El miedo al fraude, la pérdida de control y la privacidad frenan el comercio agéntico en España. Solo un 5% aceptaría delegar por completo las compras en un asistente de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial ya puede buscar productos, comparar precios y preparar pedidos, pero hay una frontera que muchos consumidores españoles no están dispuestos a cruzar: permitir que una máquina gaste su dinero sin pedir permiso.
El comercio agéntico, un modelo en el que sistemas de inteligencia artificial ejecutan tareas de compra en nombre del usuario, se enfrenta a una barrera decisiva: la confianza. Según una encuesta de 2026 elaborada por la empresa de soluciones de pago PaynoPain, el 63% de los encuestados rechaza que la IA realice compras sin una validación humana previa. Solo un 5% aceptaría delegar completamente la decisión y la ejecución de las operaciones.
Los datos dibujan un escenario de cautela ante una de las próximas transformaciones del comercio digital. La comodidad de automatizar tareas no parece suficiente para convencer a una mayoría de que renuncie a supervisar sus gastos. El consumidor puede aceptar que la tecnología le ayude a elegir, pero quiere conservar la última palabra cuando llega el momento de pagar.
Qué es el comercio agéntico y por qué genera desconfianza
El comercio agéntico —conocido en inglés como Agentic Commerce— es un modelo de compra en el que un agente de inteligencia artificial puede ejecutar varias etapas del proceso en nombre de una persona: identificar necesidades, buscar productos, comparar alternativas y, si dispone de autorización y acceso a los sistemas correspondientes, completar una transacción.
La diferencia respecto a un buscador o un asistente convencional es el grado de autonomía. En lugar de limitarse a recomendar una opción, el agente puede actuar para completar una tarea.
Por ejemplo, un usuario podría pedir a un sistema que busque un billete de avión dentro de un presupuesto, compare hoteles y prepare una reserva. En un modelo más automatizado, el sistema podría completar la compra de acuerdo con unas condiciones previamente establecidas.
Esa posibilidad plantea una cuestión esencial: ¿hasta dónde está dispuesto el consumidor a delegar decisiones que tienen consecuencias económicas?
La encuesta de PaynoPain indica que la mayoría de los participantes no quiere que la IA tenga libertad completa para efectuar pagos sin una comprobación humana. El dato no demuestra un rechazo general a la inteligencia artificial, pero sí refleja una resistencia importante a ceder el control financiero.
La distinción es relevante para las empresas tecnológicas y los comercios que buscan automatizar sus procesos. Una herramienta puede resultar útil para comparar cientos de productos, pero su adopción será más difícil si el usuario teme que interprete mal una instrucción o ejecute una operación que no deseaba.
El 63% quiere conservar el control sobre sus pagos
Los resultados de la encuesta se distribuyen en tres grandes grupos:
- 63% rechaza las compras sin validación humana previa. Este segmento quiere mantener el control antes de que se ejecute una operación económica.
- 32% aceptaría la automatización con condiciones. La posibilidad de establecer límites de gasto o exigir una aprobación expresa permitiría a estos usuarios contemplar el uso de agentes de IA.
- 5% delegaría completamente las compras. Es el grupo dispuesto a permitir que la tecnología tome las decisiones y ejecute las transacciones sin una intervención humana previa para cada operación.
Las cifras muestran que la aceptación de la tecnología depende, en buena medida, del nivel de autonomía que se le conceda.
El grupo del 32% resulta especialmente relevante para el desarrollo del comercio agéntico. Su postura no supone una negativa absoluta, sino una posible vía de entrada mediante mecanismos de autorización, restricciones de gasto y controles configurables.
Para las empresas, esto implica que la automatización no tiene por qué plantearse como una decisión entre hacerlo todo manualmente o dejar que la IA actúe sin supervisión. Existe un espacio intermedio en el que el usuario delega tareas concretas, pero mantiene la capacidad de aprobar las operaciones sensibles.
El fraude es el principal temor de los consumidores
La principal preocupación identificada por la encuesta es la seguridad económica. El 41% de los participantes teme sufrir fraudes o cargos no deseados si permite que un sistema de IA gestione sus compras.
El temor tiene varias dimensiones. Un agente podría interpretar incorrectamente una instrucción, seleccionar un producto que no cumple las condiciones solicitadas o completar una transacción que el usuario esperaba revisar antes. También pueden existir riesgos relacionados con el acceso a cuentas, la protección de credenciales o la manipulación de las instrucciones que recibe el sistema.
Estos escenarios no significan que todos los agentes de IA sean inseguros. El riesgo depende de su diseño, de los permisos concedidos, de los mecanismos de verificación y de las medidas de protección aplicadas por las plataformas y los proveedores de pago.
Sin embargo, el resultado de la encuesta refleja que la confianza no se consigue únicamente prometiendo comodidad. Los consumidores necesitan entender qué puede hacer el sistema, cuánto puede gastar y cómo detener una operación antes de que se complete.
En un entorno en el que los pagos digitales forman parte de la vida cotidiana, la posibilidad de que una compra se ejecute sin una confirmación clara puede convertirse en un obstáculo para la adopción de estas herramientas.
La pérdida de control también frena la automatización
El segundo gran obstáculo es la posibilidad de que la inteligencia artificial tome decisiones que no coincidan con las preferencias del usuario. Un 28% de los encuestados señala la pérdida de control sobre la compra como una de sus preocupaciones.
El problema no se limita a elegir el producto equivocado. Una compra puede depender de factores que resultan difíciles de resumir en una instrucción: la calidad, la durabilidad, las condiciones de devolución, los gastos de envío o la confianza en el vendedor.
Un agente podría seleccionar la opción más barata y, aun así, no realizar la compra que el consumidor considera más conveniente. También podría interpretar que una marca o una característica es prioritaria cuando el usuario solo la había mencionado como una preferencia secundaria.
La automatización, por tanto, exige que los sistemas comprendan no solo lo que el consumidor pide, sino también las restricciones que no está dispuesto a aceptar.
Para reducir este problema, los agentes deberían permitir configurar criterios de compra claros, presentar las alternativas relevantes y explicar por qué recomiendan una opción. En operaciones de mayor importe, una confirmación explícita puede evitar que la rapidez se imponga sobre la decisión personal.
La privacidad preocupa al 24% de los participantes
La tercera barrera destacada es la protección de datos. El 24% de los encuestados expresa inquietud por la privacidad y por la información personal que estos sistemas necesitan para funcionar.
Para realizar compras con cierto grado de autonomía, un agente puede necesitar conocer los gustos del usuario, sus direcciones de entrega, sus preferencias de consumo, sus restricciones presupuestarias y, en determinados casos, información relacionada con cuentas o métodos de pago.
Cuanto más personalizadas sean sus recomendaciones, mayor puede ser la cantidad de datos que el sistema procese. Esto plantea preguntas sobre qué información se almacena, durante cuánto tiempo se conserva, con quién se comparte y para qué finalidades se utiliza.
El consumidor necesita conocer las condiciones de tratamiento de sus datos y disponer de mecanismos para limitar los permisos concedidos. La comodidad no debería obligarle a aceptar un acceso indiscriminado a su información personal.
En la Unión Europea, el Reglamento General de Protección de Datos establece obligaciones para el tratamiento de datos personales. Su aplicación concreta depende de las características del servicio, de los datos utilizados y de las responsabilidades de cada entidad.
La privacidad será, por tanto, uno de los factores que determinen si el comercio agéntico consigue consolidarse más allá de los usuarios dispuestos a experimentar con nuevas tecnologías.
Viajes y hoteles son el terreno más favorable para la IA
La predisposición a delegar compras no es igual en todos los sectores. Según los resultados difundidos por PaynoPain, los viajes y alojamientos alcanzan un 48% de aceptación para la intervención autónoma de estos sistemas.
Una posible explicación es que los consumidores ya utilizan herramientas digitales para comparar vuelos, buscar hoteles, planificar rutas y revisar opiniones. La incorporación de funciones automatizadas puede percibirse como una evolución de procesos que ya conocen.
En este ámbito, un agente podría buscar opciones que cumplan un presupuesto, comparar horarios, filtrar alojamientos y preparar una reserva. Aun así, la aceptación de la automatización no implica que todos los usuarios estén dispuestos a autorizar cualquier pago sin revisión.
Los porcentajes del estudio reflejan una mayor predisposición relativa en esta categoría, pero la información publicada no detalla la metodología exacta de la pregunta ni permite concluir que el 48% vaya a utilizar efectivamente un servicio de este tipo.
Tecnología y compras recurrentes: los siguientes pasos
Los dispositivos tecnológicos registran un 36% de aceptación, mientras que las compras recurrentes de alimentación y productos para el hogar alcanzan el 32%, según la encuesta.
En tecnología, la IA puede ayudar a comparar especificaciones, precios y prestaciones. También puede filtrar productos según las necesidades del usuario, algo útil en categorías donde las diferencias técnicas no siempre son fáciles de identificar.
En las compras recurrentes, la automatización ofrece otra ventaja: reducir el tiempo dedicado a adquirir productos que se consumen de manera habitual. Un agente podría preparar un pedido de artículos domésticos o sugerir una reposición cuando se acerque la fecha estimada de agotamiento.
No obstante, la compra recurrente requiere controles específicos. Los precios pueden cambiar, un producto puede quedarse sin existencias y las necesidades del hogar pueden variar. Un sistema que repita pedidos sin comprobar las condiciones podría generar gastos innecesarios.
Una fórmula prudente sería establecer límites de gasto, listas de productos autorizados y confirmación obligatoria cuando cambie el precio o se sustituya un artículo. De este modo, la automatización puede reducir tareas sin eliminar la supervisión del consumidor.
Moda y lujo, entre las categorías con menor aceptación
En el extremo opuesto aparecen la moda y los bienes de lujo, con una aceptación de solo un 15% para la intervención autónoma, según los datos publicados.
La elección de ropa, complementos o productos de alta gama puede depender de factores subjetivos como el estilo, el ajuste, los materiales, la exclusividad y la experiencia de compra. En estos casos, una recomendación automatizada puede no sustituir la valoración personal.
También existen diferencias importantes entre seleccionar un producto y autorizar su pago. Un usuario puede estar dispuesto a recibir sugerencias de prendas o comparar precios de bolsos, pero preferir revisar personalmente la talla, las condiciones de devolución o la autenticidad del vendedor.
La menor aceptación registrada en esta categoría muestra que el grado de automatización deseado puede variar según la naturaleza del producto y la implicación personal de la decisión.
Jordi Nebot, de PaynoPain: la IA debe dejar la última palabra al comprador
Jordi Nebot, consejero delegado y fundador de PaynoPain, interpreta los resultados como una señal de que el consumidor no rechaza la inteligencia artificial aplicada al proceso de compra, sino que quiere conservar el control sobre el pago.
La empresa considera que el desarrollo del comercio agéntico dependerá de encontrar un equilibrio entre la automatización y la capacidad de decisión del usuario. La IA puede asumir tareas de búsqueda, comparación y preparación de pedidos, mientras que la autorización final permanece en manos del comprador.
Esta perspectiva coincide con la distribución de respuestas de la encuesta: un 63% se opone a las compras sin validación humana, pero un 32% contempla la automatización si existen condiciones y controles.
Conviene recordar que PaynoPain es una empresa del sector de los pagos, por lo que sus datos deben interpretarse teniendo en cuenta el origen del estudio. La encuesta aporta una indicación sobre las preferencias de los participantes, pero para valorar su representatividad nacional sería necesario conocer detalles como el tamaño de la muestra, el método de selección, las fechas del trabajo de campo y la formulación completa de las preguntas.
Qué controles necesita el comercio agéntico para ganar confianza
La implantación de agentes autónomos no dependerá únicamente de que sus respuestas sean más precisas. También será necesario establecer límites comprensibles y verificables sobre las operaciones que pueden ejecutar.
Entre las medidas que pueden ayudar a reforzar la confianza figuran:
- Autorización previa configurable: permitir que el usuario decida qué compras requieren una confirmación expresa.
- Límites económicos: establecer un importe máximo por operación o por periodo.
- Verificación de cambios: solicitar aprobación si varía el precio, el vendedor, la cantidad o el producto elegido.
- Registro de operaciones: ofrecer un historial comprensible de las decisiones tomadas por el agente y de los pagos ejecutados.
- Protección de credenciales y datos: limitar los permisos a la información necesaria para prestar el servicio.
- Mecanismos de reclamación: facilitar la revisión de operaciones no reconocidas y explicar los procedimientos disponibles para resolver incidencias.
Estos controles no eliminan todos los riesgos, pero pueden reducir la incertidumbre y facilitar que el consumidor decida qué nivel de autonomía está dispuesto a aceptar.
La clave estará en que los mecanismos de seguridad no sean meras opciones difíciles de localizar, sino funciones transparentes que el usuario pueda comprender y modificar.
La comodidad no sustituye al consentimiento
El comercio agéntico aspira a reducir las tareas que separan una necesidad de una compra completada. Pero cuanto mayor sea la autonomía de los sistemas, más importante será definir con precisión qué ha autorizado el consumidor.
Delegar una búsqueda no equivale a autorizar un pago. Aceptar una recomendación tampoco significa consentir una compra automática. Las empresas que confundan esas decisiones pueden encontrarse con un problema de confianza incluso cuando la tecnología funcione correctamente.
Los datos de PaynoPain dibujan una oportunidad para un modelo de automatización gradual: asistentes que comparen, organicen y preparen pedidos, con una intervención humana adaptada al importe, al riesgo y a las preferencias del usuario.
El consumidor español no parece exigir que la inteligencia artificial desaparezca de las compras; exige conservar el control sobre su dinero. Para que el comercio agéntico se extienda, las empresas tendrán que demostrar que la automatización puede ahorrar tiempo sin convertir la autorización del pago en una formalidad.
La pregunta decisiva no es solo cuánto puede comprar una IA por sí misma, sino qué garantías ofrece antes de hacerlo y quién responde cuando una operación no sale como esperaba el usuario.


