esta muestra.
Esta distinción es importante para interpretar cualquier comparación internacional. Un país puede mostrar determinados patrones de uso en las cuentas individuales sin que esos patrones describan necesariamente la adopción de IA en sus grandes compañías, sus pequeñas empresas o sus administraciones públicas.
Tampoco debe confundirse el número de mensajes clasificados con el número de trabajadores que utilizan la tecnología. La frecuencia de los mensajes no mide directamente cuántas personas la usan, cuánto tiempo trabajan con ella ni qué resultados obtienen.
La base de datos es una herramienta para investigar tendencias, no un censo completo de la inteligencia artificial en el mercado laboral mundial.
La comparación con la economía estadounidense revela un desfase
OpenAI también ha comparado los patrones de uso de ChatGPT con la distribución de las actividades laborales en la economía de Estados Unidos. El resultado muestra diferencias importantes entre las tareas que aparecen en la plataforma y las que forman parte del conjunto del empleo.
La compañía explica que aproximadamente el 43 % de la composición ponderada por empleo de las tareas de las ocupaciones estadounidenses incluidas en la comparación corresponde a categorías que no aparecen con suficiente frecuencia en la muestra individual de ChatGPT como para analizarse de forma separada.
Entre esos trabajos figuran actividades físicas como trasladar materiales, conducir vehículos y mantener determinados registros médicos.
La diferencia tiene una explicación relevante: una herramienta conversacional refleja con mayor facilidad las tareas que pueden expresarse mediante mensajes y resolverse, al menos parcialmente, con asistencia digital. En cambio, una parte sustancial de la economía depende de actividades presenciales, manejo de equipos, transporte, mantenimiento y atención directa.
Eso no significa que la inteligencia artificial carezca de utilidad en esos sectores. Puede intervenir en la planificación, la documentación, la logística o el análisis de información. Pero los mensajes enviados a un chatbot no permiten medir por sí solos el grado de automatización de una ocupación completa.
La comparación también aconseja prudencia ante las previsiones que atribuyen a la IA una transformación uniforme de todos los empleos. Los efectos dependerán de las tareas concretas, las herramientas disponibles, la formación de los trabajadores y las decisiones que adopten las empresas.
Privacidad: cómo se procesan los datos
La publicación incluye medidas destinadas a reducir los riesgos para la privacidad de los usuarios.
Según OpenAI, los investigadores no leen conversaciones individuales para elaborar estas estadísticas. Los sistemas automatizados clasifican los mensajes después de retirar información identificativa. Además, la compañía agrega los resultados, omite datos de grupos pequeños y añade variaciones estadísticas para ayudar a proteger la privacidad.
Estas salvaguardas son importantes porque el análisis del uso profesional de la IA puede revelar información sobre actividades, hábitos y procesos de trabajo. Incluso cuando los datos se presentan de forma agregada, el método de elaboración y los límites de publicación resultan relevantes para evaluar su fiabilidad.
Aun así, conviene recordar que la base de datos ha sido elaborada por la propia empresa que desarrolla ChatGPT. Esto no invalida automáticamente sus resultados, pero sí hace necesario considerar la metodología y contrastar sus conclusiones con estudios independientes, encuestas laborales y estadísticas económicas oficiales.
Qué puede significar para las empresas y los trabajadores
Los datos publicados ofrecen una base para investigar cómo se incorpora ChatGPT a tareas que antes requerían más intervención manual. Sin embargo, las consecuencias prácticas dependerán de cómo se utilice la herramienta.
Para las empresas, algunas de las preguntas centrales son si la IA reduce tiempos de ejecución, mejora la calidad de los documentos, facilita el análisis de información o permite reorganizar procesos. También deben valorarse los costes de implantación, la protección de datos, la supervisión humana y los posibles errores de los sistemas.
Para los trabajadores, el cambio puede traducirse en una modificación de las tareas habituales y en una mayor importancia de determinadas competencias. Saber formular instrucciones, comprobar resultados, manejar datos y detectar errores puede ser útil en puestos muy diferentes.
Eso no elimina la necesidad de conocimientos profesionales. Una respuesta generada por IA puede ser convincente y, aun así, contener errores o carecer de contexto. Por ello, la supervisión humana y la capacidad de verificar la información siguen siendo fundamentales, especialmente en tareas técnicas, financieras, jurídicas o relacionadas con la seguridad.
También existe un reto para la formación. Las empresas y los sistemas educativos tendrán que identificar qué competencias necesitan actualizarse y cómo evitar que la adopción de estas herramientas amplíe las diferencias entre quienes tienen acceso a ellas y quienes no.
Una base de datos útil, pero no una respuesta definitiva sobre el empleo
La publicación de OpenAI supone un nuevo recurso para estudiar la relación entre inteligencia artificial y trabajo. Al desglosar el uso de ChatGPT en 165 actividades y casi 100 países, la compañía ofrece a los investigadores una forma de observar diferencias internacionales y cambios a lo largo del tiempo.
Los datos apuntan a una distribución más diversificada de las actividades profesionales en los mensajes analizados. También muestran que el uso de una herramienta conversacional no reproduce fielmente la estructura completa de una economía, donde las tareas físicas y presenciales tienen un peso considerable.
La cuestión de fondo sigue abierta: ¿hasta qué punto la inteligencia artificial aumentará la productividad, transformará las profesiones o desplazará determinadas tareas? Para responder con rigor habrá que combinar estos registros con datos de empleo, salarios, producción, inversión y condiciones laborales.
La base de OpenAI Signals puede ayudar a construir esa respuesta, pero no sustituye a las estadísticas oficiales ni a las evaluaciones independientes. Su valor reside en aportar nuevas evidencias para un debate que exige distinguir entre adopción tecnológica, resultados económicos y efectos reales sobre los trabajadores.


