La Bolsa española limita las pérdidas mientras Wall Street, Tokio y Seúl sufren una oleada de ventas. La crisis tecnológica, la incertidumbre política en Estados Unidos y el petróleo a 100 dólares amenazan con prolongar la volatilidad.
El Ibex 35 aguanta mientras las grandes Bolsas internacionales se desploman
La jornada ha vuelto a demostrar que ningún mercado está completamente a salvo cuando los grandes inversores deciden salir en estampida. El Ibex 35 contiene las pérdidas, pero la Bolsa española no consigue escapar de la oleada de ventas que recorre los mercados internacionales.
El viernes 6 de noviembre, los principales índices europeos registraban descensos próximos al 1%, mientras Japón y Corea del Sur sufrían desplomes cercanos al 6%. La sacudida llegaba después de una de las peores sesiones de Wall Street desde abril de 2025, con el Nasdaq perdiendo un 5,5% y el S&P 500 retrocediendo un 4,35%.
En España, el selectivo cedía alrededor de un 0,7% durante la sesión, una caída más moderada que la de otros índices europeos. Sin embargo, el dato no debe ocultar el verdadero problema: la incertidumbre sobre la rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial, el temor a nuevas restricciones regulatorias en Estados Unidos y el encarecimiento de la energía están alterando las expectativas de los inversores.
La Bolsa española resiste, pero el nerviosismo internacional ya ha llegado a sus cotizaciones.
Wall Street desencadena una jornada de ventas en cadena
El origen inmediato de la turbulencia se encuentra en Estados Unidos. El jueves, las acciones tecnológicas sufrieron un fuerte castigo después de que los inversores comenzaran a cuestionar la capacidad de las grandes compañías para rentabilizar las enormes cantidades de dinero destinadas a la inteligencia artificial.
El Nasdaq cayó un 5,5%, su peor sesión desde abril de 2025. El S&P 500 perdió un 4,35% y el índice de semiconductores de Filadelfia acumuló un retroceso semanal cercano al 16%, según los datos recogidos por Cinco Días.
La corrección se ha extendido rápidamente a otros mercados. Cuando los inversores venden posiciones en grandes compañías tecnológicas, el impacto alcanza también a fabricantes de chips, proveedores industriales, fondos de inversión y empresas que dependen de la financiación internacional.
La preocupación no se limita a las valoraciones bursátiles. El mercado empieza a preguntarse si las inversiones multimillonarias en centros de datos producirán los beneficios que justifican su coste.
La inteligencia artificial sigue teniendo un enorme potencial económico, pero los inversores ya no parecen dispuestos a pagar cualquier precio por las expectativas de crecimiento.
El resultado electoral en Estados Unidos añade presión a las tecnológicas
La victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato estadounidenses ha introducido un nuevo factor de incertidumbre.
El temor de los mercados es que el nuevo equilibrio político impulse una regulación más estricta sobre los centros de datos y ralentice la construcción de las infraestructuras necesarias para desarrollar la inteligencia artificial.
La cuestión es especialmente relevante porque buena parte del crecimiento bursátil de los últimos años se ha apoyado en las expectativas de expansión de este sector.
Los centros de datos necesitan enormes inversiones, electricidad, agua, redes de distribución y equipamiento especializado. Cualquier obstáculo político o regulatorio puede modificar los planes de las compañías y afectar a sus previsiones de ingresos.
El caso de Texas refleja la dimensión del debate. La recién elegida gobernadora demócrata Gina Hinojosa ha pedido una moratoria inmediata para determinados proyectos de centros de datos, según la información publicada por Cinco Días.
No se trata de una cuestión menor. Si otros estados adoptan medidas similares, las empresas podrían encontrarse con mayores dificultades para ejecutar sus planes de expansión.
La reacción de los mercados demuestra que la política estadounidense puede influir directamente en las valoraciones de las grandes tecnológicas y en las Bolsas de todo el mundo.
Tokio y Seúl sufren el golpe más duro de la jornada
La situación ha sido especialmente delicada en Asia, donde las Bolsas tienen una elevada exposición a la industria de los semiconductores y a los proveedores de tecnología.
El Nikkei japonés perdió alrededor de un 6%, mientras que el Kospi surcoreano cayó un 6,2%. El índice de Corea del Sur llegó a perder un 9,6% en dos jornadas y tuvo que suspender temporalmente la negociación durante la sesión.
El retroceso golpeó directamente a algunas de las principales compañías tecnológicas de la región:
- Samsung Electronics: perdió un 6%.
- SK Hynix: cayó un 9,4%.
- TSMC: llegó a retroceder un 8,5% antes de cerrar con una caída del 4,7%.
- Kioxia: perdió un 11%.
- SoftBank: también cedió un 11%.
Estas compañías ocupan posiciones estratégicas en la cadena mundial de producción de chips, memorias y equipamiento tecnológico.
La caída de sus acciones revela hasta qué punto los mercados asiáticos dependen de las expectativas de crecimiento de la inteligencia artificial.
El problema es que una corrección en las grandes tecnológicas estadounidenses puede trasladarse rápidamente a los fabricantes asiáticos, incluso cuando sus negocios mantienen actividad y demanda.
Europa tampoco consigue escapar del contagio
Las principales Bolsas europeas abrieron la jornada con pérdidas, siguiendo la tendencia marcada por Wall Street y los mercados asiáticos.
El DAX alemán retrocedía alrededor de un 1,7%, mientras que el CAC 40 francés perdía un 1,4%. El Ibex 35 registraba una caída más moderada, próxima al 0,7%.
La diferencia resulta significativa porque el selectivo español no tiene una exposición directa tan elevada a las grandes compañías tecnológicas como otros índices internacionales.
Sin embargo, eso no lo convierte en un mercado aislado.
Cuando aumenta la aversión al riesgo, los grandes fondos pueden reducir posiciones en distintos países y sectores para obtener liquidez, limitar pérdidas o cubrir sus carteras. En ese proceso también pueden verse afectadas empresas que no tienen una relación directa con la inteligencia artificial.
La Bolsa española acumula, además, una subida del 3,8% entre el lunes y el jueves de esa misma semana. Esa evolución ayuda a explicar por qué el retroceso del viernes era, hasta el momento de la crónica, más contenido que el registrado en otros mercados.
Entre los valores españoles más castigados durante la sesión destacaban Grifols, con una caída aproximada del 3%, y Acerinox, que cedía un 2,4%.
La resistencia relativa del Ibex es una señal positiva, pero no garantiza que la Bolsa española vaya a mantenerse al margen si la crisis internacional se prolonga.
El petróleo vuelve a los 100 dólares y complica el escenario económico
A la incertidumbre bursátil se suma otro factor de preocupación: el petróleo.
El barril de Brent regresó a la zona de los 100 dólares, después de varias jornadas marcadas por movimientos bruscos en los precios de la energía.
El encarecimiento del crudo introduce presión adicional en una economía que ya debe afrontar las consecuencias de la incertidumbre geopolítica y de las dudas sobre el crecimiento mundial.
Para España, que depende de las importaciones energéticas, el precio del petróleo tiene consecuencias directas e indirectas.
Un crudo más caro puede trasladarse progresivamente a:
- Los carburantes y el transporte.
- Los costes logísticos de las empresas.
- La producción industrial.
- Los precios de determinados bienes y servicios.
- La inflación y el poder adquisitivo de los hogares.
El impacto final dependerá de la duración de la subida, del comportamiento del euro y de la evolución de los mercados energéticos.
El problema es que una economía que afronta una energía más cara tiene menos margen para absorber nuevos sobresaltos financieros.
La incertidumbre sobre la guerra en Irán también influye en las expectativas de los inversores. Los movimientos del petróleo reflejan que el mercado sigue pendiente de la evolución del conflicto y de sus consecuencias para el suministro energético.
El dólar gana atractivo como refugio y el euro cotiza a 1,1178 dólares
En momentos de incertidumbre, los inversores suelen buscar activos considerados más seguros o líquidos.
Durante la jornada, el dólar se fortaleció frente a otras divisas, mientras que la rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a diez años se situó alrededor del 4,828%.
El euro cotizaba en torno a 1,1178 dólares, según los datos recogidos por Cinco Días.
Estos movimientos son importantes para España y para el conjunto de la zona euro.
Un dólar más fuerte puede encarecer las importaciones denominadas en esa moneda, especialmente determinadas materias primas y productos energéticos. Al mismo tiempo, las empresas europeas con ingresos en dólares pueden experimentar efectos diferentes según su estructura de costes y su exposición internacional.
El comportamiento de las divisas y de la deuda pública será una de las referencias que convendrá seguir durante las próximas sesiones.
Los analistas advierten de que el miedo puede alimentar nuevas caídas
La preocupación de los mercados no procede únicamente de los resultados empresariales o de las decisiones políticas. También existe un componente psicológico que puede acelerar los movimientos de las cotizaciones.
Cuando muchos inversores intentan vender al mismo tiempo, las pérdidas pueden aumentar y generar nuevas órdenes de venta.
El fenómeno se agrava cuando existen posiciones apalancadas, es decir, inversiones realizadas utilizando financiación. Si el valor de los activos cae demasiado, algunos operadores pueden verse obligados a cerrar posiciones para cumplir sus garantías.
Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers, advirtió de que resulta difícil esperar una recuperación automática después de los últimos castigos, porque las causas de fondo siguen presentes.
Por su parte, Charu Chanana, analista de inversiones de Saxo, señaló que el pánico puede hacer que las ventas se retroalimenten, especialmente cuando intervienen el apalancamiento y las liquidaciones forzosas.
Estas advertencias no significan que vaya a producirse necesariamente un desplome prolongado. Pero sí reflejan que el mercado todavía no ha resuelto las dudas que han provocado la corrección.
¿Qué puede ocurrir ahora con el Ibex 35?
El comportamiento del selectivo español dependerá en buena medida de la evolución de los mercados internacionales.
La ausencia de grandes tecnológicas entre sus principales componentes puede ofrecer cierta protección frente a una crisis concentrada en el sector de la inteligencia artificial. Sin embargo, el Ibex sigue expuesto a los movimientos de los grandes fondos internacionales, al precio de la energía y a las perspectivas económicas de Europa.
En las próximas sesiones convendrá vigilar especialmente cinco factores:
- Wall Street: si el Nasdaq estabiliza sus cotizaciones o prolonga las ventas.
- El sector de los semiconductores: su evolución servirá para medir la confianza en las inversiones en inteligencia artificial.
- El petróleo Brent: una permanencia en torno a los 100 dólares aumentaría la presión sobre los costes energéticos.
- La política estadounidense: las decisiones sobre los centros de datos pueden modificar las expectativas del sector tecnológico.
- Los resultados empresariales: los inversores exigirán pruebas de que las inversiones multimillonarias se traducen en beneficios.
La recuperación de los futuros del Nasdaq durante la mañana del viernes, con avances cercanos al 1%, ofrecía una señal de posible estabilización. Sin embargo, un rebote técnico no equivale a una recuperación consolidada.
España necesita resistencia económica, no solo una Bolsa que aguante
La jornada deja una conclusión clara: la economía española no puede confiar únicamente en que el Ibex 35 tenga menos peso tecnológico que otros índices para evitar las consecuencias de una crisis internacional.
Las caídas de Wall Street y Asia pueden repercutir en la financiación empresarial, la inversión, el comercio y la confianza de los consumidores. Si a ello se añade un petróleo que vuelve a los 100 dólares, el escenario se complica todavía más.
La inteligencia artificial seguirá siendo una de las grandes apuestas económicas del futuro. Pero las empresas tendrán que demostrar que sus inversiones son rentables y que pueden sostenerlas sin depender indefinidamente de unas expectativas cada vez más exigentes.
Mientras tanto, España necesita estabilidad energética, empresas competitivas y unas cuentas públicas capaces de soportar posibles turbulencias internacionales.
Que el Ibex pierda menos que Tokio, Seúl o Wall Street no significa que España esté protegida. Significa, por ahora, que el golpe ha sido más limitado.
La pregunta es cuánto tiempo podrá mantenerse esa resistencia si las Bolsas mundiales continúan cayendo y el petróleo permanece en niveles elevados.


